
Un antiguo axioma yogui afirma que somos lo que comemos. En el Instituto Tecnológico de Massachussets (ITM), mediante una larga serie de experimentaciones, han podido medir las reacciones del cerebro humano ante la ingesta de variados alimentos. Han confirmado que los alimentos afectan el rendimiento mental, en forma intensa y puntual. O sea, lo que entra por nuestras bocas tiene el poder de modificar nuestros estados de ánimo, memoria, lucidez mental y mantenernos más atentos o despiertos. Así, los alimentos usados con inteligencia se transforman en un regulador del funcionamiento y actividad mental dependiente del cerebro.
De acuerdo con el ITM el funcionamiento del cerebro, su química y procesado, dependen de lo que uno haya almorzado o no almorzado. Esto no es nada nuevo, es lo que vienen sosteniendo las enseñanzas yoguis durante varios miles de años. Por eso, insisten en el control dietario, como forma de controlar, acelerar y estimular cambios en los estados mentales o estados de conciencia potenciales que puede desarrollar cualquier ser humano sano. Hasta dónde llega la dependencia del cerebro de los nutrientes que proveen los alimentos, todavía no se ha determinado con exactitud. Sí que determinadas funciones se activan o decaen de acuerdo al suministro o falta de determinados compuestos químicos, aportados por los alimentos diarios.
Por ejemplo, las experimentaciones realizadas en el ITM lograron determinar que una latita de atún puede ser muy oportuna antes de dar un examen, dado que los nutrientes que contiene activan la memoria y la agudeza mental, permitiendo recordar y razonar con mayor exactitud y facilidad, dos factores clave para pasar con éxito cualquier examen.
DESAYUNO: Recargarse con carbohidratos no es lo ideal al empezar la mañana. Los azúcares y almidones incrementan la concentración en el cerebro de la serotonina, una sustancia neurotransmisora sedante. Esto hace que la persona, seguramente, no pueda alcanzar su nivel óptimo de energía para enfrentar la tarea del día. En cuanto al típico desayuno norteamericano, rico en grasas y proteínas, el ITM advierte que el tocino y los huevos contienen grandes cantidades de grasa y colesterol. Retardan la digestión, y esto causa menor irrigación sanguínea hacia el cerebro, puesto que la sangre es retenida y demandada en el ciclo lento digestivo. Con un cerebro menos irrigado, el efecto es menor agudeza mental.
La recomendación para el desayuno es consumir alimentos bajos en grasas. Jamón magro y no salchichas ni tocino, queso bajo en grasas y fruta fresca o jugos de las mismas. Los jarabes son contraindicados. En cambio los azúcares contenidos en las frutas, la fructosa, son de más lenta digestión y no provocan la reacción acelerada que desencadenan los azúcares refinados, los edulcorantes de maíz y la miel.
¿Qué pasa con la cafeína? Consumiendo una a dos tazas de café en el desayuno, usted se sentirá más alerta, reaccionará más rápido y tendrá mayor concentración para ejecutar tareas mentales complicadas. Pero, a partir de la tercera y cuarta taza de café, la sobrestimulación causa el efecto contrario y se reduce la lucidez.
COMIDA: El consumo de vino es contraindicado. Tres copas de vino son suficientes para entorpecer el funcionamiento mental durante todo el día. El alcohol es un alimento “anticerebral”, si bien está indicada una copa de vino en las comidas, para regular la presión sanguínea, su exceso daña la estructura cerebral y su funcionalidad. Otro enemigo son las comidas recargadas de carbohidratos (pastas, patatas, pan, postres dulces). Esto transforma a las personas en soñolientas, más calmadas y aletargadas. Incluso el ITM comprobó que personas mayores de 40 años, luego de ingerir casi totalmente carbohidratos, pierden la concentración luego de cuatro horas de trabajo. Situación que cambia cuando la comida se encuentra balanceada con proteínas.
