25- Rubayats de Omar Khayyam

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A diferencia de las ciencias exactas, la poesía permite que cada uno interprete con total libertad su contenido y mensaje. Las palabras golpean sobre la mente y el corazón, causando ondas y rebotes que tienen que ver con los propios recuerdos acumulados por la memoria y la sensibilidad perceptiva de los sentimientos que afloran y emergen a la superficie de la razón.
Omar es un poeta atrevido, capaz de establecer un delicado contrapunto entre la trascendencia del hombre y el goce de su transitoriedad. La percepción de que la muerte sobrevendrá y la angustia por saborear el deleite de sensaciones que regalan los sentidos, es uno de los catalizadores del juego que realiza por encontrar un equilibrio superior y una visión integral más totalizadora.
Sumergido en el sabor tóxico de los vicios, Omar sabe encontrar el reflejo de lo trascendente en contraste con la fugacidad de los hechos humanos. Y no deja de ejercer una crítica mordaz hacia las posturas rígidas, de todos aquellos que mediante la ciencia o la religión, creen poseer y ser dueños de la verdad absoluta. Casi diez siglos después, este sueño de vanagloria, de los que creen saber más, como tantos aspectos de la naturaleza humana torcida, en nada ha cambiado y las agudas observaciones de Omar, parecen corresponder con el pensamiento y la realidad moderna.
126- La razón, que ha desparramado, con sus luces, las sombras de la ignorancia y ensanchado los caminos de la felicidad, ¡cien y mil veces te aconseja aprovechar el instante de la vida!
¡Vive gloriosamente como la flor! ¡Encanta los ojos, embriaga los sentidos y perfuma los labios sedientos de amor!
Acuérdate, tú no eres como esas plantas que renacen después de segadas…
Podemos creer en Dios y en la otra vida, en la inmortalidad del alma, y en todas estas cuestiones. Pero, Omar nos invita a la prudencia y a la reflexión. Nada sabemos sobre lo que existe o no existe al traspasar la frontera que es la muerte. No poseemos prueba. Y aunque la inmortalidad del alma sea verdad, también lo es la mortalidad del cuerpo y que éste contiene toda la vida que podemos conocer. Y que la pérdida del cuerpo, no significa otra cosa, que también la pérdida de toda la vida que hemos podido conocer. Sea como sea, la muerte del cuerpo es el fin de nuestra vida conocida, el final de una forma parcial o total de todo nuestro potencial acontecer. Desaprovechar el momento, no vivirlo intensamente, desperdiciar cada oportunidad de gozar mediante los sentidos, es el medio más seguro para ensanchar los límites de la muerte sobre el vital horizonte de nuestra vida. Vivir cada momento como si fuera el último, contiene la esperanza de que cada momento se convierta en el siguiente y nuestra existencia perdurará.
125- Somos los señores del mundo. Todo el vino, tanto el viejo como el nuevo, lo hemos comprado.
Vendemos también, a quienquiera, todos los reinos del cielo por dos granos de avena solamente.
Y ahora me preguntarás: ¿Hacia dónde iré después de la muerte?
-Trae, primero, la copa y la botella de vino dorado. Ve después a donde quieras…

Podemos ascender al máximo peldaño en el escalón de la vida. Poseer fama, dinero y poder. Administrar los recursos de cientos, miles o millones de personas. Pero, todo esto, es pasajero. También nos tocará partir. ¿Hacia dónde? La verdad es que no lo sabemos. Pero siempre podremos detenernos y saborear el vino dorado de nuestra propia autoconciencia, amplificar nuestras percepciones y luego partir, hacia donde sea. De modo, que el tránsito por la vida, se resume a la grandeza del último momento que podamos disfrutar y lo que hagamos en éste y de éste. Que la transición hacia la muerte nos encuentre despiertos y no dormidos, parece contener la posibilidad de decidir lo que nos pase.
