
Para obtener un máximo rendimiento de nuestro cerebro debemos aprender a funcionar a frecuencia Alfa. Sobre esta oscilación EGG tenemos acceso a la fuente de nuestro subconsciente, donde se aloja el 90% de nuestro potencial cerebral. Existen 6 diferentes ondas con sus correspondientes estados cerebrales, estos son:
1. Gamma Alta (+ 300 microvoltios) entre 25 y 100 Hz. Estados alterados.
2. Ran Alta (+300 microvoltios) +28 Hz. Estados de estrés y confusión.
3. Beta (150-300 microvoltios) 13 a 28 Hz. Vigilia, consciencia, excitación.
4. Alfa (100-150 microvoltios) 8 a 12 Hz. Relajación, creatividad, tranquilidad.
5. Theta (50-100 microvoltios) 3.5 a 7.5 Hz. Vigilia, sueño moderado, con sueños.
6. Delta (10-50 microvoltios) 0.2 a 3 Hz. Sueño profundo.
DESCRIPCIÓN DETALLADA
ONDAS BETA: Originan un campo electromagnético con una frecuencia comprendida entre 13 y 30 Hz (vibraciones por segundo). Se registran cuando la persona se encuentra despierta y en plena actividad mental. Los sentidos se hallan volcados hacia el exterior, de manera que la irritación, inquietud y temores repentinos pueden acompañar este estado. Las ondas Beta son oscilaciones electromagnéticas en el rango más alto de frecuencia que se detectan en el cerebro humano a través de un electroencefalograma analógico. Están asociadas con etapas de sueño nulo, donde se está despierto y consciente y las ondas son más frecuentes en comparación con las ondas delta, alfa y theta.
ONDAS ALFA: Tienen una frecuencia de 8 –12 Hz y están asociadas con estados de relajación. Se registran especialmente momentos antes de dormirse. Sus efectos característicos son: relajación agradable, pensamientos tranquilos y despreocupados, optimismo y un sentimiento de integración de cuerpo y mente. Las ondas alfa son oscilaciones electromagnéticas en el rango de frecuencias de 8-12 Hz que surgen de la actividad eléctrica sincrónica y coherente de las células cerebrales de la zona del tálamo. También son llamadas «Ondas de Berger», en memoria de Hans Berger, el primer investigador que aplicó la electroencefalografía a seres humanos. Las ondas alfa son comúnmente detectadas usando un electroencefalograma (EEG) o un magnetoencefalograma (MEG), y se originan sobre todo en el lóbulo occipital durante periodos de relajación, con los ojos cerrados, pero todavía despierto. Estas ondas se atenúan al abrirse los ojos y con la somnolencia y el sueño. Se piensa que representan la actividad de la corteza visual en un estado de reposo. Una onda similar a las alfa, llamada mu (μ) es a veces observada sobre la corteza motora y se atenúa con el movimiento o incluso con la intención de moverse.
ONDAS THETA: Con una frecuencia de 3.5-7.5 Hz., se producen durante el sueño (o en meditación profunda, entrenamiento autógeno, yoga…), mientras actúan las formaciones del subconsciente. Las características de este estado son: memoria plástica, mayor capacidad de aprendizaje, fantasía, imaginación e inspiración creativa. Las ondas Theta son oscilaciones electromagnéticas en el rango de frecuencias de 3.5 y 7.5 Hz que se detectan en el cerebro humano a través de un electroencefalograma. Normalmente están asociadas con las primeras etapas de sueño, fases 1 y 2. Se generan tras la interacción entre los lóbulos temporal y frontal.
ONDAS DELTA: Con una frecuencia de 1-3 Hz, surgen principalmente en el sueño profundo y muy raras veces se pueden experimentar estando despierto. Sus estados psíquicos correspondientes son el dormir sin sueños, el trance y la hipnosis profunda. Las ondas Delta resultan de gran importancia en los procesos curativos y en el fortalecimiento del sistema inmunitario. Las ondas delta son oscilaciones, el resultado de la representación de la actividad cerebral frente al tiempo, estas dada su naturaleza presentan una periodicidad, su rango de frecuencias es de 1-3 Hz. Normalmente están asociadas con etapas de sueño profundo. También se puede medir la actividad electromagnética del corazón, donde la presencia de ondas delta se asocia con el síndrome de Wolff-Parkinson-White. En la actividad cerebral, estas ondas se presentan en las etapas tres y cuatro, en casos de daño cerebral y coma. Las ondas Delta se presentan en sueño profundo sin soñar y no están presentes en las otras etapas del sueño (1,2 y de movimiento rápido de ojos).
EVOLUCIÓN – Hasta hace apenas 2 siglos, el Homo Sapiens, vivía en armonía con su entorno. Le era más simple estar en contacto con la naturaleza, disponer del tiempo, relajarse, concentrarse y lograr una perfecta abstracción de todo lo que le rodeaba. Hoy en día, en las grandes ciudades, vivimos en tensión constante. El trabajo, los impuestos, el tráfico, los problemas, la salud, el ruido, los medios de comunicación, todo nos induce estados depresivos y de estrés acumulativos.
