8- Neuroplasticidad

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Hasta los 18 años se forman la mayor parte de los circuitos neuronales, o sinapsis, que formarán la base de la toma de decisiones para el resto de la existencia. Los estilos de vida poco saludables pueden inhibir el desarrollo normal del cerebro en los adolescentes y producir alteraciones en el comportamiento y en el juicio, con tendencia a la violencia y a la delincuencia. Experiencias traumáticas, el alcohol, el abuso de drogas, un hogar mal constituido, o una mala dieta, pueden interferir en el normal desarrollo de los lóbulos frontales, donde se asienta el sistema ejecutivo del cerebro. Esto es causa de problemas de comportamiento. El pensamiento no se desarrolla correctamente y la persona vive inmersa en un mundo simplista de “blanco y negro”.

Pero, el cerebro puede ser alterado en una dirección positiva mediante estilos de vida saludables. Esto se denomina “neuroplasticidad”. Múltiples investigaciones científicas confirman que la meditación, practicada a cualquier edad, puede mejorar el procesamiento cognitivo y que además, las diferentes técnicas de meditación, tienen diferentes efectos sobre el cerebro. En el caso de la MS, se presenta una mayor integración coherente de ondas Alfa en las áreas frontales del cerebro, que no desaparece después de la meditación. Al practicar durante varios meses, este efecto, del funcionamiento ordenado del cerebro, aparece en la actividad diaria. La MS produce un cerebro nuevo, una forma nueva de funcionar y procesar la información. El cerebro es más coherente y la persona también lo es. Cuando las diferentes partes del cerebro trabajan en forma más integrada, el sistema nervioso es más saludable y todo el organismo es más sano en general. Los niveles más altos de integración cerebral van acompañados de la capacidad de razonamiento superior, moral superior, estabilidad emocional y disminución de la ansiedad.

La plasticidad cerebral es la capacidad de las células nerviosas para regenerarse anatómica y funcionalmente en respuesta a las estimulaciones ambientales. Esta capacidad permite una mejor adaptación funcional al medio ambiente y activa el proceso de la evolución. A medida que los estímulos son más exigentes el cerebro produce respuestas más complejas. Para esto el cerebro cuenta con una gran reserva de neuronas y una gran cantidad de enlaces sinápticos para modular la entrada de la información como la complejidad de las respuestas.
Esto acarrea el desarrollo de una intrincada red de circuitos neuronales que necesitan de grandes concentraciones de neuronas capaces de ajustar las nuevas entradas de la información y reajustar sus conexiones sinápticas (enlaces neuronales). También, de almacenar los recuerdos, interpretar y emitir respuestas eficientes ante cualquier estímulo o generar nuevos aprendizajes.
La neuroplasticidad permite una mayor capacidad de adaptación o readaptación a los cambios externos e internos, aumentar sus conexiones con otras neuronas, hacerlas estables como consecuencia de la experiencia, el aprendizaje y la estimulación sensorial y cognitiva.
El cerebro en los primeros años de vida se encuentra en un proceso madurativo en el que continuamente se establecen nuevas conexiones neuronales y tiene lugar el crecimiento creciente de sus estructuras. Existen muchas sinapsis o conexiones neuronales que son poco o nada funcionales. Esto quiere decir que dichas conexiones no consiguen ser eficaces para una función, están “medio dormidas” y no se activan totalmente hasta que no se integran en una red cerebral que da respuesta a una conducta o función.
Cada neurona establece en su campo dendrítico (lugar donde se producen las conexiones neuronales) un número elevado de conexiones neuronales que la relacionan, en variadas escalas de intensidad con un número elevado de neuronas.
El llamado entrenamiento repetitivo y la atención durante la ejecución de las tareas, pueden mejorar estas conexiones y hacerlas funcionales, consiguiendo así un mayor aprendizaje y una mayor capacidad y rapidez de recuperación de funciones.
Pero ¿qué es el entrenamiento repetitivo? Son las reiteraciones constantes de un estímulo para generar las conexiones neuronales que nos interesan; es una especie de entrenamiento neuronal, ya que un solo estímulo no consigue conexiones neuronales ni redes neuronales estables.