123- Aquellos que ensartaron las perlas de la elocuencia, y, fértiles de imaginación, disertaron prolijamente sobre los más insignificantes atributos del Creador, con toda seguridad, no conocieron a Alá, nunca lo han visto, nunca intimaron con Él, nunca se acercaron al origen de los misterios.
Ligeros fueron, inconsecuentes, mentirosos, diría, esos enemigos de la razón.
Parlotearon, parlotearon… Después, pusiéronse a dormir. Fue lo que hicieron.
Los sacerdotes, en todas las religiones, hablan de lo que imaginan y no conocen. Si pudieran ver y conocer directamente a Dios serían profetas y no sacerdotes. Suplantan con teorías y doctrinas, lo que no son capaces de percibir por sí mismos. Esto también se repite en las ciencias. Abundan personas que citan a los que se han esforzado para extraer el saber de la experiencia, pero no son capaces de hacer los mismos esfuerzos y carecen de la misma paciencia. Hablan de lo que creen saber, pero que en realidad no conocen ni comprenden claramente.
¿Cuál es la mejor forma de leer a Omar Khayyam? Igual que aquí se ejemplifica y demuestra, escribir las reflexiones e imágenes, que sus palabras, pronunciadas hace casi 10 siglos atrás, graban y dibujan sobre nuestra mente. Porque la cuestión no es conocer lo que el poeta pensó y sintió en persona, sino lo que nos hace pensar y sentir. La reacción que provoca en nuestra sensibilidad interior, y que contiene la potencia de despertar un Omar por dentro de nuestras almas.
1- ¡Oh Alá! Incierto, vacilante, sin rumbo, enteramente desorientado, no consigo probar la realidad de Tu ser.
Profundas meditaciones, laboriosas lucubraciones son simples devaneos, indagaciones en el vacío en busca de Tu Existencia que no llegó a vislumbrar.
Verdaderamente, no puedo comprender el hecho de Tu Existencia, aunque muy buena gente, obcecada y terca, describa y proclame los más imaginarios atributos que han acordado prestarte.
Hay una conclusión que se impone: nadie podrá conocerte, a no ser Tú mismo…

La incógnita de la vida: ¿por qué hay existencia? Han pasado más de 8 siglos desde que Omar se hiciera esta pregunta, hemos colocado telescopios en órbita alrededor de nuestro planeta Tierra, hemos lanzado artefactos para explorar el sistema solar. Podemos mirar de reojo hacia el comienzo del cosmos. Nuestro conocimiento se ha expandido a la medida del universo, pero la pregunta carece de respuesta tanto antes como ahora. Penetramos y sabemos la razón de lo superfluo, pero no la razón de lo fundamental y esencial. Ignoramos la causa de la existencia, como ignoramos si verdaderamente hay una única conciencia. Pero, Omar menciona una salida al enigma, olvidarse de sí mismo, para despertar al sueño propio de Alá en uno mismo. ¿Será posible? El vino, el placer sensual y embriagarse en el placer de los sentidos, parece no referirse a las acciones mundanas, sino a la transmutación de las percepciones de relativas a absolutas, para observar la verdad desde adentro de la verdad misma.
2- Somos juguetes en las manos del Destino. Juguetes y nada más…. Y el universo se divierte a costa nuestra.
Juguetes que giran al capricho de los vientos.
No se trata de una metáfora, pueden creerme no exagero, es la simple realidad.
En el pasado, jugábamos despreocupadamente en las candilejas de la vida.
Hoy seremos llevados, unos tras otro, en el féretro de la Nada.