Nuestro cerebro no ha cambiado, pero las circunstancias lo han hecho de forma dramática. Nuestro sistema nervioso no ha aprendido a adaptarse tan rápidamente con el ambiente moderno. En función de esta realidad, el estrés, la depresión y la ansiedad, se han transformado en una pandemia en la actual sociedad. No se han creado los instrumentos necesarios al mismo ritmo de los cambios externos.
El sistema nervioso funciona con energía bioquímica eléctrica. Al desarrollarse el electroencefalograma se descubrieron las oscilaciones de tensión eléctrica en el cerebro y, las diferentes formas en que actúan. Según la actividad neuronal, y con las sustancias neuroquímicas y hormonales que liberamos al torrente sanguíneo, tenemos una determinada frecuencia cerebral.
La Técnica de Meditación Sináptica, una vez que hemos entrenado al cerebro, nos facilita ingresar a frecuencia Alfa apenas cerramos los ojos, permitiéndonos fluctuar entre nuestro estado consciente y el subconsciente, obteniendo el máximo de ambos, logrando así funcionar a plena capacidad mental. En el estado Alfa podemos actuar en forma lúcida y coordinada, gozando de una profunda relajación que nos posibilita interactuar sin el freno de la mente censora, sugiriendo o descubriendo nuevas ideas. En el umbral del subconsciente es posible meditar con total fluidez y visualizar afirmaciones positivas para una mejora de la autoestima, fortaleciendo el desarrollo personal.
Hemos dejado de evolucionar genéticamente, pero podemos continuar haciéndolo funcionalmente, mediante la meditación. Está probado que nuevas áreas se especializan y se crea nueva materia gris como consecuencia del meditar. Es un hecho que por esta vía la evolución del hombre continúa.
Las ondas cerebrales Alfa están relacionadas con el descanso y el relax. Son ondas cerebrales que tienen ciclos situados en los rangos de 8 a 12 Hz, y que normalmente se generan en el hemisferio derecho del cerebro o en modo sincronizado entre ambos hemisferios. Las ondas Alfa se activan cuando la mente y el cuerpo están completamente relajados y libres de estrés.
Las ondas Alfa son las ondas dominantes en personas que están relajadas, que son creativas y poseen una mente clara. A pesar de las Beta, las Alfa también se consideran un patrón normal de ondas cerebrales ya que se da cuando la gente cierra los ojos para descansar y dormir.
Beneficios de las ondas cerebrales Alfa
• Relajación del cuerpo y la mente
• Mayor nivel de creatividad
• Mayor capacidad para resolver problemas
• Estabilidad emocional
• Disminución de los niveles de estrés y ansiedad
• Flujo del Estado Fundamental de la Conciencia
• Capacidad de mejorar el aprendizaje
• Activación del sistema inmunológico
• Aumento de los niveles de serotonina
Los niños y los adolescentes tienden a tener niveles mucho más altos de ondas cerebrales Alfa que los adultos. El rango de 10 Hz ha sido ampliamente aceptado como la frecuencia más segura para empezar un entrenamiento diario con sonidos binaurales. Se trata de sonidos que permiten que el cerebro se sincronice en ondas Alfa.
Si un cerebro es deficiente en el patrón de ondas Alfa, al aumentarlas puede ayudar a la persona a sentirse mucho mejor. Aunque, ni este tipo de onda es un “remedio que lo cura todo” ni cada frecuencia actúa de la misma manera. Estos son los rangos y los efectos aproximados de cada frecuencia, dentro de la frecuencia Alfa:
• 8 – 10 Hz Memorización y Aprendizaje. La compresión no está incluida.
• 8 – 12 Hz – Creatividad
• 10 Hz – Estimula la liberación de serotonina (mejor humor, estímulos positivos)
• 10 Hz – Mejora el estado de ánimo general y el ciclo del sueño
• 10 Hz – Reduce el dolor de cabeza esporádico
• 10 Hz – Activa el subconsciente (clarividencia)
• 11 Hz – Estado relajado pero cuerpo despierto
• 12 Hz – Estabilidad mental. Centrado en la actividad
• 11 – 14 Hz – Mayor atención y conciencia
• 12 – 14 Hz – Frecuencia de aprendizaje. Absorción de información de forma pasiva (estudios)
De acuerdo a la oscilación que registre nuestro cerebro poseemos 6 estados de conciencia reconocibles: Gamma, Ran, Beta, Alfa, Theta y Delta. Asimismo, dentro de éstas, hay subrangos de frecuencias, que admiten funcionalidades cerebrales diferenciales. Por medio del entrenamiento específico puede ingresarse voluntariamente en estas frecuencias y disfrutar del pleno potencial cerebral requerido. La Técnica de Meditación Sináptica nos da acceso a un patrón definido de ondas Alfa, en combinación con una acción neuronal, como la memorización, se obtiene estabilización sobre la frecuencia de 8 a 10 Hz.
