34- Afirmaciones de Reprogramación

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La palabra humana es el Verbo del Dios vivo, manifestándose en el mundo, es el Espíritu de lo Alto entre los hijos de Dios. Mediante la palabra, el poder de vida se expresa en la Creación.
Para bien o para mal nuestras palabras abren o cierran todas las puertas de nuestro destino. Seamos dueños de nuestras palabras y lo seremos de nuestras vidas.
Las palabras, las vibraciones de sonidos de nuestras cuerdas vocales y mentales, son la vibración de nuestro cuerpo en el tiempo-espacio, son la manifestación externa de las reales vibraciones de nuestros pensamientos que están detrás.
Y, ¿qué son nuestros pensamientos?: son la omnipotente vibración de existencia, conciencia y vida que emiten nuestras Almas, conectándonos en cada libre elección con variadas experiencias, entre millones de posibilidades. Un poder latente en todos nosotros y que no sabemos sabiamente usar.
Para Occidente, el poder de la palabra se traduce en la Programación Neurolingüística (PNL). Podemos modificar la estructura de nuestro “yo” psicológico, mediante la concentración de nuestra voluntad consciente, en forma de sugestiones.
Nuestros estados de ánimo en la superficie y nuestras funciones vitales a nivel fisiológico más profundo, responden a la lógica, contenidos e intenciones de nuestras palabras, transformadas en órdenes.
Por esta razón, debemos tener sumo cuidado con las personas que frecuentamos y con las que nos rodeamos. Si no son bondadosas ni sabias, es común que emitan sugestiones negativas en general y en particular, pudiendo afectar nuestro nivel de respuesta subconsciente y condicionando nuestras reacciones futuras.
Mediante las palabras, podemos dar órdenes a nuestro cuerpo y mente. Las frases que utilicemos actuarán a modo de programaciones y una vez alcancen la mente subconsciente, se mantendrán allí activas por tiempo indefinido.
En función de esto, debemos prestar más atención a la calidad y precisión coherente del lenguaje que utilizamos, la forma en que nos expresamos y las órdenes directas o indirectas que nos damos, al expresar nuestras ideas y estados de ánimo. Sobre todo, al comunicarnos con otras personas. Tanto las podemos afectar, influir a ellas, como ellas a nosotros.
De no estar atentos, nuestro consciente no actuará de filtro o barrera y la sugestión ingresará fácilmente hacia la mente subconsciente o automática profunda, donde se alojará. Nuestro estado de salud y nuestro éxito sobre el mundo, puede ser modificado a partir de cómo sea usado el poder contenido en las palabras. La idea de que las palabras no matan, es falsa.
Para oprimir el gatillo de una pistola, antes la orden es emitida en el cerebro consciente mediante palabras. Los comandos de nuestros pensamientos y acciones, son ejecutados por palabras. Nuestra mente evolucionó en ese sentido y el lenguaje ejerce casi un control completo sobre nuestra conducta y funciones.
LO VERDADERO Y LO FALSO
Cuando los deseos se rebelan, la fuerza de vida que proviene de nuestras almas se desvía hacia el apego a las sensaciones, los sentidos y el disfrute de los placeres del mundo, lo que conduce al dolor, la ignorancia y la muerte de nuestra conciencia interna, de nuestra percepción íntima de Dios en nosotros, que aparece siempre mediante la unión de nuestros pensamientos-emociones, con nuestra alma y ser verdadero.9
La gran meta es realizar en nuestro interior que el Espíritu que flota en la conciencia de nuestro ser, es uno y el mismo con el Espíritu de nuestro Padre que está en lo Alto, en el templo íntimo de nuestra conciencia. Y no es mediante sufrimientos que esto se alcanza, sino mediante el consciente ejercicio del libre albedrío, permitiendo que nuestras almas se expresen en el mundo y reabsorban nuestros deseos y pensamientos en su infinitamente libre existencia. La meta que debemos alcanzar, ya no es dada, el camino es un acto de amor permitiéndonos abrir los ojos y el corazón, la mente, el cuerpo, al Alma todopoderosa que continuamente nos impregna de su soplo de vida y vitalidad.
