
Existen las enfermedades del cuerpo, de la mente y del alma. Esta lección trata de la salud del alma, de cómo liberarse de los pecados, mediante la concentración de la mente en las enseñanzas de Cristo, que conforman un sistema de apoyo psicológico espiritual y de creencias, mediante las cuales nos podemos liberar de los malos hábitos, como de cualquier tipo de adicción, incluyendo las drogas.
JesuCristo enseñó un código de conducta moral y espiritual, para vencer las tentaciones mundanas y encontrar el camino hacia la unión con nuestro Abba, Padre que está en lo Alto y en la intimidad de nuestras almas. Para conquistar la naturaleza interna y autocontrolar nuestra mente, en forma directa con el potencial de la supraconciencia o Dios en nosotros. Para despertar esta supraconciencia reformó el bautismo y nos legó el ritual de la comunión, para amarnos y ayudarnos entre todos, nos enseñó a derrotar todo mal mediante el poder de la oración (ley de las afirmaciones), nos enseñó el potencial de la todopoderosa fe unida al amor y al Bien (ley de los milagros), a concretar el amor entre los unos y los otros compartiendo nuestro pan, para poder crecer los unos en los otros así en hermandad y voluntad (ley de la buena voluntad) y el resultado de nuestras acciones (ley de autosalvación). Estos principios, que atravesaron los siglos y siguen golpeando nuestras conciencias, merecen ser reexaminados a la luz de la mentalidad del Siglo XXI.
La luz de sus palabras liberan de piedras el sendero hacia la verdad. La paz interna, la paz santificada y bendita, llegan del esfuerzo por acercarnos al Espíritu Santo. El ascenso del Espíritu Santo en nuestra alma, es la conciencia de Dios en nosotros.
La autoridad de las enseñanzas de Cristo nace de sí mismo, a diferencia de los profetas y la ley antes de Él.
Existen coincidencias entre su doctrina y la de las grandes religiones monoteístas, pero es en Él, donde la alianza entre Dios y la Humanidad alcanza su mayor claridad.
Únicamente las doctrinas de Buda y Krishna, en forma personal y directa, se aproximan a la intensidad de sus revelaciones.
En el caso de Mahoma, su testimonio de Dios es semejante al de Moisés, donde las revelaciones llegan externamente.
Es en JesuCristo, Krishna y Buda, donde la conciencia humana alcanza en sí misma lo divino y confirma ese potencial como propio de la esencia del alma individual. Son la prueba viva de lo que cada uno tiene en sí y puede conscientemente alcanzar.
Dios encarnándose, elevándose sobre un cuerpo, mente y alma humana, vence los pecados e ilusiones del mundo y se muestra a Sí mismo a otros, no a todos, sino a quienes lo reciben con alegría en sus corazones.
Bajo el punto de vista contrario, la chispa de Dios en el ser humano, mediante un esfuerzo superior, voluntad, fe y autodisciplina, se libera de las limitaciones del cuerpo físico y la mente, nace en Espíritu y su alma se reviste de luz. Si lograr alcanzar esto depende de un nacimiento sobrenatural solamente, la conciencia crística de Dios será imposible de lograr jamás para ninguna persona ordinaria; pero si amén de esto, recibir al Espíritu Santo y que éste permanezca en uno, alcanzar el Nirvana de Buddha y el conocimiento del Atman (conciencia de Dios) de Krishna, dependen exclusivamente de los actos y del amor al bien, que es Dios, entonces todos podemos alcanzar por experiencia propia y personal los mismos estados de conciencia de Dios que vivieron Jesús, Krishna y Buddha. Mi fe está establecida sobre esto último y he ahí la razón de mis enseñanzas.
Dios es Uno, afirman los monoteístas que profesan distintas doctrinas… Sería bueno, que esto se empiece a practicar: Dios es Uno, y sus nombres son tantos como el número de sus devotos. Y siendo Dios Uno, necesariamente no hay separación entre lo que Él es y lo que el sustrato de existencia del alma individual es.