Una vez que la MS se ha automatizado lo suficiente, para que la repita la mente subconsciente, pueden abrirse los ojos y realizarse tareas sin perderse el nivel Alfa. Esto es la meditación dinámica, fruto del entrenamiento intensivo, que nos posibilita la actividad consciente y el estado contemplativo al mismo tiempo. ¿Cómo funciona esto? Es como la respiración o los latidos del corazón, que son controlados por la mente subconsciente. Cuando se ha practicado lo suficiente la MS, uno simplemente ordena a su mente que repita el mantra, como fondo mental, en piloto automático. Así continuarán generándose ondas Alfa, sin importar que estemos con los ojos abiertos. Estarán atenuadas por las ondas Beta, pero su presencia será suficiente para sostener una alta coherencia cerebral y una mayor irrigación de todo ese órgano, con lo que le llegará más oxígeno y funcionará a mayor potencia.
Por lo que se ve, meditar no es abstraerse en la irrealidad, sino pura gimnasia cerebral. Todos los estados de la conciencia, incluyendo la percepción de Dios, dependen del funcionamiento del cerebro. Aprender a manejarlo, es fundamental, para el autocontrol y el conocimiento de Uno Mismo.
Ingresar en nivel Alfa es entrar en estado de concentración mental y Atención Plena. Tanto la meditación, como la oración, nos introducen en esta frecuencia del cerebro, caracterizada por la relajación general del cuerpo y la calma mental.
El cerebro emite débiles impulsos electroquímicos y la mayor o menor frecuencia de esas pulsaciones, o ciclos, determina el estado de la conciencia. Cuanto más elevada es la frecuencia cerebral, menor es la capacidad, cuanto más baja, especialmente en el rango Alfa-Theta, mayor es la capacidad resultante de la concentración.
En el nivel Beta la oscilación promedia los 21 ciclos por segundo, y puede elevarse hasta 60 ciclos o más. Al ocurrir esto, la persona está agitada, nerviosa, con pánico, tensa y ansiosa. Cuanto mayor sea la frecuencia cerebral, menor es la capacidad mental de respuesta consciente y ordenada. A frecuencia máxima puede generarse un blanco total, o apagón total, quedando la mente paralizada. El nerviosismo acelera los ciclos del cerebro, por esta razón los estudiantes pierden la concentración en el momento de dar sus exámenes y tienen dificultad para recordar las respuestas. Luego en sus casas, al relajarse y volver la mente a sus ciclos regulares, recuerdan todo perfectamente. También en estado de ira y violencia, el cerebro funciona a frecuencia Beta alta y se pierde el control sobre las acciones, ya no se razona. Cuando en medio de la discusión el ritmo oscilatorio retorna a los 21 ciclos se vuelve al razonamiento lógico, analítico y comprensible.
Mediante la meditación, la contemplación y la oración, se consigue descender a nivel Alfa consciente; el ritmo cerebral se sitúa entonces entre 7 a 14 ciclos por segundo, siendo la media de 10,5 por segundo. Al profundizar en este estado se ingresa en un nivel de relajamiento profundo, manteniendo la mente y el cuerpo en paz y en calma, sin tensiones físicas ni emocionales, el entorno ideal para que se exprese la Inteligencia Creativa en todo su potencial. En este nivel más profundo aumenta el campo de tu inteligencia, de tu memoria, de tu creatividad, de tu inspiración, de tu percepción sensorial y extrasensorial y tu intuición es más aguda.
Desde el nivel Alfa hay acceso directo a la mente subconsciente, por lo que resulta efectiva la programación positiva. Por intermedio de Afirmaciones es posible alterar el contenido del subconsciente, donde se forman los hábitos y de esta forma crear nuevos patrones de vida activa. Cuanto más intenso sea el nivel Alfa, más profundamente se grabará la orden mental en el subconsciente, por lo que más rápidamente se producirán los resultados deseados. Es aconsejable realizar esta práctica poco antes de finalizar la técnica de la MS y retornar a la Conciencia Beta.
Se ingresa en Nivel Cerebral Alfa simplemente cerrando los ojos y reduciendo el ritmo respiratorio y cardíaco. La repetición de un mantra permite calmar la mente y producir la absorción de la conciencia en el estado ausente de pensamientos. La estabilidad en el estado Alfa-Theta profundo facilita reprogramar los hábitos y reajustar el funcionamiento de la memoria. El cerebro es una máquina y el Nivel Alfa es el comando de acceso a dicha máquina. Desde ahí puede fácilmente controlarse el subconsciente y accederse al superconsciente. Existen técnicas pasivas y dinámicas. Lo ideal es combinar ambas para extraer los mejores resultados de nuestro cerebro.
La historia moderna debió esperar al científico alemán Hans Berger, quien en la década de 1930 descubrió las ondas cerebrales y su relación con diferentes estados de la conciencia, cuyo patrón es universal en todos los seres humanos. Su trabajo permitió el conocimiento que el cerebro emite tenues impulsos eléctricos, que pueden ser medidos en microvolts, mediante un electroencefalograma o EEG. Mediante la conexión de electrodos aplicados sobre el cráneo, el amplificador instalado en el EEG, aumenta los leves potenciales eléctricos hasta 10 millones de veces y de esta forma se pueden registrar digitalmente los ritmos cerebrales. Proceso que antes se realizaba más rudimentariamente, mediante plumas entintadas sobre papel giratorio. El aparato puede filtrar el tipo de onda que se desee registrar.