La expresión que antecede, parece ser excesivamente espiritual. Se trata, simplemente, de no caer en el exceso de dar satisfacción adictiva a nuestros deseos y perder capacidad de autocontrol.
La sensación de felicidad, de percepción de lo bueno o malo, está vinculada con la mecánica de nuestros deseos y las reacciones subsecuentes a la satisfacción o no de los mismos. Un estímulo placentero causa apego hacia el mismo, deseo de repetición y otro doloroso, aversión o deseo de no repetición.
Estos circuitos de apego-aversión hacia el placer-dolor, ocasionan un desequilibrio en la percepción interna de uno mismo y una agitación constante de los pensamientos. El mecanismo, a su vez, intensifica los niveles de estrés y el organismo comienza a experimentar fallas de mal funcionamiento.
NOSOTROS NOS BENDECIMOS,
NOSOTROS NOS MALDECIMOS
Cada pensamiento, cada palabra, abren y cierran estados de conciencia que nos acercan o alejan a nuestro verdadero ser, que nos unen o separan de nuestra alma, de nuestro poder de vida ilimitada como Hijos de Dios en este mundo y sobre toda realidad física, mental y espiritual. Debemos aprender que somos los primeros beneficiarios y víctimas de nuestras palabras, pensamientos – emociones y deseos.
Si logramos entender esto, la mitad del camino ha sido recorrido. La otra mitad es aprender qué nos hace bien y qué nos hace mal, y con esta discriminación despertar la inteligencia de saber renunciar, desapegarnos del dolor, lo incorrecto y la maldad en nuestros pensamientos, actos y corazón. Porque mientras estas impurezas persistan y prevalezcan en nuestra conciencia-pensamientos, no podremos percibir la verdadera naturaleza de nuestro ser…
Aquí, se trata de hacer sobre nuestro interior lo mismo que el buen agricultor, seleccionar las mejores semillas para la próxima cosecha. En la medida que esto se realiza en forma constante, los granos cada vez son mayores y de mejor calidad. Sobre nuestros pensamientos podemos ejercer el mismo control y tarea, perfeccionando en el tiempo nuestros estados de ánimo y optimizando nuestras reacciones hacia nuestro entorno, fijando las acciones que podamos comprobar son más positivas y proveen de mejores beneficios. En definitiva, somos resultado de la sumatoria de todas y cada una de nuestras acciones. Y cada acción es importante, a la hora de considerar la balanza final.
Por diferentes medios y razonamientos, las personas suelen refugiarse en causas externas, para intentar controlar mejor sus vidas. Unos se entregan a la idea de Dios, otros al razonamiento científico. Lo esencial es no perder la perspectiva sobre que, nuestra condición de vida, es resultado directo de nuestras acciones. Y que nuestras acciones son decididas siempre por cada uno de nosotros. No existe ningún poder divino externo, a uno mismo, en esto.
Nuestras acciones se encuentran bajo nuestro control, en la medida que nos concentremos sobre ellas y deseemos perfeccionarlas, en la medida que no las transfiramos hacia afuera y dejemos de ocuparnos responsablemente por las mismas. Lo que nos sucede, es por causa de lo que hacemos y lo que hacen otros sobre nosotros, es resultado de las relaciones que entablamos con los otros, la forma en que nos relacionamos y condicionamos todo contacto entre los unos y los otros. Siempre debemos buscar el núcleo de acciones que podemos dirigir y controlar, en toda nueva circunstancia. Si lo hacemos, podremos controlar nuestras reacciones y así, los resultados que se obtengan.
CUANDO ABANDONAMOS LA MENTE,
LOS DESEOS NOS DESCONTROLAN
La mente es un instrumento del Alma, pero cuando los pensamientos-deseos la dominan, es como si se tratara de un vaso. Si los pensamientos-deseos bullen en el fondo, como si fueran polvo, bacterias o tinta china, cada vez que el agua limpia intente llenar el vaso, el agua estará sucia, impura. Y si nadie limpia el vaso, el vaso sólo no se limpiará, al contrario, rápida o lentamente estará cada vez más sucia.
Por eso, lo primero es limpiar el vaso, aprender a limpiar la mente con el detergente y la lavandina de la paz del Alma, de los buenos pensamientos e intenciones, de la oración, la verdadera fe, la esperanza, el ayuno controlado y las técnicas que enseñan cómo despertar las potentes vibraciones de nuestra energía vital, emitidas por la inmortal batería de nuestras Almas, que se recargan permanentemente en la existencia de Dios.