La transmisión del conocimiento espiritual es canalizada por JesuCristo en varios niveles. Uno para el pueblo en general mediante parábolas, otro directo para sus discípulos. Y, en algunos versículos de los Evangelios aparecen vestigios de prácticas y técnicas para el autocontrol físico, mental y espiritual. ¿Se limitó Él a enseñar sólo formas de oración y ayuno, o hubo más, que luego se ocultó o perdió? ¿Por qué la potestad de sus discípulos del Siglo XXI ha disminuido, cuando antes podían curar toda enfermedad?
Acerca de la salvación, el ingreso al reino de los cielos, los evangelios se sintetizan en lo siguiente: cualquiera se salva o se pierde, por un acto de voluntad y fe continuados. Acciones que deben ser renovadas diariamente, nos hablan de esfuerzos conscientes y direccionados. La cuestión es: ¿voluntad para qué y fe en qué, en quién y para qué?
En esta lección y la siguiente veremos las leyes psicológicas y causales, modo de usarlas positivamente y corregir defectos personales, a partir de las enseñanzas de JesuCristo…
Sobre el particular, recuerdo una faceta de mi adolescencia, cuando experimenté una insaciable búsqueda de Dios. En medio de ella, comprendí que muchos se quejan porque nuestro Padre no les responde y, al mismo tiempo, jamás invierten tiempo personal en buscarLo con decisión. Hoy en casi todos los países, desde el jardín de infantes a la formación universitaria, las personas pasan unos 22 años de estudios continuados. ¿Quién dedica siquiera un año de su vida para averiguar personalmente si Dios, en verdad existe y que puede El significarLe?
Ni siquiera muchos que se convierten en sacerdotes lo hacen, porque se refugian en Dios y no buscan sinceramente a Dios, sino los frutos de Dios para vivir de otros; es decir, no ponen a prueba la existencia de Dios en sus mismas vidas.
Mientras nuestra mente, corazón y alma no estén plenamente convencidos de la existencia de nuestro Padre, no nos será posible unirnos conscientemente a Él… Nuestra fe estará centrada en una imagen, una idea, un fantasma y no seremos capaces de experimentar fe real… En mi caso, estuve un año dedicado a pelearme con Dios y todas sus manifestaciones, un año de todo tipo de tentaciones, hasta encontrar desde la oscuridad, la luz verdadera y conocerme en ella.
Si estas enseñanzas no fueran universales, la gente común no podría aplicarlas y obtener beneficios directos en sus vidas. Por siglos, en las mentes religiosas se cultivó la idea que el contacto directo con Dios está reservado a personas santas, que abandonan el mundo para vivir en oración y ayuno. No es así, a los ojos de nuestro Padre, vale mil veces más una persona común, un padre y madre, que sin abandonar sus deberes mundanos dedica unos minutos u horas al Espíritu Santo y pide por los suyos y desde su alma los protege en alianza con Dios…
Nuestro Padre y Madre divinos a todos nos escucha por igual, todos somos sus pequeños a sus pies, seamos cristianos, ortodoxos, protestantes, evangelistas, mahometanos, budistas, hinduistas, taoistas, incluso ateos, todos somos hijos de Dios por igual. Si queremos escucharle, en espíritu nos hablará y nunca nos abandonará, antes por nuestros pecados siempre le abandonamos nosotros a El y cuando nos arrepentimos y volvemos, descubrimos que El nunca nos abandonó. El camina a nuestro lado, nos mira desde el fondo de nuestros ojos, nos guía desde la íntima conciencia de nuestro Yo Superior.
En la cultura cristiana subyace una contradicción entre los valores espirituales y materiales. La búsqueda del dinero y el bienestar son vistos como una perdición, una caída en las tentaciones del poder, el placer y la codicia. Y en realidad, si el deseo interno gira en torno de estas apetencias por el dinero, poder, fama y sexo, la caída es segura.