Los cuatro tipos principales de onda son: Beta, Alfa, Theta y Delta. Dependen de la velocidad o frecuencia del impulso y de su amplitud o voltaje. La investigación ha permitido establecer que estas diferencias de ondas cerebrales se corresponden con estados psicológicos bien diferenciados.
Esta relación entre estados de conciencia y frecuencias cerebrales, permitió el surgimiento del moderno concepto de bio-retroalimentación, aplicado mediante un aparato mecánico que permite que el sujeto obtenga información externa sobre su estado interno. De esta forma, una persona puede ser consciente de su frecuencia de ondas cerebrales y a la vez de su estado interno psicológico, aprendiendo a modificar dichos estados, al modificar primero su velocidad de onda. Esta técnica es similar a la descubierta por los yoguis, basada en la relación también recíproca entre ritmos respiratorios y estados de la conciencia.
Mediante el método mental yogui, el sujeto experimenta o siente el cambio, por el método de retroalimentación, puede observar objetivamente este cambio y aprender a responder más fácilmente a las modificaciones del patrón básico de onda. El sistema consiste en conectar el EEG con instrumentos para emitir luz, sonido o ambos, para indicarle al sujeto que está produciendo ondas Alfa o Theta. La asociación mental de las señales con el estado interno psicológico y cerebral, facilita el entrenamiento psicofísico, para que la persona pueda ingresar en forma rápida y eficaz, a un estado mental, sólo accesible para los meditadores experimentados, místicos o usuarios de drogas alucinógenas. El único problema es que todo indicador externo, mantendrá la mente conectada con el exterior y no se logrará un trance profundo real. La solución sería que el aparato se desconecte automáticamente, al registrar un período Alfa prolongado de suficiente intensidad.
En el concepto de las tecnologías de Human-X, se utiliza el biofeed-back entre el cerebro y el computador, para inducir una retroalimentación progresivamente constante, que permita una estabilización de producción de ondas cerebrales Alfa por parte del usuario. La intención de esto es que, los comandos para el uso de interfaces de telepatía digital sintética, se facilitan, si el sujeto logra esta mayor producción estable de ondas Alfa y las interacciones con el mundo digital, pueden incrementarse en velocidad de flujo y en cantidad de información. Pero, hay un problema por resolver…
La fijación de la atención sobre imágenes, es una forma natural de bloquear la emisión de ondas Alfa. No obstante, el entrenamiento del cerebro para fijar patrones de ondas Alfa y Theta, deberá formar parte de los objetivos curriculares de la educación en un futuro próximo. Dado que el aumento de la resistencia, flexibilidad, adaptabilidad y funcionalidad lógica del cerebro, es un resultado que no podrá ser dejado indefinidamente al azar. La contaminación electromagnética se está incrementando a la misma velocidad que el aumento de padecimientos mentales por parte de la población mundial. Ejercitar el cerebro para armonizarlo, relajarlo y reducir su tasa de estrés, requiere de la fijación de nuevos hábitos educativos universales y no simplemente individuales. Además servirá para desmitificar numerosas prácticas y creencias irracionales.
El Dr. Joseph Kamiya, del Instituto Langley Porter, de San Francisco, hizo la observación que personas naturalmente tendientes a la introspección, activan mecanismos cerebrales internos que les facilitan la producción de ondas Alfa, e incluso aprenden a sostenerse en tal estado. Muchos de estos sujetos, no practican ningún tipo de meditación, son Alfa activos en forma espontánea, debido al proceso de sus pensamientos, en que la atención se mantiene más centrada sobre la actividad interna y no la externa. Y dice el Dr. Kamiya que estas personas son sensibles a los sueños, anhelos, imágenes y sensaciones. Viven más intensamente un mundo interno, que otras personas concentradas en las actividades externas. Aparentemente, esta característica peculiar de sus patrones psicológicos, les facilita un alto control sobre sus ritmos Alfa.
Se ha descubierto que los Alfa productores, tienen mayor inclinación para incorporar el hábito activo de la meditación. En experimentos sobre efectos cerebrales, causados por las técnicas del Zen, en la Universidad de Tokio y sobre Meditación Mántrica, en Harvard, se comprobó que los meditadores logran introducirse rápidamente en ciclos Alfa y que los más experimentados producen alta amplitud Alfa e incluso Theta. Se ha descubierto que los ritmos cerebrales disminuyen, en la medida que la meditación se profundiza. Al ingresar en estado Alfa, y luego en Theta y Delta, el cerebro se relaja profundamente y la mente consciente logra penetrar en las estructuras inconscientes más profundas.
Acerca del bloqueo Alfa, o cómo interrumpir la producción de ondas Alfa, se ha logrado establecer que la atención enfocada, por ejemplo sobre una imagen, produce inmediato bloqueo de emisión. Y esto mismo se repite en caso de agitación o excitación.
Se ha experimentado con clérigos cristianos dedicados a la introspección y a la contemplación y los registros EEG, han encontrado que también son buenos productores de alta amplitud Alfa. Esto confirma la tesis del Dr. Kamiya, respecto a que no sólo el Zen y el Yoga reducen las frecuencias cerebrales en forma consciente y controlada, sino cualquier forma de contemplación intensa.
