103 – El sabio y el amo de casa

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El sabio y el ama de casa. Historias de U.G KRISHNAMURTI en Bangalore

U.G. Krishnamurti nació en Andhra Pradesh en 1918. Estudió filosofía en la Universidad de Madras. Tuvo un entrenamiento temprano en las escrituras y la meditación. Su búsqueda, como la de muchos antes que él, fue espiritual — realizar el ser. Se dice de él incluso que alcanzó el Nirvikalpa Samadhi. No obstante, su búsqueda continuó.
U.G., como le gusta ser llamado, conoció a varios hombres santos de su tiempo: particularmente Sri Ramana Maharshi, con el cual tuvo una resumida conversación, y J. Krishnamurti. Él mismo creció en el ambiente teosófico que incluía a J. Krishnamurti. En cierta ocasión tuvo una serie de conversaciones con este último por cuarenta días de corrido. No quedando satisfecho con las respuestas de Krishnamurti a sus preguntas, se fue prometiendo no volver jamás.
Debido a la herencia de su familia nunca tuvo que trabajar. Se fue a los EE.UU. en los 50 buscando tratamiento para la enfermedad de su hijo. (Ese hijo murió hace poco en Bombay). Dio conferencias en los EE.UU. para la Sociedad Teosófica sobre cultura india.
Personalmente fue un «inadaptado», un hombre que no se ajustó. Esto condujo a problemas familiares. Mandó a su familia de vuelta a la India, su mujer murió en un asilo psiquiátrico, y no volvió a reunirse con el resto de su familia hasta muchos años más tarde. Mientras tanto se encontró completamente perdido, vagando de un lugar a otro. Estando quebrado en todo sentido, terminó en la embajada india en Ginebra, Suiza, pidiendo un «aventón» de regreso a India. Una suiza que trabajaba allí llamada Valentine DeKervan le dio refugio y se convirtió en su amiga, compañera de viajes y benefactora. Hoy en día con 87 e imposibilitada de viajar, Valentine viven en Bangalore, en el sur de la India.
En 1967, al volver de una charla de J. Krishnamurti, en Saanen, Suiza, comenzó el proceso de transformación de U.G, y continuó por varios días. Él lo llama «la Calamidad» a falta de un mejor término.* Desde entonces ha estado viajando por todo el mundo, y hablando informalmente a la gente. No se sube al estrado para dar una conferencia porque, dice él, no tiene nada que ofrecer.
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* U.G. rechaza la noción de una transformación: «No hay nada que transformar, ninguna psiquis que revolucionar, y ninguna atención que pueda usarse para mejorar o producir un cambio en uno.» Él dice: «He buscado en todas partes una respuesta a mi pregunta, ‘¿Existe la iluminación?’, pero nunca he cuestionado la búsqueda en sí. Puesto que asumí que esa meta, la iluminación, existía, he tenido que buscar, y ha sido la búsqueda misma la que me ha estado asfixiando y manteniéndome fuera de mi estado natural. No existe la iluminación espiritual o psicológica porque no existe ni el espíritu ni la psiquis en absoluto. He sido un maldito tonto toda mi vida, buscando algo que no existe. Mi búsqueda se termina.» (De «La Mística de la Iluminación».)
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Han aparecido tres libros de conversaciones con él, «La Mística de Iluminación» (editada por Rodney Arms y publicada por Dinesh Vaghela, Cemetile Corp. en Goa en 1982), «La Mente es un Mito» (editado por Terry Newland y publicado por la misma editoria en 1968), y «El Pensamiento es su Enemigo» (editado por Antony Paul Frank Noronha y publicado por Sowmya Publishers, en Bangalore en 1990).
Después de su transformación, U.G. no tiene «biografía» que reportar, pues vive tanto en el «momento» que uno no puede decir que haya una persona continua. Las personas que lo rodean tienen mucho que decir sobre él, pero ninguno de esos relatos coinciden totalmente.

* * * *

U.G. dice a menudo que uno no se puede separar a sí mismo de lo que escucha o mira, queriendo decir probablemente que nuestros preconceptos y expectativas son parte de lo que uno cree que está escuchando o mirando. Esto es especialmente cierto cuando escuchamos a U.G. hablar. Normalmente solo oímos en las charlas de U.G. aquellas cosas que nos interesan, nos dan esperanza, nos dan algo que podemos volver una receta sobre como vivir, o algo que nos da felicidad o iluminación. El mero hecho de que hasta lo tratemos como a un maestro y lo escuchemos con atención y reverencia revela que estamos detrás de alguna clase de transformación la cual esperamos recibir usando lo que él dice. Desafortunadamente para nosotros, U.G. nos frustra desde el primer paso.
Él dice que no hay nada que uno pueda hacer para cambiar la actual condición porque cualquier cosa que uno sea ahora, su confusión, sus problemas, sus conflictos, su violencia, son todos productos del pensamiento y la auto-conciencia. Cualquier intento de parte de uno por cambiar lo que es nace del pensamiento, y cualquier cosa que el pensamiento haga solo lo perpetúa y fortalece a él y al conocimiento que tiene, pero nunca lo libera a uno de él.
Cada pensamiento se parte en dos y crea la división del pensador, o el yo, y el mundo. El proceso de pensar es un intento constante por convertirse en otra cosa, por cambiar lo que ya es o la condición actual, como sea que se perciba esa condición. El pensamiento usa todo su conocimiento del pasado, conocimiento de todas las cosas que nos han dado placer o dolor, para crear un estado de permanencia para sí mismo, un estado de felicidad permanente, y busca perpetuamente alcanzar ese estado. Ya sea un millonario buscando su siguiente millón o un devoto religioso buscando la gracia de Dios, el proceso de buscar es idéntico.
Con el fin de perpetuarse a sí mismo el pensamiento crea muchas ilusiones, incluyendo la ilusión de las experiencias espirituales. Estas últimas son también ilusiones, porque solamente el pensamiento puede identificar una experiencia como tal; en la ausencia de pensamiento identificando y reconociendo no tenemos forma de saber ni siquiera que eso es una experiencia, mucho menos una experiencia espiritual de alguna clase. El pensamiento utiliza el mecanismo del conocimiento para perpetuarse a sí mismo, para producir una continuidad y una permanencia para sí mismo. El pensamiento nunca puede conocer nada tal cual es. Tiene que distorsionar lo que es de acuerdo a sus preferencias según lo que es placentero y lo que es desagradable, perseguir lo doloroso y evitar lo que ve como una experiencia desagradable, y perpetuarse a sí mismo en este proceso de buscar. La ilusión del ‘yo’ también es un producto del pensamiento, una abstracción de grado superior que el pensamiento usa para perpetuarse. Incluso la actividad inegoísta es un plan que el pensamiento usa en su actividad egocéntrica.
No hay problema con nuestra vida actual. El pensamiento cree que sí porque extrae cierto conocimiento de los placeres y dolores pasados, compara el presente con eso, emite juicios, y evita el presente proyectando un futuro y persiguiéndolo. Pero aparte de las comparaciones que el pensamiento hace no hay problema con nuestra vida tal cual es; y no hay otra vida. Es precisamente nuestro pensamiento sobre un estado mejor lo que nos impide lidiar con nuestra vida tal como es.
Las preguntas que las personas le hacen son, señala U.G., parte también del intento del pensamiento por continuar. De hecho nosotros ya sabemos las respuestas en tanto que solo aceptamos aquellas respuestas que se ajustan a nuestras preferencias y rechazamos las otras. Pero esas respuestas no pueden, y de hecho ninguna puede, satisfacernos en absoluto. Si lo hicieran, el pensamiento tendría que descansar en la respuesta, pero eso destruiría el proceso del pensamiento porque este no podría ya buscar ninguna respuesta en su intento por perpetuarse a sí mismo. En otras palabras, el pensamiento no quiere que ninguna respuesta termine con él. Si alguna respuesta realmente satisficiera la pregunta, tendría que terminar con ella. Pero si la pregunta es el pensador, entonces con el final de la pregunta el ‘cuestionador’ debería llegar a un final, y esa es la última cosa que queremos. Es por eso que U.G. dice que nosotros realmente no queremos una respuesta a nuestras preguntas.
¿Qué bien le hace todo esto a alguien que escuche a U.G.? Preguntar eso es caer otra vez en la trampa de pescar alguna «directiva», para usar un término de U.G., a partir de lo que dice. Él dice a veces que cuando nos demos cuenta de que todo lo que el pensamiento hace es un intento de este por perpetuarse, de que no hay absolutamente nada que uno pueda hacer para liberarse a sí mismo de su estado, y de que la misma idea de libertad es una ilusión producida por el pensamiento, entonces tal vez la pregunta se «consuma a sí misma.» Y con la pregunta se va el pensador. Uno tal cual se conoce se termina. Uno atraviesa lo que U.G. llama una «muerte clínica.» Lo que le sucede a uno luego de eso no es, de acuerdo a U.G., «asunto nuestro.» Escuchar esto nos da, otra vez, una pizca de esperanza.
Nosotros esperamos que por hacer algo, por tratar de renunciar al pensamiento o lo que sea, podremos hacer que este «darse cuenta» suceda. Pero desafortunadamente no podemos hacer nada tampoco para que este «darse cuenta» suceda. U.G. dice que uno tiene que aceptar el hecho de que esta vida del pensamiento, a la que llaman de no libertad, podría ser lo único que haya, y que podría no haber, en lo que a nosotros concierne, ninguna otra vida. Esto, otra vez, nos da esperanza, y recomenzamos nuestro «viaje»: ¿Qué podemos hacer para aceptar esta vida tal cual es? Preguntar eso es querer cambiar lo que es, y no aceptar lo que somos en realidad. Obviamente otra vez no entendimos el punto. ¿Por qué entonces dice U.G. esas cosas? O para hacer la pregunta de forma diferente, ¿por qué nosotros, a pesar de las garantías de U.G. de lo contrario, seguimos tratando de cambiar lo que tenemos? O, ¿por qué pensamos que podemos usar lo que U.G. dice para alcanzar un estado «mejor»?

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Así como no podemos separarnos a nosotros mismos de lo que oímos en la enseñanza de U.G., tampoco podemos separar la enseñanza de U.G. de la persona de U.G., las impresiones que da de sí mismo, y finalmente también de la forma en que las personas se relacionan con él.
La Técnica: Cuando estás con U.G. nunca pasa mucho tiempo antes de que te ponga a ti «en la mira.» Y uno sabe que será cuestionado. O te hace él una pregunta, o contesta tus comentarios o preguntas. Pero sea lo que fuere, cuando dices algo, no solo te lo devuelve con el doble de energía, sino que niega prácticamente cada afirmación tuya, incluso a expensas de contradecirse a sí mismo. (Él dice que desde su punto de vista esas no son contradicciones. Él hace una afirmación, luego un momento después hace una segunda afirmación que niega la primera, pero ahora en ese momento se ha movido de la primera a la segunda, así que ya no se ajusta a la primer afirmación. Al momento siguiente niega la segunda y así sucesivamente. De esta forma, las así llamadas contradicciones no son contradicciones. Puesto que, en lo que a él concierne, no existe ninguna realidad con la cual la primer afirmación esté de acuerdo y se vuelva cierta, no hay una segunda afirmación que negando la primera se vuelva su contradictoria.)
Otra cosa que hace es exponer constantemente las suposiciones que damos por ciertas en nuestro pensamiento, dejándonos totalmente indefensos. A veces, hace algunas afirmaciones dogmáticas sin siquiera tratar de justificarlas. Al principio, el interlocutor se ve tentado a contradecirlas, pero pronto él o ella se dan cuenta de que U.G. las hace con tal autoridad que el interlocutor retrocede y comienza a preguntarse en qué sentido las afirmaciones podrían ser ciertas. Pronto el interlocutor también se da cuenta de que la autoridad de U.G. viene de sus propias vivencias, y el interlocutor no está en una posición ventajosa para entenderlas o juzgarlas.
U.G. nunca llena el vacío que produce en nuestra conciencia con su proceso de negación con nada positivo. Destruir las ilusiones de esta mente es su única tarea. Por la misma razón, no existe una sola afirmación que pueda imaginarme haciéndole a U.G. sin que él extraiga de esa afirmación una suposición oculta amparando esa afirmación. Siendo conciente de ello, supongamos que yo digo que solo por el gusto de argumentar o discutir, estoy afirmando algo. Inmediatamente puedo escuchar a U.G. resonando en mis oídos, «No existe tal cosa como ‘por el gusto de’… Todos los ‘por el gusto de’ son en realidad por el gusto de perpetuar el ser.» No obstante, sabiendo eso, yo sigo hablando…

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U.G. combina sus enseñanzas con una crítica a otras enseñanzas, particularmente la de J. Krishnamurti, y también a experiencias espirituales de todo tipo. La autoridad para tal crítica, como se mencionó antes, proviene de hechos que le han sucedido a él mismo. Por ejemplo, él dice que cuando el pensamiento no sucede no tiene conocimiento de lo que le ocurre, y no tiene forma de averiguarlo. Cuando el pensamiento sucede se limita a responder a las necesidades de la situación presente. Además, el pensamiento nunca produce en él la conciencia de sí mismo como algo diferente o separado de otros. No tiene, como diría él, una imagen de sí mismo. De ahí que, en lo que a él concierne, todo discurso sobre la compasión por el prójimo, etc., lo cual presupone una separación entre uno mismo y el otro, no tiene sentido. Él niega constantemente que desde donde está exista alguna dualidad de alguna clase. La crítica de U.G. a otras enseñanzas, debido a esto, no se puede separar de la persona de U.G.
Entonces U.G. mismo se convierte en un enigma para nosotros. Él es ahora una cosa, y al momento siguiente puede ser su opuesto exacto. Condena y niega cualquier cosa que uno diga, y al momento siguiente usa lo que uno dice en contra de lo que algún otro diga. No obedece ninguna regla de la lógica. Él dice, «Ese es tu juego, no el mío.» Es despiadado al condenar a la gente por sus creencias o prácticas, aunque parezca tan impersonal a veces, y al momento siguiente va y estrecha la mano de esa misma persona indicando el cariño que tiene por ella o él. A veces se mete con la vida privada de las personas muy íntimamente, según se lo pidan, y al momento siguiente aparece totalmente despreocupado y desconectado. Parece no importarle nada ni nadie, y al momento siguiente sientes que nadie se preocupa tanto como él. Tiene una forma para hacer sentir especial a cualquiera. Y entonces sientes que al menos por ese instante él se identifica tanto contigo que ni siquiera tu mismo te interesas tanto.
Entre todas esas contradicciones comienzas a preguntarte quién es U.G. ¿Existe tal persona? Podría no haber tal persona como U.G., por más que puedas encontrar la recurrencia de ciertas preferencias, prejuicios y reconocimientos de una persona que conocemos como U.G., durante un período de tiempo. La «Energía» de la cual habla responde a cada situación de acuerdo a las demandas de la situación. Solo existen esas respuestas discretas a las situaciones pero ninguna persona continua que conecte en y mediante el pensamiento y la memoria esas respuestas. Cómo puede uno ser así y no obstante tener memoria, hacer proyectos que involucran conectar una cosa con otra en el tiempo, etc., es todo un misterio para el observador, una gran incógnita. U.G. dice que desde donde está (o para él) no hay problemas: su cerebro responde a las situaciones mecánicamente como una computadora, no habiendo nadie para dirigir una respuesta o coordinar varias respuestas. De hecho, incluso cada sentido puede estar actuando independientemente de los otros.

* * * *

¿Cómo se relaciona uno con tal enigma, con tal desconocido? Si U.G. no tiene ninguna enseñanza positiva que enseñar, ¿puede ser llamado maestro? Si no hay ninguna «directiva» positiva o receta que uno pueda sacar de sus enseñanzas, ¿por qué las personas siguen yendo a verlo? A la gente no le resulta lógico porque no pueden sacar nada de lo que él dice. Si las personas todavía quieren verlo, puede ser quizás porque todavía están conciente o inconscientemente extrayendo directivas de lo que dice, o porque le atribuyen a él la causa de ciertos tipos de experiencias espirituales o de otra clase. Él descarta con vehemencia esas experiencias como puras ilusiones creadas por nuestro pensamiento («Tu sigues en el manicomio cantando melodías de locos»), y dice que no está conciente de tener que ver con eso. Esto, sin embargo, no impide que haga referencias a como las personas le atribuyen la causa de esas experiencias.
También, muchas personas que he conocido, especialmente en la India, le atribuyen a U.G. eventos sobrenaturales, percepción extrasensorial y hasta milagros. Por ejemplo, tiene la reputación de poder anticipar desastres y salvar a las personas de ellos. Se sabe que le da a las personas concejos específicos en asuntos prácticos de sus vidas que ellos interpretan a veces como profecías. U.G. escucha todo esto y dice que cuando la gente le pide un consejo sobre algún asunto en particular es natural que él se los dé, y no está conciente de que haga algo sobrenatural al hacer eso. Uno se lleva la impresión de que en realidad no niega la autoría de tales eventos, simplemente no desea que le demos ninguna importancia a ellos.
A veces, las personas se relacionan con lo desconocido en U.G. al notar que después de entrar en contacto con él, al pasar los años, muy despacio, delicada pero profundamente sus vidas cambian — se vuelven más simples, directos y honestos. También a menudo se encuentran dejando hábitos de toda la vida y formas de vivir de las cuales no se podían liberar antes, al menos no tan fácilmente y con tan poco esfuerzo.
Entrando en contacto con U.G. algunos pueden encontrar que visitarlo es excitante, ¡aunque uno esta siempre en guardia! También se encuentran más seguido pensando en él que en un millón de otras cosas que normalmente los preocupan o molestan en sus vidas cotidianas. También descubren que trazos de la energía que sintieron en su presencia permanecen por mucho tiempo y llegan a disparar diversos procesos en ellos, ya sea de autoexamen, de meditación, o lo que sea.
Por supuesto, U.G. negaría que esté al tanto de hacerle algo a las personas. Probablemente tenga razón. Podríamos ser nosotros los que tenemos a U.G. por más tiempo en nuestra conciencia, y eso crea una posibilidad (y tal vez esperanza también) de un cambio que sucede sin mucho esfuerzo. No es que U.G. sea algo diferente o exterior a nosotros. Es la misma energía que está operando dentro de nosotros la que opera en él también. (¡Puedo oír a U.G. riéndose!) Solo que tal vez sea por U.G. que ahora estamos en contacto con eso.

En este lío de U.G., nosotros, y sus conversaciones, nos entremezclamos, nos separamos, y nos volvemos a mezclar de nuevo, y no tenemos ni la más mínima idea de adonde nos está llevando esto. ¿A dónde nos lleva, U.G.?

No tiene por qué que llevarnos a ninguna parte. U.G. nos recuerda constantemente que es la urgencia por conocer y crear un estado de permanencia lo que nos hace preguntarnos todas estas cosas, y cuando abandonamos eso, todo se vuelve adecuado, todo es lo que debería ser. Tomas lo que viene, y no haces preguntas. No hay nadie allí para llevar la cuenta. No se lleva cuenta de nada. ¿Y qué hay de malo con eso? ¿Cuál es el problema? Lo que sucede, entonces, como dice U.G., no sería asunto nuestro.

Capítulo 1

Espero que mi memoria permanezca conmigo como una fiel compañera, mientras revivo para Ud. lector, algunos de mis momentos más memorables en compañía de ese enigmático filósofo, U.G. Krishnamurti. Me encontré con ese hombre en mi larga y difícil aventura en el – así llamado – camino espiritual, en un intento por sacar de mi mente las quemantes preguntas. Puse atención a cada tipo de lectura dada por cada hombre santo. Escuché charlas de ‘salvadores’ vestidos de azafrán, sannyasins barbudos y sabios acharyas. Pero, esto sólo intensificó mi frustración. Estaba exhausta y confundida. Las lágrimas reemplazaron a las oraciones y todas mis súplicas al Omnisciente y Omnipotente Dios para complacerlo, no parecían de algún provecho.
Finalmente, llegó a mis manos el libro «Yo soy esto», un volumen de entrevistas traducidas con Nisargadatta Maharaj. Con mi adopción de estas enseñanzas estuve segura de haber llegado al final de mi búsqueda espiritual, que realmente no había más que hacer. Creí que había llegado más allá de cualquier conocimiento, que para mí «ser» era suficiente. Le tocó a U.G. mostrarme que lo que llamaba «ser» no era otra cosa que conocimiento.
A mitad de marzo, 1980: mi primera entrevista con U.G.
El buenmozo y sonriente hombre llamado U.G. se sentó relajada y amistosamente ante mí. Tratando de obtener respuestas exactas en esta visita, le lancé mi primera pregunta:
«¿Hay botas para caminar sobre las espinas?»
La respuesta llegó chispeante y directa: «No hay espinas».
Insatisfecha, proseguí: «Hay muchas espinas para mí».
Pacientemente respondió: «Deja de buscar las rosas y no habrá espinas»
¡ESO SÍ QUE ERA ALGO NUEVO! No vendía botas, no ofrecía nada. De repente el hombre sentado frente a mí vestido en un pijama kurta comenzó a ser una personalidad realmente interesante. Continué largándole preguntas por un rato, y cual campana de oro, las respuestas llegaron limpias, precisa y convincentes.
Presionando, le pregunté por los misterios de la mente y si no era posible controlar el proceso de pensar.
«Todo es ficticio. Descubrí por mí mismo que no hay mente, nada que controlar», dijo.

Parecía ser un caso desesperado. No estaba obteniendo las respuestas que quería, pero no iba a rendirme «¿Podría la lectura y el estudio y el tratar de comprender, ayudarme?»
«No, eso no ayuda en nada porque son sólo formas de entretenimiento para ti, » dijo.
Bajando el tono, le dije que mi problema mayor era un irracional miedo al dolor físico. El sólo pensamiento de sentarme en el sillón del dentista me aterrorizaba, aunque trataba, era incapaz de sobreponerme a ese miedo.
Él sugirió con gran seriedad que debía tomar algunos calmantes antes del tratamiento dental; ¡Como si no supiera eso! Pero, persistí diciendo que lo que quería decir, era que si había alguna manera de deshacerme yo misma del dolor.
«Cielos», exclamó» No lo intente, no funciona, póngase una inyección antes de que le extraigan la muela».
«Pero» repliqué, » a Ramana Maharshi podrían operarlo sin anestesia».
«Ramana o cualquier otro para el caso, atraviesa el mismo dolor físico» U.G. respondió «nadie escapa a las leyes naturales».
Así terminó mi primer encuentro con U.G.. dejé su casa con una sensación de alivio y alegría. A pesar de algunos golpes en mi armadura, que ya sabía necesitarían arreglarse, estaba feliz y supe que vendría a verlo de nuevo una y otra vez.
Afinando la mano en el arte culinario:
Un día justo después de un picnic familiar, fui a visitar a U.G. en su casa de Poornakuti. Lo encontré bajando las escaleras con algunos alambres y cosas en sus manos, lucía algo desastrado, me aventuré a preguntarle la causa de su desorden pues era curioso por su habitual impecabilidad.
«Tengo resfrío. Dolores, molestias, fiebre, nombre cualquier cosa, la tengo.» Dijo sonriendo abiertamente. Era convincente como paciente aunque le faltaba la más pequeña traza de autocompasión. Insistiendo en que debía quedarme por ahí, ya que había llegado, pronto me puso a trabajar en su «tienda de lo dulce», haciéndole un poco de rasam. Me emocionaba el pensar en hacer algo, no importa cuan pequeño fuera, para un hombre rigurosamente independiente que denunciaba con vigor a aquellos que practicaban la «gentileza agresiva».
Pronto estuve en la cocina de U.G. probando mi mano en el arte culinario. Pero mis esfuerzos fracasaron, el moong dahl rehusó cocinar apropiadamente. No obstante, muy pronto un agradecido U.G. se comió toda la mezcla, ¡alabándolo hasta los cielos!
Pasamos tranquilamente el resto de la tarde mirando TV. Estaba más cortés y amistoso que antes. Pero luego, al irme a casa, feliz como un pajarillo por el éxito y lo amistoso de la visita, se me ocurrió que sabiendo lo impredecible de él, el buen clima podría tornarse frío al más mínimo gesto.
Al día siguiente, fortalecida por un mayor conocimiento del método de cocinar rasam, regresé a lo de U.G y su «tienda de lo dulce». Pero cocinar para U.G. no era cosa de chasquear los dedos. Estaba prohibido usar los ingredientes más usuales como polvo rasam o el tamarindo. El único vegetal valioso, según él, era el tomate y ningún otro se permitía en su cocina. Corriendo por las escaleras con la fuente en la mano, le ofrecí una muestra de mi creación.
«¿Por qué has usado tantos tomates y hojas de curry? Ahora estoy forzado a colar la sopa antes de tomarla. De cualquier forma Narsamma (la mucama) estará feliz, bailando de alegría por cierto. Lo está desde que le dije que tu sopa era horrible. Por lo menos, no es una pérdida completa.»
Lívida, estaba lista para salir volando por la puerta. No podía confiar en mí. Estaba lista para agarrar el objeto más pesado a mi alcance y lanzárselo. Imagine, recibir insultos sólo para divertir a alguna sirvienta. Era demasiado.
Le pregunté si le divertía hacer feliz a una persona con la desdicha de la otra. Su respuesta no mostró arrepentimiento. «Es así siempre con todo el mundo» dijo, «Si Ud. se siente muy herida porque no me gustó su rasam, entonces Ud. y su preciosos rasam se pueden ir. No me gusta tener a mi alrededor gente enojada, herida por trivialidades tontas como ésta.»
Esto estaba en sintonía con su invariable deseo de apartar cualquier cosa innecesaria o cansadora. Tal y como se ha cansado de decirnos, deberíamos estar preparados en cada momento para lanzar lejos «el agua del baño, la bañera y al bebé». Una vez mirando intencionalmente la silla donde me encontraba sentada, él hizo notar que «ambos, la silla y quien la ocupa deberían ser tirados juntos». Si yo o alguien más protestaba en contra de tales premisas, él solamente respondía que si no nos gustaba escuchar esas cosas podíamos irnos también. «Nadie – nos recordaba – es indispensable» El solía terminar su parlamento con la frase «Se puede hacer cualquier cosa sin nadie en este mundo. Aún Valentine puede vivir sin mí».
Después del picnic, él se veía aburrido.
La semana siguiente, el 14 de noviembre, pensé que mi hija Mittu merecía todo un día con U.G. Fuimos a Poornakuti, pero encontramos que, como sucede a menudo, U.G. se había ido a dar un paseo. Fuimos a un restaurante cercano y cuando volvimos a su casa lo encontramos muy calmado y retraído. Eso no era nada raro: durante los días de luna llena U.G. se pone muy silencioso y abúlico. Los que andábamos alrededor de él, habitualmente hacíamos bromas diciendo que no necesitábamos observar las fases de la luna, pues el estado físico de U.G. era siempre un indicador seguro del cielo.
Parecía levantarse sólo para escuchar los rumores y mis noticias personales, entonces se caía en una silla en un sereno silencio. Dejé la habitación por un corto tiempo en la cocina y él subió a su habitación para una de sus frecuentes siestas. Cuando el sueño terminó, lo escuché bajar las escaleras anunciándome que la criada necesitaba unas sobras de cuajo para su almuerzo. Cerca de U.G. uno aprende que las pequeñas cosas no necesariamente dejan de ser importantes. ¡Oh, la ironía de todo! Aquí este genuino sabio involucrado con el almuerzo de la sirvienta, mientras los que se hacen llamar santos, montados en sus Mercedes pidiendo devoción y servicio de los miles que los atienden.
Luego, abruptamente salió de la cocina haciendo café para todos. Debo agregar que este café es menos amargo que alguna de sus palabras. Entonces él notó una vieja tetera de aluminio que por haberse vuelto negra con el uso, él quería deshacerse. «Aquí», dijo «hay algo para la venta. Le vendo esta tetera que compré en 17 rupias y le agregaré esta olla por el mismo precio.» Protesté diciendo que tenía un montón de chatarra sin usar en casa, y no tenía intención de agregar algo más a esa colección.
El mismo día un poco más tarde apareció un anciano doctor ayurvédico. Venía con una planta brahmi que estaba seguro iba a ayudar a Valentine en sus fallas de memoria (de acuerdo a la medicina ayurvédica, el consumir las hojas de esta planta revivía la memoria fallida). U.G. con su cinismo habitual estaba seguro de que la planta le quitaría la poca memoria que le quedaba.
El entusiasta doctor llegó formalmente con la planta en la mano, U.G. lo siguió al jardín, emanando interés y sinceridad, hasta el lugar adonde colocarían la planta. El doctor, ansioso de actuar apropiadamente, le preguntó si el hoyo que había cavado era lo suficientemente hondo. U.G. sonriendo complaciente asintió mientras dirigiéndose hacia mí dijo «podrías enterrarte tú en él, si por mí fuera». Me descontrolé de la risa, ansiosa por escribir el incidente en mi diario. «Me refería a tí» dijo, y mi risa explotó otra vez. U.G. evidentemente estaba complacido con el efecto que estaban teniendo en mí sus filosas acotaciones. Pero no podía evitar preguntarme que impresión causaba esta risueña dama, en el anciano doctor.
(Tristemente la planta fue olvidada después del incidente. U.G. viajó por meses, mis visitas a Poornakuti menguaron, y la plantita se marchitó en un rincón).
Era hora de partir, pero estaba renuente a decir «adiós» a U.G. Como siempre, él ya estaba planeando abandonar Bangalore y estaba contando las horas para volar lejos a su siguiente nido temporal. Al irme me detuve en el vehículo que me esperaba y dando una última mirada hacia atrás, vi su cara seria, sin un solo movimiento, mientras se despedía de mí con un civilizado adiós.