Aquí se hace referencia a la importancia de calmar la intranquilidad de la mente, agitada por los constantes deseos. Mientras la mente se encuentra agitada, no se podrá ver con claridad la realidad circundante externa ni al propio yo. Ambas percepciones se encontrarán distorsionadas, por la agitación de la mente.
Para reestablecer la calma y la tranquilidad, se puede utilizar la técnica de concentración y meditación. Al observar los pensamientos sin ningún deseo de acción, ni con proyección temporal de la imaginación, la mente lentamente se vacía de los pensamientos obsesivos y de las emociones deformantes. Todo retorna a la normalidad y se disfruta de un tiempo de ecuanimidad.
También podemos utilizar técnicas combinadas de respiración rítmica, que causan un cambio sobre nuestra realidad psicofísica, permitiendo una acumulación fisiológica natural inducida de bioenergía. Esta recarga adicional de nuestra batería orgánica, nos permite una mayor sensación de bienestar, que puede ser usada para concentrar la atención sobre la fuente de los pensamientos y ubicarnos por debajo del nivel de su burbujear, hacia la superficie de la existencia consciente.
Es decir, los pensamientos proceden de una sola fuente, de la que emergen, hasta convertirse en una ola sobre nuestra mente consciente. En lo profundo, de esta fuente constantemente agitada, existe una base de no pensamiento, donde la mente puede adherirse a un fondo sin cambio y aquietarse totalmente. Podemos interpretar el término alma como conciencia. Y vemos que la conciencia se modifica según el estado en que se encuentre la mente. Si podemos calmar la mente, podemos al mismo tiempo cambiar el estado de conciencia que percibimos y con el cual, por reflejo, nos percibimos a nosotros mismos.
CARGANDO PALABRAS
CON EL PODER DEL ALMA
Si somos capaces de sentir la fuerza del Espíritu en nosotros, y permitir que se exprese, nuestras palabras son expresión de la verdad única. Cada una estará cargada con el poder del Verbo, de la fuerza cósmica activa, del amor vivo y creativo que impregna la conciencia de cada átomo de la existencia.
Cuando se habla demasiado, se miente o se exageran los hechos, nuestra palabra pierde todo poder. Ya no es la expresión de nuestra verdad íntima y de nuestra experiencia con ella, sino de nuestra caída y camino hacia lo incorrecto y la práctica de la ignorancia…
Nuestras palabras están cargadas de nuestra percepción consciente de la realidad dada. Cuando nos encontramos identificados con las limitaciones de nuestro cuerpo físico, las palabras que expresamos significan diferentes aspectos de esta limitación y crean perspectivas de existencia también limitadas.
Pero, cuando logramos percibir la unidad detrás de toda diversidad, nuestras palabras se cargan de una potencialidad diferente y permiten que nuestro cuerpo y mente se integre con tal unidad. Bajo esta condición, las palabras crean vibraciones sobre nuestros estados conscientes, que podemos percibir claramente. Es decir, las palabras, bajo determinadas condiciones, pueden causar no sólo un cambio de conciencia, sino también un cambio físico en la vibración de percepción de nuestro cuerpo.
LA FUERZA DEL VERBO
EN LA PALABRA HUMANA
Saturemos nuestras palabras de amor, sinceridad, voluntad, fe e intuición. Mediante los pensamientos y emociones carguemos de energía vital, proveniente de nuestras Almas, cada una de nuestras palabras. Cada una será entonces, una potentísima bomba vibratoria, capaz de derribar obstáculos, enfermedades y cambiar la realidad de nuestros mundos, de nuestras familias y del planeta entero.
Si expresamos pesimismo y ocultas maldiciones en nuestras palabras, aunque se refieran a hechos reales, éste poder, como una nube de tragedia y pesar, rodeará invisiblemente nuestros cuerpos, anidará en nuestros pensamientos y tomará control de nuestros destinos.
Tenemos el poder, como directos Hijos de Dios que somos, de destruir cada una de nuestras dificultades, de desintegrar las rocas y acero de nuestros problemas, la única condición es que queramos usarlo y aprendamos a canalizarlo.