En las escuelas orientales de meditación, los maestros e instructores desalientan el pensamiento discursivo y la conceptualización durante las prácticas de concentración. Esto se debe a que la atención enfocada y la visualización que acompañan al pensamiento conceptual, son Alfa bloqueantes y ocasionan el retorno hacia la actividad cerebral sobre ondas beta. Sin embargo, debe distinguirse que no toda actividad Alfa y Theta son sinónimo de estados contemplativos, dado que bajo condiciones normales estas ondas se corresponden con el sueño con ensueños y el sueño profundo. Se requiere una atención especial, motivación, concentración e introspección, al igual que fe, para permanecer y explorar estos estados lúcidos de la mente.
Durante las experiencias realizadas en la Universidad de Tokio, de las que participaron personas comunes y adeptos avanzados al Zen, se detectaron pronunciadas diferencias entre unos y otros. Se les conectaron electrodos sobre las partes frontal, parietal y occipital del cráneo. También se les tomó el pulso, se les controló el ritmo respiratorio, la relajación muscular y la resistencia eléctrica superficial de la piel. Y se verificó que todos estos parámetros vitales varían en forma correlacionada cuando el cerebro pasa de producir una onda a otra. Los experimentos demostraron que personas sin entrenamiento en meditación, presentaron registros de ondas beta con estallidos de Alfa al mantener los ojos cerrados.
En tanto, los maestros Zen ingresaron en estado Alfa en forma inmediata, estando incluso con los ojos abiertos. Los instrumentos indicaron que las ondas Alfa se iniciaban en la zona frontal, para desplazarse luego hacia las regiones parietal y occipital del cerebro. Y a medida que la meditación progresa, disminuye la frecuencia y aumenta la amplitud de onda, llegando a estabilizarse sobre ritmos Theta. Posteriormente, se comprobó que la producción de ondas Alfa se seguía manteniendo horas después de haberse interrumpido la meditación. Los registros EEG se correspondieron fielmente con los años de meditación de los participantes, viéndose que los estados psicológicos internos, desarrollados mediante el Zazen, tienen su correlato exacto en las ondas cerebrales. También se observó que en los alumnos Zen más avanzados, y siempre luego de 30 a 40 minutos de profunda meditación, se presentaban patrones bien definidos de ritmos Theta.
Los maestros del Yoga, también hacen alusión a que las meditaciones de 30 minutos no producen los mismos beneficios que las de una hora completa. Y aconsejan fijar el hábito sobre 1 hora como mínimo. Aparentemente, cuando un sujeto produce ondas Alfa, penetra en la región de su mente subconsciente asociada con los sueños y cuando pasa a las ondas Theta y en ocasiones Delta, al estado de máxima relajación corporal relacionado con el sueño profundo, que se traduce en un estado consciente de percepción sin pensamiento, sin conceptualización.
Las técnicas de meditación permiten el acceso lúcido a estas regiones de la mente y se deduce que la demora de 30 a 40 minutos en la producción de ondas Theta, responde al factor fisiológico propio del mecanismo del sueño, que progresivamente avanza desde una región más superficial o activa, hacia otra más profunda o pasiva. Y es precisamente, en estado lúcido de máxima pasividad, que se presenta alta receptividad a las impresiones externas y sería ésta la frontera de sucesos óptima para los fenómenos mentales, tales como la telepatía.
Durante los experimentos realizados en Tokio, hubo uno denominado “clic” consistente en emitir un ruido de corta duración. En teoría se suponía que el ruido ocasionaría un bloqueo de producción Alfa y el meditador volvería a la frecuencia cerebral beta, y que si el sonido se repitiera lo suficiente, el sujeto se acostumbraría y dejaría de percibirlo. Pero no sucedió así, maestros Zen, profundamente absortos en meditación, durante una fracción de segundo volvían al patrón beta, al escuchar el sonido, sin importar cuantas veces se repitiera.
Esta respuesta se encuentra relacionada con la técnica de concentración, que nunca abandona el contacto físico con el aquí y el ahora.
La conciencia Zen, por más profundo que sea el trance alcanzado, nunca abandona el estado de alerta respecto al exterior. No sucedió así, al repetirse el experimento del estímulo externo, con meditadores Yoga.
Por fuera, tanto la meditación Zen como Yoga, parecen ser iguales, ambas van hacia una zona de la mente ausente de pensamientos, pero se diferencian por el grado de alerta hacia el exterior.
Un meditador Zen escucha el estímulo del sonido, de un destello de luz, o un pinchazo de alfiler. En cambio cuando el yogui ingresa en profundo estado de meditación no ve, no escucha y no siente, está totalmente desconectado de su cuerpo físico y todas sus percepciones sensoriales.
Aparentemente el control de la atención es tan alto en el yogui, que al alcanzar determinado umbral del trance mental, ningún estímulo externo logra distraerlo ni llegar a producir bloqueo Alfa.
Esta diferencia se encuentra radicalmente en el principio de transferir la idea o percepción de identidad del yogui, desde el cuerpo hacia la mente y la utilización de técnicas de autocontrol bioenergético, que retiran el flujo neuroeléctrico desde el sistema nervioso hacia la médula y el cerebro, ocasionando esto, durante una etapa avanzada, la desconexión de los sentidos sensoriales, incluyendo el tacto.