Capítulo 2

Había oído que U.G estaba otra vez en Bangalore, y, feliz como un pajarillo, me metí en el primer taxi que pude encontrar para ir rápido a donde se alojaba en Poornakuti. Con la casa de Chandrasekhar libre, Nagaraj de camino, y algunos alemanes y americanos que venían de visita, estaba segura de que tendríamos un encuentro muy ameno. Medio esperando que U.G estuviera fuera haciendo de guía turístico para sus amigos del oeste, me encantó encontrarle junto con los otros en casa. Chandrasekhar estaba grabando sus poesías y recitándolas con toda su fuerza. Subí por las escaleras y me encontré a U.G intentando persuadir a Valentine de que se abrigara un poco para combatir el frío de la tarde. Dijo que Valentine estaba volviéndose un poco violenta, lo cual no era un buen signo.
Al día siguiente llegué con mis hijos, Prashant y Mittu, a Poornakuti. U.G iba a marcharse al día siguiente a Bombay. Encontramos a U.G en la habitación grande del piso de arriba, que él había convertido en lo que llamaba su «oficina «, hablando con uno de sus visitantes. Nosotros le llevamos papads con pimienta, las cuales insistió en probar inmediatamente. Pronto la cara se le puso roja y se quejó de que estaban demasiado picantes y especiadas para él. Mi hijo fue corriendo a coger el termo de U.G que tenía agua templada, y mi hija fue volando a la cocina a por un vaso de agua fría. U.G no tardó en invadir la nevera por algo de queso italiano frío para calmarle garganta en llamas. Pero antes de que arregláramos la situación, U.G se había, con gran sorpresa por nuestra parte, zampado el resto de las papads picantes, dejándonos como meros espectadores atónitos.
El saca los temas que menos gustan….
Alrededor de una semana mas tarde algunos amigos ricos de U.G vinieron a visitarlo. U.G tiene la costumbre de adherirse al tema que menos gusta a su audiencia, haciéndoles retorcerse incómodamente en sus asientos. El tema de ese día fue el dinero. Mientras sus incómodos invitados le escuchaban, él comentaba «Si yo tuviese un hijo que quisiera ser admitido en la universidad, mendigaría, pediría prestado, o robaría para conseguir el dinero suficiente para él. ¿Qué es lo que están haciendo ustedes, los llamados ricos? Ustedes no están haciendo nada, solamente se sientan y hablan. En lugar de estar sentados y hablar de las facturas de capitación (el donativo que piden ciertas instituciones educativas para garantizar la admisión a la que aspiran los candidatos) podrían construir colegios y universidades. Todos son lo suficientemente ricos para hacerlo. A mí no me impresiona el rico que se sienta y solo habla, y no hace nada, lo siento.» Ellos no volvieron a sacar el tema de las facturas de capitación, o algo relacionado con el dinero nunca mas.
Mas tarde ese mismo día, Suguna y yo discutíamos la posibilidad de ir a visitar un astrólogo. En medio de nuestro plan, U.G saltó con «¿Por qué queréis gastaros el dinero? ¿Qué es lo que queréis saber?» Yo dije que queríamos que nos hiciera las cartas (astrológicas), pero eso lo que hizo fue excitarle mas aun. «Yo no necesito vuestras cartas», dijo, «Yo solo necesito echar un vistazo a tu cara para conocer tu futuro. De todos modos, no tenéis futuro.»
Nadie me es querido …
Un amigo muy rico de U.G, Rochaldas, pasó a visitarle un día. «Estoy muy feliz de ver tu cara, aunque solo sea por unos pocos momentos», dijo, «¿Por qué mi cara? Hay millones de caras ahí fuera», replicó U.G.
U.G nunca se cansa de intentar averiguar cuan rico es en realidad Rochaldas, y por qué, a pesar de tener cinco coches, siempre viaja en autobús o en taxi. «No tiene utilidad el acumular el dinero, ¿sabes? El dinero está ahí para gastarlo, y si tu no lo haces, algún otro lo hará. Gástatelo antes de que otro se lo liquide todo. Yo soy la única persona que se siente realmente feliz de ver tus bolsillos repletos «.
U.G estaba planeando el marchar a Bombay la mañana siguiente. Rochaldas preguntó si podía conseguirle un coche para que le llevara allí. Con los mejores modales U.G replicó que «Ya hay coches haciendo cola para llevarme, y, de cualquier modo, no podría soportar el dolor que sentirías al separarte de tu dinero.»
«Pero», protestó Rochaldas, «es un placer diferente gastarme el dinero en ti.»
«El placer es dolor, señor,» fue la respuesta inmediata de U.G.
Rochaldas entonces le hizo una pregunta interesante, «¿Existe alguien especial para ti?»
«Si alguien me fuese especialmente querido,» U.G respondió, «entonces tu perderías la oportunidad de ser querido para mi.»
«Eso significa que todo el mundo te es querido,» dijo Rochaldas.
«Yo no he dicho eso,» exclamó U.G, «Cuando yo digo que nadie me es especialmente querido no significa que todo el mundo lo sea.»
No mucho mas tarde Gopinath entró y comenzó a hablar sobre un asunto de un joven que se encontraba en serios apuros intentando alcanzar el estado espiritual mas elevado. Pronto el joven mismo entró en casa, se sentó, y comenzó a moverse meciéndose extrañamente. Este joven tenía ya un gurú propio al que consideraba un súper dios y le dijo a U.G que él era simplemente un dios. U.G calmadamente le aconsejó que buscara tratamiento. «Ve a buscar ayuda a tus gurús, suplica a tu Súper Dios, pero a mi déjame tranquilo.»
¿Cómo eres de rica?
Unas semanas mas tarde recibí una inesperada llamada de teléfono: «¿Cómo eres de rica?» dijo la voz. Mi corazón dió un salto de alegría porque reconocí la voz: era U.G. En un abrir y cerrar de ojos mis hijos y yo estábamos en un taxi de camino a la calle K.R. Nuestro ánimo era una mezcla de excitación incurable y abandono desesperado. Cuando entré en la habitación vi a U.G e inmediatamente hice unos pranams con toda la devoción que pude. El nos dio algo de chocolate italiano relleno de café líquido. Ese tenía que ser el mayor y más peculiar prasad que nunca un santo hubiera dado. No contento con echarnos a perder, repartió un maravilloso chocolate suizo entre todos. Iba a ser un dulce comienzo de un día maravilloso.
Suguna, nuestra siempre sonriente anfitriona, tan afanada en hacernos sentir como en casa, habló un poco con nosotros, y luego fuimos todos a la cocina para ver una demostración de como preparar un plato. El plato era un simple couscous, U.G lo come a menudo cuando viaja. Era muy simple de hacer, pero sabía extraordinariamente bien.
Después de nuestra comida ligera, U.G vio a mi hijo estudiando para un examen que tenía en poco tiempo. Mi hijo me preguntó si podía descansar un rato y ver algunos videos en la televisión. Antes de que yo le diera el consentimiento como madre U.G soltó: «Desde luego que puedes hacerlo. Todo trabajar sin jugar hace de Jack un chico aburrido.» ¡Ese era todo el estímulo que él necesitaba!
Podría asustar a los animales …
No muchos días mas tarde U.G estaba hablando de su próximo viaje a los Estados Unidos con Ramaswamy. Rochaldas llegó justamente cuando U.G comentaba sus planes para visitar las junglas de Nagarhole cerca de Mysore. Cuando Rochaldas mostró interés en acompañarle, U.G dijo, «Señor, parece estar haciéndolo bastante bien en esta jungla humana. No tiene por qué irse a Nagarhole. ¡Podría asustar a los animales!»
Entonces a U.G le entró la vena filosófica, «El hombre es la especie mas viciosa de la Tierra. Ningún otro animal mata por gusto a los de su propia especie. Sin sus armas, el hombre es sumamente vulnerable: incluso un venado podría matarle en pocos minutos.»
La conversación siguió y se fue perdiendo importancia. Pronto él se dio cuenta de la hora: era la hora de cenar, y de que los invitados se marchasen. Ramaswamy tomó la indirecta y se dirigió hacia la puerta. U.G graciosamente le acompañó, preguntándole acerca de su edad, salud, que tal oía, etc. Ramaswamy bajó las escaleras y salió de la casa.
Volverse holandés …
Una semana después Suguna y yo estábamos intentando echar una siesta corta cuando Henk, el holandés llegó. U.G notó que Henk estaba pálido y débil, que le faltaba su habitual y amistoso encanto Holandés.
A U.G le encanta mofarse de los holandeses, especialmente cuando Henk está cerca. Kalyani le llevó a Henk una comida especial, esperando que éste le diera algo de dinero.
U.G dijo, «Ella no sabe que eres holandés y al esperar dinero de ti está siendo holandesa también.»
De repente U.G decidió ir de compras. Cuando ocurre esto nadie puede pararle, no importa la hora ni incluso si es una tarde muy calurosa. Así que todos marchamos en tropa hacia la única tienda abierta a esas horas, con el holandés reticente. U.G compró algo y el holandés completamente fuera de su papel se ofreció para pagarlo. ¿Tu lo pagas? preguntó U.G, «Cuando escuchamos esos ofrecimientos de tu parte, sabemos que Holanda está en graves problemas.»
Pateando a la diosa Lakshmi:
Cuando llegábamos a la casa de U.G a la tarde siguiente, podíamos ver que el grupo de siempre se había reunido. Allí estaban Nagaraj, Adri, yo, Suguna, y la abrumadora presencia de Brahmachariji, que estaba como siempre, leyéndole la palma de la mano a U.G. El dijo que incluso si U.G pateara a la diosa Lakshmi (la diosa de la riqueza) ella le perdonaría y volvería a su lado como su sirvienta. Eso era una afirmación muy fuerte, incluso para un supuesto hombre religioso como Brahmachariji. A mí me sonó nada mas y nada menos como una blasfemia.
Nunca caminaba, corría a todas partes …
A medida que entraba la tarde, la conversación se encaminó hacia la niñez de U.G. Cuando él habla de su infancia nos podemos hacer una idea de lo imposible que debía ser. Un pesar para sus abuelos, ¡debió ponerlos al límite!. U.G suele decir que si su madre hubiese vivido ¡hubiera intentado suicidarse a todas horas!
El comentaba como su abuelo estaba interesado en comidas sanas, dietas de adelgazamiento, y ese tipo de cosas, y que usaría al pequeño de siete años como sujeto de experimentación. Las horas de todas las comidas estaban ya fijadas, incluido el almuerzo, que tenía que ser consumido a la misma hora todos los días. U.G iba sigilosamente al reloj y adelantaba las manecillas, informando luego a su atareado abuelo que la cita para la comida había llegado. Su atormentado abuelo descubrió pronto el truco, y U.G continuaría durante años como el conejillo de indias de su abuelo.
U.G tenía que recorrer un largo camino para ir a sus lecciones de Hindi, y a lo largo del trayecto solía pasar por delante de un viejo cine. No podía resistir la tentación de colarse dentro y ver cualquiera de las películas que echaran. Apagaba la linterna, sobornaba a su joven sirviente para que no contara nada, dormía dentro de la carpa del cine, veía la película y luego volvía a casa con su sirviente. Un día, desafortunadamente, U.G alzó la mirada y vio a su abuelo sentado al lado suyo en el cine. Sus escapadas terminaron abruptamente.
A U.G le encanta relatar los incidentes de su traviesa infancia. Observándole a él ahora, todavía podemos ver algo del niño travieso que lleva dentro. Yo normalmente me llevo a mi hija pequeña conmigo cuando voy a visitarle, y cuando la reprendo o la corrijo, a él probablemente le recuerde a su niñez. El dice que todo lo que escuchó en su infancia fue un constante «No, no, no» o «Eso no». Ni siquiera recuerda una sola vez en la que los adultos que le rodeaban le dijeran, «Sí, ve y hazlo».
Cuando mi hija tenía exámenes yo solía hacer mucho escándalo por ello. U.G decía que él nunca hizo exámenes, a menudo copiaba las respuestas cuidadosamente, entregaba el examen, y simplemente se iba. Yo dije que la mayoría de nosotros no se podía permitir jugar con su vida de esa manera. Y avisé a mi hija Mittu que no escuchara esas historias. El se reía entonces y nos contaba cuando él sobornaba al chico cuyo trabajo era imprimir los exámenes, hacía copias, y se las pasaba a sus agradecidos compañeros. Le atraparon en el acto y fue castigado, pero seguía sin arrepentirse.
Cuando U.G estaba en la ciudad yo me llevaba a mi hija para ir a verle. Como resultado ella empezó a perder demasiadas clases. Mi preocupación por sus faltas de asistencia la echaba a un lado con frases como, «Cuando yo tenía su edad, tenía éxito sobornando al chico encargado de las listas de asistencias. Una vez olvidé pagarle y contó todo mi secreto.»
Este tipo de actividades continuaron incluso cuando iba a la universidad. Cuando le pregunté el por qué, me dijo que él estaba tan metido en la búsqueda espiritual que le quedaba poco para el estudio formal. Realizaba 3,000 Gayatri japa o 5,000 Shiva panchakshari todos los días con gran fervor. Me enseñó cómo contaba las cuentas de mala usando las líneas de las dedos. Todas estas actividades fueron como resultado directo de la profecía que hizo su madre al morir, de que su hijo estaba destinado a ser «uno de los grandes», y de su deseo de que fuese educado en consecuencia. Su abuelo se tomó ese último deseo en serio, y el pequeño niño fue adoctrinado en Sánskrito, los Vedas y los Upanishads desde sus tiernos cinco años.
U.G nos mostró cómo siendo un niño se sentaba inclinado sobre su silla con los pies sobre el escritorio, y a menudo caía dormido cuando las cosas se ponían demasiado aburridas. Si sus profesores le pegaban, el les pegaba a ellos. Ellos se quejaban a su abuelo diciendo que no volverían a dar clase a su pequeño mocoso.
Nos contó que su abuelo era aficionado a la filosofía y a los temas espirituales, y que su casa era una especie de puerta abierta a la cual eran invitados todo tipo de sannyasins, pundits, estudiosos, y personas religiosas. A menudo celebraba durbars, y recompensaba al mejor estudioso con monedas de oro, a quien el joven U.G mismo ayudaba siempre que le surgía la oportunidad. Un día vino a casa un sannyasin que era capaz de materializar monedas de oro milagrosamente. Se le pidió a U.G que se postrara ante él, pero él rehusó a hacerlo a menos que el hombre produjera monedas de oro que tuvieran grabadas el año actual. Los ancianos avergonzados y mortificados se apresuraron a echarle fuera antes de que el sorprendido sannyasin se recobrara.
U.G podía contar una historia de su niñez en los sitios mas extraños. Una vez estábamos en un taxi pasando por el Hotel Hindú Moderno. Mientras atravesábamos la venerable entrada, U.G dijo que cuando era un niño se había alojado en el hotel y que un día, bajando las escaleras de la entrada corriendo, se chocó con un camarero que llevaba la bandeja llena de cubiertos de acero. Un cubierto mientras caía le hizo un corte en la frente y en la ceja. Me enseñó la pequeña cicatriz.
Le pregunté qué suponía para él recordar y contar todos estos incidentes de su niñez. Replicó que siempre que narraba estas historias no involucraba en ellas ningún sentimiento o emoción por su parte, no como nosotros cuando evocamos nuestros recuerdos. Añadió que siendo un joven, nunca iba caminando a ningún sitio, siempre corría. Este moverse infatigablemente se puede observar en sus actividades hoy en día, desplazándose por todo el mundo con un paso que dejaría exhausto al mas robusto. Incluso de niño amaba viajar, y dependía de sus abuelos para planear los viajes. Parece ser que él solía rezar a Anjaneya, el Dios Mono, y le prometía cocos si este usaba sus poderes para influenciar a su abuelo para que preparara un nuevo viaje. Le encantaba encontrar a su abuelo haciendo las maletas para ir de viaje a cualquier parte.
U.G continuó sobornando y regateando con el Dios Mono, pero se dio cuenta de que existía siempre una distancia entre sus rezos y el resultado deseado. Ya entonces él tenía inclinaciones filosóficas, preguntándose cual era la conexión entre sus deseos, sus rezos, y lo que conseguía de lo que había pedido. ¿Qué era esta distancia temporal entre sus pensamientos y los hechos?. Las cosas rápidamente se le fueron de las manos. La deuda de cocos a Anjaneya se acumuló, finalmente, para llegar a unos 1,000. Al final se excusaba del trato, diciendo que no sabría que hacer con 1,000 mitades de cocos, la cantidad que recibiría él en forma de prasadam. (Prasadam es el ofrecimiento sagrado que se devuelve al devoto por la gracia de la deidad como consecuencia de la adoración a esta.) El dice ahora riéndose que el Dios Mono está exigiendo con retraso su parte del trato, haciendo que U.G se aloje cerca de su templo siempre que se encuentre en Bangalore. Incluso cuando va andando al mercado siempre cruza por los terrenos del templo, diciendo que es un atajo, negando cualquier significado metafísico o sentimental.
¿Por qué estás convirtiendo esto en un problema? …
Yo todavía retengo lealtad a los santos y maestros espirituales que me ayudaron a lo largo del camino. U.G a veces se burla del japa que hago y del hecho de que no esté completamente liberada del asunto de los gurús. Le llamé por teléfono un día y le dije que, intentara lo que intentara, yo no podía quitarme de encima la religión y a los santos de ropas naranjas. «No es sorprendente,» dijo. Le pedí que por favor me aceptara como soy, con mi trasfondo religioso y todo. «Por qué solo el trasfondo religioso», replicó, «He aceptado todos tus trasfondos.»
Colgué el auricular y, con el corazón sereno, me fui a la calle K.R, la calle donde está la residencia de U.G. Cuando me acercaba a la oficina de correos de Basavannagudi encontré a U.G caminando por el ancho camino adyacente. Frené y me acerqué a su lado, ofreciéndole llevarle. Tranquilamente él aprovechó mi oferta con un educado «Gracias». Inmediatamente dijo, «¿Alguna vez te he pedido a ti o a nadie que no fuera a los templos de sus gurús? ¿Cual es el problema? ¿Por qué estas convirtiendo esto en un problema? » yo dije que no me apetecía discutir de nada con él, que estaba contenta simplemente con sentarme en silencio en el coche a su lado y no quería discutir mis problemas espirituales con él. Obviamente eso tampoco le importó, ya que arbitrariamente mandó al taxi al distrito de los comercios para hacer algunas compras.
Mientras nos dirigíamos hacia el bazar me contó algunas de las actividades que hizo esa mañana, quién le había ido a visitar y algunos comentarios sin importancia. Teníamos que gritar debido al ruido alto del tráfico. El leería cada cartel, cada anuncio, cada letrero, calle y señal de tráfico a lo largo del camino. Yo le pillaba haciendo esto incluso en mitad de las conversaciones mas interesantes.
U.G tenía intención de comprar una pequeña balda de madera para su apartamento, pero no encontraba ninguna que le satisficiera. Finalmente decidió que solo una hecha por encargo fabricada por su carpintero valdría, y cesamos la infructuosa búsqueda. Luego fuimos al restaurante «Woody » donde compró un poco de sus idlis favoritos. Mientras esperaba bajo el sol abrasador a que nos envolviesen los idlis, ojeó el Economic Times, aparentemente sin darse cuenta o sin que le afectara el horrible calor que hacía. Buscó en el periódico noticias acerca del cambio del dólar para ese día, diciendo que su fortuna «sube y baja con el dólar «.
U.G tiene la rara costumbre de colocar y cambiar de sitio los muebles de su apartamento. Dice que ya que no piensa en dios, el sentido de la vida, o cómo ser feliz, todo lo que le queda son las cosas cotidianas de la vida como cambiar de sitio los muebles, el cambio de las monedas, el precio de los idlis y gastar el dinero. Dice que para él es posible pensar en el dinero o en gastárselo solo si los medios para ello están ahí, de otro modo no piensa en eso para nada. A lo largo de los años me he ido acostumbrando a encontrar los muebles cambiados de lugar siempre que le visito en Poornakute. El sofá en el balcón, la banqueta la pone en la esquina, la planta del balcón de pronto aparece en una esquina de la habitación hasta entonces vacía.
Tuvo nuestro reconocimiento por sus ingeniosas ideas …
U.G decidió que tendría tres casas – en Bangalore, Suiza, y California – y no economizó el tiempo organizando y decorando su piso en Bangalore.
Un día decidió que necesitaba algunas plantas trepadoras y helechos en el balcón, junto con algunos posters para ayudar a embellecer el apartamento. Para conseguirlo parecía que estaba preparado para remover cielo y tierra (¡y todo lo que hay entre medio!), así hasta que lo acabó cuando caía la tarde. Las enredaderas pronto echaron raíz en el jardín y colgaban en las columnas grandes a la entrada del porche. Pronto llamaron a un taxi, y él y Chandrasekhar se marcharon, en el calor del bochorno, a Lalbagh para comprar mas helechos y macetas. En pocas horas los nuevos helechos en los tiestos alegraban las habitaciones. Al día siguiente fuimos a la búsqueda de mas posters. Un servicial amigo de U.G, ansioso por ayudar, saturó el depósito de gasolina, lo que hizo que se calara el motor sin previo aviso en mitad del tráfico. Salimos todos del coche y pasamos el tiempo mirando algunos caballos que había cerca. Pronto el coche revivió y continuamos nuestro camino. Los posters los encontramos en poco tiempo al precio de unas 400 rupias, y U.G no descansaría hasta que fueran correctamente colocados en las paredes del porche. Al día siguiente U.G personalmente guió, tanto a todos los invitados como a los acompañantes usuales al piso de arriba, no hubo nadie que no le reconociera el mérito por sus buenas ideas y creatividad. Yo le urgí a que se metiera en el negocio de decoración de interiores, con nosotros como accionistas, ¡por supuesto!
Ella tenía tres preguntas acuciantes …
Al día siguiente mi amiga Pushpa me llamó por teléfono y me propuso que hiciéramos una visita a U.G ese día. Como siempre yo no requería mucha persuasión. De camino a la calle K.R me dijo que tenía tres preguntas acuciantes que tenía que hacer a U.G y que no podía esperar. Llegamos a la casa de U.G y le encontramos esperando a Bramachariji que llegaría en breve en coche. La perspectiva brillante de que tuviéramos una vuelta a casa gratis inesperadamente se presentó por sí misma. Cuando el coche llegó, U.G decidió acompañarnos, con él Brahmachariji en el asiento de enfrente y Pushpa y yo detrás. Parecía un momento tan bueno como cualquier otro para hacerle algunas preguntas, así que Pushpa aventuró su primera pregunta, la que trataba sobre los instintos humanos.
«Yo no tengo ningún instinto,» dijo U.G., absorbida la mayoría de su atención en el movimiento y ruido del tráfico, y las incontables señales de tráfico en la carretera, y añadió casi casualmente,»Vosotros usáis la palabra ‘instintos’ para justificar vuestras acciones, eso es todo.» El tráfico parecía bloquearse en cada curva, y el pobre y frustrado conductor, incitado por un decidido Brahmachariji, se trabajaba el camino hacia Malleswaram. Pushpa eligió este momento para hacer su segunda pregunta a U.G:
«¿Por qué no deberíamos confiar en un hombre compasivo? «, preguntó.
«Porque,» replicó U.G, «El te está dando algo que ya tienes, y está haciendo una gran virtud de ello. No tiene derecho a poseer mas que ningún otro. Es solo su culpabilidad lo que le hace compartir su excedente con alguien que es necesitado.»
Después de unas pocas paradas y curvas más Pushpa formuló su última pregunta. «¿Qué tiene de malo la ambición?»
«Vuestra ambición siempre está asociada a vuestras metas, y aquellos que profesan una vida sin ambición, simplemente no tienen el suficiente empuje para conseguir lo que quieren, eso es todo. Ellos se han dado por vencidos, y su actitud hacia la ambición es solo cuestión de sentirse perdedores.» Distraído como estaba entre el flujo del tráfico y el ruido, sus respuestas eran enigmáticas y bastante satisfactorias para Pushpa. Grabé la conversación en mi computadora para posteriores usos.
Llegué rápido a casa, apunté las actividades del día, hice copias Xerox de ellas, y apresuradamente las llevé a Poornakute para dárselas a U.G. Mis expectativas de alabanzas se convirtieron en un, «¿Qué quieres decir con que has terminado? Si no escribes por lo menos el doble antes de que yo me marche, te puedes quedar con ellas.» Yo me quedé estupefacta y, refunfuñando perdí todas las ilusiones que me había hecho. Apelé diciéndole que mi hija Mittu tendría en breve los exámenes y que estaba obligada a ayudarla con los estudios. Esto no tuvo, como yo esperaba, ningún efecto suavizador sobre él. «Mantén las luces encendidas,» insistió, «o toma algunas pastillas para no dormir si es necesario.» Yo nunca había oído hablar de ‘pastillas para mantenerse despierto’, pero llegué a casa y empecé a escribir con el doble de energía. Me fue imposible terminar los escritos antes de que él partiera. Me aconsejó que siguiera escribiendo y que se los mandara mas tarde por correo a California.
Hablando de Pushpa y de sus preguntas interminables, recuerdo el día cuando le preguntó a U.G por qué hacia tantas afirmaciones contradictorias. El respondió, «Mi primer argumento es negado por el segundo, y el siguiente niega el anterior. Si quieres entender lo que digo debes escucharme según marcos separados, que es de la forma en la que yo hablo. Cada aseveración es un marco independiente separado. Entonces no veras ninguna contradicción.»

