24-Poder de Voluntad, si el hombre quiere, el hombre puede

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No importa el tipo o clase de disciplina física o mental en las que nos involucremos, siempre el común denominador en todas ellas es algún tipo de acción y para que esta tenga lugar y se desarrolle plenamente, la voluntad personal es el factor clave.
Sí, siempre es el entrenamiento de la voluntad el principal fundamento y objetivo en todo lo que hacemos. Sin voluntad suficiente ni siquiera podríamos caminar ni realizar cualquier tarea practica, inclusive las intelectuales.
Y en la medida que avanzamos en el entrenamiento sostenido y sistemático de nuestra voluntad, aprendemos a controlar nuestra mente y nuestro cuerpo. O sea, mejoran nuestras respuestas inteligentes y controladas al estímulo externo de nuestro entorno. No sólo nos convertimos en más adaptables y flexibles, sino que aprendemos a usar mejor las fuerzas que nos rodean en beneficio de nuestros deseos e intereses.
No es momento para hacer análisis filosófico acerca de la moral contenida en nuestros deseos. La cuestión básica a tratar es que, sin energía y fuerza de voluntad, estamos derrotados antes de empezar la pelea.
Un atleta olímpico, Sócrates, Platón, Aristóteles, Buda, Confucio, Leonardo Da Vinci, Einstein, Newton, así como tantos otros genios en cualquier ciencia y disciplina, se caracterizaron por haber alcanzado un elevado nivel en el desarrollo de su fuerza de voluntad. Curar mediante la concentración o mediante una droga hallada luego de miles de horas de ejercitación o experimentación, todo es fruto de un trabajo sostenido en el tiempo mediante la fuerza de voluntad.
Para algunos el éxito en la vida está condicionado al azar, a la inteligencia o a cualquier otro factor. Puede ser, no lo negaremos. Pero el único que depende todo el tiempo de nosotros, que podemos regular e intensificar, perfeccionar, es nuestra fuerza de voluntad. Y es el único capaz de hacer cambiar a todos los demás.
Sin fuerza de voluntad caemos víctimas de nuestros propios pensamientos negativos o los que nos regalan quienes nos rodean. Sólo mediante fuerza de voluntad podemos realizar un esfuerzo sostenido y polarizarnos mentalmente en forma positiva, enfocando nuestra atención sobre las soluciones y no sobre las dificultades.
Y la fuerza de voluntad, como entrenamiento que es, consiste en la fijación de un cierto número de hábitos. La reiteración de los mismos, en forma diaria, permite que mantengamos y desarrollemos una personalidad de poderosa y magnética voluntad, arrolladora. Esto es lo que necesitamos. Toda idea de debilidad, arranquémosla como veneno de nuestro interior mental. Necesitamos ser fuertes no débiles. Cuanto más fuertes seamos, en cualquier orden, mayores ventajas tendremos y por tanto, menor resistencia a la realización de nuestros objetivos y deseos centrales y motores. La debilidad es aplastada, la fuerza es respetada. Esto es básico.
Si mejoramos nuestra salud física y mental, es porque nos estamos ejercitando, porque concentramos atención en los aspectos positivos de la vida, porque queremos ir hacia delante, mejorar, progresar, evolucionar. Si nuestro cuerpo se convierte en más fuerte y enérgico, nuestra memoria se hace más rápida y nuestra inteligencia más activa, todo esto responde a lo mismo: incremento de la fuerza de voluntad. Cuando estos signos evidentes y externos están ocurriendo sobre la estructura de nuestra naturaleza, podemos estar seguros que nuestra fuerza de voluntad está aumentando, se está desarrollando.
Al realizar un ejercicio de yoga con el cuerpo, concentración con la mente, o un movimiento de artes marciales, estamos siempre bailando bajo un mismo compás: el de nuestra voluntad consciente. Y aquí aparece el segundo factor clave. Esta fuerza de voluntad, para que la podamos usar controladamente, debe ser un movimiento interno del plano de la conciencia, una acción plenamente despierta, atenta a la percepción total del momento que experimenta. Sólo así la conciencia aprende y al aprender, aumenta poder, gana control sobre el propio cuerpo, la propia mente y las circunstancias externas, incluyendo otras personas. De modo que la esencia de la acción es aprender y al aprender alcanzar control o poder. Aumentar la fuerza de voluntad propia es, por tanto, acrecentar poder en todo nivel posible. Y, bajo todo punto de vista, no es posible lograr esto sin ejercer control consciente y voluntario aplicado en la ejercitación y bajo la lógica de una disciplina determinada.
