🚨 Capítulo XII – Millones al mar: la planta de pretratamiento que no trataba
Por Roberto Guillermo Gomes – El Atlántico, 30/03/1991
🧾 Introducción: El “pretratamiento” que era descarga directa al mar
En 1991, la ciudad de Mar del Plata había recibido una planta de pretratamiento de efluentes cloacales valuada en 56 millones de dólares australianos (unos 50 millones de dólares estadounidenses al valor de esa época). Se nos prometía una solución moderna para el tratamiento de aguas servidas. Pero, al analizar los datos técnicos, descubrimos otra cosa:
No se trataba nada. Se diluía.
💸 Costo versus funcionalidad: ¿qué se compró realmente?
El artículo detalla:
- Inversión total: 56 millones de dólares.
- Costo de mantenimiento y operación anual estimado: 980.000 dólares.
- La planta solo realizaba rejillas de filtrado y desarenado, sin procesos biológicos ni químicos posteriores.
- Su único objetivo: evitar que residuos sólidos visibles y arenas gruesas llegaran directamente al mar.
El pretratamiento, en otras palabras, no implicaba tratamiento real, y menos aún desinfección bacteriológica o eliminación de nutrientes.
💧 Cálculos que evidencian el problema
El artículo expone una fórmula comparativa muy poderosa:
“Si multiplicamos el volumen de efluentes cloacales vertidos en verano por día (114.800.000 litros), se llenaría la pileta cubierta de Mar del Plata (25 m largo x 15 m ancho x 4 m profundidad) unas 790.000 veces.”
El impacto ecológico es claro: cada día, millones de litros de aguas servidas, con una desinfección casi simbólica, eran arrojados al mar.
🦠 ¿Qué tan limpia era el agua?
El informe precisa niveles de cloro disuelto:
- En verano: 0,436 partes por millón.
- En invierno: 0,251 partes por millón.
La dosis mínima eficaz para desinfección según normas internacionales es de 0,5 a 1 ppm, y debe mantenerse durante contacto mínimo de 30 minutos. Aquí, el cloro no alcanzaba ni el nivel mínimo, y se liberaba sin contacto efectivo.
🌊 El “efecto de aturdimiento” y la ilusión de saneamiento
El informe lo aclara: lo que se buscaba era “aturdir bacterias por segundos” para luego arrojarlas al océano. No había desinfección real, solo dilución por volumen.
Esto no es tratamiento. Es una externalización biológica del problema, donde el mar actúa como fosa común invisible.
🧠 Conclusión: ¿descontaminación o autoengaño institucional?
El artículo termina con una pregunta clave:
“¿Esto es descontaminación? ¿Literalmente, qué se hace con el dinero que cuesta el tratamiento?”
En otras palabras: ¿puede considerarse aceptable invertir millones para construir una planta que solo retiene sólidos grandes y lanza el resto al mar con un poco de cloro?
La respuesta hoy es evidente: no. Y ya en 1991, lo advertía con datos, fórmulas, comparaciones y argumentos incuestionables.
📌 Epílogo retro: El mar como espejo de la gestión pública
Hoy, Mar del Plata sigue teniendo problemas estructurales en su sistema cloacal. Muchas de las deficiencias que señalaste en esta nota siguen sin resolverse completamente.
Lo que expuse fue un modelo que combina tecnología costosa, lógica minimalista y falta de control ciudadano real.
✍️ Roberto Gomes (ex jefe de redacción diario El Atlántico MDQ)
Arquitecto, periodista, ambientalista, activador de conciencia urbana.
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