Todas las transformaciones desaparecen…

Cuando U.G volvió a Bangalore, Chandrasekhar estaba examinando algunas carpetas viejas de los «archivos», y Nagaraj estaba sentado cómodamente en el sofá leyendo una revista cuando U.G, de repente inspirado, dijo a Chandrasekhar, «Quiero que todo el mundo que esté interesado en este tipo de cosas entienda que: todo tipo de transformación física o la llamada psicológica está fuera de lugar. Cuando el deseo de ser alguien diferente está ausente, entonces el cuerpo está libre para funcionar a su manera, eso es todo. Tu, el que está creando el problema, no puedes resolverlo. Pero continuas preguntando, cómo, cómo, cómo, y es ese ‘como’ el problema, y es el único problema.»
Luego habló de los volcanes en erupción. «Ningún volcán,» aseguró, «nunca pidió permiso para entrar en erupción con su fuego y su furia. Y aunque nosotros calificaríamos tal hecho como una calamidad y desastre natural, el volcán no lo hace. A pesar de su destrucción despiadada, ayuda a la naturaleza en su propósito de renovarse, al sacar las materias primas de las entrañas de la tierra, lanzándolas a la superficie realimentando el terreno.»
U.G mismo parecía un volcán cuando ese torrente de palabras salían de él con gran fuerza. Prosiguió diciendo que los hombres disfrutan viendo a los demás sufrir. «Les gusta simpatizar y sentirse apenados por otros, dando a esto nombres bonitos como ‘compasión’. ¿Por qué no te sientes feliz por alguien que pasa con un coche caro y tiene diez casas? Lo único que sientes son celos.»
«Pero,» protesté, «Sabemos que muy a menudo esas ganancias han sido conseguidas de manera sucia …»
«Incluso el conocimiento es poder,» dijo. «No existe el conocer por el placer de conocer. ‘Yo sé y tu no sabes;’ por lo tanto quieres saber mas.»
Nos sentamos todos en silencio escuchándole, sin atreverse nadie a interrumpir el flujo de palabras que salían de él sin ningún esfuerzo.
Los pensamientos son emociones y las emociones son pensamientos …
Parecía que íbamos a tener el momento mas largo de silencio, cuando U.G entró en erupción de nuevo, «¿Por qué le dais todos tanta importancia a vuestras emociones? Les otorgáis todo el significado a vuestra ira, vuestro amor, vuestra pasión, y vuestro afecto. ¿Por qué?» U.G estaba cómodamente sentado con las piernas cruzadas sobre la alfombra junto con el resto de nosotros. Se dio cuenta de que yo estaba anotando las cosas bonitas que iba diciendo en mi libreta, pero no dijo nada. «Vuestros pensamientos determinan vuestros sentimientos. Es el pensamiento lo que da tanta importancia a las emociones, nada mas.»
El volcán parecía estar apaciguándose un poco, y, señalándose a sí mismo, dijo, «El cuerpo aquí está tan en paz. Solo está interesado en bombear la sangre, segregar los jugos de páncreas, mover los intestinos. Es tan dichoso por dentro y por sí mismo que no está en absoluto interesado en vuestra llamada ‘dicha espiritual ‘, vuestro yoga, vuestra paz divina, vuestro moksha, etc. »
Chandrasekhar preguntó si sthitaprajna era una piedra.
La ausencia de crímenes lleva al desempleo …
«Esto no es una piedra», respondió U.G., «Esto definitivamente responde a todo lo que ocurre a su alrededor. Hoy en día se ha descubierto que una piedra, también, se ve afectada por la observación física.»
Justo entonces Prashant, mi hijo, subió al piso donde estábamos todos y me preguntó si podía ver un rato algunos videos. Antes de que le pudiera responder U.G intervino: «Sí, sí desde luego. Diviértete con la música. ¡También hay algunos programas americanos buenos!.» Le dije que me preocupaba por su vista, pero U.G añadió que ver la televisión no era malo en absoluto para los ojos, porque están en continuo movimiento, mientras que leer fuerza a uno a enfocar la vista en palabras fijas, ¡con un definitivo detrimento de la salud.! Me alegré de que Prashant estuviera ya fuera del campo de audición, porque sabía que él de buena gana daría la bienvenida a ese consejo y lo practicaría, ¡bastante harto estaba ya él de estudiar!
Esta conversación acerca de ver nos llevó a otro punto interesante, U.G prosiguió diciendo, «Mirar una rosa no te dice que eso sea una rosa; las cosas por las que te das cuenta que es una rosa su color, forma, fragancia, y belleza son todas creadas por el observador. Estos atributos no son cualidades de la rosa misma, sino de nuestro propio conocimiento de la flor proyectándose a sí mismo, eso es todo.»
Añadió entonces que el hombre es quien ha creado a dios a partir de su codicia. La ultima codicia es dios. Un hombre que esté en paz consigo mismo y con el mundo (ya que ambos son una unidad ) no crearía un dios, y nunca se preguntaría a sí mismo cómo conseguir tranquilidad de espíritu. Todas estas preguntas nacen del falso sentido de conflicto y no de su estado físico natural de ser. Pronto el mecanismo natural del hombre, el funcionamiento mecánico del organismo biológico, será descubierto. El dice que no estamos preparados para aceptar el hecho de que funcionamos exactamente igual que una computadora, con la información recibida desde fuera. «Tu no eres mas que memoria, pero no quieres aceptar tu naturaleza automática y mecánica.»
Prosiguió en una línea ligeramente diferente, «Si no hubiera crímenes en el mundo, habría mucha gente sin trabajo. El crimen es una industria, como cualquier otra, y alimenta a millones -jueces, policías, carceleros, y ladrones-. Si a las masas les quitaras todas sus creencias, habría aun mas desempleo, ¿qué harían los sacerdotes y hombres religiosos.? Los científicos no son mejores, porque son una amenaza directa para el mundo. Ellos han desarrollado los medios para volar todo el planeta. En lugar de estar alarmados, se pasan el tiempo recompensándose con los premios Nobel.»
En mitad de todo esto Suguna entró y avisó que la comida estaba preparada. Una cosa interesante acerca de U.G es que nunca le molesta que incluso en mitad de las conversaciones mas serias le interrumpan. Y tampoco él planea continuar la charla mas tarde. Tan pronto como Suguna entra, deja lo que estaba diciendo, cuenta un pequeño chiste, y toda la tertulia queda completamente olvidada. A veces su amiga Kalyani entra bailando y cantando, con lo que U.G corta abruptamente el diálogo, no importa cuán serio sea, y le ofrece una rúpia si se anima a cantarnos a todos algunas de sus canciones. A sus invitados mas filosóficos a menudo les molesta este comportamiento, ya que implica, y lo hace, una indiferencia latente hacia sus teorías e inquietudes.
El dólar se está hundiendo …
Alrededor de una semana más tarde estaba yo paseando con U.G cuando hice un comentario acerca de su peso. Mientras entrábamos por la estrecha puerta del parque dijo, «El peso no es el problema. Ahora mismo el problema es andar. ¿Que está ocurriendo aquí? No hay centro de gravedad en absoluto. Más ligero que el más ligero y más pesado que el más pesado. Eso es lo que se dice. Al final terminas sintiéndote así. ¿Quién está caminando aquí? Es una situación muy graciosa.»
Empezó a balancearse, y a caminar sin rumbo, un espectáculo cotidiano para sus amigos. De repente dijo, «El dólar se está hundiendo, el Franco está subiendo, la Rupia está flotando, y yo me estoy deslizando.» Se podía adivinar que estaba feliz en esta improvisada representación. Entonces me dijo, «Shanta, ¿Sabes por qué Jesús caminó sobre el agua? Porque no sabía nadar.»
¿Qué tiene de feliz o nuevo el año nuevo?
Era el día de año nuevo, y la banda de siempre estábamos pasando el día en la casa de U.G en Poornakuti. El pobre holandés cayó en la trampa cuando amigablemente nos deseó a todos y a U.G un feliz año nuevo.
«¿Qué tiene de nuevo o de feliz?» U.G preguntó. «Tu estabas aquí ayer y estas aquí otra vez hoy. Incluso llevas puesta la misma ropa.» Así que el nuevo año no fue bienvenido con un zambombazo, sino con un sonido de desaprobación.
En ese momento los italianos Paolo y Marissa entraron. U.G se burló de sus creencias en la astrología, y de su amor por el dinero. Aunque U.G siempre nos previene de gastar el dinero en astrólogos, sus muchos amigos a menudo hacen cola para visitar un astrólogo nadi, famoso en Bangalore.
«Yo no necesito mirar tu carta astral,» dijo U.G, «Puedo decirte lo que quieras saber ahora mismo. El futuro no está tan lejos como te imaginas, está aquí ahora. Dime qué quieres saber.»
Parecía muy interesado en la carta astral de Paolo, estaba ansioso de que Paolo encontrara un cofre de oro al final del arco iris. Dijo, «Es bueno para nosotros que seas rico, Paolo. Cuando el dólar se hunda tendremos que depender de ti.»
Paolo estaba enfadado porque el horóscopo tipo occidental que se había hecho con la ayuda de una computadora estaba dando información errónea, ya que había introducido mal los datos. Todos coincidimos en que enfadarse con una computadora era una inútil pérdida de energía. Él, Sivaraman y U.G. continuaron con su discusión sobre los aspectos mas sutiles de la astrología. A todos nos sorprendió que U.G tuviera un conocimiento tan amplio en este campo.
Sivaraman señaló que los grupos que se creaban alrededor de U.G. estaban cada vez haciéndose mas grandes. U.G. se apresuró a asegurarle de que nadie podría jamás ocupar su sitio o desbancarle, así que no tenía miedo de las grandes multitudes. Dijo que en tal caso, él estaría dispuesto a ser el sucesor de U.G. Se rió y dijo «Ya que no hay nadie a quién suceder aquí, no necesitas esperar mucho. Podrías encargarte de esto ahora mismo.» U.G. miró fijamente a Sivaraman mientras le hablaba. Sivaraman tiene la costumbre de abrir la boca considerablemente, y como su voraz apetito asusta a U.G. éste le interrumpió diciendo, «Sivaraman, yo no veo ninguna palabra salir de tu boca, solo veo un profundo cráter. Si no paras creo que voy a ser engullido por él.» No más palabras salieron de los labios sellados de Siravaman aquel día.
Nadie de los aquí presentes tiene antecedentes penales …
No mucho mas tarde Subramanya, un periodista, trajo consigo un hombre que mas bien se creía importante, había sido el responsable de la rendición de seiscientos dacoits (miembros de una banda de ladrones en India). Era obvio que esperaba algunas palabras de alabanza por parte de U.G. En vez de ello U.G. estalló diciendo: «¿Y que hay de los seiscientos dacoits que habéis puesto en el parlamento?» Abochornado el hombre se levantó y dijo, «volveré cuando esté de mejor humor.»
Esa misma tarde vino el ministro de la industria. U.G. como de costumbre fue directo: «Déjeme dejar una cosa absolutamente clara, señor. No estoy en lo más mínimo interesado en la pequeña o grande industria. Ni tampoco es mi intención recomendarle a usted a nadie.» Dicho eso, permitió que la conversación fluyera sin interrupciones.
El Inspector General de la Policía llegó con una brigada entera de policías. U.G exclamó: «¡Señor, ninguno de los aquí presentes tiene antecedentes penales!».
Cuando U.G habla con ministros o representantes del gobierno dice que no tiene ninguna objeción contra la corrupción. Para él la corrupción es simplemente un negocio común. No la condena ni tampoco la condona. Dice que un hombre habla de moral solo cuando carece de los medios para corromper a los demás o a sí mismo. Los amigos de U.G. a menudo temen por su bienestar cuando hace aseveraciones como esa a miembros importantes del gobierno. Pero en este caso el ministro estaba encantado con su honestidad y candor, incluso le invitó a comer con un grupo de ministros para discutir con ellos sus puntos de vista acerca de la vida, el Estado, la corrupción. U.G. declinó la invitación.
De hombre que sueñan, magos, y Avatars
La audiencia se sorprende frecuentemente de que U.G. sitúe a los Hombres de Dios y a los magos en el mismo nivel. Mencionó una película de un director suizo que revisaba la vida de ocho gurús de la India. Habló vehemente acerca de ellos y de sus milagros, añadiendo que los magos de Estados Unidos podían hacer desaparecer un avión jumbo o elefantes en un abrir y cerrar de ojos. Un mago era incluso capaz de llenar cubos y cubos de flores en frente de su público.
U.G. dijo que ningún hombre religioso, especialmente Sai Baba el Avatar, nunca se arriesgaría a realizar sus trucos en Estados Unidos, porque las poderosas y sofisticadas cámaras que usan allí le pondrían en evidencia fácilmente. Prosiguió diciendo que si esos hombres religiosos o los llamados Avatars realmente poseyeran conocimiento sobre algunas leyes aun no descubiertas, era su solemne deber informar al mundo sobre ello, poniendo así a la humanidad en el camino correcto y salvándolo por tanto de su inevitable mal, en vez de producir baratijas y cenizas, lo cual, según él, no eran mas que un entretenimiento barato.
«Serán los grandes sobrevivientes en tanto tengan seguidores. Ustedes proveen la tierra fértil para su supervivencia.»
Subramanya preguntó a U.G como podía una piedra ser alabada como si fuera dios. Este replicó que si le fue posible a un virus hacerse pasar por un hombre, entonces en verdad no puede ser difícil para una piedra ser dios. Si el hombre es capaz de inventarse a Dios, y luego alabarle, entonces es capaz de creer en cualquier cosa.

Capítulo 3

A veces mi lápiz no se mueve. Mi lápiz y mis pensamientos experimentan a menudo parálisis juntos, especialmente después de una pelea con U.G. ¿Qué más se podría esperar cuando vuelves día tras día durante ocho años seguidos para pasar tu tiempo libre con una persona que se encarga de aclarar que no da ni dos centavos por ti? Hace que me cuestione mis nobles intenciones. Lastima mis sentimientos no solo con relación a U.G., sino que afecta también todas mis otras relaciones.
He tratado de alejarme de su compañía. Pero es difícil. A veces cuando me estoy lamiendo mis heridas y pensando en poner alguna distancia entre yo y U.G. mi hija se pone triste por no verlo por algunos días. No canta y anda con cara larga, no se ríe de ninguno de los chistes que normalmente no fallan en divertirla. Invariablemente termino rindiéndome y llamo a U.G. aunque más no sea para ver una sonrisa de vuelta en el rostro de mi niña. Él está más presente en mis pensamientos cuando trato de alejarme que cuando solo dejo que las cosas sigan su curso. Es cuando más estoy disfrutando su compañía cuando él elige mostrarme la inutilidad y lo innecesario de todo esto. La verdad de lo que él dice simplemente no se puede negar, al menos yo no puedo, por más que difícil que sea aceptarlo. Debo decir que hay algo en él que lo aparta de los otros y lo hace absolutamente único.
Parálisis, besos en los pies, sthitaprajna, y dolores de cabeza….
A veces sus acciones hablan más fuerte que sus palabras. Por ejemplo, una vez Narayan Rao llegó de visita. Él y U.G. subieron las escaleras a su ‘oficina’ y yo me quedé atrás por unos minutos terminando algo que estaba haciendo. Luego de unos minutos decidí reunirme con ellos y, cuando llegué al final de la escalera los encontré a los dos casi de rodillas haciendo gestos extraños. Pensé que tal vez estarían buscando algo, pero pronto me di cuenta de lo que pasaba. U.G. estaba haciendo todo lo que podía para evitar que el viejo devoto le tocara los pies. Dijo, «No, no haga eso, señor. No solamente a mí, sino a nadie mas tampoco. Nadie se merece eso, créame. ¿Cómo lo puedo convencer de que no hay ningún poder fuera de usted? Yo nunca le toqué los pies a nadie, ni siquiera a mí mismo.»
No hubo forma. Narayan Rao quedó convencido de que U.G. era seguramente más evolucionado, y puesto que no quería nada de nadie, era un legítimo objeto de adoración. Luego comenzaron sus mutuas alabanzas, y sus mutuas negaciones de las alabanzas del otro. El viejo insistió en que U.G. es un sthitaprajna, pero U.G. exclamó, «¡Un sthitaprajna! Soy más mundano y práctico que todos. ¿Cómo me puedes llamar un sthitaprajna?»
Narayan Rao preguntó entonces, «¿Cómo es que tienes tanta energía?»
«Tengo más energía porque no estoy gastando nada de mi energía en tratar de convertirme en algo.»
Más tarde ese mismo día, U.G. notó que su amigo holandés Henk no había aparecido por varios días. Dijo que quería visitar el hotel de Henk para ver si el cuerpo de Henk tal vez podría estar tirado por ahí sin nadie que lo reclame y sin identificar. Cuando llegó al hotel preguntó por Mr. Shoenville y le dijeron que no había nadie con ese nombre hospedándose allí. Probó con el nombre Henk, con los mismos resultados. Entonces dijo ‘el europeo’ e inmediatamente lo mandaron a la habitación número tres. Todo esto le fue narrado a Henk en un intento por convencerlo de que era reconocido y popular en el hotel.
Henk comentó que le dolía la cabeza. U.G. dijo que no se hiciera ideas de que el dolor tendría algo que ver con la iluminación o con estados de conciencia acrecentada, y que su dolor estaría relacionado con indigestión o un problema similar. Satisfecho de que Henk estuviera vivo y coleando y en ningún peligro grave, U.G. volvió a Poornakuti. Cuando llegó a casa y nos contó esto, agregó que también había encontrado que la habitación de Henk estaba llena de muchachos indios que le habían dicho para divertirse que era un vendedor de heroína, o tal vez algo peor.
El único lado…
Al caer la noche a Nagaraj le atacó el hambre, y dijo que deberíamos comer algo para mantener cuerpo y alma unidos. U.G. se señaló el pie y dijo que esa era la única ‘alma’*, y que la otra alma, si había alguna, se llenó hasta el punto de la indigestión con todos esos hombres santos y así llamados Mesías.
* Juego de palabras entre ‘soul’ (alma) y ‘sole’ (suela). N. del T.
La mujer independiente…
Era muy temprano y mis dedos discaron el número de U.G. sin ninguna ayuda de mis ojos. Contestó Suguna y, por la voz, supe que estaba sufriendo otro de sus ataques de migraña. U.G. vino al teléfono y dijo, «Señora, la necesitamos con urgencia.» Yo permanecí indiferente, resistiéndome a sentir la más mínima sensación de euforia. Él es a menudo por demás de amable con sus palabras generosas. Quería que rente un automóvil y que esté en su puerta a las 9:30. Protesté diciendo que difícilmente tendría tiempo para cubrir esa distancia. Le dije que a veces desearía ser un hombre para poder ser más independiente y andar por ahí con más facilidad. U.G. respondió, «Las mujeres son más independientes que los hombres, solo que no saben como ejercitar su independencia. Vamos, ponte en eso, y hazlo rápido. Puedes llegar a tiempo. No hay nada imposible.»
Felizmente, llegué a tiempo. U.G. se sentó al lado del conductor y Adri y yo en el asiento de atrás. Viajamos por los anchos caminos de Basavannagudi. Había una confusión con la dirección de nuestro destino. U.G. sacó un papel con la dirección escrita. La leyó en voz alta, luego tiró el papel. Agregó que ya que ahora la dirección estaba guardada en la «computadora» permanecería allí para siempre. Nos encontramos con Nagaraj y su hermano esperándonos y los llevamos a su casa recién construida.
Su familia nos atendió de maravillas, y preparó unos deliciosos idlis, chutney, y café. Como Suguna no se sentía muy bien, todos estuvimos de acuerdo en que esta sería la comida del día. Luego todos desfilamos de habitación en habitación, admirando los nuevos cuartos. U.G. estaba más que nada interesado en todos los detalles de la construcción, y hacía sugerencias útiles a Nagaraj sobre como utilizar mejor el espacio disponible.
Pronto estábamos todos en el automóvil camino a la casa de Brahmachariji. Brahmachariji acababa de llegar a su casa en su propio automóvil y se vio muy sorprendido y complacido de que U.G. hubiera venido con una comitiva tan numerosa y agradable.
Luego Nagaraj dijo que U.G. parecía estar en su mejor momento durante el viaje en automóvil. Agregó que alguien seguramente iba a entender a U.G. ese día. Sorpresivamente Brahmachariji agregó, «Sí, el afortunado lo va a entender.» U.G. le sonrió, le guiñó el ojo, y dijo, «Nagaraj, ¿oíste eso?»
En el camino de media hora de regreso a Poornakuti U.G. bromeó e hizo algunos comentarios interesantes, y yo tomé nota lo más rápido que pude. Dijo que un amigo en Mysore, el Dr. Ramakrishna Rao dijo que era sorprendente que U.G. nunca usara términos complejos ni de la filosofía oriental ni de la occidental, siendo que poseía un amplio y profundo conocimiento de ambas. U.G. dijo que todo pensamiento había sido sacado de su sistema completamente, y que lo único que realmente necesitaba para comunicarse era un vocabulario simple y limitado para decir lo que necesitaba decir.
Glándulas timo, nidos de palomas, y esposas devotas…
Llegó a decir que nunca querría implicar que algo le iría a suceder a alguien. «Como aquel tipo de Jhansi que estaba convencido de que su glándula timo se estaba reactivando. Le dije que lo olvidara y que se tomara el primer tren al demonio, o al lugar que sea de donde haya venido.» Luego, como para puntualizar esa afirmación, dijo, «Ellos no conseguirán nada de mí, puedes estar segura.» Su cara se puso roja mientras hablaba con gran fuerza y seguridad.
Para entonces Henk el holandés se nos había sumado, y la furia de U.G. se volvió hacia él: «Dicen que siempre hablo de dinero, pero la forma en que los holandeses se aferran a sus peniques y libras es simplemente asquerosa. Si se rehúsan a dejar unos pocos peniques, cómo pueden hablar seriamente de deshacerse de todo su pasado. Si no pueden ni renunciar a esas fruslerías, ¿cómo pueden si quiera pensar en la liberación?»
En determinado momento U.G. se despachó con, «Espera lo mejor y prepárate para lo peor.» Cuando Nagaraj aplaudió excitado la agudeza, U.G. admitió que eran las palabras de Jinnah dichas a la liga árabe durante la partición de la India.
Nagaraj entonces le preguntó qué haría si estuviera en un hotel de cinco estrellas y nadie lo fuera a visitar. U.G. casi nunca responde sobre situaciones hipotéticas de ninguna clase, pero esta vez dijo: «No me opongo a que la gente me visite. No llamo ni extraño a nadie si no vienen. Tiene que pasar naturalmente.»
U.G. dijo que un filósofo famoso admitió que no lograba ponerlo en ningún nido de paloma, y que finalmente renunció y antes de irse le dijo, «Tenemos que dejar que este pájaro extraño vuele libre.» U.G. agregó que tan pronto como logren encasillarlo en algún contexto ese sería su fin.
Nagaraj entonces le dijo a U.G. que era una persona tan difícil que su esposa debió haberla pasado muy mal con él. U.G. contestó que ella nunca lo había pensado así, de manera que cómo alguien más podría tener semejante opinión. Ella le fue fiel hasta el final, dijo, y se enfurecería si alguien dijera algo malo de él. Agregó que solo un país tan sucio como la India que produjo a Sita, Anasuya, y Damayanti podría producir una esposa tan fiel como ella.
Luego el tópico cambió a Ramayana. Como de costumbre U.G. llenó de alabanzas a Ravana y dijo que para el tiempo en que Valmiki llegó al final de su poema épico debió haber tenido problemas para decidir quién sería el héroe.
Pies que se mueven, milagro de milagros…
U.G. y yo fuimos al aeropuerto a esperar a Mahesh Bhatt. Su avión estaba retrasado por lo menos una hora y media, así que decidimos sentarnos en el ajetreado aeropuerto y esperarlo allí. Los libros en la tienda se veían desde donde estábamos sentados, y U.G. leería cada uno de los títulos en voz alta, una actividad que solo se veía interrumpida por el pasar de las personas. Lo miré a propósito y me reí sola. «Cada movimiento allá es un movimiento acá. Esto es como una pantalla en blanco –ahora se ve ese hombre, ahora ese póster, ahora ese mozo, ahora esa mujer. Eso es todo. ¿Tú realmente quieres esto? Hablas de éxtasis y beatitudes, pero el movimiento del pie de aquel hombre es lo único que hay para mí. Soy eso, ese movimiento del pie, y no es una frase con mas de un sentido.» Mientras hablaba su cabeza y sus ojos se movían con cada transeúnte, y cuando el tráfico se detenía, inmediatamente continuaba leyendo y recitando en voz alta los títulos de los libros.
Aburrimiento, el problema de U.G., logrando nada…
Después señaló a una muchacha que compraba chocolates. Mientras ella contaba el vuelto él seguía cada movimiento. «En esa actividad tan simple está el verdadero milagro de milagros, no en su maravillosa naturaleza con sus árboles y toda esa basura romántica.» Me explicó que por eso era que él nunca se aburría: siempre estaba pasando algo que demandaba su completa y total atención. Es solo cuando sentimos que debe haber algo más interesante o significativo cuando aparece el aburrimiento.
Bueno, tengo que admitir que ciertamente funciono diferente a U.G. Mientras estábamos en ese banco esperando a Mahesh yo no podía evitar pensar — quizás preocuparme sea un mejor término– sobre los exámenes que tenía que pasar mi hijo. ¿Cómo podía estar listo para mañana con treinta y dos lecciones? Le conté a U.G. sobre mis preocupaciones y dijo, «¿Cómo te puedes sentar allí y preocuparte por algo por lo que no estás haciendo absolutamente nada? O bien lo ayudas con sus lecciones o consigues a alguien que lo haga. Lo último que deberías hacer es sentarte allí y preocuparte.»
Como sucede a menudo cuando estoy con U.G., no noté el paso del tiempo. Pronto llegó el avión. Saludándonos con su estilo dramático de costumbre, Mahesh dijo, «Mira, vamos a abrir una fundación alrededor tuyo, U.G., te guste o no. Yo voy a ser el encargado de los videos, Shanta la recepcionista, y Nagaraj será el secretario.» U.G., ignorando la broma, preguntó, «¿Cuánto dinero tienes encima, Mahesh? Tenemos que pagar por el auto, y el que paga se sienta adelante.» Mahesh ofreció de inmediato pagar, pero insistió en que U.G. se quedara con el asiento delantero. Así que, con Mahesh alegrando al grupo, volvimos para Poornakuti. Me dejaron directamente en mi casa, cansada y aturdida, y con la promesa de volver a buscarme al día siguiente.