El Yoga permite la separación entre cuerpo y mente. Esta es la diferencia con el Zen y podría llegar a explicar el desarrollo de facultades psíquicas por parte de los yoguis más adelantados. Por principios físicos que hay que investigar y de una forma que también se desconoce científicamente, el cerebro del yogui permite y admite que la mente siga un curso de evolución paralela independiente del cuerpo. En cambio el Zen, al equilibrar cuerpo y mente, desarrolla armonía y mayor control emocional.
Nada impide, teóricamente, que ambas técnicas puedan complementarse e integrarse, permitiendo para el yogui un mayor control del proceso y para el meditador Zen, un mayor desarrollo de percepción psíquica.
Otro experimento de gran interés realizado en la Universidad de Tokio, fue el denominado “llamar por nombre”. Consiste en pronunciar un nombre y observar las variaciones EEG de los meditadores Zen. Los nombres, más de 100, mencionan a maestros, alumnos, familiares, actores de cine y personajes como Cleopatra y Hitler.
Para sorpresa general, se descubrió que personas sin entrenamiento en meditación reaccionaron en forma diferente, según el nombre pronunciado, pero los maestros Zen en forma idéntica. Los primeros, ante nombres de familiares y seres queridos, experimentaron pronunciados saltos EEG, mientras que los meditadores ninguno.
Daba igual que mencionaran a sus padres, a una estrella sexy o a Hitler. La reacción siempre era la misma. El sonido del nombre causaba un infinitesimal bloqueo Alfa, seguido de un rápido retorno al estado Alfa profundo.
Se estableció que el cerebro de los meditadores Zen avanzados, reaccionan sólo ante el sonido y no ante el significado de las palabras. La explicación para esto, es que los maestros Zen poseen un muy elevado nivel de desapego emocional hacia toda persona y hacia cualquier cosa.
Esto les facilita sumergir la mente en un estado muy profundo de absorción contemplativa, donde no existen amigos ni enemigos, cercanos o extraños. Durante el trance profundo, la mente de los maestros Zen observa y reacciona ante todos los seres por igual y puede amarlos así de la misma manera. Tiene compasión por todos los seres en igual medida que la tiene por sí mismo, sin necesidad de perdonar ni castigar a nadie.
De afuera, parecería que los trances Zen y del Yoga, son una suerte de autohipnosis. Pero los estudios EEG han hallado que las personas en estado hipnótico, no suelen ingresar en períodos Alfa prolongados ni conscientemente lúcidos. Muestran frecuencias cerebrales de ondas beta, como si estuvieran despiertas o trabajando. Por lo que se ha definido y establecido que el estado meditativo no es igual al estado de conciencia de vigilia ni al trance hipnótico, es un estado claramente diferente de la conciencia, con una respuesta fisiológica típica.
En la Fundación Meninger, en Kansas, el Dr. Elmer Green ha investigado el efecto de las series asociadas de ondas Alfa-Theta, con el surgimiento de un fenómeno que denomina “reviere”, que se presenta cuando la mente se introduce en el estado de somnolencia propio del sueño o de la inconciencia y que se caracteriza por imaginería hipnagógica, como la de los sueños. Los sujetos que han participado de los experimentos sostienen que esta imaginería es más realista que la de los sueños. Coinciden en que estas imágenes se presentan en forma espontánea, sin intención consciente. Aparecen diferentes escenas, personas y objetos, conocidos o no por el sujeto, son cambiantes y aleatorios. Es como si el cerebro se comportara como una esponja atravesando esta actividad en nivel inconsciente profundo.
Al estudiar el comportamiento cerebral de un swami, o yogui avanzado, se descubrió que éste al orar emite simultáneamente varias ondas que se superponen, por ejemplo Alfa y beta. Y cuando el mismo sujeto comenzó a emitir ondas Theta, durante la mitad del tiempo no dejó de producir ondas Alfa y beta.
Aparentemente, para estar plenamente consciente en estado Theta, es necesario seguir produciendo una cierta cuota de ondas Alfa.
De esta forma, se podría estar lúcido y atento ante el surgimiento de la imaginería hipnagógica que sólo se presenta en estado Theta, manteniendo en simultáneo ritmos Alfa y beta, algo más atenuados y superpuestos.
De modo que la mente de un yogui avanzado es capaz de sostener varios ritmos de frecuencias cerebrales al mismo tiempo, aprendiendo mediante este recurso a controlar el acceso consciente al inconsciente y lograr transformar a voluntad en conocimiento aplicable la información allí almacenada.
Este ajuste entre distintas ondas superpuestas, significa que varias áreas cerebrales se encuentran activas a pleno, produciendo información y sosteniendo ritmos paralelos diferenciados y que se sincronizan para dar lugar a un proceso de control consciente superior.
Esto explicaría la razón fisiológica o técnica, para la demora de 30 a 40 minutos, para ingresar en estados de mayor amplitud de onda estable. Supuestamente, la iluminación consistiría en convertir en consciente los completos contenidos del inconsciente profundo y el control de la imaginería Theta hipnagógica.