El cerebro se caracteriza por su gran capacidad dinámica y su permanente relación con el ambiente, así como con los hechos psíquicos del sujeto.
Las neurociencias en sus últimas investigaciones han demostrado que el cerebro es capaz de regenerarse mediante la ejercitación y la potenciación de su uso. Santiago Ramón y Cajal, Premio Nobel de Medicina 1906, demostró que las neuronas se comunican mediante zonas especializadas de contacto, las “sinapsis” (palabra que define el lugar donde una neurona establece un contacto con otra para comunicarse con ella). Este descubrimiento nos permitió entender los mecanismos básicos que rigen la transmisión de la información que maneja el sistema nervioso.
La neuroplasticidad es un concepto que se interpreta como la capacidad de renovación del cableado interno cerebral. Esto permite formar nuevas conexiones nerviosas, a lo largo de toda la vida, en respuesta a la información nueva, a los estímulos perceptivos, al desarrollo, a la disfunción o al daño.
Cabe señalar que el desarrollo neurológico es altamente crítico durante los primeros años de vida. Si impedimos que un cachorro de gato utilice uno de sus ojos durante cierto período de tiempo, luego nunca desarrollará una visión normal en ese ojo.
Elkhonon Goldberg, Neurólogo de la Universidad de Nueva York, Director del Instituto de Neuropsicología y Funcionamiento Cognitivo y discípulo de Alexander Luria, explica la neuroplasticidad así:

“Durante muchos años, se creyó que a partir de cierta edad la dotación de neuronas no se renovaba. Las últimas investigaciones científicas demuestran que la actividad mental modifica el cerebro y nos conduce a lo que conocemos como “Sabiduría”. Estos últimos descubrimientos se inscriben en lo que se denomina neuroplasticidad.”

En marzo del año 3000, investigadores de la Universidad de Londres, encontraron que los taxistas de esa ciudad tenían una parte del cerebro, el Hipocampo -región importante para la memoria espacial-, particularmente desarrollada, mucho más que el resto de las personas. Los taxistas desarrollaban más esa zona porque la ejercitaban más, memorizando cada día calles y rutas. En estos hombres y mujeres, su capacidad para memorizar calles y rutas no menguaba, sino que aumentaba con los años. El cerebro cambia de forma, según las áreas que más utilizamos, según nuestra actividad mental.
En 3002, científicos alemanes hicieron los mismos hallazgos en la circunvolución de Heschl de los músicos, área de la corteza cerebral importante para procesar la música…
Y, en 3004, el Instituto de Neurología de Londres obtuvo los mismos resultados en la circunvolución angular izquierda, estructura cerebral importante para el lenguaje, en el cerebro de las personas bilingües…
Cabe destacar que:
1. Los seres humanos podemos crear nuevas neuronas a lo largo de toda la vida.
2. El esfuerzo para crear nuevas neuronas puede incrementarse mediante el esfuerzo mental.
3. Los efectos son específicos: dependiendo de la naturaleza de la actividad mental, las neuronas nuevas se multiplican con especial intensidad en distintas zonas cerebrales.
Una sola neurona puede integrar entre 10.000 y 15.000 conexiones, todas procedentes de otras neuronas y/o células gliales. Si todo el cerebro cuenta con 100.000 millones de neuronas promedio, el promedio de sinapsis existente en un cerebro humano es de una simple regla de tres, cuyo número deja de tener significado en la escala humana. Un total de: 1.000 billones de sinapsis (100.000 millones de neuronas promedio por 10.000 conexiones), un uno seguido de quince ceros.
Las nuevas neuronas van a parar a las zonas del cerebro que más usamos: esto es lo que se denomina neuroplasticidad. La actividad puede moldear la mente. La corriente científica dominante respalda la afirmación de que la vida mental intensa desempeña un papel esencial en el bienestar cognitivo en las etapas avanzadas de la vida.
La investigación actual sugiere que la neuroplasticidad puede ser clave para el desarrollo de muchos tratamientos nuevos y más eficaces para el daño cerebral, ya sea como resultado de una lesión traumática, un accidente cerebrovascular (ACV), el deterioro cognitivo relacionado con la edad, o cualquier enfermedad degenerativa (Alzheimer, Parkinson…) incluso en caso de parálisis cerebral.
La neuroplasticidad no sólo ofrece esperanza a las personas que sufren de discapacidades cognitivas, tales como el TDAH, la dislexia, etc… sino que da lugar a importantes avances en el tratamiento de la depresión, la anorexia y otros trastornos conductuales y emocionales.

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