Capítulo 4

El 21 de enero de 1988 fue diferente de todos los demás días. Normalmente venimos a ver a U.G. y hablamos de nuestros interminables problemas personales, pero ese día estábamos todos reunidos para discutir el problema de U.G. Su dificultad era extraña: ¿por qué nosotros habíamos venido a él por tantos años una y otra vez a pesar de su repetido anuncio de que no nos podía ayudar, de que no tenía nada para vender, de que estábamos perdiendo nuestro tiempo si pensábamos que obtendríamos algo? Dijo que no podía estar disponible para la gente por esta razón. Agregó que quería dejar absolutamente en claro que lo que él estaba diciendo jamás debería ser asociado con alguna connotación espiritual o mística. Había que quitarle todo contenido religioso a cualquier cosa que él dijera.
Como desgraciadamente me tocó estar justo delante de él, cuando buscó alguien para dirigir su furia, se la agarró conmigo. «¿Por qué vienes día tras día y gastas tu dinero, cuando sabes que no puedes conseguir nada aquí? ¿Por qué tú y otros vienen aquí por años a pesar de mi cinismo rudo e irreverente, de mis insultos, y de mi rechazo abierto a ofrecerles cualquier solución a sus problemas?»
Me miró y dijo, «Por favor, dime una razón por la que vienes aquí.» «Me simpatizas,» dije yo. «Pero tú a mi no,» respondió. Fue como una cachetada en la cara. Sentí mucho resentimiento por más que trató de consolarme diciendo que entendía muy bien nuestros sentimientos, pero que le era imposible corresponder los sentimientos de alguien. La reunión continuó, y aunque cada uno ofreció una solución al problema, U.G. las destruyó a todas.
El problema permaneció irresuelto. U.G. desistió de pedirnos ayuda. Un automóvil aparcado en el camino llevó a U.G. a sugerirme que me vaya a casa. Ese fue el final y yo, como tantas otras veces, me fui jurando no volver a ver su cara nunca más. «¿Por qué mi cara? ¿Es tan fea?» preguntó U.G. con cara de inocente. A la mañana siguiente cualquier rastro de enojo había desaparecido. Esperaba una llamada de U.G. con ansiedad y plegarias.
Cuando para mi completa fascinación la llamada llegó, me dijo que Mahesh estaba con el mismo humor (el mismo humor y con la misma resolución de no volver a ver a U.G. que tenía la noche anterior), y que yo tendría que llevar a Mittu y mi cuaderno, y viajar a Poornakuti. Cuando entré en la habitación había una acalorada discusión sobre la iluminación como el placer más elevado. Esta vez el animado interlocutor era un alemán, muy interesado en convencer a U.G. de su seriedad y ardiente deseo por la iluminación. U.G. no le tuvo ninguna lástima: «Elegiste una forma elegante de escaparte, pero eso no tiene nada de superior. Deberías dejar de engañarte si crees que ayudas al mundo en alguna forma. Tan solo estás agregando más confusión a la ya existente.
U.G. interrumpió su conversación con el alemán y me pidió que le leyera mis notas al grupo. Nagaraj protestó abiertamente. Cada vez que me piden que lea mis anotaciones él se va afuera a fumar, admitiendo que está terriblemente aburrido de escuchar mis repetidas narraciones. Como sea, yo no tuve alternativa. Mahesh pareció muy satisfecho con algunos puntos que no había oído antes.
Mahesh le pidió luego a U.G. que dijera qué le pareció el nuevo libro que acababa de salir, «La Mente es un Mito». «Cualquier tonto que compre y lea ese libro estará perdiendo su tiempo y su dinero.» Mahesh repitió esa línea al menos doce veces hasta que comenzó a sonar como una canción para niños.
El almuerzo estaba por terminar pronto, y volvió a aparecer la obsesión por el auto aparcado enfrente. Se hicieron planes para llevar a todos al hotel Ashoka para que pudieran ver películas en la habitación de Mahesh. Mahesh no podía entender la necesidad de asignarle algún uso al automóvil y dijo, «Tengo que asignarle un uso a mis manos y estrangular a alguien.» Nos fuimos a la habitación de Mahesh y pedimos café a sus expensas. Mientras se pasaba el video, aparecieron Brahmachariji, Chandrasekhar, Suguna, y Subramanya, haciendo casi imposible la conversación. Miramos «Moonlighting», una película sobre una chica tratando de conseguir un cinturón negro de judo, un logro que según U.G. no podría haber sucedido tan pronto. Recomendó, no obstante, la otra película, «Moonstruck», como muy superior. Pronto se hicieron planes para volver a Poornakuti, puesto que el automóvil estaba otra vez sin utilizar. Eso ya se había vuelto un chiste para ese entonces. Cuando volvimos otra vez me pidieron que leyera mis notas, para gran alegría de Subramanya y el disgusto de Nagaraj que volvió a salir a fumar. U.G. anunció de golpe que tomaría el desafío de ver que mis anotaciones fueran publicadas, si no en India tal vez en Estados Unidos.
Subramanya preguntó si podía traer a algunos profesores del Instituto de Ciencia de la Universidad de Bangalore para reunirse y hablar con U.G. Aparentemente no había notado la obvia fatiga en la cara de U.G. Diplomáticamente U.G. postergó el asunto para el día siguiente. Nagaraj le preguntó a U.G. por qué, si era serio acerca de no reunirse con personas, continuaba haciendo nuevas citas. U.G. dijo que a pesar del hecho de que no estaba en lo más mínimo interesado en organizar gente a su alrededor, no era capaz de decir «No.» Nagaraj desistió, diciendo que no sabía que pensar al respecto. Cuando Nagaraj dijo que se sentía apenado por insistir en el tema U.G. dijo que no importaba incluso antes de que terminara la frase.
Ram Nam, masticando papads, y cartas natales…

Es realmente divertido tener a Mahesh cerca. Ese día era su cumpleaños, y estábamos comiendo chapatis en su honor. A nadie le preocupó o le prestó mucha atención al refrán de U.G. «Abajo el Hindi» y a sus comentarios sobre «nada del norte». Chandrasekhar estaba muy ocupado operando la videocámara, y me volvió muy conciente de mí misma cuando me grabó comiendo. U.G., indiferente al ojo entrometido de la cámara, masticaba feliz sus papads.
Entre bocado y bocado le contó a Mahesh que me había dado un nuevo mantra el cual seguramente me pondría instantáneamente en éxtasis. Todos hicieron silencio y escucharon a U.G. mientras lo recitaba: «Ram nam bore hai, bhakti mukti jhoot hai.» Todos, inclusive U.G., se mataron de la risa.
Al día siguiente estábamos discutiendo la carta astrológica que había hecho un astrólogo italiano que no había conocido ni había oído hablar de U.G. A pesar de ello, las predicciones y el análisis del carácter coincidían sorprendentemente con la verdadera vida de U.G. y sus patrones de comportamiento. A todos nos resultó de lo más interesante y fascinante.
Una visita de un atribulado fan de J.K…
A la mañana siguiente no había mucha gente alrededor, y prometía ser, por una vez, un día tranquilo y sin mayores eventos. Pero pronto llegó un tal Hinduja, y luego de interesarse en la salud de cada uno y cosas por el estilo, finalmente soltó su pregunta. Era un antiguo y desilusionado fan de J.K., y todos los años de asistir a las charlas de J.K. obviamente no lo habían ayudado. Así que aquí estaba, preguntándole a U.G. por qué la mente seguía siendo tanto problema para nosotros. Yo era toda oídos cuando U.G. comenzó su respuesta. Dijo, «La mente es una enfermedad. Cualquier medicina que tomes solo prolongará el sufrimiento. Su único efecto será mantener la enfermedad por un poco más de tiempo. La muerte de la mente te liberará del sufrimiento en el acto. Pero tu no quieres morir, de hecho, parece que disfrutaras el sufrimiento, y es por eso que sigues buscando medicinas que te den alivio. Por supuesto, los médicos y los que preparan las medicinas tienen que vivir de algo y sacarán un gran provecho de su situación desesperada.
Estaba tan feliz escuchando todo esto. Después de guardar silencio por un momento el hombre hizo otra pregunta: «¿Está siempre feliz, señor? U.G. instantáneamente devolvió el tiro, «Realmente no sé qué es la felicidad. Así que no puedo estar ni feliz ni infeliz.»
Pasando el tiempo con la pandilla de Poornakuti…
A la mañana siguiente estaba un poco cansada de enseñarle problemas de interés simple a mi hija que iba a tener su examen de aritmética el lunes próximo. Así que, luego del almuerzo, estaba disfrutando de una bien merecida siesta cuando sonó el teléfono. La voz de U.G. llegó por la línea. Valió la pena haberme despertado bruscamente. Dijo que la conferencia allí estaba interesante, que Brahmachariji, Adri, Nagaraj y el resto de la pandilla estaban allí y en buena forma. Eso bastó para mí. La soñolencia y la pereza se fueron por la ventana, y a la hora estaba reuniéndome con el grupo.
Cuando entré encontré a U.G. y Brahmachariji sentados en las sillas de mimbre, Nagaraj estirándose en un rincón, Lalubhai sentado en silencio en otro rincón, y Adri sentada en el piso cerca de U.G.
De hombres horribles, palacios, y cantar slokas….
Los chistes y la risa no tiene fin con la vivaz combinación de U.G. y Brahmachariji. U.G. le preguntó a Brahmachariji si él, después de conocerlo por casi veinte años, «real, honesta, y sinceramente» pensaba que U.G. era un ‘hombre horrible’. Brahmachariji dudó por un momento mientras todos esperábamos la respuesta con impaciencia. Le dio vueltas a la pregunta y dijo que la cortesía exigía que se guardara la opinión. Entonces Lalubhai, tratando de ayudar, dijo, «¿Tienes alguna otra palabra para describir a U.G. aparte de la palabra ‘horrible’?» Todos nos reímos a carcajadas.
U.G. le preguntó luego a Brahmachariji por qué siguió viniendo todos esos años, a pesar de que no estaba de acuerdo con nada de lo que U.G. había dicho. Antes de que Brahmachariji pudiera pensar una respuesta Nagaraj le preguntó a U.G. por qué no podía echar a Brahmachariji fuera de su sistema. La respuesta: «Simplemente no quiero. Fue él, después de todo, quién me trajo a Bangalore e hizo posible que Valentine y yo nos estableciéramos aquí. Estaré agradecido por siempre.»
Nagaraj luego le preguntó a U.G. por qué no se había ocupado de proveerle a Brahmachariji sus necesidades materiales. U.G. subió el tono de su voz diciendo: «Haría de esta casa un palacio para él». Brahmachariji insertó aquí un grito de «Pero…», y U.G. continuó, «Le proveería cualquier cosa que él quisiera, pero mi gratitud es tan arrolladora que nada que el dinero pudiera comprar lograría expresarla. U.G. se dobló de la risa, encantado con su propia broma.
U.G. se puso de pie, fue a la alacena en donde se guardan sus «archivos», y extrajo el poema que Brahmachariji había escrito sobre él en 1979. U.G. leyó en voz alta alguno de los versos. Leyó la parte que expresaba la frustración y la confusión de Brahmachariji tratando de expresar con exactitud lo que era U.G., un Madhawa o un Mareecha, un Dios o un Diablo. También leyó pacientemente las predicciones astrológicas echadas por Brahmachariji.
De pronto U.G. pidió un lápiz y un papel. Dijo que sentía movimientos circulares de energía empezando desde el lagrimal del ojo, y otro que comenzaba desde su oreja, que operaban en diferentes niveles y que nunca se encontraban entre sí. Ambos movimientos circulares terminaban en la región de la frente. Le preguntó a Brahmachariji si conocía algún verso sagrado que se refiriera a ese curioso movimiento. Brahmachariji y Shashidhar comenzaron a recitar ciertas slokas que describían los diversos dioses que residían en las manos, las orejas, los ojos, etc. U.G. asentía con la cabeza y dijo, «Todos esos versos fueron escritos sin duda por aspirantes que querían mucho estar ‘ahí’. Pero suponiendo por un momento que alguien esté ‘ahí’, entonces todas esas descripciones no tienen ningún valor para esa persona. Más aun, es muy perturbador para el cuerpo, porque el hecho mismo de describir produce una división que no es natural. Cuando sucede la división se crea una tensión dolorosa en la frente, que el cuerpo se ve obligado a manejar a su manera. No hay ningún ‘individuo’ allí que maneje algo.»
Generalizando, siguió diciendo que esos cánticos eran inútiles para esta persona, o para la persona que creyera que mediante esos cánticos podría lograr alguna meta espiritual deseada. De hecho, el canto mismo se convierte en el obstáculo. Es lo mismo que con la ira, la codicia, y otras emociones que, cuando son referidas como cosas de las cuales liberarse, se vuelven sus propios obstáculos.
Se volvió a Nagaraj y dijo, «No trates de liberarte de las así llamadas emociones negativas — la codicia, la ira, la lujuria, el miedo, etc.– déjalas estar, déjalas en paz. Cuando estés libre de la ira entonces te encontrarás libre también de la propiedad, de los familiares, de los hijos, etc. Yo mismo resolví todo en una sola y acuciante pregunta: ‘¿Existe algo llamado iluminación?’ Nada más importaba. No alcancé moksha o la iluminación, que eran mis metas. La pregunta simplemente se consumió. La exigencia de saber la respuesta a esa pregunta, y liberarme de algo estuvo totalmente ausente, eso es todo.»
Bhujangas, tratamiento especial, y un devoto amigo…
El cuerpo de U.G. siempre atraviesa cambios durante la luna llena. Le estaba diciendo al grupo que las hinchazones ya habían comenzado, y nos mostró la banda de hinchazones que similares a sogas le rodeaban el cuello. Dijo que en el día de Shivaratri las hinchazones tomaban la forma de una cobra. Estimó que esa era probablemente la razón por la que las figuras de Shiva mostraban una cobra enrollada en su cuello. Insistió en que eran manifestaciones puramente fisiológicas, que no tenían absolutamente nada que ver con el misticismo o la espiritualidad, y que tan solo mostraban que tal ‘individuo’ estaba abierto a y afectado por todo lo que lo rodeaba. Él no tenía que hacer nada.
Nagaraj lo persiguió, «¿En qué somos diferentes de ti, U.G.?»
U.G. respondió, «Es igual para usted, señor. No eres diferente de mí. Es solamente debido a que has creado una barrera de pensamiento alrededor de tu yo ficticio que nada físico te sucede.»
Todos encontramos esto de lo más inspirador y tranquilizador. Para mí valió realmente la pena perderme mi siesta, y me sentí afortunada de ser un participante.
Brahmachariji estaba apurado por irse a una cita con su hermano con quien había prometido pasar el fin de semana, pero U.G. lo mantuvo allí por otra hora llenándolo de hospitalidad. Le ofreció idlis frescos, café, y el dinero para su taxi. Luego de que Brahmachariji hiciera su demorada partida, Nagaraj le preguntó a U.G. por qué Brahmachariji había recibido ese tratamiento especial. «No tengo nada en su contra, pero estoy determinado a que su hermano no esté atado innecesariamente. Tampoco quiero que Brahmachariji sienta que tiene algún derecho a la hospitalidad. Nunca fallé tanto en algo como en mis intentos por destetar a Brahmachariji de él. Con muchos otros he tenido éxito, pero no con él.»
Rogando por ayuda y cuerpos nadando hacia la orilla…