Ante las pruebas, por más difíciles que nos parezcan y que en verdad lo sean, repitamos afirmaciones mentales, como un susurro continuo que inunde nuestro subconsciente y llame a nuestro súper consciente (conciencia de Dios en nosotros, una con nuestra Alma individual), para que se conviertan en el irresistible pararrayos de la todopoderosa Fuerza Cósmica Vibratoria, que como radiación de fondo en el universo real, todo lo impregna e ínterpenetra.
Esta Fuerza ilimitada del Verbo de Dios, que es uno con el Padre y con cada Alma individual, está siempre a nuestra disposición. Si esto lo comprendemos, si nuestra conciencia se expande y establece alianza de vida con nuestra Alma, éste poder estará para ayudarnos siempre y protegernos siempre de todo mal y dificultad. Vendrá a nosotros, siempre que tengamos plena confianza, infinita fe en su presencia, sin ninguna duda en nuestra mente.
Cuando podemos hacer esto, nuestras palabras, cargadas con la vibración cósmica de Dios, como mísiles inteligentes darán en el blanco, produciendo los milagros de vida que nos sean necesarios, en la medida de nuestra fe.
Cuando mediante la palabra y el pensamiento, nuestras afirmaciones de vida, se manifiesten desde el Alma, debemos permitir que nuestras palabras y pensamientos luego se absorban y silencien en la Conciencia de nuestro Verdadero Ser. Y cuando emitimos las todopoderosas ondas de nuestras oraciones, cargadas con palabras de verdad y vida, no debemos perturbarlas luego con pensamientos repletos de dudas, porque impediremos que actúen y den frutos. Estas palabras, afirmaciones-oraciones, deben partir de la mente consciente, hacia la subconsciente, luego de impregnarla, consciente y subconsciente deben unirse y despertar al estado súper consciente, en que el Alma puede expresarse a través de la mente. Las palabras así cargadas, son semillas, que luego de plantadas en nuestro interior, no deben ser escarbadas; todo tiene un tiempo en la Creación, debemos darle siempre el tiempo de germinar y fructificar en nuestras vidas.
Bajo una visión practica, nuestros pensamientos pueden ser impregnados en forma positiva o negativa. Cuando permitimos el odio, en lugar del amor, alejamos de nuestras vidas las buenas experiencias y atraemos las malas. Nuestra suerte puede cambiar, en la medida que podamos aprender a impregnar nuestros pensamientos en forma positiva.
No sólo nuestra vida puede prolongarse más, también puede ser profundamente transformada si aplicamos sabiamente esta simple técnica. De acuerdo a la emoción con que se encuentren cargados nuestros pensamientos, será el significado que tendrán nuestras palabras y por tanto, el contenido de las órdenes que estemos emitiendo hacia nuestra mente subconsciente, que tiene capacidad de reordenar nuestro acontecer inmediato.
Las vinculaciones con otras personas, se tejen primero en nuestra esencia mental interna. Si no somos bondadosos y justos, si preferimos crucificar a los otros mediante la cruz del odio y no somos capaces de emitir comprensión, cortamos los finos hilos de relaciones con los otros en nuestro interior. Y lo que no sucede por dentro, tampoco tendrá lugar por fuera.
Podemos no expresar el odio que conservemos anidando en nuestra mente, pero éste actuará como fuerza que es, y alejará a las personas de nosotros. Éstas no se sentirán inclinadas a ayudarnos y a participar con nosotros de distintos proyectos y acciones. Nos rechazarán, porque antes en nuestra mente, los hemos rechazado. Y aunque podamos disimular esto, las personas tienen la capacidad intuitiva de captarlo y subconscientemente reaccionan en consecuencia.
Pero antes de poder hacer esto, debemos saber que tanto el odio como el amor no son emociones que vienen solas hacia nosotros. Somos nosotros los que nos movemos hacia ellas, quienes caminamos a través de ellas.
Si hay odio o amor en nosotros, esto no es resultado de la libre iniciativa de estas emociones, porque no hay tal fenómeno. Es el resultado directo de nuestras elecciones, decisiones y acciones.