Este estado, de acuerdo a la investigación del Dr. Green se encuentra vinculado a la creatividad. Coincidentemente, tanto artistas como científicos afirman que ideas originales, se les han presentado en medio de la noche, al mismo instante de salir de un sueño profundo y debieron de inmediato escribirlas para poder recordarlas y retenerlas al día siguiente. Asimismo, los meditadores también confirman que viven sus experiencias más intensas, cuando sus mentes se encuentran a medio camino entre el estado despierto y dormido.
Dentro del NeuroYoga, se asocia el estado Alfa-Theta-Delta con el Espacio Psi Gamma, que cumple las veces de una interfaz gráfica del procesado cerebral, que sería el nivel operativo de encuentro entre la realidad externa y la realidad interna del pensamiento. Sobre esto precisa Maitreya: “lo que se investiga como imaginería hipnagógica en estado Theta, no representa un nivel de realidad interno totalmente desconectado del externo; según mi poca experiencia, por causas que deberán establecerse, se producen interacciones escalares activas, con flujos externos de espacio tiempo.
En diferentes ocasiones, me ha sido posible modificar cadenas causales externas, operando directamente sobre el Espacio Psi Gamma, usando inteligencia pura o altamente concentrada, como energía aplicable para dirigir el proceso.
Los sucesos se han presentado en forma espontánea o inducida, inclusive desde estados de sueño, y van desde un efecto de telecontrol sobre otra mente a la distancia a un cambio climático o sismo. Supuestamente, cuando la atención enfocada logra controlar la imaginería hipnagógica propia del estado Theta, el pensamiento individual adquiere la particular propiedad de superponerse sobre las ondas de fondo del inconsciente colectivo, en otros cerebros, ubicados a corta y larga distancia y a cualquier escala, lo que permitiría concentrar suficiente resonancia coherente, como para afectar y controlar fuerzas naturales externas, que reaccionarían en cadena y en correspondencia.
El Espacio Psi Gamma tiene la sustancia de una realidad virtual, creada y sostenida por el procesado cerebral, donde resulta posible estabilizar al Yo psicológico y, todas las interacciones con el mundo exterior, se producen a través de esta realidad virtual operativa. Lo que identificamos como el fenómeno de la conciencia, no sería posible sin el Espacio Psi Gamma.
Y la forma de conectarse éste con la realidad externa, es el origen de todas las acciones y reacciones entre ambos campos de realidad, siempre en cambio y en tensión mutua. Sabemos, por el momento, que la materia es energía densa, y que fueron intensidades especialmente altas de la energía, las que crearon los átomos primordiales de hidrógeno y helio durante el Big Bang. Lo que todavía no sabemos es si la energía es mente en movimiento. Falta descubrir el principio físico o nexo que explique cómo es posible, que algo originado en el Espacio Psi Gamma o imaginería hipnagógica, puede convertirse en una presión de energía externa y transformarse en causa directa de un cambio sobre el estado de la realidad física. Si se logra científicamente averiguar esto, se abrirá el paso hacia una tecnología que bien podemos clasificar de divina”.
Si estos últimos conceptos los sumamos al de la evolución de la inteligencia, como un estado de energía libre inconsciente, a otro de fase altamente consciente, podremos concluir que nuestro destino es ser como los dioses. Claro, si antes no nos destruimos a nosotros mismos en el agitado camino.
Recordemos, las ondas Alfa fueron descubiertas por el alemán Hans Berger en 1924. Y fue recién en 1929 cuando el mismo científico inició la electroencefalografía clínica en seres humanos. Sin embargo, la actividad eléctrica del cerebro se conocía desde el siglo XVIII.
El cerebro humano, durante las primeras etapas del sueño, en las que hay un estado de relajación y reposo del cuerpo, produce naturalmente ondas Alfa. Las mismas también se emiten en estados de introspección profunda, acompañados de alerta consciente y relajación general. Se dice que la mente se encuentra entonces, en Estado Mental Alfa. Los estudios EEG practicados sobre cerebros en estado de meditación, tanto Zen como Yoga, mostraron alta emisión de ondas Alfa y Theta en algunos casos.
Se comprobó que cuando el cerebro se encuentra en estado de vigilia en reposo, o en alerta relajada, y con los ojos cerrados, aumenta la producción de ondas Alfa, lo que se presenta acompañado de cambios fisiológicos en los ritmos respiratorios, cardíaco y de presión arterial, así como un flujo constante de atención recentrada y desfocada.
Durante la meditación prolongada el cerebro va disminuyendo progresivamente su patrón oscilatorio de frecuencias, pasando de las ondas Alfa a la Theta y la Delta, y disminuye sensiblemente el índice metabólico en forma similar a lo que sucede durante el sueño con ensueños y sueño profundo.