¿Por qué las proteínas permiten mantenerse más alertas cerebralmente? Los alimentos que provienen de aves o pescado, abastecen al torrente sanguíneo de tirosina y otros aminoácidos. La tirosina puede atravesar la barrera sanguínea del cerebro, un filtro protector. Una vez en el cerebro, éste amioácido es transformando químicamente en los compuestos denominados dopamina y norepinefrina, que permiten un estado mental más alerta. La tensión nerviosa agota las reservas de estos neurotransmisores en el cerebro, y cuando esto sucede los sujetos experimentan depresión, confusión, indecisión, angustia.
De modo que los experimentos del ITM permiten confirmar que los estados mentales, en su mayoría, se encuentran regulados por la química cerebral en cualquier momento dado. Y que tal química es modificable mediante la dieta. Nos hemos acostumbrado a consumir drogas y distintos compuestos químicos en forma de pastillas, agrediendo nuestra naturaleza, cuando es posible alcanzar iguales o más eficientes resultados, mediante la dieta balanceada regular.
La lección de estos conocimientos, es que estado mental cerebral = alimentos. Si variamos adecuadamente los alimentos que diariamente ingerimos, modificamos nuestro estado mental, nuestra capacidad de respuesta y reacción consciente. Estamos más despiertos y alertas, o más torpes, de acuerdo a lo que hayamos consumido en el día.
Pero las enseñanzas del NeuroYoga, de acuerdo con la experiencia de siglos, advierten un segundo efecto. Afirman que la dieta sostenida por largo tiempo, causa reacciones acumuladas y pueden permitir estabilizar nuevos estados de conciencia. Traducido, esto significa que podemos diseñar nosotros mismos, cómo queremos que reaccione nuestro cerebro y qué clase o nivel de calidad de vida consciente, podremos disfrutar en forma estable.
De modo que comer no es sólo el acto de alimentar el cuerpo, es la acción que determina nuestro estado mental inmediato resultante y nuestro potencial de alerta y por tanto, de coeficiente intelectual. Somos más despiertos y más inteligentes, o no, dependiendo de los alimentos que hayamos seleccionado consumir en el día. Desde luego, también influye cómo los hayamos digerido y con que regularidad horaria.
Otro neurotransmisor clave es la acetilcolina, que permite un mejor funcionamiento de la memoria. El precursor químico de éste neurotransmisor es la colina, que se encuentra presente en el pescado, la carne, la yema de huevo, los derivados de la soja, la avena, el arroz, los cacahuetes y las nueces. De modo que todos estos alimentos, pueden ser considerados como reguladores de la capacidad de memoria en nuestros cerebros. También la colina tiene la propiedad de atravesar fácilmente la barrera sanguínea del cerebro y alcanzar su interior donde es procesada en acetilcolina.
Conclusión: todas las funciones clave cerebrales dependen de la química aportada por los alimentos naturales. Una dieta desbalanceada, dará como resultado un cerebro disfuncional, discapacitado y desequilibrado, proclive a numerosas enfermedades mentales como consecuencia de falta crónica de insumos químicos suficientes, de los nutrientes naturales básicos.
Generalmente, esto no lo consideramos. No poseemos cultura adecuada para cumplir y seguir en forma constante, una Dieta Cerebral Balanceada. Y esto, no es una falla menor. De acuerdo a cómo sea la dieta de todo un país, será su coeficiente intelectual promedio. Producirá esa nación, más o menos individuos de inteligencia equivalente a la del genio y, esto determinará su mayor o menor éxito colectivo. No sólo eso, la mayor calidad de vida cerebral, establece mayor o menor eficiencia funcional de la conciencia y la mente cerebral, lo que a su vez modifica la regulación de la funcionalidad endocrina, inmune y cardíaca. Si somos menos alertas y lúcidos, no podremos resolver con la misma facilidad los problemas y al acumularse éstos, las tensiones y conflictos aumentarán presión sobre nuestro sistema nervioso. Lo cual conduce a un ciclo en el que las reservas de neurotransmisores se agotan más rápidamente. Sin darnos fácilmente cuenta, nos convertimos en infradotados crónicos y en más vulnerables a todas las enfermedades oportunistas. Es decir, no sólo los alimentos regulan los estados mentales, sino que además, como consecuencia de esto, nuestro estado de salud aumenta o decae.
