
El pensamiento positivo, tanto está vinculado con la ciencia, como con la fe. Es una combinación entre lo racional y lo emocional. De esta forma, obtiene canalización el milagroso poder de la propia voluntad. Despertar concentrar y enfocar este poder, para revertir toda enfermedad y recuperar la salud, es sobre lo que trata este artículo. Explica un método científico, cuya puesta en practica requiere de fe, o carga emocional positiva. En función de esto, una parte de la explicación tiene base científica y la otra religiosa, moral y emocional.
Muchos médicos, descreen, del efecto terapéutico de los pensamientos positivos concentrados. Pero, las recientes investigaciones científicas, en diferentes partes del mundo, coinciden cada vez más, en que las actitudes positivas ante la vida, efectivamente aumentan la salud y amplían las posibilidades de recuperación, luego de accidentes y enfermedades graves.
La psiconeuroinmunología (PNI), establece la existencia de una estrecha relación entre el sistema inmunitario y el cerebro. Los placenteros estados de ánimo, causan leves mejorías en la salud, cambios que son perceptibles. Personas más felices, durante más tiempo, tienden a enfermarse menos y poseen sistemas inmunitarios más eficaces y regulares. Sentirse bien, ser feliz, en sus diversos grados, retroalimenta el deseo de vivir y todo el organismo, responde positivamente, a este deseo o esta mayor voluntad de querer vivir mejor y durante más tiempo.
Se han hecho diversos estudios de campo, y se ha podido establecer que, las personas socialmente activas y con matrimonios exitosos, tienden a conservar la salud y a vivir más tiempo, que los socialmente inactivos, solteros o divorciados. El estado de ánimo, o estado mental, influye tanto positiva, como negativamente, sobre el cuerpo, prolongando o acortando la vida.
En un estudio realizado entre el inmunólogo Ronald Glaser y la psiquiatra Janice Kiecolt Glaser, ambos de la universidad de Ohio, en Estados Unidos, se descubrieron diferencias inmunitarias al comparar resultados entre dos grupos de 38 mujeres. Uno compuesto por mujeres casadas y el otro por separadas o divorciadas. Se descubrió que las casadas, poseían mejores sistemas inmunitarios, que las solitarias, y que las mujeres felices en sus matrimonios, poseían los índices más altos inmunitarios. Posteriormente, se repitieron los estudios en grupos similares de varones, y los resultados fueron semejantes. Es decir, más feliz es la persona y más saludable será, en correlación con sistemas inmunitarios más veloces y eficaces. De esta forma, el estado mental sostenido, altera el estado de salud del cuerpo.
Estudios sobre la actividad social, llegaron a parecidas conclusiones. También se descubrió que los más activos, logran vivir más que los más aislados y pasivos. Esto, se encuentra estrechamente relacionado, con los ciclos depresivos. Personas más comunicativas con otros, son menos vulnerables a los cuadros depresivos. Depresión o infelicidad, son estados mentales conducentes a la enfermedad y al acortamiento de la propia vida.
Liberar los sentimientos, también permite incrementar equilibrio y mejorar la salud. Estudios sobre el comportamiento, demostraron que las personas que son capaces de comunicar sus traumas, son luego más felices. Y esta mayor felicidad incrementa los indicadores inmunitarios. Esto se comprobó mediante respectivos análisis de sangre. Más feliz es la persona, más altas son sus defensas. Esta relación implica el desarrollo de estrategias personales, para aprender a sentirnos felices en forma constante. No siempre esto lo podemos lograr; pero, en su reemplazo, podemos adoptar como meta, alcanzar a desarrollar mayor ecuanimidad.
Dado que la búsqueda adictiva de los estados felices, puede ocasionar efectos colaterales de mayor infelicidad, al malograrse los objetivos deseados. Todo dependerá del foco que se haga sobre la propia idea de felicidad. Si uno es feliz, ejercitando el cuerpo o la mente, este resultado siempre dependerá de lo que uno puede hacer. Pero, si la idea de felicidad, depende de otro o de la adquisición de algún objeto, ya no es controlable por nosotros mismos.
Otros estudios, centrados sobre la supervivencia de pacientes afectados por cáncer, estableció que las personas más optimistas logran sobrevivir más tiempo. De nuevo, el estado emocional y mental, parece incidir sobre la respuesta orgánica funcional, mejorando su rendimiento.