Estaba por salir el segundo libro de conversaciones con U.G., La Mente es un Mito, pero las cosas se estaban retrasando, principalmente debido a la negligencia del editor. La fecha para el lanzamiento del libro se había anunciado públicamente, y los ministros habían sido invitados a inaugurar el lanzamiento. El editor ya estaba fuera de la agenda, así que se estaba desesperando y rogaba por ayuda. Lo llamaba a U.G. cada tres horas desde Goa, buscando su consejo y consuelo. U.G. era el menos involucrado, diciendo que él no entraba realmente en el asunto. Rugía que el primer libro había sido un error y que el segundo era innecesario, y que no tenía nada que ver todo el asunto de publicarlos e imprimirlos. Cierto, ni siquiera había leído el primer libro El Misterio de la Iluminación, y dependía de sus lectores para que le dijeran de qué se trataba. Lo único que sabía era que el tamaño de la audiencia se había incrementado a causa del libro.
A veces escuchaba a U.G. hablando con Goa por teléfono, «¡El editor, el impresor, y el distribuidor pueden saltar todos juntos al río de Goa. Pero no traten de saltar al mar. El agua salada mantendrá sus cuerpos a flote, y siempre existe la posibilidad de que los cuerpos apestados lleguen a la orilla.» ¡Pobre el tipo al otro lado de la línea! Después de colgar el tubo, U.G. caminó tranquilamente escaleras arriba preguntándome si sabía el nombre de ese río grande que atravesaba Goa. Me hizo anotárselo y deletrearlo en voz alta, «Mandavi.»
Jack Nicholson, películas de sexo, y combustible barato…
La conversación siguió con varios temas sin conexión y de alguna forma apareció el nombre de J. Krishnamurti. U.G. citó al actor estadounidense Jack Nicholson quien dijo que la diferencia entre los sesenta y los ochenta era que ahora se pasaban videos de Krishnamurti entre las películas pornográficas. Justo entonces llegó Mr. Ramaswami y habló de su visita al oftalmólogo en Madras, quien le informó que su ojo izquierdo no tendría recuperación. U.G. le preguntó alegremente si ahora seguía el derecho. Luego se pusieron a hablar de los programas de T.V. Ramaswami expresó su sorpresa de que U.G. no haya visto nunca ni siquiera un video de J.K. en la T.V. cuando estaba en Estados Unidos. U.G. le preguntó a él si alguna vez había visto películas pornográficas. R. dijo que no. «Ahí tienes,» exclamó U.G., «¿Cómo puedes haber visto los videos de J.K. que siempre van entre dos películas porno? No creo que te los perdieras.» Disfrutó de la cara de confusión de Ramaswami y, volviéndose a mí, se rió con todas las ganas de lo hilarante del momento.
No satisfecho con eso, siguió diciéndole a Ramaswami que la cremación de cuerpos humanos era un desperdicio, porque algunos científicos habían descubierto recientemente que los cuerpos pueden usarse para producir combustible barato si se los sumerge en ácido. Dijo que sería una buena forma de recordar a tus ancestros, porque cada vez que encendieras el gas podrías decir «Esa era mi abuela» o «Ese era mi gran abuelo.» Ramaswami había tenido suficiente por un día, y emprendió la retirada. Con un ánimo magnífico bajamos las escaleras a ver que nos deparaba el almuerzo.
Valentine, Lalubhai, y Jnanadeva…
Lalubhai había acompañado a U.G. desde Bombay, y yo estaba curiosa por verlo. Cuando entré en la habitación noté que U.G. se había cortado el pelo y se veía cambiado. Fui presentada al discreto hombre sentado a su lado. Estaba mirando el Día de la República de Suiza en la T.V. Valentine, que era ciudadana suiza, lo estaba disfrutando, aunque al poco tiempo perdió la paciencia y se fue de la habitación. Pronto estaba ocupada tratando de revivir sus medias viejas. U.G. me pidió que la vigilara. Casi como un niño trataba de quitarse sus medias sin la ayuda de nadie. Finalmente lo logró. U.G. dijo, «¿Ves? Esa es la inteligencia de la que hablo.»
Después de un tiempo U.G. llamó a Valentine para que se viniera a sentar en el sofá. Con su pérdida de la memoria y su edad avanzada, se resistió a tal esfuerzo, pero se encontró inexplicablemente sentada al lado de U.G. en el sofá. Lo miró y le dijo que era «más que insoportable» por darle tantas molestias. Se rió y pareció estar de buen humor. Luego U.G. bromeó sobre su edad, preguntándole si tenía ochenta o quince. «¿Tienes ochenta? ¿Tienes setenta? ¿Tienes sesenta? ¿Tienes quince? ¿Tienes quince Valentine?» repetía U.G. Valentine pareció reconocer el chiste y se rió. Lalubhai se reunió con nosotros para el almuerzo. Mientras comíamos mencionó que disfrutó leyendo el libro clásico Jnaneshwari escrito por Jnanadeva, un santo Marathi, pero que desde que se encontró con U.G. no había podido leer ese u otros libros similares. Yo le dije que eso no era ninguna sorpresa.
Palmistas muertos…
Al día siguiente me estaba preparando para visitar de nuevo a U.G. en Poornakuti cuando llegó una buena amiga que era entusiasta de la lectura de manos y la astrología. Se ofreció a acompañarme a lo de U.G. y yo le advertí que un astrólogo famoso había muerto unos días después de verlo y tratar de leerle la mano. Me contestó que como ya estaba muy enferma y tenía muchas complicaciones, eso no le importaba, así que nos fuimos.
Como había sospechado, tan pronto U.G. se enteró de que ella sabía bastante de lectura de manos, le extendió la palma para que mirara. Estaba muy entusiasmado mientras mantenía las palmas dadas vuelta, actuando como si todo su futuro y bienestar dependiera de sus predicciones.
Actúa muy a menudo como si estuviera interesado en la astrología y la lectura de manos, y es muy convincente. Empieza con preguntas como, «¿Voy a viajar? ¿Voy a conocer tierras extrañas? ¿Me lloverá el dinero?» Ella dijo que había solo dos líneas indicando viajes a tierras lejanas, que el dinero no sería nunca un problema para él porque nunca sentiría su necesidad, y que tenía una mente muy fuerte. Yo le pregunté a él si tenía una mente en absoluto. Me contestó que si era una mente fuerte, ciertamente la tenía, de otra forma no tenía mente en absoluto. Ella dijo que había muchos signos de que su educación se había interrumpido muchas veces. U.G. repitió su frase favorita, «Soy un analfabeto.» Sinceramente, yo me había creído esa frase cuando lo conocí años atrás. Había leído que los más grandes santos y sabios no habían asistido a la escuela. Así que estuve satisfecha cuando U.G. escribió sus iniciales en un papel para mí, y estaba (como era de esperar) muy impresionada con su buen manejo del ingles. No tenía ningún conocimiento de su pasado, y no sabía que me estaba tomando el pelo. Le dije, «Los genios nunca tienen tiempo de volverse educados.»
Toda la tarde se pasó en la misma forma, tranquila y frívola. Mi amiga quedó encantada. ¡Sabía que había mordido el anzuelo! Cuando nos estábamos yendo U.G. sugirió que volviera al día siguiente, y que trajera a mi hija. Le recordé que el día siguiente era Shivaratri. Dijo que todos seríamos más que bienvenidos, y que Suguna no tendría problemas en recibirnos.
Tirando todo por la ventana…
Era Maha Shivaratri. Salí para lo de U.G. tan pronto como mis deberes mundanos me lo permitieron. Estaba en la calle K.R. a las 10 en punto. Cuando llegué me encontré a Shashidhar y Satyanarayana listos para cantar slokas y a Chandrasekhar preparando la videocámara. Había mucha más gente de la que había esperado y deseado. Me preguntaba qué nos depararía el día, sabiendo que sería en la compañía del impredecible U.G.
Al poco tiempo comenzaron los cánticos. U.G. se sentó en silencio con los ojos cerrados. Arhat se sentó con las piernas cruzadas. Shivaram bostezaba, Lalubhai era, como de costumbre, el espectador paciente, y Mittu estudiaba aritmética. Me dejé llevar por el arrullo de los cantos. Se estaban cantando los Vedas, pero les resultaba difícil sincronizarse entre sí. Aducían que eran amateurs y que no se los debía medir con la misma vara que a los profesionales.
Cuando los cantos terminaron U.G. dijo que había alguna referencia en los Vedas que lo instaba a uno a tirar todo por la ventana. Pero que era una lástima que fuera parte de la sugerencia de un camino para que siguiera un aspirante.
Satyanarayana leyó entonces un verso de los Vedas que decía que un individuo iluminado funcionaba de una forma totalmente diferente. Siguió diciendo que cada declaración de una persona así se convertía en Vedas.
U.G. agregó que tal persona no necesita citar a ninguna autoridad, y que lo que fuera que hubiera allí tenía que sostenerse o caer por sus propios méritos sin ninguna ayuda externa. Tal persona no escribiría ningún comentario del Gita, o de algún otro texto. Por ello, todos esos maestros, incluyendo Shankara, Madhvacharya, y Ramanujacharya, eran solo unos metafísicos intelectuales. Subrayó lo sorprendente que era que pudieran interpretar el mismo texto de tantas maneras diferentes.
Luego discutieron las diversas formas de definir las palabras en sánscrito. U.G. nos contó sobre los pundits que se sentaban en la orilla del Ganges y tenían discusiones exasperantes sobre el verdadero significado de ciertas palabras, o sobre cómo un acharya en particular usaba determinada palabra.
Luego habló de Satya Sai Baba y lo doloroso que debía ser para él vomitar tantos lingams. Siguió dándole y dándole con eso. Yo protesté mucho diciendo que todo eso me sonaba a blasfemia, especialmente puesto que era muy devota de Shirdi Sai Baba desde mi niñez, y había salido de una familia de devotos de Baba. Me rehusé a escribir todas esas barbaridades que dijo sobre los santos que yo todavía reverenciaba. Lalubhai estaba escuchando mis acaloradas protestas e intercedió con, «Vomitar lingams no es malo, es en realidad un acto muy heroico y de gran valor.»
Le conté a Lalubhai sobre algunos de los santos y sabios famosos que había conocido en mi vida. Le mencioné a Nisargadatta Maharaj y Lalubhai dijo que él también lo había conocido. Le había preguntado al reverenciado sabio por qué fumaba beedies. Nisargadatta contestó que los fumaba cuando y solo si su hijo le traía algunos, de otra forma no los fumaba. U.G. exclamó, «Eso no lo salvó de las consecuencias.»
Nagaraj estaba sinceramente sorprendido por la gran cantidad de santos que había conocido en mi vida y me pidió que se los sumara y le diera un número. U.G. interrumpió diciendo, «Son tantos como los cabellos de su cabeza. Te aseguro que quitárselos va a ser muy doloroso.»
El deterioro de los valores humanos…
Una mañana, el Dr. Modi, un renombrado cirujano de ojos quien había realizado muchas operaciones gratis estableciendo campamentos por toda la India, vino a verlo a U.G., y yo tuve la suerte de estar entre la audiencia. El Dr. Modi le preguntó a U.G. por qué había cierto deterioro en los valores humanos. U.G. le contestó, «Siendo la naturaleza humana la que es, ¿qué podría usted esperar? La falsedad de los valores humanos ha resultado en la iglesia, la monarquía, y la política. Hemos elegido y puesto en el poder a algunos hombres, y con ese poder ellos lo destruirán todo. No es más que el juego del poder. Toda herencia [moral] nace de una mente enferma. El hombre es corrupto y le echa la culpa a la palabra ‘herencia’. Usted le llama ‘tradición’ a la resistencia a cambiar con los tiempos.»
El Dr. Modi preguntó sobre el amor y la compasión. U.G. le contestó, «‘¿Amad a vuestro prójimo como a ti mismo?’– han matado a más gente en el nombre del amor que por cualquier otra cosa. No puedes amar a tu prójimo como a ti mismo e incluso cuando tuvieras la posibilidad de hacerlo, tu prójimo no te amaría a ti, amaría lo que tú tienes. U.G. continuó, «No hay nada más que codicia en operación. Los indios son las personas más mercenarias, y aun así dicen que no tocarían el dinero con sus manos. A cualquiera que hable de tradición habría que dispararle apenas lo vieran. Toda la humanidad está tomando el camino de la perdición. Usted no lo puede revertir individualmente, y colectivamente significa guerra.»
«De todos modos,» agregó U.G., «Yo siempre digo que el hombre, cuando está vivo le es útil a los médicos y a los santos, y cuando está muerto le es útil a la naturaleza. La naturaleza usa los cuerpos muertos para reciclar la materia.»
El Dr. Modi escuchó todo esto con atención y finalmente dijo, «Señor, estoy completamente ciego. Por favor ayúdeme a ver.» U.G. contestó, «No soy lo suficientemente competente como para hacer la operación, solo le puedo decir que sus ojos no tienen ningún problema y que no hace falta ninguna operación.» Pero el doctor insistió en que U.G. debería sugerirle alguna terapia para su enfermedad espiritual. U.G. le dijo, «La terapia es la enfermedad.»
El doctor finalmente se rindió y se fue. La conversación de U.G. con el oculista nos permitió al resto «ver» las cosas con más claridad.
Souvenires de dientes extraídos…
Fue antes de que se mudara a su nueva residencia, cuando todavía estaba en la calle Anjaneya oeste, que decidió que puesto que sus dientes se estaban aflojando, se los sacaría y se haría la dentadura postiza. Había un grupo de extranjeros muy devotos que ofrecieron su automóvil para llevarlo al dentista y una oculista que insistió en acompañarlos. Ahora lo que estoy contando es solo lo que U.G. me contó, y no sé hasta qué punto tomarlo en serio.
Dijo que los extranjeros, la oculista, y U.G. mismo entraron todos en el consultorio del dentista, para gran sorpresa de este. Cuando U.G. abrió su boca y se rindió al sorprendido dentista, los extranjeros se pararon delante de él y le mostraron una foto del «Señor Rama,» su deidad de preferencia. Realmente no sé por qué hicieron eso, porque U.G. en muy raras ocasiones recurre a fuentes externas para su impertérrito coraje, ni tampoco el dentista necesitaba la ayuda de Rama para sacar dientes flojos. Al mismo tiempo la mujer oculista, la más devota de U.G., casi se electrocuta por pisar un cable eléctrico conectado a la silla del dentista, todo por el entusiasmo de juntar los dientes de U.G. como souvenir, lo cual me recuerda el templo en Candy (Sri Lanka) construido sobre el diente de Buddha.
Purgando a U.G. fuera del sistema…
Mientras todo esto pasaba tuve uno de mis ataques de furia contra U.G., y me las arreglé para permanecer lejos de él por quince días. En el día dieciséis de mi victoria, me vi tentada a visitar al tigre en su guarida, ¡especialmente ahora que había perdido sus colmillos!
U.G. me recibió con una sonrisa desdentada. Cuando me vanaglorié de mi victoria de independencia de 16 días, él dijo, «Dime de verdad y con honestidad, ¿cuán seguido te viste tentada a usar el teléfono?» Aun así, no iba a admitir abiertamente cuán irresistible era su poder sobre mí, ¡con o sin dientes!
Por último agregó, «Ahora no le puedo hincar mis dientes a nadie.» Cuando le dije que algún día (no sé cuando podrá ser eso) iba a purgar finalmente mi sistema hasta de su nombre, dijo tranquilamente, «No lo lograrás; eso simplemente no es posible.»
Como sea, aunque esas explosiones repentinas de cólera siempre me llevan a intentar quitarlo de mis recuerdos, hay veces en que agradezco a mis estrellas por haber conocido al único hombre del planeta que tiene sus dos pies sólidamente plantados en tierra firme.
Y hablando de esta acuciante cólera por su absoluta indiferencia (según mi punto de vista), recuerdo un día cuando Nagaraj, Chandrasekhar, U.G., yo, y Brahmachariji estábamos charlando después del almuerzo. Le pregunté a U.G. si realmente no le importaría no volver a ver mi cara de nuevo. Eso fue muchos años atrás, antes de que lo conociera lo suficiente y cuando todavía buscaba algún rastro de emociones humanas en el fondo de la ‘computadora ambulante’.
U.G., por supuesto, contestó cruelmente que si jamás volviera a ver mi cara no se preocuparía en lo más mínimo. Recuerdo como me levanté y grité, «U.G. Krishnamurti, estoy cansada de la forma en que te comportas. Jamás volveré a verte.» Él respondió, «Si realmente sintieras lo que dices, no habrías esperado para dar tu discurso de despedida.»
Como era de esperarse me costó un tremendo esfuerzo mantenerme alejada de él. Para colmo empecé con dolor de muelas y tuve que tomar antibióticos que me enfermaron más todavía. Finalmente hice como el hijo pródigo y decidí volver sin saber qué clase de bienvenida recibiría.
Todavía recuerdo la vergüenza que sentía mientras subía las escaleras, temiendo el momento de encontrarme cara a cara y preguntándome cómo explicaría mi presencia después de mi gran declaración del día anterior. El comportamiento de U.G. revivió mi fe en la Biblia. Saltó y dijo, «¡Nagaraj, mira quien está aquí!» Lo primero que dije fue, «Estoy tomando antibióticos, me siento débil y tengo hambre.» U.G. fue a la cocina, me trajo café caliente y upma y me miró mientras me devoraba todo agradecida.
Hablando de dientes, me reí cuando U.G. señaló, «¡Estaba contento cuando me sacaron los dientes, y pensé que me ahorrarían la molestia de cepillármelos y ocuparme de ellos, pero ahora resulta que estos dientes postizos necesitan más mantenimiento que los anteriores!»
Controlando las emociones…
Era sábado y Chandrasekhar tenía día libre. Estábamos todos sentados en la galería disfrutando del sol. U.G. estaba como de costumbre en silencio y no prestaba atención a lo que los demás estaban haciendo a su alrededor, cuando de pronto Chandrasekhar dijo algo acerca de las emociones. U.G. había señalado esa misma mañana que el hombre no es más que una computadora pero que se rehusaba a aceptar ese hecho. Así que recordándole esa declaración Chandrasekhar dijo, «Afortunada o desafortunadamente esta computadora humana tiene emociones y sentimientos.»
U.G. dijo, «Esa es la desgracia del hombre. Esa es una condición neurótica. Todas vuestras religiones condenan la emoción. No hay buenas y malas emociones — todas las emociones son malas. ¿Por qué quieren controlar sus emociones? De todas formas, no están tratando con emociones, lo que hacen es sentarse y hablar sobre la cólera o los celos. La cólera como tal es algo que no conocen. Todo el tiempo están controlando, suprimiendo, viviendo con ello o estando atentos sin opciones — todo el tiempo están haciendo algo con lo que ya no está más allí. Ya se ha ido. Es el pensamiento el que provoca golpear a alguien — a tu hijo, por ejemplo– y no la cólera. Ustedes se lo están atribuyendo a algo que ya no está más allí. Eso ha puesto en movimiento este movimiento sin sentido del pensamiento. Entonces, vuestro problema no es la cólera sino la frustración. No están tratando con el deseo, por ejemplo. El deseo es vida. Si destruyen el deseo están destruyendo la vida. Está ahí –no que tenga que estar– ya sea que les guste o no. ¿Se han liberado del deseo? No digan ‘buenos deseos’, ‘malos deseos’, ‘deseos espirituales’ y ‘deseos materiales’. Son todos lo mismo. Lo único que les interesa es qué van a hacer con los deseos.»
Éramos una audiencia muy seria de todo esto, pero de pronto Kalyani llegó y empezó a bailar por la habitación y a aplaudir. Mirándola a ella, U.G. continuó, «Ustedes son unos neuróticos y ella es una caso clínico. Yo no veo diferencia. Ustedes también están hablando para sí mismos todo el tiempo. Ella está hablando en voz alta, así que la llaman loca y la meten en el asilo. Hay cierta consistencia en lo que ustedes están pensando que está ausente en ella. Así que aquí hay trenes organizados, y en su cabeza hay trenes expresos, y entonces ustedes piensan que está loca. Alguien en el manicomio dice, «Soy Jesús,» y ustedes se sientan aquí y dicen, ‘So-ham, soy Eso.’ ¿Cuál es la diferencia? Están haciendo exactamente lo mismo.»
Nagaraj quien había estado sentado en silencio todo este tiempo dijo, «U.G., ¿qué es exactamente lo que tratas de decir?» U.G. contestó, «Depende de ti, no de mí. Esto parece que no lo entienden. Ustedes son el único medio por el que me puedo expresar. Ese medio no me gusta porque está traduciendo esto en términos religiosos. Eso no es lo que soy. Así que traten en alguna otra parte o con algún otro. Me preocupa mucho no sentarme aquí y perder mi tiempo. No quiero que me ubiquen en un contexto religioso. Cualquier otro contexto está bien. Ese es el punto que trato de aclarar. ¿Así que qué diferencia hay si están aquí o allá, hablando conmigo o con algún ‘hombre cenicero’ *?»
* ‘Ashman’, probablemente una referencia a Sai Baba. N. del T.
Nos veremos de nuevo en 1990…
Una día era muy tarde cuando un amigo de Chandrasekhar trajo a un astrólogo famoso y con él a un extraño grupo consistiendo de una estadounidense, un Negress, y un sannyasin de túnica naranja. Nos llevó algún tiempo acostumbrarnos a ese arreglo, pero U.G. estuvo muy tranquilo con su usual sonrisa de bienvenida. No dijo ni una palabra hasta que el sannyasin de túnica naranja le hizo algunas preguntas. Sobre el final, el swami salió con una declaración muy extraña. Le dijo a U.G que estaba seguro de que se volverían a encontrar en abril de 1990. U.G. le preguntó cómo podía estar tan seguro, pero el primero insistió en que estaba seguro de su predicción. U.G. bromeó y dijo, «No estoy seguro de que vaya a estar en alguna parte en 1990.» Pero el swami exclamó, «Te encontraré en donde quiera que estés.» Ese fue el final de ese extraño episodio.
Telepatía…
Un día mis hermanas planearon ir de picnic a un camping cercano. Contratamos una camioneta, puesto que con todos los chicos y el resto de la familia, los autos no eran suficientes. U.G. estaba en Bangalore y yo deseaba mucho que lo pudiéramos ver antes de seguir a los lagos de Talakadu. Como sea, no me atreví a declarar mis deseos porque nadie más en mi familia era un devoto tan ardiente de U.G. aparte de Mittu y yo. El resto estaban muy apurados por empezar el viaje. Para mi gran sorpresa la camioneta tomó el mismo camino que pasa por la casa de U.G., y todavía más sorprendente fue el hecho de ver a U.G. caminando por el camino. Inmediatamente le pedí a la camioneta que parara y nos bajamos todos. U.G. estrechó las manos de cada uno y nos deseó un feliz día de picnic.
Ese incidente me recuerda la vez que le pregunté a U.G. si había algo de cierto en la telepatía. Él me preguntó por qué estaba interesada en eso. Le dije que si tuviera poderes telepáticos podría contactar y conversar con él en donde quiera que él estuviera. Para mi decepción contestó que escribir cartas era mucho más fácil, pero aparte de su declaración hay veces en que he pensado en él muy fuertemente y ha contestado de una forma u otra.
Escasez de palabras…
U.G. contó un cómico incidente sobre su amigo italiano, el hermano de Paolo. A U.G. casi nunca le faltan las palabras, pero hubo una situación en que incluso él no supo que decir. Parece ser que un día mencionó que sin importar lo que hicieran no podrían entrar en el ‘estado natural’, porque cualquier cosa que hayan podido hacer o no hacer sería solamente otro obstáculo en el camino, y tal cosa, si sucede en absoluto, golpea a uno en mil millones. Entonces el hermano de Paolo aparentemente le preguntó, «U.G., somos cuatro mil millones aquí. Tú eres uno. ¿Quiénes son los otros tres?» Hubo un silencio total antes que la verdad y lo cómico del dicho golpeara al resto de la audiencia, y U.G. por primera vez en su vida no supo qué contestar.
Tu miedo es tu obstáculo…
Estaba de visita Arhat, un artista y fotógrafo que antes estaba en el campamento de Rajneesh, y que ahora había desertado para siempre. Ha tomado muy buenas fotografías de U.G. e incluso ayudó a hacer la tapa del nuevo libro La Mente es un Mito. Fue entonces cuando le había preguntado a U.G. algo sobre su experiencia de un terrible miedo durante sus sesiones de meditación. Le preguntó a U.G. sobre ello y U.G. contestó, «El cuerpo tiene que pasar por una verdadera muerte física antes de que puedas quedarte solo. El miedo que sentiste evitó la experiencia de la muerte. Cada sentimiento, cada experiencia, todo lo que el cuerpo ha sentido y experimentado antes se ha vuelto parte de tu ser y tiene que irse completamente. Pero no puedes hacer que eso pase mediante tu voluntad. Es el miedo de que tú tal cual te conoces llegues a un final lo que impide que eso suceda. Si hubieras atravesado la experiencia de la muerte, entonces la totalidad del organismo habría entrado en su propio ritmo natural, el cual es discontinuo, desconectado, y desasociado. La continuidad del pensamiento se habría roto. Lo siento Arhat, perdiste el autobús.»
U.G. continuó, «Por eso es que digo que todos esos maestros son falsos y que su enseñanza es una basura. No estoy diciendo yo que sea superior a todos ellos. En absoluto. Ellos son falsos y punto. No estoy diciendo que yo tenga una enseñanza, que estoy aquí para salvar a la humanidad. Es falso en lo que a ustedes concierne, pero si dicen que lo que yo estoy diciendo es falso porque los otros están en lo correcto, entonces están en la misma calesita. Yo me he liberado del peso, de este estrangulamiento de todo el pasado de la humanidad –eso es todo. No utilizo eso para ningún propósito más allá de la comunicación, del vivir funcionalmente; punto.»
Luego Nagaraj le preguntó a U.G. por qué la espiritualidad era considerada tan superior en la India. U.G. contestó, «Los logros materiales y los logros espirituales son lo mismo. Te sientes superior porque estás recitando algunos mantras, practicas tu sandhyavandanam, te bañas a las cuatro en punto. Pero Sri Ramakrishna –el loco– ese pobre tipo no tenía dinero para ir al teatro para ver la obra de sus amigos, y Sharada Devei también sufrió por la falta de dinero. ¿Cómo se han vuelto ricos todos esos templos, iglesias, y gurus? No lo han hecho trabajando. Tu se los has dado cuando te niegas a ti mismo. ¿Por qué vas caminando y a ellos los llevas volando? ¿No ves lo absurdo de toda la cuestión?
Ofrendas a los dioses, un desperdicio de dinero…
Chandrasekhar todavía no se había mudado a Poornakuti. La nueva casa todavía no estaba preparada, y la mudanza estaba en marcha. Ese día yo estaba muy tranquila, hablando y cotilleando con U.G. y mi hija Mittu, una audiencia muy interesada. Mencioné que mi hijo Prashant estaba terriblemente interesado en la música pop estadounidense. Ocasionalmente U.G. mencionó que él tenía un «walkman» y que le gustaría regalárselo a Prashant. Me sentí muy incómoda por la generosidad de U.G. Aun así de alguna manera me convenció de que mi hijo merecía un regalo porque le había dado a Mittu un reloj de pulsera, y como de costumbre quería poner la idea en acción de inmediato.
Así que Mittu y yo nos encontramos caminando por los bellísimos jardines del parque Basavangudi y por las galerías del templo de Anjaneya (¡el dios mono de la niñez de U.G!). Fue una experiencia hermosa caminar con U.G. sin mucha conversación, entre el fresco de los árboles. Cuando nos acercábamos al Templo del Toro tuve el deseo de ir a ver el gigantesco toro de casi 6 metros esculpido en piedra negra. Le pregunté vacilante a U.G. si podía esperar un segundo mientras yo entraba al templo. Sorpresivamente él accedió y esperó pacientemente fuera del templo mientras yo entraba para ofrecerle mis plegarias y respetos al toro sagrado. Apenas llegué corriendo de vuelta a donde estaban esperando U.G. y Mittu la primera pregunta que me hizo fue, «¿Cuánto dinero perdiste en el templo? ¿Pusiste algo en el hundi? Le contesté que había puesto un billete de cinco rupias. Dijo que él podría haber hecho mejor uso del billete.
Llegamos a la casa de Chandrasekhar. U.G. trató de convencerme de lo bueno que era el walkman mientras probaba algunas cintas. Luego bromeó diciendo, «No estoy muy convencido de querer dártelo.» Como sea, mi hijo saltó de alegría cuando recibió su nuevo regalo, y hasta el día de hoy está agradeciéndole a U.G.
Arreglando las sandalias…
Recuerdo que cuando caminábamos de regreso U.G. tuvo problemas con la suela de una sandalia. Así que tuvimos que parar en una zapatería y pedir que se las arreglen. Era un cuadro muy simpático — un hombre que pasa todos los veranos en los costosísimos Alpes Suizos, arreglándose la suela bajo el caluroso sol de la India. Esperó pacientemente a que el zapatero terminara su trabajo, pero se rehusó a usar su billete nuevo de dos rupias, así que me pidió prestado mi billete viejo el cual me devolvió apenas llegamos a casa.
En el camino le pregunté si le gustaría tomar agua de coco. Me contestó que no tenía sed, y que si tuviera, preferiría tomar agua común apenas llegara a casa.
Le preparé un café con crema. Cuando tomó la taza se ofreció generosamente a pedir por mi larga vida y prosperidad.
Le pregunté en dónde estaba Chandrasekhar y dijo, «Se fue con su hermana a Tirupati. ¡Después de tantos años conmigo todavía va allá! Me está insultando.» Se estaba haciendo tarde y aunque no lo quería tuve que terminar otro día con U.G.
Querer librarse del aburrimiento es la causa de la desgracia…
Tengo una amiga, Usha, quien tenía un problema con el aburrimiento. Hubo un tiempo en que ese particular aspecto de la vida la perturbaba, y fue entonces cuando accedió a acompañarme a visitar a U.G. Como de costumbre U.G. no estuvo muy contento de que haya llevado a una persona más conmigo para discutir «el propósito de la vida». Como sea, estaba callado y no parecía interesado en comenzar ninguna conversación. Sabía que alguno tendría que empezar y poner la pelota en movimiento, así que dije, «U.G., ¿cómo podemos librarnos del aburrimiento?» Me miró como si conociera el juego que estaba jugando, pero debió haber condescendido a contestar por mi amiga. Dijo para mi gran satisfacción, «Todo lo que haces es aburrimiento. Es parte de la vida. La gente está toda aburrida. Todo lo que haces es un escape; y eso también te aburre. Tu me aburres. El que estés sentada allí me aburre. Tu conversación me aburre.» (Sabía que me lo había buscado, pero lo dejé continuar.) Dijo, «¿Qué quieres que haga? El tema de Dios o la Realidad es igualmente aburrido. Hablar sobre la espiritualidad es tan ridículo para mí como cualquier otra cosa. Repetir Ram-nam es doloroso porque no hace ningún bien. Lo has hecho por mucho tiempo. En vez de eso podrías tomarte un vaso de vino y olvidarlo por un momento, o tomarte una taza de té o café. Incluso si no vienes más está bien. Ve de algún guru. No pierdas tu tiempo aquí. Ve de algún médico y tómate algún paliativo o alguna droga.»
Continuó, ignorando completamente la mirada de perplejidad y confusión en nuestros rostros, «Querer liberarse del aburrimiento es la causa de tu miseria. Quieres estar contenta todo el tiempo. Eso es simplemente imposible. Sólo olvídalo. ¿Por qué deberías estar todo el tiempo contenta? Para mí no existe tal cosa como el contento en absoluto.»
Suguna le dijo que el almuerzo estaba listo y esperando. Él se levantó, se disculpó y se alejo, inconsciente de la tormenta que había creado en nuestras mentes.
Luego de unos pocos minutos ya estaba de vuelta. Se había atragantado dos idlis, un yogurt, y ese había sido su almuerzo. Por más que hablara durante horas cuando la demanda existía, siempre se veía como si tuviera energía de sobra. Le pregunté cuál era el secreto de su fuente inagotable. Me contestó, «Si estás libre de toda clase de metas, la energía se libera para el funcionamiento en el mundo. Aquí (señalándose a sí mismo) la exigencia de liberarme de algo no existe más. El problema contigo es que cuando hay una experiencia existe la exigencia de extender la longevidad de esa experiencia, lo cual a su vez destruye la sensibilidad del cuerpo. Cada sensación tiene su propia vida. El placer es dolor para el cuerpo. Yo nunca le doy ningún nombre a ninguna sensación excepto cuando existe la exigencia. La exigencia siempre viene de afuera. La demanda de permanencia no existe en la naturaleza del cuerpo. Las percepciones de los sentidos son de momento a momento.»
Mi amiga y yo tuvimos mucho que pensar durante nuestro camino a casa, y de más está decir que ya habíamos planeado nuestra próxima visita.

Capítulo 5

Llegué casi de madrugada a Basavangudi, y Nagaraj y Adri ya estaban allí. U.G. se veía muy bien en sus kurta-pajamas.

De como cada uno de nosotros conoció a U.G.
Enseguida empezamos a hablar de como cada uno había conocido a U.G. y desde hacía cuanto. U.G. nos observó con paciencia mientras intercambiábamos anécdotas y testimonios.
Adri, según parece, trabajaba atendiendo un negocio y era un ardiente seguidor de J. Krishnamurti. Parece que su pasión por las charlas de J.K. lo llevó a confiarle su negocio a un completo extraño, y el desgraciado empezó a darles fiado a cualquiera que pasaba. Al terminar las iluminadoras charlas Adri volvió para encontrarse con que solo quedaban dos jabones y un negocio en bancarrota.
Conocí a Adri en lo de U.G. U.G. demuestra una afinidad especial con el viejo, regalándole algo cada vez que viene a la India. También se lo lleva en sus viajes a Bombay, Mysore o el Bosque de Nagerhole. Adri, por su parte, demuestra un extraño apego a U.G. que excluye los acostumbrados «holas» y «hasta luegos». Él solo entra en la habitación y se une a las conversaciones, yéndose luego de igual manera.
Nagaraj trabajaba como asistente personal del director de la oficina principal de correo de Bangalore. También Nagaraj era un fanático de J.K., leía todos los libros publicados por la Fundación Krishnamurti, practicaba «atención sin opciones», se sentaba durante horas frente a los árboles y las flores en los jardines de Lalbagh. Luego accidentalmente, y para su desgracia, conoció a U.G. El discurso de U.G. sobre el bolso roja y los picaportes de las puertas en vez flores y atardeceres, le voló la mente a Nagaraj. Cada vez que U.G. viene a Bangalore se dedica durante un mes a sentarse en un rincón y tomar notas taquigráficas. Su gran rapidez para la taquigrafía y luego para transcribirla fue de gran ayuda para el segundo libro de U.G., La Mente es un Mito.
Brahmachariji, un ex funcionario de la I.A.S y profesor del Instituto Indio de Ciencia de Bangalore, es muy versado en Vedanta y Shastras de la filosofía hindú. Conoció a U.G. en Mysore. Fue Brahmachariji quien lo convenció para venir a Bangalore y le presentó a Chandrasekhar, Shashidhar, y Satyanarayana.
Muy poco tiempo después, luego de una breve exposición a U.G., Brahmachariji perdió casi todos sus discípulos, quienes pronto se volvieron seguidores acérrimos de U.G.
Radhrakrishna llegó a la India desde Karachi. Era un refugiado luego de la separación en 1947. Llegó a Bombay sin un centavo, luego de una peligrosa travesía en tren. Empezó de cero como vendedor de globos y terminó como comerciante de té. Ahora sus bolsillos rebalsan de dinero. Está siempre sonriente y le dicen «Sidananda». Visita a U.G. casi todos los días, y es quien devotamente le trae su crema para el café, la revista Time o cualquier otro artículo que U.G. necesite. Rochaldas, el amigo millonario de U.G., le presentó a Gopinath y Radhakrishnan. En resumidas cuentas, estos son los que encuentro cada año.
Por último y no por eso menos importante, está Subramanya, a quién U.G. llama «el hombre durmiente», y que siempre entra en una especie de trance cuando U.G. está en la habitación. Todos estamos acostumbrados a verlo asentir con la cabeza sentado en un rincón. Otro ardiente devoto es Narendra. Es dueño de un negocio de bicicletas, y siempre que U.G. visita Bangalore está listo para hacer el papel de chofer y llevarlo en su automóvil.

Sólo conocí a un hombre…

Antes de encontrar a U.G. yo estaba inmersa en el libro «Yo Soy Eso, conversaciones con Sri Nisargadatta Maharaj.» En el transcurso de las conversaciones con U.G., cada vez que se menciona el nombre de Maharaj, U.G. me señala y dice, «Tu Nisargadatta,» lo cual me llena de orgullo. Le pregunté si alguna vez había conocido a Maharaj. Me contestó que Maurice Frydman se las había arreglado de alguna forma para concertar una reunión. Pero Frydman no sabía Marathi, que era el único idioma que hablaba Maharaj. Y la otra persona que había en la habitación no podía ayudar mucho porque no entendía casi nada de inglés. De todas formas, cuando U.G. volvió a casa alguien le preguntó qué pensaba de Maharaj y U.G. dio una de sus respuestas típicas, «Sólo conocí a un hombre.»

Le dije a U.G. que su nombre se mencionaba en «Yo Soy Eso» en el capítulo 72, y que Maharaj había comentado que «este hombre», refiriéndose a U.G., pronto dejaría de hablar completamente. Al oír esto U.G. dijo, «Quizás, voy a desarrollar cáncer de garganta o algo así. Es solo el privilegio de un santo morir de cáncer. Le dije a Mahesh que en mi certificado de defunción se ponga al cáncer como causa y ninguna otra cosa. De otra forma no seré reconocido por el mundo. Como sea, solo me voy a morir cuando pare de viajar.»
De alguna manera había logrado que Maharaj me autografiara el libro, y eso lo volvía aún más preciado para mí, tan preciado que no me gustaba prestárselo a nadie. Y si lo hacía me preocupaba mucho de perderlo hasta que volvía a casa. U.G. remarcó, «Si estás tan apegada a ese libro, todo lo que sacarás de él será nada.» Esa declaración sin dudas tuvo éxito en reducir mi apego hasta cierto punto, pero incluso hoy todavía no se ha desvanecido por completo. Para terminar esta historia acerca de Maharaj, recuerdo que le dije a U.G. que cuando había leído por primera vez el libro sentí como si me hubieran sacado de un tirón la silla en la que estaba sentada. Y U.G. contestó, «Yo te voy a sacar la silla, la alfombra, y el mismo piso en el que estás parada.» Me sentí tan hipnotizada por sus palabras que ni siquiera por mi propio bien tuve la fuerza para salir corriendo.

Ninguna diferencia entre el religioso y el político…
It was just a foursome on a cloudy morning. Pocas visitas — solo Nagaraj, Chandrasekhar, y U.G. tomando el café que había traído Suguna. U.G. ojeaba la revista Time. Naturalmente con el café el mejor tema para discutir es la política, justo después del tiempo. U.G. dijo, «Entre el religioso y el político, yo no veo diferencia. El religioso no quiere un lugar secundario. Así que utiliza la credulidad del hombre, la creencia del hombre y lo explota. Se condena la corrupción, pero se es corrupto. Se elige al hombre corrupto. Incluso si uno no lo hace, otro lo hará. Dos mil rupias para cada candidato. ¿Cómo consiguen dos mil rupias? ¿Qué harán una vez que estén en el poder? Querrán mantener su estilo de vida de ahí en más. Así que tienen que hacer dinero. Y entonces empiezan con lo de la membresía para el partido. Uno termina de esclavo por los próximos cinco años.»

«El religioso condena la corrupción desde el discurso y hace dinero con ello. El político hace lo mismo. ¿Cuál es la diferencia? El político dice, ‘Soy el custodio de la moralidad del hombre. No quiero nada para mí, solo para mi causa.’ ¿Qué causa?» U.G. continuó, «No hablo de alguno en particular. Solo estoy señalando. La sociedad quiere al señor Promedio, solo gente ordinaria. Destruirá a Hitler y a Ghandi. La sociedad no tolera los extremos como Hitler y Ghandi, los dos extremos del mismo espectro. Los pecadores y los santos, los dos se tienen que ir. Porque si no, lo que nos queda es que queremos ser santos algún día. Y mientras tanto seguimos siendo pecadores. Ese es el problema con nosotros. El énfasis en que todos deberían ser santos ha creado esta civilización torcida, y aquello es simplemente imposible.» Me pareció que teníamos suficiente de política por un día. Comenté que había probado mi suerte con la poesía y había escrito el poema «Ganga» el día anterior. Me aclaré la garganta y lo leí ante lo que yo creía era una audiencia comprensiva. Al final, cuando ya me dolían los oídos de tanto escuchar, «¡Bravo! ¡encore!, ¡encore!» U.G. puso la nota final diciendo, «¿De dónde sacaste esa prosa espantosa?» Me llevó bastante tiempo recobrarme del golpe y recuperar la confianza en mí misma y atreverme a levantar otra vez mi lápiz para escribir poesía.

Querer moksha sigue siendo querer…
Aunque U.G. normalmente se enfurece y refunfuña en contra de santos, maestros y salvadores, hay momentos en que aprecia a «los verdaderos McCoys», como él los llama. Una vez dijo, «Nartaki (uno de los allegados de Chandrasekhar) contó algo interesante el otro día. Parece que alguien fue a visitar Ramana Maharshi y dijo, «Bhagavan, yo no quiero nada. Solo quiero moksha.» Parece ser que Ramana no dijo nada y continuó haciendo lo suyo. A las doce en punto todos se levantaron para irse menos ese hombre. Ramana se levantó también y estaba a punto de marcharse. Luego le dijo al hombre, ‘Si no quieres nada, eso es moksha,’ y se fue. Fue una frase notable. Ese Ramana era un verdadero McCoy.» U.G. continuó, «Querer moksha sigue siendo querer.»

Los viejos hábitos son difíciles de erradicar…
Mientras se estaba diciendo todo esto entró una extraña a la habitación. Quizás era su segunda visita. Había traído algunos biscochos para U.G. quien dijo, «¿Por qué es esto? No tienes que traer nada.» Y se volvió hacia nosotros y dijo, «Los viejos hábitos son difíciles de erradicar.» La extraña no se quedó a conversar y desapareció casi inmediatamente.