CENA: Al contrario que durante el día, cuando demandamos mayores dosis de estimulación y energía, durante las noches antes de irnos a dormir, y si no necesitamos mantenernos despiertos estudiando o trabajando, lo ideal es consumir carbohidratos. ¿Por qué? Porque los carbohidratos alteran indirectamente la química cerebral: desencadenan la secreción de la hormona denominada insulina, que hace que las células musculares atrapen mayor cantidad de aminoácidos que circulan por el torrente sanguíneo. Menos el triptófano. Compuesto residual que también posee la capacidad de atravesar la barrera cerebral. Al ser absorbidos mayor cantidad de aminoácidos por los músculos, mayor cantidad de triptófano puede ingresar directamente al interior cerebral. Allí se convierte en serotonina, un neurotransmisor sedante. De modo que una cena rica en carbohidratos, permite aumentar el baño interno en serotonina, disponiéndonos a un mejor descanso y a una mayor relajación profunda. De esta forma, la inteligencia cerebral y celular, pueden contar con mayores reservas de energía para reparar el cuerpo y las estructuras defectuosas del ADN, que se acumulan durante el período de mayor actividad. Asimismo, aparentemente, la serotonina, aumenta la resistencia natural al dolor, lo que permite también alcanzar una mayor relajación durante el descanso nocturno.
Los períodos estacionales también afectan la dinámica cerebral. En otoño se presenta el Trastorno Afectivo Estacional, en que las personas se sienten deprimidas, duermen más de lo acostumbrado y se despiertan inexplicablemente insatisfechas, y generalmente suben de peso por sus excesos de alimentos.
El aumento de peso estacional, en coincidencia con períodos más fríos del año, se debe a la ingesta de mayor cantidad de carbohidratos durante la tarde y la noche.
Durante los días más cortos del otoño y el invierno, la glándula pineal produce mayores cantidades de la hormona melatonina, que regula los ciclos de sueño y vigilia. A su vez esta hormona, aparentemente, incide sobre la serotonina cerebral. Así, los que padecen el trastorno afectivo estacional, ingieren mayor cantidad de carbohidratos para aumentar la dosis de serotonina en el cerebro y reducir su mal estado de ánimo, caracterizado por mayor irritabilidad, depresión, mal humor y malestar.
Incluso los fumadores al dejar el hábito, combaten el síndrome de abstinencia consumiendo caramelos y otros carbohidratos. Esto es así porque el triptófano, al elevar la cantidad de serotonina en el cerebro, previene los síntomas de abstinencia.
Hay que saber que 50 gramos de carbohidratos, es una cantidad suficiente para ocasionar la reacción de la serotonina, sustancia cerebral sedante. Mayor cantidad causará aumento de peso, sin que se obtengan mayores resultados sedantes. Y hay que tener en cuenta, que entre la ingesta de los carbohidratos y los efectos buscados, puede transcurrir una hora, que es el tiempo de la digestión normal.
Estos compuestos químicos pueden ser concentrados en píldoras para su ingesta. Pero no ocasionan los mismos efectos, que en sus dosis naturales contenidas en los alimentos y mezclados con los demás carbohidratos. Las reacciones químicas en el interior orgánico no siguen las mismas rutas y por tanto, los efectos no son los mismos. Los científicos no aconsejan esta clase de medicamentos, que apuntan a alterar el estado de ánimo.
La química cerebral posee un delicado balance, donde el exceso de una sustancia clave puede ocasionar la falta de otra. Si uno pasa a consumir excesivas cantidades de tirosina pura, en forma de pastillas, puede como resultado indirecto reducirse la cantidad de triptófano que pueda atravesar la barrera sanguínea del cerebro.