Más investigaciones encontraron nuevos mecanismos o interrelaciones directas, entre los múltiples factores que conducen a las enfermedades. Por ejemplo, se probó que los pesimistas, debido a su estructura psicológica negativa, cuidan con menor esmero su cuerpo físico. Son menos estrictos en su higiene, en consultas periódicas al médico, en la rutina para la ingesta de medicamentos y tratamientos. En definitiva, se encuentran más expuestos, por falta de hábitos saludables permanentes. Y son también, más proclives a los accidentes por distracción. La programación de los pesimistas parece decir “odio vivir” en lugar de “amo vivir”, lo que se traduce en la orden interna “no quiero vivir”. Y así, mueren más rápido.
Emociones positivas, como el amor, pueden incluso prevenir resfriados. Algunos psicólogos y médicos que investigan las interacciones psicosomáticas, creen que el recuerdo de una emoción positiva, por ejemplo de afecto de otra persona, puede elevar el sistema inmunitario y protegernos de caer con un resfriado.
De acuerdo con una detallada investigación médica de 1987, las concentraciones de la inmunoglobulina A salival, que actúa de barrera contra las infecciones respiratorias, aumenta en individuos que experimentan una relación amorosa positiva. Es decir, el romance parece también incrementar las defensas inmunitarias naturales.
¿Por qué el pensamiento influye en las enfermedades? Los estados emocionales y estados mentales, acontecen en el área cerebral. De acuerdo con los últimos descubrimientos, el cerebro y el sistema inmunitario, se comunican entre sí. Se han podido localizar fibras nerviosas en el timo, glándula ubicada detrás del esternón y responsable por la fabricación de las células T, encargadas de la defensa inmune. Asimismo, las últimas investigaciones sobre la estructura celular humana, han hallado en su interior receptores que captan las señales del sistema nervioso central.
O sea, el cerebro dialoga con las células del cuerpo, tal vez no todas, pero con la gran mayoría. Cuando el cerebro cambia sus impulsos nerviosos, las demás células reaccionan. También se ha logrado rastrear fibras nerviosas en la médula ósea, ganglios linfáticos, en el timo y en el bazo. Todos órganos que forman parte del sistema inmunitario. Y todas estas fibras conectan directamente con el cerebro. Científicamente, está confirmado que el cerebro dialoga con el sistema inmunitario y entre ambos, se forma una estructura inteligente más compleja y mayor.
También se ha progresado para identificar los marcadores o vínculos bioquímicos entre el cerebro y el sistema inmune. Estos elementos bioquímicos, cientos de ellos por ahora identificados, llevan mensajes de una parte del cuerpo a otra, constituyendo una forma de lenguaje o comunicación. Entre tales sustancias, hay algunas que ocasionan reacciones específicas sobre los estados de ánimo y las emociones. Siendo que el estado del cerebro, se refleja en la mayor o menor capacidad del sistema inmune, para reaccionar ante ataques virales y bacterianos, las sustancias neuroquímicas, inciden sobre los estados de salud consecuentes.
Durante 1987 se descubrió que las células inmunitarias que cooperan en la cicatrización de las heridas, en devorar bacterias y en reparar tejidos, los monocitos, son sensibles a los neuropéptidos, sustancias que elabora el cerebro. Y es en el sistema límbico del cerebro, donde se halla la concentración más notable de células productoras de neuropéptidos. Casualmente, el sistema límbico, controla las emociones.
Los investigadores han encontrado que a nivel molecular existen enlaces definidos, entre el cerebro y el sistema inmunitario. De esta forma, los glóbulos blancos recibirían mensajes u órdenes directamente desde el cerebro.
Pese a todo, la mayoría del mundo científico médico, conserva su escepticismo frente a los descubrimientos psicosomáticos.
Otras investigaciones en pacientes con cáncer, en fase de remisión, aplicaron técnicas de reeducación mental y adaptación psicológica para aprender a relajarse y modificar los patrones de creencias negativas derrotistas. Se comprobó, luego, que dichos pacientes lograron desarrollar más cantidad de células asesinas naturales o fagocitos, mucho más activas contra los tumores. Este resultado, se obtuvo después de analizar muestreos de sangre comparativos, con un segundo grupo, que no recibió el entrenamiento.
El pensamiento positivo, el optimismo, el amor, el afecto, el sentirse feliz y la esperanza, son factores psicológicos que cooperan en elevar el rendimiento y la eficiencia del sistema inmunitario. De esta forma, el organismo se cura más rápidamente a sí mismo.

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