No es el amor sino el terror lo que nos mantendrá unidos…
U.G. quería comprar crema de «Butter Sponge», una panadería que estaba bastante lejos de la casa. Me preguntó si me interesaba una caminata. Yo acepté gustosa. No podía seguirle el paso porque caminaba realmente rápido, más aun teniendo en cuenta que casi me doblaba la edad. Le pregunté, «U.G., ¿nunca te cansas?» Me contestó, «No, vivo de aire, aire contaminado. Todos los conservantes de la comida que como deberían ayudar a conservar mi cuerpo por más tiempo.» Cuando llegamos de vuelta a Poornakuti nos encontramos a un científico esperando tener una charla con U.G. Se presentó y le hizo una pregunta. U.G. contestó, «El hombre es un organismo químico con una inteligencia extraordinaria. Ustedes han introducido un «hombre ideal» en el esquema y se han creado la miseria. No es ‘Amad a vuestro prójimo’ sino el terror lo que nos mantendrá unidos.»

«El hombre es solo un recuerdo. Uno comprende las cosas a su alrededor con la ayuda del conocimiento que han colocado en uno. Quizás se necesite que el artista explique su arte moderno, pero no se necesita a nadie para comprender una flor. Uno puede enfrentar cualquier cosa si no gasta su energía en tratar de alcanzar metas imaginarias.»
El científico entonces le preguntó a U.G. si se puede transmitir alguna experiencia. U.G. contestó que no se puede transmitir ninguna experiencia sin un punto de referencia. Dio el ejemplo de una chica holandesa que nunca había probado un mango en toda su vida y no podía tener un concepto sobre el gusto del mango hasta no probar ella mismo uno.
Luego le preguntó por qué la religión había cobrado tanta importancia en la India. U.G. dijo, «En aquellos días el templo era el centro de la actividad social. Poco a poco los sacerdotes coparon todo el espectro de las actividades sociales.» Indagado acerca del miedo, U.G. contestó, «Lo que usted llama «yo» es miedo. Usted asiste a un partido de cricket, se toma un trago, o escucha música para escapar de la realidad de la situación. El cuerpo puede encargarse del miedo. O encara la situación o se aleja de ella.»
«Si no tuvieran miedo, solo entonces serían posibles las relaciones humanas. Entonces el hombre solo mataría para sobrevivir.» U.G. continuó, «Yo soy un egoísta. Solo quiero mis dos comidas. El resto puede hacer lo quiera. Es solo por la religión que el mundo pasa hambre. Atesoran para sus hijos, sus nietos, y para toda la descendencia. El hombre es el animal más vicioso de todas las especies de la tierra.»
«Y en cuanto a la corrupción, existe en occidente en una escala gigantesca. Aquí existe en cada paso, en cada nivel, bajando hasta el hombre común. Estamos condenados, ya está escrito. Si usted no lo ve, o no sabe leer o es ciego.»
El científico se levantó para irse. Fue muy amable y le agradeció a U.G. por la muy esclarecedora conversación. Pero U.G. rehusó cualquier crédito. Le contestó, «Esto es un tambor — el ritmo, la canción y la letra son suyas. Yo no participo en nada. Pero es un tambor perfectamente afinado, especialmente incapaz de errar una nota. Todos los especialistas, científicos, economistas, y químicos me enseñan las cosas. No soy tan instruido como usted podría pensar.»

En donde no hay temor no hay dolor…
Cuando entré a Poornakuti el día siguiente escuché a Suguna contando que U.G. se había vuelto a caer de las escaleras mientras bajaba apurado hacia el automóvil que lo esperaba. U.G. dijo que el pantalón era muy suelto y lo hacía tropezar. Así que había decidido achicarlos. Le pregunté si se había lastimado. Dijo que aunque había caído sobre su codo, no se había fracturado. Como no había miedo, el cuerpo cayó muy suavemente casi como un gato que cae sobre sus patas. Quizás sufrió algo de dolor, porque seguía untándose el codo con un bálsamo. Lo más gracioso de todo era que cada vez que sus ojos se fijaban en el bálsamo, él abría la pequeña botella y se untaba en bálsamo en el codo.

Este golpe me dice que estoy aquí…
La misma tarde, después almorzar, mientras disfrutábamos la sobremesa, noté que U.G. le daba fuertes golpes a una alacena que colgaba de la pared. Le pregunté por qué seguía haciendo eso. Me dijo, «Nomás para saber si estoy aquí. No siento mi cuerpo. Este golpe me demuestra que estoy aquí. Es una situación muy extraña. En esto me parezco a Valentine. Su cerebro está dañado, el mío todavía funciona. A ella la asusta la situación, a mí no.» Mientras decía todo esto sucedió que vio mi reflejo en el espejo, y de repente dijo, «¿Quién está ahí? Tu reflejo me distrajo. La continuidad se quebró.» Y continuó, «Después de tantos problemas, nunca esperé terminar así.»

Si me gustara una variedad de platos, me gustaría una variedad de mujeres…
Una mañana U.G. estaba muy apurado por ir a comprar tela para sus nuevos kurtas. Estaba interesado en tonos pastel y tenía que ser de seda pura. Aún así eligió los más baratos que había. Lo raro con U.G. es que pareciera necesitar tu ayuda para elegir colores que combinen, pero a decir verdad nadie es más eficiente en eso que él. Así que solo me paré allí y lo miré mientras elegía la combinación más exacta y correcta para el tono de sus kurtas. Luego se dirigió a la caja. Con su cara inexpresiva le entregó un billete a la cajera. No se molestó en contar el cambio. Con la misma cara de indiferencia salió de la tienda, mientras el resto de nosotros tratábamos de seguirle el paso. Luego todos, U.G., Suguna y yo, fuimos con su sastre favorito y le entregamos lo que habíamos comprado.

Volvimos a casa y almorzamos. Suguna y yo comimos lo de siempre. Pero U.G. come fideos día y noche, con un yogurt de postre. Le pregunté si no se aburría de comer el mismo plato todos los días y me respondió, «Si me gustara una variedad de platos, me gustaría una variedad de mujeres.»

yajnas y homas…
Llegó Brahmachariji y la reunión se puso más alegre. El tópico de conversación se centró en yajnas y homas. Como de costumbre U.G. se rehusó a darles mucha importancia y en vez eso comenzó a ridiculizarlas. U.G. dijo, incomodando a Brahmachariji, «Para los yajnas sacrifican carne de cabra. Los yajnas son realizados casi siempre por aquellos que tienen ganas de comer cabra. De hecho, los caníbales realizan los yajnas más grandes porque sacrifican humanos. Así que ellos hacen el más alto homa.» Todo eso fue demasiado para Brahmachariji. Se levantó y se fue a la otra habitación a dormir su siesta.
Yo estaba con mi ánimo religioso y a pesar de U.G. y su alta filosofía, había llevado desafiantemente con migo mi japa mala (un rosario) y había seguido orando en sus propias narices. Por supuesto, él tuvo su cuota diaria de chistes e insultos a mis expensas. Miró el mala alrededor de mi cuello y dijo, «¿Qué es ese collar de perro que estás usando en tu cuello? En cualquier caso, ¿cómo haces para verte tan espiritual?»

¿Qué tiene que ver el amor con eso?…
Dijo que había traído algunos videoclips y los miramos en la T.V. por un rato. Recuerdo que estaba la canción de Tina Turner «¿Qué tiene que ver el amor con eso?» U.G. me miró, se sonrió, y dijo, «Es mejor que recuerdes la letra de esta canción. Es más esclarecedora que tu aburrida repetición de Ram-Nam.» También le gustó la canción cantada por Boy George (Culture Club) «Karma Camaleón,» y la canción «Malo» de Michael Jackson.

Los que se ayudan a sí mismo no necesitan la ayuda de Dios…
Mi hija estaba mirando atentamente la T.V. cuando de repente U.G. dijo, «Cuando quieres algo, tienes que esforzarte por ello. Dios ayuda a los que se ayudan a sí mismos. Y los que se ayudan solos no necesitan la ayuda de Dios. A Dios le complace mucho no tener que gastar su energía en aquellos que no necesitan su ayuda. Toda su energía se desperdicia en ayudar a los hombres de Dios» ¡Eso sí que es un verdadero quebradero de cabeza!

Usando el sentido de perro para encontrar el camino…
Mientras se decía todo eso, entró Nagaraj y U.G. sugirió que viéramos la película «El último deseo, parte II». Pareciera tener una afinidad especial por Charles Bronson. Yo me ofrecí a acompañarlo a alquilar la película. Tomamos un taxi y le pagamos. Le pregunté a U.G. cómo encontraríamos el camino. U.G. contestó que usaría su «sentido de perro» y luego literalmente olfateó el camino hasta el videoclub.
Estuvimos toda la mañana mirando «El último deseo», lo cual me dejó con el estómago revuelto. La película contenía todas las formas de violencia concebibles, en sus formas más grotescas, y U.G. permaneció sentado sin siquiera parpadear, como si estuviera viendo «El sonido de la música.»
Me escapé a la cocina y U.G. me siguió. Dije, «Tengo hambre, danos hoy el pan nuestro de cada día y perdona nuestras ofensas…» Él no me dejó continuar. Dijo, «Tendrás tu pan de cada día, pero el perdón por tus ofensas, ¡no!» Como sea, fui feliz con mi pan de cada día, y no me preocupó mucho el perdón de mis ofensas.

Toda relación es explotación mutua…
Era una mañana sofocante. Pushpa tocó el timbre y dijo que era el clima justo para visitar a U.G. Él estaba tomando una siesta y nosotros lo esperamos pacientemente. A la media hora bajó las escaleras. Lo había despertado el café y estaba enterado de nuestra presencia. Dijo, «Hola, ¿cuánto hace que están esperando? Me podrían haber llamado. Estaba escuchando música telugú.» Como sea, mi amiga tenía algunos temas más serios de qué hablar. Le preguntó por qué las relaciones duraban tan poco y eran tan insatisfactorias. Él contestó, «No hay relaciones sin fricción. A pesar de ello, por la razón que sea, uno quiere que la relación continúe. Si no se consigue nada de esa relación, simplemente se vuelve odio, resentimiento, indiferencia, y cosas así. Esos son los medios con los que castigas al otro individuo. Esos son los medios que usas para prolongar la relación.»
«Es la idea de una relación perfecta que debes tener, y que estás persiguiendo como un ideal, lo que ha arruinado todas tus relaciones.»
«El contacto que tienes conmigo, con el perro aquel, o con la puerta, es el mismo. No se espera nada de esta relación. Mi relación no es lo que pueda sacar de ella, o lo que pueda darle. Ambas cosas son lo mismo. Ambas están ausentes. No hay explotación. Todas las relaciones son explotación mutua. ¿Por qué no permaneces sola, sé feliz y muere feliz?» Yo me sentí realmente satisfecha escuchando todo eso.

La belleza es un encuadre* que realiza el pensamiento…
Luego Pushpa le preguntó sobre la conciencia. U.G. contestó, «Ustedes creen que hay algo misterioso en el tema de la conciencia. Es solo un instrumento con la ayuda del cual uno se entera de las cosas que lo rodean. El instrumento que usamos para entender, si lo usamos en el área técnica, es de mucha utilidad. Pero lo están usando para algo que no tiene nada que ver.»
Luego hablamos de los conceptos de belleza, miedo, y metas. U.G. habló con mucha calma: «La belleza es el encuadre que hace el pensamiento y es cultural. El pensamiento es el cuadro, es el contexto. La belleza no está en el objeto, ni en el ojo del observador. Es el pensamiento el que crea el espacio y encuadra lo que sea que haya y lo llama belleza. Definir belleza como la ausencia total de un yo es pura basura romántica.»
* En el sentido literal de ubicar algo dentro de un cuadro o contexto (N. del T.)

Si el miedo se fuera, te caerías muerto…
Le preguntamos sobre nuestros miedos y esfuerzos para alcanzar las metas. Él dijo, «La meta no está afuera. Tú eres la meta. Si la meta se fuera, tu te irías con ella. Nunca te podrías deshacer del miedo. Tú y el miedo se desharán juntos. Si el miedo se fuera, te caerías muerto.
«Es el cuerpo el que vive de momento a momento. Nosotros llamamos al malfuncionamiento del cuerpo enfermedad, y el cuerpo acepta con dignidad lo que uno llama muerte. El cuerpo no sabe que se termina. En cierta forma, se puede decir que el cuerpo es inmortal. No la permanencia según la entendemos nosotros, sino que luego de lo que llamamos muerte, el cuerpo se desintegra en sus elementos constituyentes y se vuelve uno con la vida. Él tiene su propia inteligencia.»

Agua de las cloacas vendida en botellas elegantes…
Era el día en que U.G. se acababa de mudar a la calle Brunton, antes de encontrar su residencia actual en Poornakuti. Suguna estaba abajo con su migraña, y no había una gota de agua en toda la casa. Los grifos estaban secos y recibí un S.O.S de U.G. «¿Podrías cocinar algo y traerlo aquí? Nos estamos muriendo de hambre.» Mi amiga, Asha, una loca de J.K. (como los llama U.G.) estaba conmigo. Mostró algún interés en conocer a U.G. y aceptó acompañarme. Así que cociné fideos y U.G. y el resto se los comieron sin comentarios ni quejas. Después de almorzar nos sentamos todos alrededor en los bancos de piedra debajo de la arboleda. Hasta entonces Asha, mi amiga, la estaba pasando bien, observando en silencio a U.G. Sin previo aviso, alguien mencionó a J.K. y U.G. comenzó como de costumbre a disparar y a tirar granadas. La cara de la pobre chica se puso pálida. No logró digerir la frase, «Agua de la cloaca vendida en botella elegante.» Mientras volvíamos a casa, me dijo, «Si U.G. es un santo no debería hablar mal de otros santos.» Por supuesto, ella esperaba encontrarse con un Jesús manso, humilde y que hablara bajito, pero se encontró con un sabio que rugía.

Le pregunté a U.G. el día siguiente por qué hablaba en contra de J.K. o de cualquier otro. Me contestó, «¿No hablaba él y gritaba desde las plataformas en contra de los gurus y la tradición? Lo único que yo hago es sacudirle a una persona su apego a cualquier otra, por más grande que ella proclame ser, despegar a la persona de todo, y entonces estará sola.» Esa pareció una gran explicación y satisfizo mi pregunta. Así que, no le presto atención a las opiniones de un extraño acerca de U.G.
Sus amigos italianos, Paolo y Marissa, estaban en la ciudad. Era el primer viaje de Marissa a India. Muy pronto nos volvimos buenas amigas, y ella me contó varios episodios interesantes de cuando U.G. estaba hospedándose en su casa. La misma tarde U.G. llamó para decir, «Shanta, trae a toda la familia. Están todos invitados a cenar. Marissa está cocinando un plato italiano — ñoquis.» Viajamos a Poornakuti para descubrir que Marissa no estaba enterada del rol de cocinera mayor que U.G. le había preparado esa tarde. Así que tuvimos que empezar por comprar tomates en una verdulería cercana y hervirlos. Yo y Mittu ayudamos en todo lo que pudimos. Paolo nos mantuvo entretenidos con sus historias hasta que los tomates y la harina formaban una masa consistente. U.G. entró y salió de la cocina hasta que el ñoqui estuvo finalmente listo. Mi marido y mis hijos fueron los «privilegiados» en probar primero el extraño pero sabroso plato. U.G. finalmente dijo su discurso solemne sobre cuán agradecido estaba de Marissa, y cuánto lamentaba haberle creado tantos problemas. ¡Todos nos hicimos una idea clara de cuánto lo lamentaba en realidad U.G.!

Dinero…
He aquí algunos de los slogans favoritos de U.G. sobre teorías económicas: «1) El dinero no debe nunca permanecer ocioso. 2) El dinero debe producir más dinero. 3) El dinero es el único Dios. Y luego agrega, «Muéstrenme una persona que no esté interesada en el dinero. El religioso, el político, el rico, el pobre, el enfermo, los hombres, las mujeres, y los niños, los jóvenes y los viejos, los bebes de pecho y hasta los bebes que no nacieron, todos están interesados en el dinero.»

La exigencia de ser libres es la causa de la tragedia del hombre…
Una mañana había un visitante interesante. Era un fotógrafo que aseguraba que las almas de grandes personalidades como Ramana Maharshi, Sri Aurobindo, y Mahatma Gandhi hablaban a través de él cuando entraba en trance. Le pregunté a U.G. cuán válidas eran esas experiencias, y él dijo, «Esas experiencias insignificantes quieren experimentarlas una y otra vez. Se pueden tener experiencias de salirse del cuerpo incrementando la presión sanguínea. Aquí se da el final de la exigencia por experimentar cosas. La exigencia de ser libres es la causa de la tragedia del hombre.»
Mientras tomaba nota de todo eso, Suguna trajo un plato de nueces. Puse el plato en frente de U.G. quién mecánicamente comenzó a comerse las nueces una detrás de la otra. Luego de un tiempo dijo, «Retira el plato, pásaselo a los demás. Si lo dejas ahí, no voy a parar hasta comérmelo todo.» Rescaté el plato de nueces y todos conseguimos comer alguna.

La soga más larga y el árbol más alto…
Ya era tarde, y me estaba apurando preparándome para ir a Basavangudi cuando el teléfono sonó y U.G. dijo, «Te necesitamos mucho aquí como la escriba oficial.» «Pero,» dije yo, «tengo problemas para conseguir un automóvil. Tendré uno pronto si tengo suerte.» Entonces U.G. dijo, «¿Problemas? Siempre hay una forma de resolverlos. Yo te podría dar la soga más larga y el árbol más alto.» Yo no estaba de humor para chistes esa mañana.
Cuando llegué a Poornakuti, Radhakrishna había traído bollos de la panadería recién sacados del horno. U.G. estaba descansando en los escalones de la puerta del frente. Estaba de buen humor, o así lo pensé yo. Era el momento justo para decirle que pensaba que él era el único amigo confiable que tenía, y que confiaba tanto en él que si me dijera en ese mismo momento que saltara por la ventana lo obedecería ciegamente. Él escuchó todo esto e inmediatamente dijo, «¿En serio? Vamos a la terraza. Así nos aseguraremos de que ya no molestes.»

El fin de la búsqueda de placer…
Poco después una pareja vino a visitar a U.G. desde Mysore. Él los guió amablemente escaleras arriba y como de costumbre hizo preguntas de cortesía sobre sus vidas. Noté que la dama había sacado un lápiz y un cuaderno de notas. Obviamente estaba interesada en escribir partes de la conversación. Yo hice lo mismo. No me preocupé, sin embargo, en anotar las preguntas hechas por el caballero, aunque pude tomar algunas frases de las respuestas de U.G.: «No hable de amor o apego. No podría deshacerse de su bunian que ya tiene algunos agujeros, ni podría desprenderse de su lapicera favorita. Yo no encontré una respuesta definitiva a ninguna de mis preguntas. Las preguntas solo se consumieron a sí mismas, porque no había respuesta para ellas. Descubrí que tenía que usar a alguien para conseguir placer, y cuando me di cuenta de eso todo el movimiento que buscaba placer salió de mi sistema.»
Un joven le preguntó a U.G., «Pero incluso comer algo podría llamarse placer.» U.G. contestó, «Yo como comida porque necesito energía, cuando menos para caminar hasta el baño por mí mismo. ¿Qué tiene de bueno el vivir? No tengo otra forma de sobrevivir en esta jungla humana. Esta es la única forma de encajar. Tu haces cosas o por placer o por poder. Me llovería el dinero si les prometiera algo. Pero yo no puedo prometerles nada. Así que, estaría dispuesto a cavar zanjas para vivir si lo necesitara.»
«Cuando uno se libera del peso y las ataduras de la cultura, cualquier potencial queda expuesto. Lo que se interpone en el camino es la cultura, todos los maestros y lo que han enseñado.»
«Por supuesto uno tiene que depender de otros en varias maneras. No puedo cultivar mi propio trigo, ni ordeñar mi propia vaca, pero al menos puedo resolver mis problemas sin la ayuda de nadie.»
«El único interés al expresar todo esto es quitarle todo el contenido religioso, y no porque tenga la esperanza de liberarlo a usted o a los demás.»

Cuando ha desaparecido el punto de referencia no hay conocer…
Luego llegó la pregunta de siempre, «¿Por qué dicen que el mundo es una ilusión?» U.G. contestó, «Al centro se lo crea aquí; al espacio lo crea el pensamiento. Las mediciones comienzan desde un punto de referencia. Todas las mediciones son ilusorias. ‘Maya’ significa ‘medida’ y no ‘ilusión’. Si el punto de referencia desaparece por cualquier circunstancia, no hay forma de conocer nada. Cuando eso sucede no hay un adentro y un afuera.»
U.G. continuó cada vez con más vehemencia mientras cada una de la gran cantidad de personas que había en la sala le disparaba preguntas, y él a su vez devolvía el fuego: «La ametralladora no está interesada en matar a nadie. Pero está diseñada para gatillar y disparar al menor movimiento en los alrededores, y esta ametralladora tan solo dispara.»

El movimiento de una hoja te afecta…
«Solo somos computadoras. No hay ningún individuo dentro. Esto es todo un movimiento en el cosmos. Hasta el movimiento de una hoja te afecta.»

Puranas y pornografía…
Luego U.G. agregó algo muy chocante en respuesta a la pregunta de un religioso que preguntó sobre puranas y su significado. U.G. dijo, «El Bhagavatam no es más que pornografía escrita por personas necesitadas de sexo. Si eso se va, todo el conocimiento se va, no se acumula ningún conocimiento nuevo, y entonces el pensamiento solo viene para ayudarte a funcionar inteligente y sanamente en esta sociedad. Por supuesto, tengo una memoria. Si no tuviera memoria, me habrían metido en el manicomio.»
Llegó la hora del almuerzo y la multitud se dispersó. Sirvieron una sopa que estaba tan caliente que le pedí a U.G. que esperásemos hasta que se enfriara un poco. Él insistió en torturarse y agregó jocosamente, «Toda la cultura de esta tierra se basa en el masoquismo.»
Le puso un poco de manteca a su rasam y me miró y dijo, «¡Mira como la manteca flota en el rasam! Esto me recuerda cuando tu Shirdi Baba hizo el milagro de encender lámparas sobre el agua. Obviamente así es como la capa de aceite debió haber flotado en el contenedor.» Le dije a U.G. que anotaría eso, y él me dijo, «Ya hay suficiente rasam en tus notas. Se está rebalsando por todas partes. Las notas apestan a rasam.» Eso me recordó que había mencionado el rasam varias veces en mi diario.
Más tarde él estaba mirando un programa en la T.V. que mostraba un baile de Krishna, y dijo, «Qué depravada que es la mente india. Quítales a Rama y a Krishna, y no existen. Toda su música, su arquitectura, su danza, y hasta su pornografía se centra en esos dos.»
Solo quedábamos Chandrasekhar, Suguna y yo cuando esa pareja de Mysore se fue, y U.G. estaba con un humor muy animado. Dijo algunas tonterías y bromeó aquí y allá. Dijo, «Ahora en Estados Unidos y en todas partes está de moda poder caminar sobre el fuego. Mi abuela agarraba carbones encendidos con sus propias manos.» Le conté que hubo un tiempo en que me gustaba comer omelet de huevos, y que ahora el solo olor de los huevos fritos me producía náuseas. U.G. dijo, «Cada siete años cada gota de sangre, cada célula cambia en el cuerpo. El cuerpo se acostumbra a cierto tipo de comida, y luego no hay más demanda de una comida en especial.»

Podrías engullirte al bebe de tu vecino y aún ser espiritual…
Nos contó que una vez en USA, el presidente de una sociedad vegetariana había invitado a U.G. a hablarles a sus miembros. Eso fue mucho antes de su «calamidad». Parece ser que habló por cierto tiempo y luego una persona de la audiencia le preguntó si había algo de cierto en la idea de que comer comidas vegetarianas era más favorable para el camino espiritual. Parece que U.G. le contestó sin pestañear, «Te podrías engullir al bebe de tu vecino y aun así ser espiritual.» El presidente de la sociedad vegetariana quedó shockeado y le preguntó a U.G. si creía que le estaban pagando cien dólares para decirles semejantes cosas a los miembros del club.
Como sea, U.G. nos contaba el incidente imperturbado y alegre y agregó, «Los vegetarianos, los así llamados vegetarianos que adoran comer pescado lo llaman la flor del océano. ¡Qué consuelo para el pez! Solo una excusa para comer pescado.»
La escena de siempre: una hilarante bienvenida al hombre santo, Brahmachariji, Chandrasekhar y Suguna disfrutando de toda la escena, U.G. empeñado en sacar lo más posible de la situación, Nagaraj entrando y cayendo postrado a los pies de Brahmachariji, para alegría de U.G., luego la sesión lectura de manos. U.G. extendiéndole sus palmas a Brahmachariji y haciéndole preguntas como, «¿Conoceré tierras lejanas? ¿Seré rico?» Brahmachariji dijo, «El dinero te lloverá a partir de ahora,» y U.G., «Estamos cortos de fondos. No veo ningún aguacero.» Luego Brahmachariji dijo, «Hay una estrella en el Monte de Júpiter. Llevarás la vida de un maestro.» U.G. dijo, «Es arrogancia de cualquiera de las partes decir que alguien es el canal de la divinidad, y que sus enseñanzas son la enseñanza. La verdadera compasión es saber que uno no puede hacer ninguna maldita cosa para escapar de la cultura.» U.G. agregó luego, «Estoy teniendo algunas ideas raras. Siento ganas de patear el tablero e irme a vivir a alguna selva.» Brahmachariji dijo que a donde quiera que U.G. fuera, según las líneas de su mano, incluso si fuera la selva, un hotel de cinco estrellas emergería cerca del mismísimo árbol debajo del cual suceda que U.G. esté sentado.
Como de costumbre, siempre que U.G. ve a Brahmachariji, se acuerda de los tres acharyas, Shankaracharya, Ramanujacharya, y Madhavacharya. U.G. dijo que siempre estaba agradecido aunque sea del Madhavacharya por haber dado origen a la cocina Udipi Brahmin. Su única contribución fueron los restaurantes Udipi que hay en cada rincón del mundo, incluso en Hong Kong. Gracias a lo cual U.G. no se pierde su idli sambar cada vez que está allá.

Lo que estoy diciendo te quita un peso de encima…
El libro, La Mente es un Mito acababa de llegar desde Bombay y era el tema de discusión de todos. Chandrasekhar dijo que las tapas eran realmente atractivas y se contradecían con el contenido del libro. Luego U.G. dijo, «Lo que estoy diciendo les quita un peso de encima. No sacan ninguna directiva sobre lo que deberían hacer. No hay milagros, no hay lugar para ninguna sanación espiritual. No se le da ningún mandato especial a nadie. Nadie lo manda a nadie a cambiar nada en el mundo. ¿Quieren decir que si existe tal cosa como el poder supremo, nos necesita a nosotros para canalizarse? ¿De qué están hablando? Si es posible para unos hacer milagros, es posible para todos.

Lo que digo destruye la base de la cultura…
«Han creado dioses y diosas imaginarios. Usted tiene una esposa, sus dioses tienen 16.000 esposas. Usted tiene dos brazos y una cabeza, su dios tiene tres cabezas. Saquen a Rama y a Krishna de la escena, y todo se terminó para este país. Lo que yo digo está fuera del camino, no tiene nada que ver con eso. Si están interesados en ayuda, no la van a lograr. Lo que digo destruye los mismos cimientos y la arquitectura de la cultura. Mi enseñanza, si es que se la puede llamar así, se sostiene o cae por sí sola. Es una amenaza para la sociedad. Así que lo mejor sería que quemen todos los recuerdos que tienen de mí junto con mi cuerpo. Pero eso es imposible.»