La concentración de la atención permite aumentar control, y esto desarrolla nuevas capacidades conscientes y voluntarias.
Como resultado de esta verdad, mientras no entrenemos nuestro cuerpo y mente, veremos reducirse nuestra fuerza de voluntad y nuestro poder para moldear el entorno según nuestros deseos e intereses. Crecen así, internamente, los factores conducentes al fracaso y se debilitan todos aquellos que nos permiten conquistar el éxito.
Por regla, todo lo que no usamos involuciona y decae. Más lo usamos, más se desarrolla, más se fortalece y evoluciona en nuevas potencialidades. Por no tener en cuenta esta simple regla o ley natural, atinente a nuestra biología básica, nos tropezamos con no poder hacer lo que queremos hacer. ¿Qué nos falta? Entrenamiento, disciplina, tesón, constancia, eficiencia.
La falta de autoestima acompaña a los que abandonan todo entrenamiento y ejercitación.
Y a estas alturas, es necesario comprender que el trabajo no es sinónimo de entrenamiento. Nuestras metas laborales, intelectuales, morales, espirituales y económicas, no hacen al entrenamiento. Toda forma de ejercitación psicofísica es una forma de entrenamiento y conduce a un aumento natural sostenido de la fuerza de voluntad.
Cuando nos falta energía, es porque antes hemos abandonado el entrenamiento y así hemos ingresado al círculo del decaimiento.
Siempre tendremos excusas para no entrenarnos. Pero al mismo tiempo, siempre debemos recordar que cuando hay decisión y voluntad de aumentar la propia fuerza, no hay excusa ni circunstancia externa que valgan. Si queremos, podemos.
Nada es gratis. Eso de creer que orando el dinero cae del cielo, es la mejor forma de sentirse totalmente desencantado con los cielos todo el tiempo. El éxito es resultado de pelea dura y constante, inteligente y sin tregua. Nadie cede nada gratis. Todo es fruto de transacciones interesadas. Así es la realidad del mundo y de la vida. Pensar y creer otra cosa, es engañarnos a nosotros mismos y condenarnos al fracaso. Y hasta para esto, para las transacciones interesadas, sólo lograremos obtener los mejores beneficios si poseemos fuerza de voluntad y mente atenta, inteligente y despierta, para la toma de oportunidad de momento a momento.
¿A qué se reduce nuestra vida? A juegos de poder e inteligencia. No gana el más bueno, gana el más fuerte y mejor entrenado. Claro que si entendemos que la moral superior o bondad, forma parte de la total fuerza de voluntad, ganará siempre el mejor y por tanto, el más bueno.
El bueno no es el débil, sino el fuerte. Sólo aquel que tiene toda la capacidad de apoderarse de lo ajeno, de explotar a otros, de destruir a cualquiera y no lo hace, sólo ése es bueno. El que cede porque no puede hacer otra cosa que ceder, no es bueno, es un inútil débil. Promover esta clase de cultura de masas, sirve a los intereses de los malvados que necesitan débiles para explotarlos.
También a los fines prácticos objetivos, sólo el que desarrolla y posee fuerza de voluntad, es capaz de dar, porque es quien verdaderamente tiene algo para dar.
Nuestro Siglo XXI es una puerta abierta a nuevos desafíos. Se puede acabar la vida sobre nuestro Planeta Tierra, podemos matarnos unos a otros, como también podemos desarrollar nuevas tecnologías y comprensión, y en algún momento hacer contacto con otras civilizaciones aliens, más o menos avanzadas. Estamos en una transición y los cambios se están acelerando. Una razón más para entrenarnos y estar así mejor preparados, para lo que sea. Y de paso disfrutar con el mayor entretenimiento.
Si tropieza con un problema y éste no tiene solución, no hay problema, ¡destrúyalo!

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