Sin embargo, se puede ser adinerado, con bienes materiales y tener anclada la fe firmemente en Dios. Cuando los profesionales, técnicos, ejecutivos, gerentes y empresarios, dirigen sus esfuerzos para que sus prójimos tengan progreso, trabajo, salud y pan en sus casas, todos los días, hacen un bien directo. Con el esfuerzo de sus cuerpos, mentes y almas bendicen a muchos, sin ambicionar más fruto que éste, y sin descuidar a la vez a sus propias familias. En estos tiempos modernos, estos son verdaderos seguidores de Cristo, porque con sus cuerpos y sangre, dan pan de vida a otros.
El pecado aparece cuando desde el lugar que ocupan, sus acciones se transforman en maldiciones hacia muchos, porque ciegos de ambición procuran robar el trabajo del prójimo, mienten y engañan. Esto sucede porque antes su fe se corrompió y en lugar de temer a Dios, adoran el dinero, el poder y el sexo desenfrenado, aunque no logren alcanzarlos por sus propios medios, sus corazones están sujetos a estos deseos mundanos.
Todos aquellos, que desde sus lugares de trabajo, velan por el bien común y lo hacen con humildad y responsabilidad, porque practican lo correcto, tienen su lugar reservado en los cielos y su nombre escrito en el libro de salvación.
Porque así como JesuCristo aseguró la recompensa por las buenas obras, es ahora. De no haber liderazgos el mundo humano sería un completo caos; por eso, los que soportan mayores tentaciones y aún así cuidan del bien de otros, tienen asegurada una mayor recompensa en lo Alto. Sin anunciar, sin vanagloriarse, hacen lo que es bueno porque practican lo correcto y aman el servicio. Por eso, los que son justos en el reparto, por sus obras serán justificados.
1- “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. (Mateo 4:4)
La energía activa de Dios, omnipresente, sostiene toda forma material. Esta Palabra de Dios llega al ser humano mediante el bulbo raquídeo, el cual se comporta como una boca o antena que nos conecta con la Energía Vital Cósmica. Al concentrarnos en el entrecejo, su polo opuesto, nuestra corriente nerviosa recorre ambos extremos; de realizarse la práctica en forma prolongada, aparece un globo radiante y un punto oscuro en su centro, profundizando más la atención sobre este punto, el mismo se torna aún más brillante que la esfera radiante. Es la puerta interna que comunica la conciencia con el cuerpo, la mente y el alma, a éstos con Dios y todas sus manifestaciones. Es el espacio íntimo, la fuente interna de nuestra paz y capacidad de amar. El foco de la clara luz interna. Más nos sintonizamos con él, más su luz inunda todo nuestro cuerpo. Es por eso, que el acto de la iluminación es un proceso de la voluntad. Mediante la concentración serena sobre esta luz es posible desconectar las sensaciones del cuerpo físico y disfrutar de la percepción pura de mente.
2- “No tentarás al Señor tu Dios”. (Mateo 4:7)
Nuestros malos hábitos permanentemente nos están induciendo hacia acciones equivocadas, golpetean estos malos deseos, fruto de nuestras pasadas inclinaciones, diciendo en nuestra mente “si haces esto nada pasará, puedes probar y luego dejar, si quieres”. Al ceder, rápidamente nos encontramos envueltos en situaciones progresivamente difíciles y dolorosas. Jesús soportó en el desierto las tentaciones de Satán, el príncipe de la ilusión universal, tratando de inducirlo a la soberbia en el uso del poder de Dios; para que así cayera como cayó él de Su presencia; pero Jesús resistió y se negó a ofender a su Padre con el mal uso de su poder. El Espíritu Santo jamás se manifiesta en forma innecesaria y caprichosa, sino cuando es justo y necesario o por intervención de su misericordia. Cuando nuestros malos deseos nos asaltan, debemos mantenernos firmes y rechazarlos, como Jesús rechazó las tentaciones de Satán con el poder de la verdad, usando su poder de voluntad.