Palabras de despedida…
Permaneció en silencio por un tiempo. Era muy tarde y me tenía que ir. U.G. se veía cansado. Suspiró y dijo, «Oh Dios, si hay un Dios, ¿qué diablos estás haciendo? Ayúdanos, si puedes.» Y luego dijo, «Nagaraj, cerremos la tienda. Me siento un poco cansado, hablando todo el día.»
Al día siguiente se estaría yendo para Bombay y luego su viaje de cuatro meses a Suiza y San Francisco, California. El grupo de gente se había ido reduciendo hasta casi nadie. Eran casi las ocho, y U.G. dio su discurso de despedida: «Yo canto mi canción y me voy. La iluminación es algo que no quiero de nadie. ¡Los dólares son bienvenidos! Esa parecería ser la situación no sólo aquí sino en todos los lugares a donde voy. Parecen saber mucho más que yo sobre la iluminación.»
«Cualquier cosa que yo diga, Nagaraj, depende de ti, no de mí. Lo que estoy diciendo no me pertenece. No puedo reclamar originalidad. Es tu reflexión*. Por eso es que no está funcionando. No funcionará porque es de tu propiedad y no mía. Cualquier comprensión* que puedas tener es tu propia creación la cual es producto del pensar. Pero yo quiero saber lo que sacas de todo esto, de manera de poder usar otro medio que no sea el religioso, o el medio de los locos de Krishnamurti, o medios similares. Si nada pasó, no me molesta. Nada sucederá de todas maneras. Tal vez exista algo, en alguna parte, tal vez exista alguien…»
* El término original es «insight», significando en este contexto una visión profunda introspectiva, que puede ser instantánea o producto de la relación lógica.
Continuó, «No quiero que me llamen guru, santo, o maestro religioso. Me molesta como te molestaría a ti si yo te llamara vándalo o estafador. Puesto que no soy eso, la gente del cine puso una foto mía en su revista y me etiquetaron como ‘el santo sexy del mundo del cine’ lo cual tampoco soy. ¡No soy santo! Mucho menos santo sexy. Así que me voy, dejemos a la gente del cine.»
«Chandrasekhar, Nagaraj, ustedes tienen que ayudarme a entender y a liberarme de este mercado de hablar con la gente todos los días. No tengo ni idea de como terminar con todo esto. Es igual en todas partes. Lo único que me queda es colgarme con aquellos murciélagos, o hablarle a los árboles.» Luego se fue a su habitación para terminar de empacar la pequeña maleta que contiene todas sus posesiones.
No miró atrás, aunque solo nos volveríamos a ver dentro de cinco meses, no hubo despedidas conmovedoras, no hubo adioses emocionales, no hubo promesas de mantenerse en contacto, ni siquiera una mirada. La puerta se cerró, y yo volví a casa, tan exenta de emociones como el extraño hombre que había dejado atrás.

Capítulo 6

De hecho, sí hay cuervos blancos…
Nunca podría competir con mi hija en lo que se refiere a la fe incondicional en U.G. Recuerdo una vez cuando llevamos a Mahesh Bhatt de vuelta a su hotel. En el taxi iban U.G. y mi hija en el asiento delantero, y Mahesh y yo cantando y bromeando en el asiento de atrás, como de costumbre. Empecé a discutir con U.G., y mi hija Mittu se puso invariablemente de su lado en contra mío. Yo exclamé que si U.G. señalara un cuervo y dijera que es blanco, Mittu estaría dispuesta a respaldarlo. Pretendía ser una burla a su devoción infantil hacia él, pero en vez de eso, ¿a que no saben con qué se despachó U.G.? Él dijo, «Hay cuervos blancos en Australia.»
Gracias a Dios habíamos llegado a nuestro destino, porque no podría argumentar más después de lo que sonaba como de «Crease o no» de Ripley.

Si de verdad quieres aprender algo, la escuela es el último lugar a donde ir…
Mittu estaba teniendo serios problemas con su programa escolar, y la principal causa era la falta de tiempo. Decidí cambiarla a una nueva escuela, con un programa más fácil y de solo medio turno, para que pudiera dedicarle más tiempo a sus estudios. U.G. se enteró de todo eso. Escuchó todas mis explicaciones pacientemente y luego dijo, «Si de verdad quieres aprender algo, la escuela es el último lugar a donde ir.»
Seguí diciéndole que era un cambio de una escuela de un convento a una escuela hindú, de «Jesús a Ganesha.» Y él exclamó, «¡Qué caída!» No estaba muy feliz con los horarios de la nueva escuela de Mittu porque impedían que lo visitara con la misma frecuencia. Dijo, «Deja la escuela por una semana.» Por supuesto, hice oídos sordos a su consejo.

Adicción a U.G….
Durante su última visita a los Estados Unidos, U.G. había mandado regularmente cintas de audio a mi hijo Prashant. El correo de cada semana traía una cinta nueva con música, video clips, y hasta «Sí, Primer ministro» grabado en una de ellas. Prashant saltaba de júbilo con la llegada de cada cinta nueva y el único miembro sano de la familia finalmente cayó en la «adicción a U.G.»
Prashant contaba las horas, los minutos, y los segundos hasta la vuelta de U.G. a Bangalore, y apenas al día siguiente ya estábamos todos felices camino a Poornakutee.
Prashant se entretuvo con «Barnaby Jones,» y «Tres son compañía,» y yo encontré a un U.G. con aspecto cansado sentado entre bolsos sin abrir, una alfombra cubierta de recargas para lapiceras, máquinas de afeitar, cepillos de dientes, fotografías, y mil cosas más.
Después de jugar a Santa Claus por un tiempo, los niños (las dos hijas de Chandrasekhar, y Mittu y Prashant) ayudaron a U.G. a limpiar el desastre y acomodaron su cama para que pudiera acostarse un rato.
La diferencia horaria y los acostumbrados efectos de la luna llena terminaron con U.G., quien repetía continuamente, «Me estoy hundiendo, me estoy hundiendo.»
A la mañana siguiente Prashant estaba ansioso por tomarse el primer bus a Poornakutee para pasar el día con U.G. Yo no lo pude acompañar, por más que me hubiera gustado. Tuve que atender a Mittu que empezaba en su nueva escuela.
Al anochecer llamé a U.G. para pedirle a Prashant que se tomara un automóvil y se ahorrara el tedioso viaje en bus. U.G. respondió inmediatamente, «Tengo un invitado muy rico y próspero que tiene estacionado su auto nuevo aquí y se está ofreciendo generosamente para llevar a tu hijo a Malleswaram.» Yo me estaba preguntando quién sería el visitante, y U.G. continuó, «Pero es un conductor tan descuidado que le dije a tu hijo que no arriesgue su vida.» Yo inmediatamente dije, «U.G., mi hijo es muy preciado para mí.» U.G. contestó, «Lo sé, y le dije que se fuera por su cuenta.» Fue solo después de que Prashant volvió a casa cuando me enteré que U.G. estaba divirtiéndose a expensas del pobre Brahmachariji, quién había ido a visitar a U.G. en bicicleta, y le había ofrecido una vuelta en el asiento de atrás a mi sorprendido hijo.
Todavía no sé si creerle a U.G. y su sentido del humor; por lo que sé el pobre Brahmachariji podría haber llevado su moto. ¡Seguro que U.G. la llamaba bicicleta!

Víctimas voluntarias…
Y hablando de Prashant, he notado que U.G. nunca falla en su intento por divertir a mi hijo, sabiendo muy bien que fue arrastrado contra su voluntad por una madre demasiado entusiasta. Me refiero a aquellos días mucho tiempo atrás cuando corría desesperada a pasar cada minuto con U.G., y mi hijo que acababa de entrar en la adolescencia se aburría todos los días con tantas discusiones filosóficas con cada visitante que cruzaba la puerta.
U.G. estaba hospedándose temporalmente en la calle Brunton, y aunque era un lugar encantador con un amplio jardín, Prashant se disgustaba cada vez que le mencionaba un día con U.G. Tanto así que mis hijos pronto fueron llamados «las víctimas voluntarias.»
Le aconsejé a Prashant que se trajera sus raquetas de bádminton y jugara con Mittu si se aburría conmigo, U.G. y la filosofía; y Prashant empacó sus raquetas, un mazo de naipes y revistas de historietas.
Cuando llegamos a la calle Brunton U.G. otra vez comentó, «La despiadada volvió a traer a sus víctimas voluntarias para que pasen otro día de aburrimiento.»
Para mi sorpresa, U.G. se ofreció a jugar bádminton con Prashant y saltaba de un lado a otro como si él mismo fuera un adolescente. Luego como broche de oro se sentó a jugar a las cartas y muy pronto un U.G. con cara de póquer estaba probando sus habilidades en un juego que terminó ganando.
Al final del día Prashant estaba completamente agotado y victorioso con su nueva amistad con U.G.
Bueno, al poco tiempo, se volvió un hábito. Prashant llevaba su juego de ajedrez y cosas así, y se retorcía mientras U.G. jugaba con toda seriedad un juego tras otro, mientras la gente esperaba para hablar del «sentido de la vida» con el renombrado sabio.
Aquellos días de juegos se han terminado. Ahora Prashant se regocija cada vez que se menciona el nombre de U.G., pero lo único que le interesa es mirar el último video de Michael Jackson y hablar sobre los últimos programas de T.V. con el siempre dispuesto U.G. Estoy muy contenta con la forma en que van las cosas porque Mittu tampoco nunca se aburre de sentarse a los pies de su Maestro y no quiere ni pestañear cuando U.G. se pone a hablar por horas. Así que ahora ninguno de los dos es vuelto a llamar «víctima voluntaria,» y se han vuelto parte de los visitantes regulares.

El pensamiento es una acción…
Tengo una amiga, Vatsala, que pasó los últimos doce años en Irlanda. Temerosa de que sus hijos fueran influenciados por la atmósfera totalmente materialista de occidente, volvió a la India. Desgraciadamente para ella, resultó ser mi vecina. Después de algunos días, descubrió que yo no podía mantener una simple conversación por más de cinco minutos sin mencionar a un tal U.G., y así tuve que decirle quién era. Ella no tenía ningún guru ni ningún conocimiento sobre filosofía. Me dijo que lo único que había hecho desde que era niña era repetir Ram-Nam una y otra vez.
Me dijo que tenía preguntas que le gustaría hacerle, y pensé que se merecía una entrevista con el sabio.
Así que me llevé conmigo a Vatsala un día, y U.G. comenzó con su discurso de siempre, «¿Por qué traes a tus amigas? Lo que no te ayudó a ti no ayudará a ningún otro.» Pero no nos iba a amedrentar tan fácilmente.
Vatsala preguntó cómo evitar que el pensamiento o la emoción distorsionaran sus acciones. U.G. rápidamente dio una respuesta simple, «El pensamiento es una acción.» Luego ella dijo que repetía Ram-Nam para poder manejar sus acciones impulsivas, y U.G. dijo, «Un mantra también es un pensamiento. Puedes repetir tu propio nombre o incluso el de tu amiga en vez de Ram-Nam.» Eso sonó ridículo al principio, pero tristemente cierto al final.

No puedes poseer personas como posees tus muebles…
U.G. solía referirse a ella como «la irlandesa» aunque era más india que él. En la siguiente visita ella tenía algunas preguntas más que hacerle. Y esta vez le preguntó sobre el «amor desinteresado.» Por supuesto ella no sabía cuánto detesta U.G. la sola mención de la palabra ‘amor’, y que eso sólo era suficiente para recordarle el enjuague bucal. Pero U.G. es amable con los extraños. Ella dijo que en cada acto de amor que realizaba podía sentir algo de egoísmo, y que no era la clase de amor desapegado del que la gente habla. U.G. le aconsejó que deje de tratar de alcanzar la meta inalcanzable del amor desinteresado, puesto que no existe tal cosa. Dijo, «No puedes poseer personas como posees tus muebles o un T.V. color.» Esa simple frase pareció encontrar su blanco, y ella quedó muy satisfecha con su respuesta.
U.G. me había dicho una vez que la gente tiene perros para disfrutar un sentido de poder o posesión, ya que no pueden disfrutar de las relaciones humanas. Eligen disfrutar un sentido de autoridad teniendo un perro de mascota.
Durante su última visita a su hijo Mark, en los Estados Unidos, parece que su perro trató de saltar en la falda de U.G. Después de ser empujado lejos varias veces finalmente el perro captó el mensaje.

De tal maestro tal perro…
Hablando de perros, U.G. me dijo una vez que una suiza había venido con dos perros, y durante dos largas horas de discusión los perros se sentaron en silencio sin hacer el menor movimiento. Él dijo que no había visto ni siquiera seres humanos comportarse tan bien. Finalmente le preguntó a la chica sobre los perros, y ella dijo que los había mandado a una escuela de entrenamiento. U.G. me dijo, después de contarme este incidente, que siendo el hombre neurótico, los pobres animales que se tenían como mascotas finalmente se volvían neuróticos en compañía de los hombres. Tanto así que hasta las plantas en los jardines tienen problemas sexuales.

No hay nada que entender…
Me acuerdo de mucho tiempo atrás cuando conocí por primera vez a U.G. Solía visitarlo casi todos los días, sin importarme el tiempo, la energía o el dinero que gastaba, y mi círculo de amigos en casa solían esperar a que volviera y pedirme que les cuente todo lo que se había hablado. Acostumbraba volver a casa y anotar los puntos más interesantes de la conversación.
Una vez sucedió que le conté a U.G. con cuánta ansiedad mis amigos me preguntaban, «¿Qué dijo U.G. hoy?» y él inmediatamente gritó, «¿Qué dice U.G.? ¡Dime!» Tenía miedo hasta de tratar de contestar, así que puse la pelota en su cancha preguntándole, «O.K., tú dime que debería contestarles.» Él dijo, «Diles que no hay nada que entender.» Cuando lo repetí para registrarlo en mi memoria, me preguntó si yo había entendido que «no había realmente nada que entender.» Le contesté con un poco convincente «Sí.» Y me dijo, «Sí fuera sí, no estarías aquí.» Estoy tan cansada de que me diga que si él realmente me hubiera ayudado en alguna forma yo no habría vuelto a ver su cara, que dejé de tratar de convencerlo de que me ha ayudado en alguna forma.

Por qué no quiero ver gente interesada en la iluminación…
U.G. siempre decía que lo mortificaba la cantidad de dinero que gasto en visitarlo, y no perdía oportunidad en recordarme cómo se iba reduciendo mi cuenta bancaria. Al final trató de desahuciarme diciendo, «¿Sabes lo que U.G. dice? — Levántate y anda, y no vuelvas más. Estás gastando tu tiempo. No tengo nada que vender.»
Aquella era la época en que me sentía realmente dolida cuando me decía que no volviera, pero seguía volviendo porque me encantaba escucharlo, y podía sentarme por horas tan solo escuchándolo. U.G. decía, «El aspecto fisiológico no tiene ninguna importancia. La forma en que me expreso todavía está relacionada con la cuestión de la iluminación. Cuando uno dice que no hay iluminación, ¿qué importa si la presenta como psicológica, fisiológica o cualquier otra iluminación. No tiene la más mínima importancia. Pero aun así es sólo una forma de funcionar. El estigma del guru está presente. Toda la gente que viene a verme me pregunta sobre la iluminación — y entonces todas esas respuestas salen de mí. Por eso es que no quiero ver más personas que estén interesadas en la iluminación. Punto y aparte.»

No soy un hombre Dios…
Y muchos lo llaman ‘hombre Dios.’* Y estaba esa niña de solo nueve años que se sentó mirando a U.G., quien le preguntó por qué lo estaba mirando tan fijamente. La niña respondió que le habían dicho que U.G. era un hombre Dios. U.G. le preguntó si ella pensaba que él se veía como un hombre Dios, y ella dijo, «Mi mama dice si, pero ¿por qué te llaman un hombre Dios?» Y U.G. dijo con una sonrisa, «O tu mama tiene una imaginación muy vívida, o se le aflojó algún tornillo.»
* El término del original es ‘Godman’, literalmente hombre Dios. En la india, con una cultura que hace tanto énfasis en el crecimiento del espíritu, la figura del hombre Dios señala el producto final de la evolución humana. No hay una traducción que resulte natural sencillamente porque en occidente no tenemos esa figura del hombre realizado. Entiéndase sin embargo, que se hace referencia a algo cotidiano de la cultura india. (N. del T.)

El rugido del mar es silencio…
Una chica llamada Shyama, una amiga mía, igualmente interesada en el hombre Dios y la iluminación, me acompañó una vez a lo de U.G. Ella le preguntó sobre el éxtasis divino, el silencio, la meditación, la integración con lo Divino, y preguntas por el estilo. U.G. primero me miró a mí y se sonrió. Se estaba acostumbrando a que le llevara una amiga nueva cada vez que lo visitaba. Sugirió que yo lo hacía o bien como apoyo moral o para pagar menos de taxi.
Como sea, luego se sentó con toda seriedad para contestar la pregunta de mi amiga sobre el silencio, «¿Cuál es ese silencio del que hablan? El silencio opera allá en el mercado de la ciudad. Cuando estoy caminando, es la expresión de ese silencio. ¿Piensas que no hay silencio cuando estoy hablando? ¿Crees que hay silencio cuando cierras los ojos, te sientas en un rincón y tratas de detener la corriente de pensamientos? Solo te asfixias — eso no es silencio. Ve al bosque — ese murmullo es silencio. Ve al océano – ese rugido es silencio. Un volcán en erupción — eso es silencio. No la mente silenciosa tratando de experimentar el ‘silencio.’ El silencio es una explosión de energía.»
Eso ciertamente silenció el resto de las preguntas de mi amiga. Cuando nos fuimos no nos cruzamos ni una palabra hasta que llegamos a casa. Las dos estábamos aturdidas.

‘No’ es la única palabra de mi vocabulario…
Algunas veces U.G. se niega totalmente a hablar. Como cuando un Testigo de Jehová lo bombardeó con preguntas como, «¿Cree en Dios? ¿Cree en la reencarnación, el divorcio, y cosas así?» U.G. fue lo suficientemente paciente como para dejar que agotara su inventario de preguntas, y al final le contestó, «Solo tengo una palabra en mi vocabulario, ‘No.’ Y usted se sorprendería si supiera en cuantas formas diferentes puedo decir ‘No.’» Ahora suena divertido, pero siento pena por el hombre que estaba esperando escuchar a U.G. ventilar sus opiniones sobre todos los temas desde «enfermedad hasta Divinidad.»

Las descripciones de la naturaleza son trucos para capturar la atención de los lectores…
Se estaban leyendo mis notas con fervor, por supuesto con la excepción de Nagaraj quién se reveló abiertamente. La esperanza de que las notas finalmente tuvieran el privilegio de salir en forma de libro ardía como una pequeña llama en mi corazón, y sin embargo me preguntaba cuál sería realmente el resultado final.
Suguna me preguntó si había pensado algún nombre para el libro. Le dije que estaba tan ocupada ordenando y recolectando todo el material que no tenía tiempo ni para pensar en uno. Hablando de libros, notas y diarios, Nagaraj de pronto le preguntó a U.G. por qué J. Krishnamurti describía los alrededores naturales y sus bellezas en sus «Comentarios sobre el vivir» antes de contar sus conversaciones, y U.G. dijo que era un truco para capturar el interés de los lectores.

«Thinking Allowed»…
El último viaje de U.G. a Delhi había sido todo un éxito. Me contó que tuvo que soportar que se le fuera encima una horda de «viudas» de Krishnamurti, «divorciados» de Rajneesh, y «separados» de algún otro Guru. ¡Y la parte más sorprendente fue que estaban dispuestos a «casarse» con U.G.!
El punto más álgido de su viaje a los Estados Unidos había sido su entrevista en el programa «Thinking Allowed.» El hombre que entrevistó a U.G. lo visitó en Mill Valley en donde U.G. estaba parando y tuvo una pequeña charla con él. U.G. normalmente se niega a ir a los estudios de T.V. para tales entrevistas. Pero esta vez accedió. Algunos amigos estaban nerviosos por cómo saldría el asunto, especialmente por la manera franca y cruda que tiene U.G. de decir las cosas. Pero U.G. los tranquilizó diciendo, «Vamos, puedo manejarlo. No nací ayer ni llegué a la ciudad en un camión de zapallos.»

Dios dijo «Hágase la luz,» y hubo un apagón…
Parece que la mujer que maquilló a U.G. para las cámaras de la T.V. comentó que era muy bien parecido y que pronto el lugar se llenaría con correspondencia de las fans. Mientras U.G. nos contaba todos estos incidentes de pronto se apagaron las luces de la habitación, y U.G. se despachó con «Dios dijo, ‘Hágase la luz,’ y hubo un apagón.» Todos disfrutamos el chiste, así que agregó, «Oh Dios, si hay un Dios, ¿qué diablos estás haciendo?»
Luego siguió diciendo, «En los días de antaño, durante mis conferencias a menudo usaba la frase, ‘No maldigas la oscuridad, enciende una vela.’ Pero ahora ya no uso más esa frase porque no veo más oscuridad.» Tuvimos que encender las velas de todas formas, y hasta que volvió la energía U.G. nos mantuvo por demás de entretenidos con su rutina.

Ram-Nam y un comportamiento sigiloso no pueden ir de la mano…
Yo tenía este hábito de guardarme algunas rupias todos los meses para algún momento de necesidad. Ese secreto le fue contado a U.G. quien a partir de entonces a menudo bromeaba hablando de cómo estaba creciendo el fondo común. Después de algún tiempo el «fondo común» llegó a la enorme suma de 7000 rupias. Recuerdo que era una tarde muy calurosa. Había llevado a los chicos conmigo, y U.G. de pronto tuvo la idea de hacerme invertir todo en una caja de ahorros de la oficina postal. Le pregunté con qué cara iba a mirar a mi marido, y qué iba a decir él si alguna vez se enteraba de esos ahorros secretos. Y U.G. dijo, «Tan solo ponle el certificado de ahorro en la falda tan pronto llegue del trabajo, y te garantizo que todo va a salir bien.» Incluso me dictó una carta, que todavía conservo, diciendo que Ram-Nam y un comportamiento sigiloso no pueden ir de la mano.
Recuerdo cómo U.G. caminó conmigo y los niños bajo el despiadado sol del verano, todo el camino hasta la oficina postal, tan solo para ver mi dinero invertido correctamente.
Cuando volvimos, preparé café para U.G. quien prometió «rezar por mi larga vida y prosperidad,» para mi gran sorpresa. Viendo que estaba de buen humor traté de persuadirlo para que me diera una de sus muy codiciadas fotos la cual se había negado a darme antes, porque decía que se veía muy santo en ella, y detestaba verse tan religioso.
Todo el episodio de la declaración de los inmensos ahorros a mi marido no tuvo nada de especial excepto por la agradable sorpresa. Estuve de acuerdo con U.G. cuando dijo, «Tu marido debe ser un Dios o un santo. Ahorra más dinero y constrúyele un templo, y yo seré el sacerdote mayor.» Mi fértil imaginación lo pintó vívidamente a U.G. con el atuendo de un sacerdote indio, y me vi tentada a pasar el sombrero para recolectar fondos para el templo.

Gaudapada no encontró eso leyendo los Upanishads…
Una mañana muy temprano Brahmachariji se apareció de sorpresa y U.G. como de costumbre comenzó una animada discusión sobre cultura india. Con solo verlo a Brahmachariji, aunque sea muy bienvenido, U.G. se acuerda de la gran herencia y cultura de la India. Empezó diciendo, «¿Por qué tienen que vender a Shankara para vivir? Lo poco de bueno o malo que haya hecho ya está allí. ¿Así que por qué tienen que vender Shankara? Ustedes predican algo sobre Gaudapada. Pero eso no opera en sus vidas. Gaudapada dijo, ‘Ni moksha, ni sadhana,’ entonces ¿qué están vendiendo? Es por eso que digo que un tipo es suficiente para toda la India. No necesitan más. Gaudapada seguramente dejó todo de lado. ¿Así que qué lugar le queda a Ramakrishna? Y tradujeron a Gaudapada. ¿Cómo pueden justificar eso? Gaudapada no encontró aquello leyendo los Upanishads. ¿Así que qué están haciendo?»
Se escuchó todo eso en un completo silencio. Brahmachariji no intentó ni justificarse ni defenderse. Pronto fue la hora del almuerzo y todos parecieron más interesados en los platos que en la filosofía.

¿Qué hago aquí? ¿Por qué estoy aquí?…
U.G. acababa de volver a Bangalore de uno de sus tours mundiales. El mismo día de su llegada, mientras estaba sentada observándolo, noté que se había sentado con los ojos cerrados y estaba murmurando algo. Le pregunté qué era y dijo audiblemente, «¿Qué hago aquí? ¿Por qué estoy aquí?»
Extrañamente sentí pena por él. Le pregunté si se sentía más en casa en el extranjero, y me contestó que no se sentía en casa en ninguna parte del mundo. Pero hubo una época, dijo, en que se sentía en casa en cualquier lugar del mundo. Lo dejé seguir con su siesta y me mantuve ocupada con mis notas.

Escribir sobre la atención* es la mentira más grande…
Un conocido mío me dijo que había tenido dos o tres entrevistas con J. Krishnamurti, y que había llegado a saber que hubo un tiempo en que Krishnamurti fumaba cigarrillos, que de hecho fumaba un cigarrillo tras otro. Cuando le conté esto a U.G., negó todo el asunto y dijo que nunca había oído algo así. Le dije a U.G. que este amigo no podría haber mentido porque hacía poco había escrito un libro sobre la atención, y U.G. inmediatamente dijo que escribir sobre la atención era la mentira más grande que el hombre podía decir. No tuve oportunidad todavía de aclarar ese malentendido.
* Aquí y en el resto de la nota, el término es ‘awareness’, de significado mucho más amplio, y que puede traducirse como ‘estar conciente de algo,’ o ‘estar apercibido de algo. (N. del T.)

«¿En dónde te han dejado sus enseñanzas?»…
Hubo una época en que asistía a cada posible conferencia de un cierto Swamiji de gran renombre. Pero pronto llegó un momento en que tuve que decirle que no tenía más preguntas que hacerle a nadie en absoluto, porque había conocido a un hombre llamado U.G. Recientemente cuando este Swamiji visitó Bangalore me lo encontré y él me preguntó, «Señora, ¿en dónde está su dios ahora?»
Yo le contesté honestamente, «Me está hablando ahora, en este momento.» Me contestó, «Así que ahora hay algo de humildad.» (Nunca había sido consciente de ser orgullosa; ¿orgullosa de qué?) El Swamiji siguió diciendo, «Tus pensamientos estaban orientados hacia un cierto hombre llamado U.G. ¿Todavía estás enamorada de sus enseñanzas?» Yo asentí completamente. Su siguiente pregunta fue, «¿Y en donde te han dejado ellas?» Espontáneamente le contesté, «¡En ningún lado!»
Y cuando le conté todo esto a U.G., él estuvo de acuerdo en que «En ningún lado» fue la respuesta correcta y un hecho.

Incluso para decir ‘Tu,’ tienes que conservar el ‘Yo’…
Eso me recordó que durante una de mis visitas a un ashram en el sur de la India, tuve una charla con la santa que residía allí. Yo tenía y todavía tengo un gran respeto por ella. Su consejo a todos los que llegaban era subyugar el ego mediante rendir el ‘yo’ al poder universal llamándolo ‘Tu’ y recordándolo en cada acción. Eso parecía un muy buen ejercicio. Y cuando en mi siguiente encuentro con U.G. le conté el asunto, él dijo, «A ese paso vas a estar estancada con el ‘yo’ para siempre porque incluso para decir ‘Tu’ tienes que conservar el ‘yo.’» Apenas me estoy sintiendo cómoda o al menos apoyándome en una nueva muleta, U.G. me la quita de una patada.