Y la segunda lección de importancia es saber, que tanto odio como amor son en sí percepciones ilusorias, que nos permiten sentir y experimentar la realidad con un sabor diferente. Son como la sal y el azúcar añadidos a los alimentos.
Por lo que la tercera lección es saber experimentar las cosas tal cual son, sin sal ni azúcar que las modifiquen. Para esto es necesario aprender a mantenerse en la postura correcta, aprender a concentrar la mente en forma correcta y meditar o centrar la atención consciente en forma correcta.
El método científico permite ver las cosas tal cual son, pero la cuestión no es saber lo que un objeto es, sino las cosas que nos rodean personalmente a nosotros mismos y que se encuentran deformadas por nuestros deseos y emociones. El autoanálisis es útil y nos permite situarnos a suficiente distancia de nuestras experiencias, para poder observarlas más objetivamente. Sin embargo, la técnica de meditación es superior, porque nos permite observar y al mismo tiempo, deshacer, los condicionamientos y deformaciones sobre el flujo de nuestros pensamientos.
EL PODER QUE VIENE DE DIOS,
YA ESTÁ EN NOSOTROS
La conciencia, existencia y dicha ilimitadas de Dios, rompen todas las limitaciones humanas. Su esencia está infinitamente fuera de los alcances de la finita mente humana, más nos acercamos y más parece alejarse. Pero, nunca deja de estar unida a nuestras Almas, de la cual poco y nada sabemos, cuando nos hundimos en la persecución de deseos mundanos.
Nuestro Padre, es el Espíritu dador de vida, la fuerza todopoderosa que sostiene la Creación en su mismo Ser, libre de todo principio de causa-efecto. Sí esto sabemos, entonces busquemos su ayuda siempre, en forma directa, sin intermediarios, mediante la ejercitación de los dones también ilimitados que duermen en nuestras Almas. Seamos cristianos, musulmanes, budistas, hindúes, Dios es Uno y eso significa que nuestro ser es en Él y Él es en nuestro Ser. Realizar esto, es la meta, es la misión de cada Alma individual en éste mundo. Si esto es así, démosle la oportunidad a nuestras Almas de manifestarse, de enseñarnos el camino directo hacia la dicha ilimitada de la conciencia de Dios, brillando en nosotros.
Como Padre y Madre, Dios viene a nosotros, nunca nos abandona y respeta siempre nuestra intimidad. Permanentemente nos dice qué debemos evitar, pero a la vez nos regala la libertad de abandonarlo. Y cuando verdaderamente nos arrepentimos de extraviarnos en el dolor y el sufrimiento y quemamos las semillas del mal en nosotros, siempre volvemos a Él y sus bendiciones vuelven a cubrirnos en sonrisas de infinita alegría.
Porque somos Hijos de Dios, sólo ante El debemos inclinarnos, sólo su ayuda debemos buscar, porque nada bueno, nada del Espíritu y de la Verdad llega al mundo, sino es desde Él y hacia Él, en nosotros.
En el poder de nuestras mentes están los dones ocultos y dormidos de las bendiciones de Dios en nosotros. No debemos esperar que la ayuda divina venga por sí misma, no debemos ser inertes ante el Verbo de Vida, tampoco debemos menospreciar el ilimitado poder que está en nosotros y cuyo canal de proyección, está en nuestras mentes.
Dios ayuda a quienes se ayudan a sí mismos.
A diferencia de toda otra criatura sobre el mundo, el ser humano posee inteligencia, discriminación, voluntad, concentración, fe, razón y sentido común. Usando estos dones, podemos estimular el Verbo en nosotros y vencer sobre las pruebas físicas, mentales y espirituales.
La esencia de lo que uno mismo es, no es diferente a la esencia de existencia de lo que todo el universo y lo que hay en él, es. A esta esencia o sustrato de existencia podemos llamarlo de Dios, Absoluto o Súper Consciente.
En cualquier caso, lo importante es recordar y poner en práctica la unidad de base que se encuentra latente en nuestro interior, y que el alcance potencial de nuestra conciencia supera ilimitadamente el condicionamiento de la superficie de nuestra piel.
Que nuestra mente, sobre la que se refleja la conciencia, es capaz de contener al universo y toda realidad. Siendo siempre posible experimentar esto y realizarlo.