Mientras la conciencia humana se mantenga apegada al cuerpo físico, es sacudida y movida por las fuerzas intempestivas de la naturaleza exterior y del desgaste interior, que va consumiendo lentamente el aliento vital de la vida, en vejez y en enfermedad. La voluntad del ser humano intenta resistirse a éste implacable destino, y es por esto que no cesa de esforzarse por controlar las fuerzas naturales, mediante nuevas herramientas y tecnología. Pero, al final, nada detiene el avance de la destrucción y finalmente nuestro cuerpo será devorado por el tenaz tiempo, cuya fauce se mantiene cerrada a presión constante sobre nuestro cuerpo y progresivamente aumenta día a día, la fuerza de su dentellada, sobre la débil cuerda que nos mantiene con vida. Cuando se es joven uno no ve ni piensa en el tiempo que conduce a la muerte. Nada hace por controlar el aliento vital y las fuerzas internas. Luego, pasan los años, llega la enfermedad y todo lo arrasa. El cuerpo vuelve al polvo y la conciencia se cubre de olvido.
3- Si me consultasen sobre mi venida a estos parajes -¡No!- contestaría sin vacilar.
Si dependiese de mi voluntad nacer o dejar de nacer, no hubiera, por cierto, provocado mi nacimiento…
¡Cómo me lamenté! ¡Cómo me quejé por haber caído en este calabozo asfixiante!
Me lamenté por haber nacido, crecido y vivido en él. ¡Lamentaciones y más lamentaciones!
En la medida que el cuerpo y la mente identificada con el mismo, evolucionan y maduran, se comprueba que la existencia individual se encuentra encerrada en una cárcel de limitaciones. En esos momentos, el ser humano prefiere no haber nacido, no haber llegado a la existencia sólo para caer en la prisión de las percepciones sensoriales y el transcurrir de la historia. Adentro del corazón y esencia del hombre, late un deseo mayor por total libertad y añora realizarlo. El problema es que no sabe cómo hacerlo. Y este impedimento es la razón de su peor sufrimiento. Identificado con la caparazón de su cuerpo físico, el ser del hombre, se ve a sí mismo como limitado. Y por contraste lo que busca y desea es expansión ilimitada, abandonar lo conocido para explorar y habitar en lo desconocido. Pero como carece de los instrumentos para lograr esto, su conciencia de existencia se torna infeliz y dolorosa.
4- Alá, si me consideras un esclavo desobediente, sublevado, ¿dónde están, dime, tu benevolencia y tu perdón?
Si es duro y negro mi corazón, y pérfida mi alma, ¿dónde, en qué punto del espacio brillarán las luces de tu bondad?
Si me prometes las dulzuras del Paraíso como premio de una indigna sumisión, eso sería un trueque sospechoso digno de buhoneros y mercachifles.
¿Qué diferencia habría entonces entre Tú y ellos?
Así, en esta confusión y desconcierto, ¿cómo podré exaltar Tu comprensión, Tu magnificencia, Tu divinidad?
Desconfía el poeta de los convencionalismos religiosos, de las ideas de paraísos a cambio de conductas humanas. Entiende que la relación con la divinidad no puede estar basada en la transacción y aunque un alma humana sea al extremo malvada, debe encontrar perdón y misericordia en la verdad más alta. Pero, el pensamiento también oculta la secreta intención de evadir las consecuencias de las propias acciones. Poder disfrutar a fondo de los placeres más intensos y mundanos, sin perder al mismo tiempo el favor de los Cielos. Por este camino la mayor parte de los seres humanos caen en el error y abren bajo sus pies las puertas a sus mayores infiernos. Toda acción tiene su efecto, esa es la ley. Podemos rebelarnos, pero no oponernos a su cumplimiento, porque estamos sujetos a ella, somos gobernados por la ley, y no podemos escapar de sus efectos. Causa y efecto nos persiguen en este mundo y nada indica que dejarán de hacerlo en el próximo, si es que hay otro.
5- Oye, amigo, el buen consejo: Antes que los pesares destruyan tu corazón, y antes que el manto sombrío de la noche venga a ocultar los últimos reflejos del atardecer, lleva para tu alcoba el vino color de rubí.