De alguna manera la naturaleza previó estos desequilibrios, y no existe posibilidad de sobredosis de aminoácidos contenidos en los alimentos.
Las dietas más difundidas son las que previenen enfermedades del corazón y el cáncer. Ahora, debemos añadir los alimentos cerebrales, para gozar de un estado de conciencia y de ánimo más estable, alerta, positivo y feliz. En definitiva, de acuerdo a lo que consumimos mediante los alimentos naturales, será nuestra calidad total de vida.
El Yoga Oriental recomienda la dieta vegetariana total. Por experiencia propia no estoy totalmente de acuerdo. Si no contemplamos la provisión correcta de todos los aminoácidos necesarios, nuestro cerebro dejará de contar con el combustible químico adecuado y determinadas funciones no serán ya posibles.
Podemos pasar a una dieta totalmente vegetariana, siempre y cuando los alimentos que pasemos a consumir contengan todos los elementos químicos necesarios. Si esto no se tiene en cuenta, es posible que una dieta vegetariana incompleta logre modificar nuestras reacciones mentales, nos convierta en más tranquilos y pacíficos. Esto es bueno, siempre y cuando no signifique en convertirnos en más estúpidos, dado que ése no es el objetivo principal.
Para el NeuroYoga, potenciar al máximo nuestro nivel de inteligencia natural y, en lo posible incrementarlo, mediante distintas técnicas y métodos de estimulación, es prioritario. Por esto, recomiendo una dieta vegetariana complementada dos a tres veces por semana, con pescado, huevos y productos lácteos. No hay que olvidar la lección que nos enseña la antropología, respecto al hecho que los seres humanos primitivos lograron aumentar su masa cerebral al pasar a consumir directamente proteínas o carnes. La dieta carnívora provee todos los aminoácidos esenciales. Entonces, no hay problema que seamos vegetarianos, siempre y cuando reemplacemos adecuadamente la provisión total de aminoácidos, que necesita nuestro cerebro para funcionar correctamente. Por otro lado, las dietas basadas excesivamente en proteínas, ocasionan alteraciones químicas indeseables, como colesterol malo y ácido úrico.
Y, para bajar de peso mi solución es simple: Comer la mitad y duplicar los ejercicios. Es infalible. Mantenga el balance de los nutrientes básicos, pero coma menos y menos veces durante el día. No pique. Sea regular en las ingestas, durante 3 veces al día. Si es necesario, consuma té con limón frío o jugos de frutas. No mezcle carbohidratos con proteínas, Bajará de peso seguro. Se lo garantizo.
ALIMENTOS PARA EL CEREBRO
• Agua. Es indispensable, no podemos vivir sin hidratarnos bien sea con agua, refrescos, zumos, infusiones, leche y frutas que contienen mucha agua. Es el componente mayoritario del cuerpo humano y llega al 60% en el adulto y 70% en el lactante, y 40% en el anciano. El 91% del cerebro es agua. Las personas que han hecho huelga de hambre han sobrevivido 55 días pero cuando lo han hecho de agua no han pasado de 15 días. La cantidad a tomar es de unos 2 litros diarios, en función del peso corporal, actividad física, etc. Se pierde por la orina, piel y heces, y la encontramos también en frutas, verduras, poca en quesos curados y carnes y apenas en frutos secos, arroz, biscotes, etc. Nuestro cerebro, compuesto en su mayor parte por agua, necesita que se irrigue de forma permanente. El agua debe considerarse como un verdadero nutriente y sin ella la vida no es posible. La deshidratación es la situación clínica en la que el organismo pierde más agua que la que ingresa y debe dársele la importancia sanitaria que se merece.
• Brécol o brócoli. Es estrella de la alimentación originaria de Italia, reina de las crucíferas coliflor, col,, coles de Bruselas, col rizada y nabos, pocas calorías, proteínas y azúcares, apenas grasas, mucha agua y fibras, vitaminas A (betacaroteno), C, E, K y algunas del grupo B como acido fólico, B3 y B6 y buenos minerales, compuestos sulfurados como glucosinolatos (índoles, sulforano), flavonoides y luteína. El brócoli es una verdura antioxidante extraordinaria para la salud con muchos folatos muy beneficiosos para la memoria. Mejor si se consumen al vapor o crudo en las ensaladas con la vitamina C buena protectora de sus cualidades.