Estos cambios metabólicos, explican el hecho que los yoguis y faquires puedan ser enterrados durante largo tiempo y puedan perforarse la piel y músculos sin sangrar y sin dolor. Estas condiciones especiales han permitido la clasificación del trance meditativo como cuarto estado de la conciencia, claramente diferenciado de los otros 3 (conciencia ordinaria de vigilia, sueño con ensueños y sueño profundo). Normalmente se considera, visto de afuera, que un meditador yogui o Zen, están totalmente inmóviles y no realizan trabajo alguno. Esto es un error, porque sus cerebros se mantienen activos y cuando acceden al estado de imaginería hipnagógica Theta o Espacio Psi Gamma, pueden mediante el pensamiento altamente concentrado, interaccionar con el exterior a diferente nivel, sí así lo desean. Los estudios de campo han demostrado que el sistema nervioso autónomo, puede pasar de involuntario a voluntario, mediante la concentración meditativa.
Toda técnica de abstracción contemplativa, en estado lúcido y despierto, puede inducir mayor productividad Alfa y si se la realiza durante tiempo prolongado permitir acceder a la producción consciente de ondas Theta y Delta. Algunas técnicas permiten la conexión consciente con el hipotálamo a los fines de interaccionar con el sistema límbico, o circuito emocional del cerebro, y desarrollar control progresivo fisiológico de las emociones. Teóricamente no existen limitaciones para que la atención enfocada active y estimule diferentes áreas cerebrales asociadas con funcionalidades específicas diferentes y las sincronice entre sí, a los efectos de realizar trabajo a mayor demanda.
De acuerdo con el Yoga y el Budismo, cuando la mente ingresa al máximo estado del trance profundo, denominado samadhi y nirvana, respectivamente, toda actividad fisiológica ingresa en fase de animación suspendida.
El corazón se detiene y todo el organismo queda inmerso en una suerte de electricidad estática. Supuestamente, la actividad cerebral es casi nula en ese momento.
El sujeto experimenta un umbral similar a la muerte física, pero su mente se libera e independiza, descubriendo así, subjetivamente, que la muerte no tiene poder definitivo sobre la continuidad de la existencia consciente. El meditador logra entonces, que su mente se transfiera al estado de pura energía viva y puede desplazarse libremente por el exterior sin depender de la actividad neuroeléctrica anterior, localizada en el cerebro físico.
Dependiendo de las percepciones y conocimientos del sujeto, la mente inicia así un nuevo ciclo evolutivo, el cual se despojará completamente de las limitaciones del cuerpo físico, si el individuo ha logrado un desapego perfecto hacia éste, caso contrario retornará a su anterior receptáculo o podrá optar por retenerlo para algún propósito determinado.
La investigación científica, hasta el momento, no ha logrado estudiar esta transición, ni los fenómenos paralelos que se presentan en el cuerpo humano durante el samadhi o nirvana. No sólo es importante esto para comprender el próximo paso evolutivo de la Humanidad, sino que permite resolver la pregunta sobre si hay conciencia o supervivencia de percepción consciente en un estado físico de singularidad, como el preexistente durante el instante previo al Big Bang y en el interior de un agujero negro.
En principio, el NeuroYoga sostiene, en coincidencia con la observación del anterior Buda Gautama, que no hay conciencia activa sin un cuerpo de energía que la sustente. Pero, esto no descarta que pueda existir conciencia en la física de un estado de reposo tendiente a lo absoluto, aún en el interior de una singularidad abierta o cerrada. Básicamente y por definición, el nirvana es el estado de conciencia pura en la total inactividad.
Y por la física, sabemos que tal estado de reposo es cuando y donde todas las fuerzas se anulan y equilibran constantemente en cero. Si esto es verdadero, significa que no importa cuál sea el estado físico del total de la materia y la energía, imaginario (bajo el punto de vista de la física cuántica) o real, la conciencia no deja de existir. Por tanto, la investigación y exploración del Ser ya no es objetivo exclusivo de la religión, sino que ahora es acompañado por la ciencia y causa de nueva tecnología a la más alta escala posible.
El mecanismo de estrés responde al de estado de máxima alerta cerebral ante el peligro para decidir atacar o huir. Cuando el estímulo desaparece, el efecto también lo sigue.
Sin embargo, la vida moderna en las grandes ciudades, mantiene constantemente activo éste mecanismo primitivo que nos aseguró la supervivencia durante nuestra lenta evolución. Los peligros del tránsito al conducir o cruzar una calle, la agresividad televisiva, la presión del dinero en las diversas formas del capital, las tensiones sociales y familiares, los ruidos ensordecedores, mantienen el mecanismo de alerta funcionando en forma constante.
Esto acumula estrés por parte del organismo, un mayor consumo energético, un estado de desequilibrio psicológico acumulativo y un mayor desgaste orgánico progresivo. No obstante, la naturaleza está programada para que el roce del aire entre las hojas, los aromas de flores y hierbas, cause un efecto relajante sobre el organismo. Es decir, en ambientes naturales, la exposición al peligro es ocasional y no constante, siendo la inducción a la relajación lo constante.
Estos efectos de sonidos, luces y aromas de la naturaleza en estado puro, facilitan la producción cerebral de ondas Alfa, permitiendo una calidad de vida superior. Recuperar el paraíso perdido, depende de aprender el método introspectivo milenario de la meditación Yoga, Vipassana, Zazen o Samatha o el más moderno del neurofeedback mediante aparatología digital portátil. Sin excluir la posibilidad de un retorno programado a la vida natural en un bosque o granja

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