Y tú, siervo ingenuo, no pienses que estás hecho de oro…
Ni creas que serás liberado, después que te oculten bajo tierra; que serás recogido como si fueras una pepita de precioso metal…
Erróneamente, el hombre piensa que si hay otra vida, recibirá felicidad en ella como pago por el dolor y sufrimiento que haya debido soportar en la presente. Si uno no aprendió a disfrutar de la vida, a ser feliz en sí mismo, de haber existencia espiritual, no será por ello automáticamente más feliz, con cuerpo o sin cuerpo, la conciencia no será por esta razón más o menos egoísta y la sabiduría no se producirá espontáneamente. Pero, antes del encuentro con la muerte, el hombre debe aprender a valorar lo que tiene y a disfrutarlo intensamente y sin culpa. El vino tanto puede representar el placer sensorial, la celebración del sexo, como el deleite del trance meditativo. La cuestión central es no desperdiciar el momento y saber concentrar la atención para su intenso disfrute. Con la llegada de la vejez, la intensidad del sabor disminuye y la acción de toda experiencia ya no proporciona el mismo placer.
6- Contempla la caravana de la vejez, ve cómo galopa, ¡observa ese ritmo espantoso!
¡Compañero! ¡Aprovecha esos instantes fugaces para hundirte en las delicias de la vida, para desvanecerte en las delicias del amor!
En cuanto a ti, siervo, ¿por qué vives cavilando, por qué te atemoriza la problemática resurrección anunciada para un cierto día del mañana?
Trae la copa, pues la noche pronto llegará a su fin…
Las expectativas de la vida son diferentes según la clase social a la que se pertenezca. Pero todas son consumidas por la visión de avance indetenible de la vejez y la decrepitud. El niño anhela convertirse en adulto, el adulto se arrepiente de todos los momentos que desperdició y no vivió intensamente. Mientras, el hombre maduro que avanza hacia la vejez, olfatea la muerte a sus pies, la presiente y siente el sudor frío del miedo recorrerle y apagar la pasión que antes sentía por cada minuto vivido. La fuga consiste en disfrutar del placer hasta sentir ser consumidos por él, y así olvidar por algunos minutos, la conciencia del miedo a despedirse finalmente del cuerpo y de la existencia conocida. Los más desfavorecidos por la sociedad, se refugian en ciegas creencias sobre la otra vida, en lugar de apreciar y disfrutar de los preciosos momentos que les quedan.
8- ¡Oh Alá! ¡Sembraste de emboscadas y erizaste de pecados las curvas de mi camino!
Y después advertiste: ¡Cuidado, pobre de ti si llegas a caer!
Pero, ¡demonios! Lo sabemos todos: en el universo, ningún átomo escapa a Tu dominio…
Pues entonces, si determinaste que así se desdoblara el transcurso de mi existencia, y si tan cuidadosamente preparaste mis traspiés, ¡Alá! ¿Por qué me llamas pecador?

El juego entre la voluntad humana y la divina… Mientras el hombre mantenga su identidad atada a un cuerpo físico, imagina que sus errores y sinsabores son producto de una voluntad ajena, superior y desconocida. La elección de permanecer en la experiencia sensorial y limitada, regalada y regulada por los órganos sensoriales, es cuestión de cada libre voluntad humana. En esta condición el deseo es dominante, y la maquinaria del deseo conduce invariablemente al placer en su satisfacción y al dolor ante su falta. El contraste de efectos entre placer y dolor, trastorna la mente del hombre y le roba su paz. Saborear estos efectos y recibir los impactos de la pasión, es lo que la razón identifica con el pecado. La causa de todo, no es más que el poder del apego que ata la conciencia hacia los objetos sensoriales. No hay pruebas, no hay obstáculos intencionales, más que los que uno mismo se crea por no elegir renunciar a la pasión y no buscar conocimiento para poner fin a la ignorancia, que proyecta toda la oscuridad y confusión.

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