48- Positivando al Cerebro

Cuando usted experimente pensamientos negativos y no pueda desprenderse fácilmente de ellos, lea repetidamente, en forma mental y silenciosa, estas afirmaciones positivas. Así sus neuronas resultarán alteradas por la nueva traza de afirmaciones positivas. Su memoria se sintonizará con la nueva energía. Repita la lectura cuantas veces le sea necesario, siempre en forma de susurros mentales, lentos y suaves, para que se impriman más poderosamente sobre su mente subconsciente.

Pase al papel el texto. Lea sentado en postura de meditación, previo a practicar la técnica de concentración el libro completo, de corrido, usando el método de la lectura automática. No reflexione sobre el significado, sólo lea, pero con total atención, permita a su mente profunda funcionar a pleno.

Esta es una variante del mantra. Se trata de una cadena de afirmaciones positivas. Una diferente de la otra, por lo que no produce cansancio, no hay el efecto de la letanía. Pero el poder positivo se va acumulando sobre el pensamiento y crece la fase interna “Yo puedo”. Este método es muy útil cuando nos encontramos bloqueados, deprimidos, angustiados o recargados con pensamientos perturbadores. Cauteriza los odios, los miedos, aumenta la compasión y la autoconfianza. La lectura completa de todo el texto demora unos 20 minutos. Es ideal para realizar el ejercicio al menos una vez a la semana.

Durante la selección de las Fuerzas Especiales de los Estados Unidos los reclutas deben vencer su miedo a las pruebas. Esta emoción está regulada por la amígdala cerebral. Logran vencer mediante órdenes impartidas desde los lóbulos frontales afirmando “yo puedo”. Sólo egresan el 35%. De modo que el secreto está en la constancia y en la intensidad con que nos recargamos de pensamientos positivos.

Una afirmación produce un efecto determinado, una cadena de afirmaciones afecta toda nuestras conexiones sinápticas y abre nuestra mente hacia la intuición positiva y el pensamiento creativo.

¡Hago de la sana e irresistible alegría el único rostro de mis noches y días, tanto en mi interior como en el de aquellos que son mis padres, mis hermanos, mis amigos y compañeros en la vida!

¡Hago de la incesante alegría el barco con el cual atravieso las embravecidas olas de mis burbujeantes sueños de vida; todo dolor es el bendito viento que hincha mis velas y mi paz es el secreto motor que me conduce pronto y a salvo, al buen puerto que siempre existe y me espera!

Todo es infeccioso en éste mundo… ¡Con mis más profundas sonrisas contagio hoy a todos mis seres queridos y a todos aquellos que se sienten encerrados entre las grises mortajas de la tristeza!

¡Sonreiré siempre que el dolor, la depresión y la oscura tristeza se presenten ante mí y, con la fuerza de mis sonrisas me sacudiré de todo mal!

Cuando mi corazón se llena de angustia, sonrío contemplando al Azul del Infinito Cielo, y comprendo así que ¡toda tristeza es sólo pasajera!

¡Con la fuerza de mis concentradas olas de sonrisas abandonaré toda tristeza y flaqueza, al sentir que mi naturaleza es en realidad y verdad, la Ilimitada Alegría del Ser de mi interna Conciencia!

¡Soy el Cielo de la Inmensa Alegría, soy las estrellas de la Inmortal Fe y el Infinito Espacio Interior de la Paz!, ¡Soy el Inmenso y Siempre Sonriente Claro Cielo de la Eterna Paz!, ¡el Cielo soy, Soy el Cielo!

¡Soy la más profunda alegría, siempre fluyendo libre y pura desde la fuente de la eterna vida, hacia mi más íntima percepción! ¡Soy el chorro fresco, siempre libre y puro de la más profunda alegría!

¡Sonrío hoy a mis amigos que me quieren y con más fuerza todavía a mis amigos que aún no me quieren!, ¡quebraré hoy con mis sinceras sonrisas los muros de la indiferencia, la incomprensión y los celos, que me apartan de mis desconocidos mejores amigos!

¡Cumpliré mis promesas, dadas a mí mismo y a otros, así me tarde toda la vida en cumplirlas!, pues es mi palabra mi único bien y, sí yo mismo no la cumpliera, ¿qué sería entonces de mí?

Así como cuido de mi bienestar, desde hoy cuido del bienestar de mis padres, de mis hermanos y hermanas, de mis amigos y de cada ser, flores, pájaros y cosas. Buscando con amor la salud primero en mí y luego, en todos los demás.

¡Me hago a mí mismo y a otros, sólo aquellas promesas que yo sienta que podré cumplir!

¡Me olvido por unos minutos de mí mismo, hoy, al contemplar y sentir la belleza de la flor y el milagro del sol!

Cuando alguien se me acerca para darme un sano consejo o una injusta crítica, escucho atentamente y luego veo en mi interior si ha habido verdad en sus palabras.

Busco en el fondo de mis pensamientos y de la compañía de quienes me rodean, las buenas semillas; con el pico del buen amor aro la tierra de los corazones y con fe siembro mis buenas semillas del bienquerer, esperando con segura paciencia la cosecha para volver a sembrar las mejores y, perfeccionar así las percepciones de mi vida.

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