3- “Al Señor tu Dios adorarás, y a Él sólo servirás”. (Mateo 4:10)
Nuestro Padre es la esencia de toda bondad y poder, justicia y verdad, poniendo nuestra fe en El, lo adoramos con el corazón y aprendemos a vivir en comunión con sus caminos. Siendo que en verdad nuestra alma es una con El y con la de todos los seres vivientes, nuestros actos deben expresar esta realidad. Cuando hacemos lo contrario, vamos en contra de nosotros mismos y la ignorancia y el odio son nuestros fieles aliados; en nuestra caída nos hacemos esclavos de las cosas mundanas y siendo así, nos ponemos al servicio de la fuerza espiritual que es contra Dios.
Desde la noche de los siglos Satán dice “cuida sólo de ti mismo, aprovéchate de los demás, que ellos ganen con el sudor de su frente el pan para ti”. De volver Jesús a esta época, posiblemente sería innecesario que Satán le tentara en el desierto, bombardearía su interior desde la publicidad, el marketing universalizado y las ilusiones del capital… Debemos cuidarnos también de no entregar nuestra fe al mundo y las cosas del mundo, como tampoco ceder a la tentación de adorar a santos y ángeles, reemplazando a Dios en nuestro corazón, renunciando a la verdad de su presencia una con nuestra alma. Nuestro Padre nos creó a su viva imagen y semejanza, somos sus hijos siempre, está en nosotros y lo que El es en nosotros, somos nosotros en El. Nuestro Padre nos hizo más grandes que todos sus ángeles y adorándolos a ellos y a los santos, pecamos contra el Espíritu Santo que mora en nosotros. No aceptemos intermediarios, porque nuestro Padre mismo nos pidió no hacerlo, para en El hacernos libres y dueños de toda paz.
4- “Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón. Por tanto, si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno. Y si tu mano derecha te es ocasión de caer, córtala, y échala de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno”. (Mateo 5:28,29,30)
Todas nuestras acciones principian en la mente y cada acción refuerza el pensamiento que la originó, creándose un ritmo de crecimiento progresivo, un hábito y una cadena de apego a los resultados del mismo. En los deseos y pensamientos equivocados, está la semilla de nuestras malas acciones, pasadas, presentes y futuras. Romper la cadena depende de nuestra voluntad y sobre esto nos advierte Jesús, haciéndonos ver que si no presentamos resistencia a nuestras malas semillas, ellas se multiplicarán y nos esclavizarán en el infierno del sufrimiento, privándonos durante el ciclo completo de esa experiencia de la unión con la bienaventuranza que nos llega internamente de nuestro Padre. Los resultados de nuestras malas acciones, puestas a rodar en el pensamiento, nos alejarán de la consciente y gozosa presencia de Dios en nuestro interior. Las malas acciones comienzan con malos pensamientos, sí resistimos a éstos, las malas semillas morirán y no fructificarán en acciones externas, ni podrán condicionar así nuestros destinos. La raíz de todo mal nace en la mente y es ahí donde debe ser extirpado y quemado.
5- “Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público. Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos. No os hagáis, pues, semejantes a ellos; porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros las pidáis”. (Mateo 6: 6,7,8)
La autodisciplina espiritual no es para ser exhibida vanidosamente ante otros. Debemos ser celosos de nuestra intimidad con Dios, para no perderla; porque cuando mostramos los tesoros de la casa ante ojos ajenos, con seguridad los ladrones vendrán y asolarán… En la oración debemos poner todo nuestro corazón y fe, sabiendo que las bendiciones que pedimos y necesitamos, cuando son justas y verdaderas, están esperando por nosotros sólo el momento en que nos decidamos a recibirlas.
Las personas apegadas a lo material, por más inteligentes y catedráticas que sean y aunque tengan el reconocimiento como eminencias del saber, rechazan la idea de Dios y ven en la autodisciplina espiritual una enajenación y pérdida de tiempo; también las que se dicen religiosas están muchas veces tan apegadas al dogma, que la idea de un contacto real y personal con Dios les parece un engaño de la mente. Aceptan a Dios mientras El no se baje del templo, de la cruz, La Meca, el tabernáculo de la Alianza y demás objetos donde lo podemos controlar y visitar, como si Dios fuera un televisor y nuestra fe un control remoto, para usar y satisfacer deseos humanos. Por eso, siempre guarda en secreto tus experiencias con Dios y sólo dalas a conocer cuando éstas puedan ser un estímulo para que otros se acerquen a Dios.