La idea del Verbo, es la del movimiento o vibración, de forma que todas las cosas mantienen su apariencia, mediante una vibración característica y específica. Mediante una determinada técnica de concentración, es posible para la inteligencia consciente humana, experimentar, fisiológicamente, esta vibración omnipresente.
En la medida que se concentra la atención sobre ella, se aprende a modificar su fluctuación y esto modula las ondas de realidad, de acuerdo con la voluntad del experimentador.
Según los escritos del Yoga, cuando la mente del experimentador se identifica con la vibración cósmica de fondo, adquiere poder para modificar externamente la realidad. Logra que la frecuencia u onda vibratoria física, oscile según su voluntad, afectando de distinta forma la ordenación de la materia. Coincidentemente, la teoría de las cuerdas, sostiene una relación semejante, donde las vibraciones o tonadas, son las frecuencias de excitación del espacio, que permite la creación de las subpartículas cuánticas o atómicas, sin las cuales, no habría ninguna posibilidad de existencia objetiva de la materia.
En esta relación, las palabras, a su vez, también son vibraciones de pensamientos, no solamente órdenes, que pueden causar efectos determinados sobre el organismo y mente humanos, si son repetidas durante un tiempo prolongado suficiente.
Técnicas de meditación como la MT del Maharishi y la Om, se basan en éste principio, para producir un efecto de resonancia en el cerebro, que permite el surgimiento de mayor coherencia entre las ondas cerebrales que emiten ambos hemisferios. Tal sincronización, causa una mayor armonía mental y física, con una mejor percepción externa y pensamientos más racionales y rápidos. Todo el efecto, está basado en la vibración de pensamientos, que producen determinadas palabras, repetidas mentalmente.
EL VERBO SOMOS
Cuando oremos o susurremos afirmaciones súper conscientes (mente consciente y subconsciente unificadas y concentradas en la autopercepción del Alma o Yo Superior), debemos hacerlo en la plena y total confianza que estamos aplicando los poderes que nos han sido dados como Hijos de Dios en el mundo, dones y poderes recibidos directamente de Dios, para sanarnos a nosotros mismos o a otros, que abran su interior a la fe.
Con concentración y humildad, toda nuestra conciencia humana debe pedir la ayuda de Dios Padre y Madre, como hijos que somos, y arrodillar nuestros egos finitos ante nuestro Creador.
Y al mismo tiempo, debemos tomar conciencia de nuestra Alma, una siempre con el Señor, fuente infinita desde donde se activan las fuerzas que nos llegan de lo Alto, a través de nuestra voluntad, emoción y razón, para resolver todos los desafíos y problemas de nuestras vidas, por más complejos que sean.
Es activando en nosotros, los poderes de Dios en nosotros, que Su Presencia nos inunda, colma y bendice.
No hay experiencia religiosa sin idea simultánea de existencia de Dios. Una sigue a la otra. Dios es el aspecto desconocido de nuestra propia conciencia. Cuando invocamos a Dios, mediante nuestra atención concentrada, nos ponemos en contacto con la fuerza total de nuestro consciente desconocido, que posee poderes superiores a los que se manifiestan como consecuencia de nuestra identificación causal con un cuerpo físico.
De esta forma, la idea de Dios, nos permite superar las limitaciones de nuestro “yo” psicológico conocido y permitir la acción de poderes, que parecen extraños a nuestra naturaleza inmediata.
En realidad, siempre son fuerzas contenidas en nuestro ser más profundo y esencial: el sustrato de existencia de la totalidad, del cual provenimos todos los seres. Cuando nos inclinamos ante Dios, lo que hacemos es permitir que nuestro yo psicológico limitado quede temporariamente bajo el control de nuestra conciencia o aspecto de nuestro ser, más profundo y más real.
Desde esta perspectiva más alta, amplia o superior, es mucho más fácil ver y modificar nuestras zonas erróneas de programación psicológica y deshacer la causa de muchas enfermedades psicosomáticas, en la fuente misma de nuestros propios pensamientos. Bajo esta visión, ser religioso no es un estado de nuestro ser, sino una técnica para poder usar los poderes latentes, que nuestro ser total interno, oculta y, desarrollarlos externamente.

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