☢️ Capítulo VIII – Basurero Nuclear: el día que el pueblo dijo NO
Por Roberto Guillermo Gomes – El Atlántico, 26 de febrero de 1988
(Sintetizado, ampliado y narrado en retrospectiva para el dossier Crónicas del Colapso Evitable – Volumen I)
📍 El plan silencioso para enterrar el veneno del mundo en la Patagonia
En 1988, la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) decidió comunicar públicamente, por primera vez, los detalles de su plan para construir en Argentina el primer repositorio geológico profundo de residuos radiactivos de alta actividad de América Latina.
El lugar elegido: Chubut, en la región de Gastre, al noroeste de la provincia.
La función: recibir, encapsular y enterrar a 500 metros de profundidad los residuos de plantas nucleares propias… y eventualmente los residuos del mundo.
🧱 ¿Qué decían los documentos oficiales de la CNEA?
La nota publicada por El Atlántico reprodujo la versión institucional, que incluía:
- Estudios de factibilidad geológica desde 1982.
- Evaluación del macizo granítico de Gastre, considerado “ideal” por su estabilidad tectónica.
- Diseño de un repositorio de 60 años de duración, luego del cual se sellaría para siempre.
- Propuesta de construir vías férreas y caminos especiales para transportar 3.000 contenedores sellados con residuos radiactivos.
- Proyección de que los primeros enterramientos se harían en 10 años (alrededor del año 2000).
❗ Pero la reacción fue inmediata: la población se levantó
En paralelo a esta publicación, se multiplicaban las denuncias ciudadanas, políticas y sindicales:
- La UPCN rechazó cualquier intento de radicación del basurero.
- El sindicato SUPA denunció maniobras en el puerto para preparar movimientos logísticos de material “no declarado”.
- Se señalaban “omisiones peligrosas” en la evaluación de impacto ambiental.
- Diputados patagónicos acusaron al Gobierno de Alfonsín de querer transformar la Argentina en el vertedero radiactivo del hemisferio sur.
🧠 La estrategia comunicacional de la CNEA: “tranquilizar con tecnicismos”
En un intento por calmar a la opinión pública, la CNEA recurrió a una respuesta larga, técnica y plagada de eufemismos:
- Que el material se entierra “bajo estrictas normas internacionales”.
- Que no existe peligro de filtración al agua subterránea.
- Que no había compromisos firmados aún con ningún país extranjero, aunque se dejaba abierta la puerta.
- Que países como Suecia, Bélgica, Canadá y Francia ya implementaban programas similares.
El discurso apelaba a la tecnocracia autoritaria: “nosotros sabemos lo que hacemos, ustedes no se preocupen”.
🔥 Pero la sociedad civil no se dejó engañar
En una Argentina aún con heridas de dictadura, pero con una ciudadanía cada vez más consciente, el proyecto fue interpretado como un acto de traición a la soberanía nacional.
Voces como la del entonces diputado Carlos Freytes, ONGs ambientales, sindicatos portuarios y movimientos vecinales revelaron la verdad detrás del “repositorio”: no era una solución local, sino un negocio global de enterramiento tóxico en tierra barata.
💥 La geopolítica del uranio y los intereses extranjeros
El artículo también dejaba entrever algo inquietante:
“En caso de concretarse, la Argentina podría convertirse en la plataforma de exportación de desechos nucleares europeos, legalizada por tratados de cooperación ‘científica’.”
Esto planteaba un nuevo colonialismo: ya no por espadas ni deuda externa, sino por átomos contaminados y silenciosos.
⏳ El legado de este artículo
La publicación de esta doble página en El Atlántico fue una bisagra informativa. Se logró:
- Detener el avance del proyecto al menos durante dos décadas.
- Exponer públicamente los nombres de los responsables y sus argumentos.
- Democratizar el debate sobre energía nuclear, soberanía ambiental y responsabilidad intergeneracional.
📌 Reflexión final del autor
Hoy, más de tres décadas después, sabemos que las advertencias eran fundadas. El proyecto de Gastre fue oficialmente archivado, pero las amenazas de basureros nucleares en territorios pobres siguen latentes. Y el modelo energético basado en residuos eternos sigue sin resolverse.
Este artículo fue más que una nota. Fue un acto de servicio a la verdad y a la patria.
✍️ Roberto Gomes (ex jefe de redacción diario El Atlántico MDQ)
Arquitecto, periodista, ambientalista, activador de conciencia urbana.
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