• Licuado de avena. La leche de avena, no tan divulgada como la leche natural de verdad y como la de soja, cada día tiene más adeptos. Muchas proteínas ricas en aminoácidos azufrados, buenos carbohidratos complejos, grasas insaturadas con importancia del oleico y linoléico, vitaminas B1, B3, acido fólico y E, potasio, selenio, fósforo, magnesio. Unas enzimas convierten al almidón en maltodextrina, maltosa y glucosa, azúcares lentos y más digestivos. La avena es un cereal que es muy nutritivo y se ha puesto de moda. Excelente para el corazón, las arterias y la diabetes, buena para combatir el estreñimiento. Sus glúcidos que dan energía y la vitamina B1 ejercen una acción positiva sobre la memoria. La leche de avena, cocida en agua y luego colada, es muy agradable, con miel, melaza o azúcar y una pizca de canela. Un placer saludable.
•Plátano. Su nombre botánico es “Musa Sapientum” o fruta de los sabios, porque los sabios de la India descansaban a la sombra y comían su fruto, el rico plátano. Buenos azúcares (levulosa y glucosa), buenas vitaminas B6, acido fólico, C y minerales como calcio, fósforo, magnesio y potasio, durante la maduración es posible que en este proceso el almidón se transforme en fructosa o levulosa, un azúcar simple que el organismo absorbe fácilmente. Contiene fibra soluble (pectina) una especia de gelatina que absorbe agua y favorece el movimiento intestinal. Por su bajo contenido en sodio previene la retención de líquidos. Contiene glúcidos complejos que dan energía de larga duración para deportistas, niños, ancianos, etc., mientras la vitamina B6 interviene en la síntesis de la dopamina, un neurotransmisor que influye en la memoria y el buen humor. Los diabéticos deben consumirlo con moderación.
• Té verde. En los últimos tiempos asistimos a una rehabilitación de las infusiones de té sobre todo el té verde que no se fermenta, porque este té es natural bajo en excitantes (teofilina) y rico en antioxidantes. Niacina, ácido fólico, flúor, manganeso, teobromina, flavonoides sobre todo en el té verde, acido oxálico. El verde impide el desarrollo de tumores pulmonares y esofágicos antioxidantes, con la catequina, epicatequinas, EGCC o galato de epigalocatequina, son protectores de las funciones cerebrales. Con 2 minutos a unos 70ª suficiente para una buena infusión.
•Pescado azul. ¿Por qué los omega-3 son tan buenos? Son grasas poliinsaturadas esenciales, que solo llegan a través de la dieta. El pescado azul, los aceites de soja y frutos secos como las nueces. Para conseguir niveles óptimos de omega-3 hay que consumir pescado azul 3-4 veces por semana, bastante difícil, aunque en el mercado hay productos enriquecidos con ellos, leche, huevos, galletas, etc. Se calcula que 1g. diario de omega-3 rebaja un 25-30% el riesgo cardiovascular. Debe haber un equilibrio entre omega-3 y omega-6, 1 de omega-3 por 5-10 de omega-6, y con éste nos estamos pasando. Forman parte de las células, son básicos para las funciones neuronales y participan en la formación de la retina. Placer: una cazuela o papillote al horno, con bonito, atún o chicharro, cebolla picada y salsa de tomate, “la salsa de la vida”.