6- “Pero tú, cuando ayunes, unge tu cabeza y lava tu rostro, para no mostrar a los hombres que ayunas, sino a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público”. (Mateo 6:17,18)
Aquí se repite el mismo sentido de la enseñanza anterior. Al practicar el ayuno como una ofrenda íntima que nos acerque a nuestro Padre, debemos hacerlo con ése significado. Cuando exhibimos nuestros actos de fe, asoma nuestro ego buscando el reconocimiento de los demás, la complacencia de nuestro orgullo y vanidad por ser mejores y más buenos que otros; como el objetivo de esta acción se corresponde con su fruto, no habrá más fruto que ése, el cual aún vendrá con el efecto contrario. Ahora, cuando verdaderamente nuestros actos son para acercarnos a nuestro Padre, la gente malvada lo sentirá y nos rechazará, sus acciones se volverán en su contra y se alejarán, mientras que los buenos de corazón se nos acercarán.
7- “Haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón”. (Mateo 6: 20,21)
Por más ricos que podamos ser, como todos, moriremos absolutamente pobres sin poder llevarnos nada de éste mundo, salvo nuestras experiencias internas. Jesús nos indica que busquemos las riquezas espirituales, que sembremos las semillas del bien, del desapego, de las acciones desinteresadas en lo profundo de nuestra alma, que no nace ni muere. El tesoro es la fe y donde la ponemos está también nuestra alma.
8- “La lámpara del cuerpo es el ojo; así que, si tu ojo es bueno, todo tu cuerpo estará lleno de luz; pero si tu ojo es maligno, todo tu cuerpo estará en tinieblas. Así que, si la luz que en ti hay es tinieblas, ¿cuántas no serán las mismas tinieblas?”. (Mateo 6:22,23)
Aquí se refiere el ojo espiritual, situado por detrás del entrecejo, entre los dos hemisferios cerebrales. Un punto de unificación de las biondas cerebrales derecha e izquierda y de todas las energías nerviosas humanas. Un centro de voluntad que permite la síntesis de toda dualidad, el equilibrio y la armonía. Desde el ojo del cuerpo, asiento de la Conciencia Crística en cada ser humano, los pensamientos inquietos son gobernados y silenciados y el propio destino proyectado. Para que el ojo sea bueno, debe existir un vínculo voluntario con Dios, con la Conciencia Cósmica. Existiendo éste vínculo el Espíritu Santo se manifiesta en el cuerpo humano mediante una radiante vibración de santificante conciencia. Pero si el ojo espiritual es usado con propósitos egoístas, rápidamente por la Ley de Acción-Reacción la oscuridad nubla la luz del alma y el ser humano se extravía, se olvida que es un hijo encarnado de Dios y actúa en contra de las leyes divinas y naturales. Hasta que no pague hasta la última gota de sus errores no podrá volver a ver la luz, o podrá hacerlo mediante un intenso arrepentimiento.
9- “Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas”. (Mateo 6:24)
Cristo con esta afirmación precisa la necesidad de clarificar y unificar los objetivos en nuestras vidas. Debemos decidirnos entre la vida y la muerte, el egoísmo y el inegoísmo. Buscar la acumulación de bienes materiales supone asociar la idea de felicidad y perdurabilidad de esa misma felicidad en la obtención de posesiones, por tanto cuántas más posesiones más felicidad a nuestra disposición, más comodidad y facilidad en la satisfacción de deseos mundanos.
Entonces, las posesiones materiales son en realidad la expresión de un creciente deseo de control sobre el exterior, del sometimiento de personas y cosas a la voluntad posesiva. Mientras se es víctima de éste interno e insano deseo, al mismo tiempo se está crecientemente poseído por las mismas posesiones tan deseadas. En tal estado interno, no es posible estar en armonía con Dios, no queda nada de nuestra atención y tiempo para dedicarle una oración sincera, toda nuestra energía se escurrió hacia el deseo del control y la satisfacción de éste deseo que corrompe el alma y nos aleja de la Divina Santidad.
Servir a Dios en cambio, es hacer su obra en nosotros mismos, hacernos transparentes y blandos de corazón ante su luz y amor, entregarnos en Sus manos y confiar en sus designios antes que sólo en nuestra voluntad. Es sintonizarnos, ponernos a tono con su existencia, conciencia y dicha, actuando sobre el mundo en consecuencia.
Hacer de las riquezas el objetivo primordial, nos hace materialmente inteligentes, competitivos, tenaces, sagaces, creativos; pero progresivamente pobres y alejados de Dios. Muy distinto es encontrar a Dios y aprendiendo a estar en sintonía consciente entre Su voluntad y la nuestra, aprender a progresar por el bienestar de todos los demás.
Cuando ponemos la conciencia de Dios en nosotros, en primer lugar, como el objetivo primero y esencial de nuestra vida, todo lo demás puede ser alcanzado por añadidura. El progreso material puede ser acometido cuando estamos de parte de Dios, pero el ángulo es diferente porque nuestras acciones, deseos y esfuerzos estarán guiados por la voluntad de servicio a los demás, como la más perfecta forma de servir a Dios.
El padre, la madre, el hermano que hacen todo tipo de esfuerzo, sacrificio para el progreso material en beneficio de los suyos, sin perjudicar a terceros, están justificados en sus obras por la abnegada intención y sus concretos frutos compartidos con los suyos, bajo el aliento del amor.
Cuando aprendemos a establecer el centro de nuestra conciencia en Dios, aprendemos también a ser espiritualmente materialistas y materialmente espirituales. Servir a Dios no es el descuido y olvido irresponsable de nuestros deberes mundanos, familiares, laborales, personales, sino el cumplirlos desapegadamente de los resultados, desapasionadamente de las circunstancias y voluntaria y gozosamente alegres por las bendiciones de cada día. La clave de lo que nos dice aquí Cristo es que pongamos nuestra voluntad al servicio de Dios y no de las riquezas, lo que no significa que no podamos tener riquezas, porque los bienes materiales son necesarios para sobrevivir y vivir en el mundo.
La diferencia entre un extremo y otro a veces es muy sutil. Tal vez sirva un ejemplo. Vi un documental por la televisión en referencia a la elección del Papa Juan Pablo II, un cardenal italiano decía sobre la designación del sucesor del apóstol San Pedro, durante la votación bajo el cielorraso de la Capilla Sixtina que “fue un momento difícil, debí dormir sobre una cama incómoda varios días…”. Con estas pocas palabras el cardenal, como príncipe de la Iglesia y mensajero de Jesucristo ante los miles de millones de pobres del mundo, reveló que en su corazón están antes los bienes materiales que Dios, por lo que posiblemente no exista comunión real entre su corazón y Dios. Al menos es lo que sus palabras parecen decir. Y por el lado contrario, es muy posible que un hombre o mujer de fuerte voluntad, que han sabido dirigir sus acciones para multiplicarlas en bienes, sean tomados como materialistas adictos, cuando están en realidad ocupados en mejorar la calidad de vida de sus empleados y hacen donaciones de sus beneficios a los más pobres de la sociedad en forma silenciosa.
Entonces ¿quién sirve más a Dios, quien lo busca por su propio bienestar o quien da de su propio bienestar a otros que lo necesiten? La forma más perfecta de servir a Dios y la que más le agrada es dando bien y amor a los que menos tienen y no pueden ayudarse por sí mismos. Dios no pide riquezas materiales para sí mismo, no las necesita y todo el que quiera agradarLe y servirLe, comparta su pan y alegría con los que no tengan pan ni alegría. Por eso, para que el bien sea perfecto, cuando quieras donar ropa a los pobres, búscalos y dáselas, cuando quieras dar de comer a los pobres, búscalos y aliméntalos, cuando quieras dar dinero para los pobres conviértelo en obras de refugio, consuelo y autoayuda para los pobres. Deposita tu confianza en Dios y en sus métodos, no en lo que sale del corazón de los hombres.

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