•Nueces. Una maravilla como frutos secos o aceite de nueces. Se le ha llamado el medicamento más natural para el corazón y el alimento más antioxidante. Una maravilla 3-4 todos los días. Alfa-linoleico (34%), alfa-linolénico omega-3 (6,9%) de origen vegetal, monoinsaturadas (9,5%), fibras, vitaminas E, B1, B2, B3, B6, acido fólico, calcio, magnesio, cobre, selenio, flavonoides (acido elágico), fitosteroles, protegen de las enfermedades del corazón, fluidifican la sangre, bajan el colesterol LDL o malo y los triglicéridos, control del síndrome metabólico. Mejoran las capacidades de aprender y los trastornos de humor. La vitamina E protege de la oxidación. Una costumbre sana y fácil, con moderación porque son calóricas y engordan.
•Queso parmesano. Duro, rico en calcio con 1170 mg. por cada 100 gramos, en fósforo con 742 mg. muchas vitaminas B2 y grupo B, A, D, E, sodio, colesterol, proteínas de calidad, que con el calcio y fósforo está recomendado a niños, adolescentes y embarazo, y ayuda a mantener los huesos y dientes sanos. Excelente fuente de tirosina, un aminoácido precursor de la dopamina, que favorece la memorización y el aprendizaje.
•Espinacas, endibias, pipas de girasol, hígado. Se llama acido fólico por encontrarse en las hojas (“folia” en latín) de los vegetales. El acido fólico interviene en muy importantes reacciones metabólicas (síntesis del ADN de las proteínas…) y los folatos entran en la formación, desarrollo y maduración de los glóbulos rojos que llevan el oxígeno desde los pulmones a todas las células del organismo. Acido fólico y hierro, este mejor “hemo”. El hígado rico en hierro que transporta el oxígeno al cerebro, y el acido fólico (vitamina B9) que mejora los rendimientos cerebrales. El menú de verduras ricas en acido fólico cuando se quiera y el de hígado cada 10-15 días. Combinación perfecta.
•Pimiento. Es uno de los alimentos más ricos en vitamina C, el rojo más que el verde y supera a los cítricos. Además, A (betacaroteno y criptoxantina), E, B1, B2, B6 y acido fólico, fibra, magnesio, cobre, flavonoides y capsaicina. El licopeno es un carotenoide rojo y el pimiento rojo lo posee, mejor cuando se come asado que frito porque aumentan sus calorías. La vitamina C desaparece con la cocción. Muy rico en antioxidantes. Según trabajos recientes, (Journal of Nutrition) la luteolina es un flavonoide presente en el cerebro de personas mayores ( Proceedings of the National Academy of Sciences), y puede mitigar y ayudar a las personas con mal de Alzheimer. Los investigadores estudiaron como actúa la luteolina sobre las microglías fagocitos que defienden el sistema nervioso central.
•Chocolate. El biógrafo del Marqués de Sade decía que era estimulante, aliciente, apasionadamente, diabólico, mágico, milagroso, pero también venenoso porque todas las bondades descritas las asociaba con la gula, uno de los siete pecados capitales. Es una maravilla que si se toma sin abusar., mejor negro, (una onza cada día) ayuda a prevenir los problemas cardiovasculares, a reducir la presión arterial, la vitamina E de efecto antioxidante beneficia al sistema circulatorio, aporta vitaminas del grupo B, mucho potasio, calcio, hierro y magnesio. El blanco no lleva cacao y por ello decimos que no es chocolate, con leche lleva una parte de cacao y a partir del 70% de cacao es maravilloso y delicioso. Una onza favorece la producción de endorfinas sustancias del cerebro que te hacen sentirte bien, libera el estrés y activa el ánimo. Además, el cacao disminuye la formación de radicales libres que causan cáncer y envejecimiento prematuro.
Pipas de girasol. Componen el saludable vicio de las pipas. Muchas grasas poliinsaturadas, algunas como acido oleico, y también proteínas, carbohidratos, mucha vitamina E, acido fólico y fibra, flavonoides, hierro, magnesio, colina, betaina, lignanos y fitoesteroles. Previenen las enfermedades cardiovasculares, los ataques cerebrales (ictus) en los ancianos, reducen el colesterol, protegen el sistema arterial, ayudan al desarrollo cerebral. Mejor sin sal y sin abusar. Como todo.

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