Zapatos de piel humana y sopa de lenguas de bebe…
Había un grupo de extranjeros, de los cuales el mayor era muy devoto de U.G. y seguía trayendo al grupo a visitarlo tan a menudo como podía. Se sentaban en silencio y lo escuchaban, y le traían muchos regalos como queso, nata, y frutas. Resulta que habían visitado todos los ashrams renombrados de la India, y habían decidido establecerse aquí para practicar sadhanas. Poco sabían ellos que venir a ver a U.G. era la última cosa que deberían haber hecho. Había un miembro de este grupo que estaba por convertirse en un Poornavatar, y necesitaba la ayuda de U.G. para lograrlo.
Como sea, este hombre tan sensible miró el kurta de seda de U.G. y protestó diciendo que podía sentir a los gusanos de seda arrastrándose cada vez que veía seda, y cómo U.G., si era un hombre Dios como algunos decían que era, podía vestirse de seda? U.G. con su acostumbrado sentido del humor dijo que la seda era su material favorito. No solo eso, sino que no dudaría en usar zapatos de piel humana, y que su plato favorito era sopa de lenguas de bebe.
Eso fue realmente demasiado. Unas pocas visitas más a U.G. y cancelaron sus planes de establecerse en la India y volvieron felices a su lugar de origen.
La frase favorita de U.G. es, «No hay libertad en Estados Unidos, ni comunismo en Rusia, ni espiritualidad en la India.»

Si no te puedes deshacer de una simple foto, ¿cómo puedes siquiera hablar de desapego?…
Vengo de una familia de devotos de Sai Baba, y ellos no pueden nunca explicar la fascinación que siento por U.G., más aun cuando ridiculiza a santos, a iluminados, al Moksha, a la sadhana, etc.
Aun así, cuando volvía a casa y le contaba a Shobha, mi hermana, todo lo que U.G. estaba diciendo, ella se sentía interesada en conocerlo alguna vez. Yo estaba un poco nerviosa porque si U.G. empezaba su acostumbrada rutina sobre los iluminados, lastimaría los sentimientos de mi pobre hermana. Pero U.G. extrañamente mostró el mejor comportamiento y se sentó como un señorcito, con una apariencia tan inocente que mi hermana se sintió cautivada por su carisma. Al poco tiempo le estaba pidiendo una fotografía igual que la que una vez me había traído de California. U.G. me pidió que le diera mi copia a mi hermana y dijo que si no podía desprenderme de una simple foto cómo podía siquiera hablar de desapego. Dijera lo que dijera, yo me aferro a mi copia como mi más preciada posesión. De todas maneras, mi hermana no tuvo deseos de privarme de ella. Así que, volvimos a casa. A la mañana siguiente, apenas entré en su habitación, U.G. me dio un duplicado de la foto diciendo, «Aquí tienes, esto es para tu hermana.»
Cuando le di la foto a Shobha, ella me contó que le había rezado a Baba toda la noche, diciéndole que si su devoción valía algo, tendría que recibir una fotografía exactamente igual que la mía la mañana siguiente. Ahora está convencida de que su Baba y U.G. están en el mismo «Estado,» lo cual U.G. rechaza porque, como dice él, ese Baba está en «Telugu Desam» y él mismo está en el Estado de Karnataka.
Por lo menos un miembro de mi familia accedió a reconocerle algo a este enigma llamado U.G. Había llevado a mis padres a conocerlo una vez en Bombay. Mi madre viene de un ambiente sumamente religioso y ortodoxo. Está más acostumbrada a túnicas naranjas, sahumerios y silencio en las habitaciones de los santos. Me sentí muy responsable de su incomodidad cuando oyó la discusión sobre las inversiones, los altibajos del dólar, chistes hilarantes y carcajadas, y para completarla Mahesh Bhatt arrastrándose a los pies de U.G. Ni siquiera traté de decirle que había muchísimo detrás y más allá de esa frívola escena.
Me imagino la sorpresa de mi madre cuando entramos en silencio para conocer al sabio de Bombay en su departamento. ¿Qué creen que dijo U.G. tan pronto como me vio? «Ah, allí estás, hay mantequilla en la heladera. Estábamos todos esperándote para que nos hagas idlis y dosas.»
Tengo todavía otra hermana más, Sheela que es muy inteligente y dulce, pero tremendamente sensible. Tanto entusiasmo cuando le hablaba de U.G. despertó su curiosidad, y hubo otro día de nerviosismo cuando la llevé a ver a U.G., como si llevara conmigo alguna frágil porcelana china. Llamé a U.G. diciéndole que iba a llevar a mi hermana favorita y que mejor que se comportara como era debido.
U.G. estaba usando su personalidad delicada, pero la repentina aparición de un tal Shekawat cambió completamente el curso de la hasta entonces pacífica charla. U.G. estaba pronto hablando de drogas, sexo, quema de billetes, y falsificación, con algunas malas palabras para condimentar. Mi hermana comenzó a incomodarse y dijo que se estaba haciendo tarde, y pronto íbamos de regreso a mi casa.
De todas formas, el carisma infalible de U.G. ya había hecho efecto, e incluso Sheela pronto se encontró discando su número para saludarlo, aunque sea por teléfono. En este momento soy la única de la familia que todavía está apegada a él.

La Mente es un Mito…
Y entonces el libro «La Mente es un Mito» finalmente apareció en Bangalore. U.G. pareció muy entusiasmado cuando llegaron las primeras copias. Mahesh llamó y le dijo a U.G. que quería que alguien de Bangalore escribiera una crítica sobre el libro. Chandrasekhar se estaba yendo y Brahmachariji había estado a la mañana temprano. El periodista Subramanya era un apasionado participante en las conversaciones, y yo era la observadora silenciosa de los eventos del día. Se sugirieron muchos nombres y yo ni siquiera lo imaginaba cuando U.G. se volvió hacia mí y me pidió que escribiera la crítica. Apenas podía creer lo que escuchaba. Por supuesto, mi mente estaba acostumbrada a las cosas extrañas viniendo de U.G., pero eso sobrepasaba todos los koans de su tratamiento «Zen.» Dije tartamudeando que nunca había leído seriamente ningún comentario en esos artículos, mucho menos escrito alguno. Pero él pareció más entusiasmado todavía en honrarme con el trabajo. Dijo que como no había leído ningún artículo de esos, el mío tendría un estilo original.
U.G. parecía tener más confianza en mi potencial del que yo jamás me había atrevido a tener en mí misma. Después de volver a casa, y de unos momentos de fervientes plegarias, levanté mi lápiz y lo dejé correr a través de las páginas. En unas horas había escrito varias. Le envié todo el trabajo a U.G. con mi hijo Prashant. U.G. pareció muy satisfecho. Dijo que no tenía palabras para expresar lo que sentía, y que no esperaba tal maravillosa pieza de literatura de un ama de casa tan desordenada.

Quiero que te pares en tus propios pies, por más temblorosos que pudieran ser…
La última semana que U.G. estuvo en Bangalore fue realmente muy agitada. Recibí una llamada para cubrir una vacante de uno de los maestros en la escuela de mi hija. Nunca había visto a U.G. más entusiasmado. Le avisé que estaría dando clases. Mucho tiempo atrás había dado clases en una escuela, y esos dos años de experiencia eran todo lo que tenía. U.G. había insistido en que hiciera mis prácticas de maestra. U.G. dijo, «Quiero que te pares en tus propios pies,» y agregó casi gritando, «por más temblorosos que puedan ser.»
Como quiera que sea, y aun con la falta de entrenamiento, disfruté mucho la semana de trabajo como maestra, pero de golpe, quizás por respirar el polvo de las tizas cuando escribía en la pizarra, me enfermé de la garganta. El prospecto de viajar hasta la escuela y enfrentar a un ejército de mocosos no parecía muy tentador. Así que llamé a U.G. y le dije, «U.G., estoy en cama con dolor de garganta, y de todas maneras no me van a pagar mucho. Así que, ¿qué te parece si abandono la idea?»
Su respuesta fue un vehemente, «No». Luego agregó, «Aunque te paguen dos rupias tienes que ir; la experiencia te servirá.» Así que me arrastré todos días hasta la escuela y completé la quincena de mi contrato. Todo eso no solo redujo mis visitas a U.G., sino que también interrumpió mi dedicación a escribir las notas para mi libro. U.G. me consoló diciendo, «Tienes que dar clases permanentemente, incluso a expensas de tu libro,» lo cual no me atrajo en absoluto.

El cumpleaños de Prashant…
Es 18 de junio — el día del cumpleaños de mi hijo. Pobre niño, no pude estar con él porque a las 10 a.m. tuve que salir para la escuela después de apurarme para terminar las tareas domésticas. A la mañana temprano había sonado el teléfono, y tuve la grata sorpresa de oír a U.G. quien se había acordado que era el cumpleaños de Prashant y se había molestado en llamarlo y desearle un feliz día. Me sentí muy feliz cuando U.G. me dijo que si no había realizado nada significativo en este mundo, al menos había traído a un muchacho tan maravilloso. Expresó su admiración hacia mis dos hijos. Estaba feliz y orgullosa de que U.G. haya tenido la amabilidad de acordarse y hacer del cumpleaños de mi hijo un día todavía más especial. También me pidió que mandara a Prashant a Poornakutee. No podría haber una mejor forma de pasar el cumpleaños de uno. Prashant volvió a casa con un costoso regalo, un grabador de cinta activado por voz, tamaño de bolsillo y tan conveniente para llevar que el muchacho estaba simplemente fascinado con el regalo.

El pensamiento es materia…
Era uno de esos días. Recibí una llamada de mi amiga Shyama, y ella dijo que vendría si yo estaba planeando ver a U.G. Dijo que la visita la ayudaría a aclarar algunos puntos en su mente. Así que nos fuimos. Por suerte U.G. estaba en casa. No había invitados ni visitantes, así que Shyama hizo algunas preguntas sobre los pensamientos, el pensar, y el deseo. Y luego de unos momentos, lo suficiente como para que yo sacara el cuaderno y el lápiz de mi bolso, U.G. comenzó su respuesta, con esa sorprendente facilidad natural. «El pensamiento es materia. Querer algo es el principio de tu problema. Si no quisieras nada en este mundo entonces no habría pensamiento. Las raíces de todo están allí — empezó con el pensamiento religioso y terminó con las ideologías políticas, lo cual no es diferente. El comunismo es una religión.»
A Shyama y a mí nos sorprendió realmente lo fácil que le resulta a U.G. relacionar la religión con la política. Luego prosiguió, «¿Qué hace toda esa gente? Los legisladores — uno los elige y los sienta allí. Ellos dicen cuántos acres de tierra deberíamos tener, cual es el límite, que clase de casamiento deberíamos tener, con quien deberíamos dormir y con quien no — ¿qué derecho tienen? ¿Sobre qué base condenan la corrupción? ¿Sobre qué base condenan el egoísmo?»

El hombre espiritual es el hombre más egocéntrico…
Mientras U.G. hablaba, le pregunté sobre los así llamados misioneros, y él contestó, «El hombre espiritual es el hombre más egocéntrico — ese se siente superior a todos los otros. Piensa que su enseñanza va a salvar a la humanidad, y que su enseñanza debe ser preservada. El compasivo Buddha, su budismo destruyó a millones de personas en Japón. Se mantenían ejércitos. No sé por qué exoneran a toda esa gente y la ponen en un pedestal.»
U.G. continuó, «Sus enseñanzas estaban falladas, no los seguidores. Se engañaron a sí mismos, todos ellos. Pensaron que sus enseñanzas eran la enseñanza y que todos los otros eran falsos. Yo no estoy diciendo que sea superior a todos ellos. En absoluto. Son falsos, punto final. Yo no digo que tengo una enseñanza para salvar a la humanidad.»

Kalyani…
U.G. se vio interrumpido repentinamente por la aparición de Kalyani, la loca. Ella empezó a gritar y a bailar diciendo que U.G. era responsable porque su difunta madre no le había dejado ninguna propiedad en su testamento, y que U.G. debería ver que su familia le diera su parte de la herencia. Entendí que la sesión del día terminaba así. Dejamos que U.G. arregle sus problemas con Kalyani, quien dicho sea de paso se rehusó a irse hasta que U.G. le dio, con muy pocas ganas, un billete de dos rupias.
Kalyani venía de una muy buena familia, pero debido a trágicas circunstancias, dejó su empleo de maestra, la familia la abandonó, y empezó a pedir en la calle. Allí estaba cuando U.G. la encontró por primera vez. U.G. intervino y arregló para que Chandrasekhar le consiguiera una pequeña habitación y también algo de dinero para evitar que anduviera mendigando. Pero para el desagrado de U.G., Kalyani empezó a ir a su casa y tratar de hacer la limpieza, dejando más sucio que limpio, tanto así que una vez me tocó ver a un enfurecido U.G. echando afuera a Kalyani con balde y todo.
Como sea, finalmente se le prohibió que viniera, o al menos que limpiara, y hoy en día, si acaso aparece en la escena, tenemos un interludio musical. U.G. la hace cantar antes de darle algún dinero.
Parece ser que ha juntado unos cuantos miles de rupias de los amigos extranjeros que visitan a U.G. Así que U.G. la llama «la mendiga rica.» Pone a veces algunos billetes en algún buzón de correo y le encanta ver la cara de sorpresa del cartero cuando pasa a recoger el correo del día.

U.G. es responsable por el milagro; yo solo soy una sustituta…
Mi experiencia con Kalyani es bastante extraña. Una vez tenía un dolor muy fuerte en mi cuello. Los médicos temían que fuera algo grave, y el dolor ya llevaba dos meses enteros. Sin embargo eso no me detuvo de hacer mis visitas diarias a la calle Anjaneya oeste, donde vivía U.G. antes de que se mudara a Poornakutee, su residencia actual.
U.G. había notado que yo estaba teniendo este dolor, y me preguntó si me lo estaba haciendo tratar. Sin mediar palabra me trajo el álbum de su último viaje, y mientras estaba mirando las fotos entró Kalyani. Todavía recuerdo la escena: U.G. y yo estábamos sentados tranquilamente en la alfombra con las fotos desparramadas por todos lados, y Kalyani de pronto entró y me tocó en un punto debajo del cuello, cerca del hombre izquierdo. No lo habría creído si le hubiera pasado a algún otro. Pero el dolor de repente se fue y no volvió nunca más. Cuando le dije esto a Kalyani, ella dijo que U.G. era el responsable del milagro y que ella era solo una sustituta. No analicé mucho al hacedor de milagros; era suficiente con que el dolor acuciante se hubiera ido para siempre.
Recuerdo que le di a Kalyani un billete de cien rupias que la hizo bailar de alegría, y le quedé agradecida por el resto de mis días.

Si el pensamiento no estuviera, no dudarías en acostarte con tu madre, tu hermana o tu hija…
Una mañana me levanté feliz con la noticia de que U.G. estaba todavía en Bangalore y había prometido extender su visita una semana más. De pronto el teléfono sonó, y U.G. al otro lado de la línea gritó, «¡Buenas noticias, buenas noticias! ¡Adivina qué!» Le dije que no podía usar mi imaginación hasta la segunda taza de café. Y U.G. dijo, «Nagaraj está entrenando para el campeonato mundial contra Tysen.» Luego agregó que una amiga en común había decidido separarse de su marido. Todo esto era muy raro porque U.G. casi nunca cotillea por teléfono. Como sea, me atraganté la segunda taza de café y me llegué a Poornakutee para actualizarme con el resto de los titulares del día.
Luego cerca del mediodía hubo dos nuevos visitantes, una pareja joven, ambos científicos en el Instituto de Ciencias de la India. Y tenían mucho de qué hablar, lo que mantuvo a U.G. combatiendo casi hasta el momento del almuerzo.
La muchacha era muy joven y vociferaba mucho. Preguntó sobre el sentido de individualidad, y U.G. contestó que eso no tenía nada de maravilloso. «Hasta los así llamados iluminados te hacen vestir con túnicas naranjas y te dan un sentido de superioridad por ser algo distinto de los demás. No es más que el negocio sagrado.»
Luego el joven preguntó, «¿Cree que los animales tengan un sentido de individualidad?» U.G. dijo, «Nadie lo sabe. Dejen a los animales en paz. ¿Por qué tienen que meter a los pobres animales en las conversaciones? Hablen de ustedes mismos. ¿Por qué no hablan de los elefantes, que lo hacen una vez cada ochenta años? Miren a las muchachas arañas que se comen a la pareja después del acto sexual. Los animales no piensan en la dieta Sattvic. Comen algo de pasto y listo. El sexo en ese caso no nace del pensamiento. Si el pensamiento no estuviera presente, usted no dudaría en acostarse con su madre, su hermana o su hija. Si la idea no estuviera presente, el sexo no sería posible nunca más. Lo artificial no estaría más. El sexo para los seres humanos es una construcción creada por la imaginación. El cuerpo implora por la liberación de la tensión. Y nosotros convertimos esta liberación de la tensión, el orgasmo, en el máximo placer del hombre.»
Yo estaba tomando notas, pero cuando U.G. dijo todo esto mi lápiz se detuvo, y me pregunté cómo afectaría toda esta charla a la pobre pareja de luna de miel. Pero ellos insistieron con sus argumentos.

Las actividades sensoriales se registran en cuadros…
El caballero le preguntó a U.G. si él estaba libre de la idea del sexo. U.G. contestó, «Las actividades sensoriales se registran en cuadros. Si veo una mujer hermosa, eso se registra. Pero cuando le veo los dientes horribles, toda la escena se altera. Se da todo en cuadros, no hay ninguna continuidad. No es posible que la idea del sexo nazca en esas condiciones.»

Hay ruido dentro de ti a donde quiera que vayas…
U.G. siguió diciendo, «¿Qué es ese ‘silencio’ que están buscando? ¿Oyen aquellos camiones que pasan por el camino y el agua yéndose por el retrete? ¿Quieren escaparse de todo eso e ir a sentarse en las cuevas? Hay ruido dentro de ti a donde quiera que vayas.»
La muchacha entonces preguntó, «¿Cómo puede estar tan seguro de todo lo que dice? ¿Por qué no podemos funcionar como usted?» U.G. contestó, «No estoy vendiendo mi certeza.»
Radhakrishna entró y U.G. inmediatamente se puso de pie y le dio su silla. Se dejó caer en la alfombra sin darle mucha importancia a su preocupación por las articulaciones de Radhakrishna. Mientras tanto los estudiantes que habían estado bombardeándolo con preguntas por más de una hora se fueron sin siquiera un saludo. Pero U.G., que estaba totalmente absorbido en una discusión sobre política con Radhakrishna, ni se dio cuenta de que sus locuaces invitados ya se habían ido.

Capítulo 7
Llegó entero…
Es el 12 de noviembre de 1988. Bangalore no será el mismo al menos por unos meses. U.G. ha tocado el suelo. Apenas pasó una hora desde su llegada y ya marco su número. Contesta Chandrasekhar y casi inmediatamente U.G. está en la línea.
La conversación transcurre como en una novela de Wodehouse.
«Hola, U.G., ¿llegaste entero?», pregunto.
«Entero. Tus notas se van a publicar en una revista para mujeres. Mahesh quiere una carta firmada por ti. De todas formas, lo discutiremos mañana.»
«Gracias por mandarme todo eso,» lo interrumpo.
«¿Traerás a los niños?», pregunta él.
«Seguro,» le contesto.
«¿Ya has recibido algún regalo?»
«¡Está bien, Santa Claus!»
«Nos vemos mañana,» dice él y termina la conversación. Hay tanta alegría en esta corta e insignificante charla, y los niños comparten la excitación.

¡No te preocupes, sé feliz!…
La mañana siguiente nos encuentra en Poornakutee, muy temprano. Todos están mirando las nuevas adiciones a la colección de videos de U.G. y él mismo está ansioso por mostrarnos las nuevas cintas. Uno de los videos contiene la entrevista de la televisión estadounidense realizada por M. Sheela.
Luego U.G. se emociona mucho con la canción, «No te preocupes, sé feliz.» Especialmente Prashant la disfrutó inmensamente. Después de la sesión de video, siendo domingo, la estación de Delhi estaba proyectando el «Mahabharata» en el programa de la mañana. U.G. salió con su dicho favorito «Abajo el hindi» y se sentó en un banco de piedra en el jardín. Yo, por supuesto, salí con él y me senté en una silla cercana.

Nagaraj no se ha ido. Está muy presente…
Hablamos de la repentina muerte del pobre Nagaraj. El más vivaz de la pandilla había dejado repentinamente el mundo de nosotros los mortales, y U.G. dijo, «Le advertí que no dejara de fumar. No iba resistir los síntomas de abstinencia. Incluso le garanticé que no moriría de cáncer de pulmón. Pero no me hizo caso.» Ahora sabemos que aunque U.G. hable con una sonrisa o se ría nunca podremos saber cuándo tomarlo seriamente. Apuesto a que el pobre Nagaraj tomó la advertencia de U.G. a la ligera y pagó por ello. Como sea, yo seguía repitiendo, «U.G. no puedo creer que Nagaraj ya no esté. Todavía sigo esperando que llegué en cualquier momento.» U.G. contestó, «¿Qué te hace pensar que no está aquí? Él está muy presente en este momento.» Eso me golpeó. Miré alrededor para ver si podía distinguir algún espectro amigable apareciendo en la escena, pero no hubo caso. No quiero ni pensar que U.G. pueda ver cosas que el resto no puede. U.G. continuó, «Aunque tú pensabas que podías verlo cuando estaba vivo, no estabas viéndolo en realidad. ¿Piensas que puedes «ver» algo o a alguien?»
Después de conocer a U.G. por casi una década, la mente (¡Si es que no es un mito!) llega a un punto en que simplemente no quieres conocer las respuestas a las preguntas. Así que permanecí llena de júbilo despreocupada y sin siquiera la más mínima curiosidad por saber si realmente estaba «viendo» cuando pensaba que estaba «viendo.» De algo estoy segura. El día que sienta que entiendo lo que U.G. dice será demasiado explosivo para que lo soporte sola. Así que mejor no lo entiendo o ni siquiera lo trato de entender. Mejor soy feliz con mis ilusiones. ¡Eso me recuerda el «No te preocupes, sé feliz»!

¡Cuando el conocimiento no esté, te caerás muerto!…
Mi hija, Mittu, de repente mostró señales de indigestión y tuvo nauseas y vómitos. Tuve que atender a la pobre niña hasta que se sintió mejor, y ciertamente lo hizo después de que el padre de Chandrasekhar le diera una tableta de Avomin. Mientras tanto U.G. tuvo algunos invitados interesantes. Su cuñado, un científico dedicado a investigar el cáncer, le estaba haciendo algunas preguntas muy interesantes, y U.G. estaba en su mejor momento. Aunque yo estaba sentada al lado de Mittu en el dormitorio, mis oídos se esforzaban por escuchar las palabras de U.G. Hablaba con su natural vehemencia en el jardín justo detrás de la ventana del dormitorio.
Me perdí mucho de la conversación, casi todo, pero capté una o dos frases, cada vez que la brisa se apiadaba de mí y me traía sus palabras. Él decía, «Cuando miro las cosas, no sé lo que estoy mirando. Tú me preguntas qué color es ese, y no sé si es verde, rojo o azul. Por supuesto, sé que es azul, pero cuando lo miro la palabra azul no me viene a la mente. Lo que trato de decir es que no hay ‘yo’ ahí. Lo único que hay ahí es el conocimiento. Si aunque sea por un segundo, un segundo del reloj, el ‘conocimiento’ no estuviera, entonces tu tal cual te conoces llegarías a un final. Te caerías muerto inmediatamente y los médicos te declararían clínicamente muerto. Si en todo caso eso reviviera, ‘tu’ no sabrías más si estás vivo o muerto. Los demás te verían hablando, riendo, comiendo, y dirían que estás vivo. Pero tú mismo nunca más lo sabrías.»
He escuchado eso muchas veces, pero cada vez tiene un nuevo impacto. Simplemente no quieres saber nada más. Así que volví tranquila a la cama de mi hija y me senté a su lado. Noté que se sentía mucho mejor. Me sentí aliviada. Esas pocas frases que había escuchado tras la ventana me habían quitado cualquier deseo que me quedara de reunirme con el pequeño grupo de afuera.

Hasta podría quitarte los dulces y terminármelos. Así que siéntate más lejos…
La hija del científico, Gautami, estaba muy avanzada en su carrera como actriz, y había traído consigo algunos casetes de sus propias películas, las cuales todos miramos con abierta admiración. U.G. también alabó su talento, y también mencionó hoy que ella era ingeniera electrónica. ¡Una muchacha brillante! Los invitados se fueron y nosotros terminamos de almorzar. Cuando seguimos charlando en el jardín, Suguna me trajo unos dulces deliciosos y cuando me estaba por comer el primero noté a U.G. mirando los dulces con una mirada como hipnotizado. Hay algo que siempre he notado: hasta que la comida no se le lleva enfrente, él nunca piensa en ella. Pero una vez que sus ojos se posan en algo comestible, lo toma y no lo deja hasta que sus ojos ven que el plato vacío. Ese comportamiento tan típico de los bebes nunca me deja de asombrar. Dije deliberadamente, «U.G., deja de mirar mi plato con tanta codicia.» «Por supuesto, siento codicia. Hasta podría quitarte los dulces y terminármelos. Así que siéntate más lejos.» Actué como si me asustara y rescaté mi plato de él. Mientras se desarrollaba este drama Suguna entró rápidamente con un plato pequeño lleno de dulces para U.G., los cuales él pareció disfrutar y apreciar con locura.

El fin será muy lejos de la tierra donde nació…
La conversación se estancó. U.G. parecía estar en uno de sus momentos de abstracción. Vi por casualidad la palma de la mano de Suguna y, viendo el tono rosáceo, le dije que no era tan anémica como ella pensaba. Bueno, alguien pensó que le estaba leyendo la mano, y eso comenzó la sesión de predecir el futuro. Entonces U.G. miró su propia mano y dijo, «Este hombre tiene una línea de la vida extraña. Murió a los 49 años, y ahora lo que quedó va a vivir por mucho tiempo. El fin será muy lejos de su tierra natal — en el extranjero. Mira, esta línea cerca de la muñeca dice que será así.» Luego Adri que estaba presente se sintió igualmente interesada en el futuro de todos y cada uno.

Roben, pero que no los atrapen…
El tema volvió de repente a la cuestión de cuán popular se estaba volviendo el libro La Mente es un Mito en los Estados Unidos. Se vendía en las librerías por dieciocho dólares la copia, y según decían los únicos dos libros que se robaban eran la Biblia y La Mente es un Mito. La Biblia da un mandamiento que dice, «No robarás.» Pero U.G. dice, «¡Roba, pero que no te atrapen!»

Pagando por una copia de su propio libro…
Lo siguiente que supe fue que U.G. estaba seriamente preguntándole a Adri si no tenía al menos una copia de El Misterio de la Iluminación para darle. U.G. dijo que incluso pagaría por ella. No lo hubiera creído si no hubiera sido testigo del hecho de que el «tema» del libro que había sacudido el mercado y que se estaba vendiendo como pan caliente estaba dispuesto a pagar por una copia de ese libro.

La persona a la cual le suceda lo de Kundalini descartará el concepto mismo de Kundalini…
Eran casi las 3 en punto de la tarde, y todos nos levantamos para ir adentro porque U.G. tenía que desempacar algunas cosas y tenía problemas con la renovación de su guardarropa — los colores que combinaban, las camisas para regalar, los kurtas que achicar, y los pijamas que comprar. Mientras entrábamos alguien le preguntó a U.G., «Están inaugurando un centro para la investigación del Kundalini en los Estados Unidos,» y U.G. dijo mientras subía los escalones para entrar a la casa, «Señor, si existe algo como el Shakti de Kundalini, y si en todo caso existe el levantamiento de este Shakti, entonces la persona a la que le suceda eso destruirá el concepto mismo de Kundalini.»

Practicar la bondad sólo traerá ataques cardíacos…
Cuando subimos las escaleras había ropa de U.G. por todos lados. Había bolsas sin abrir, su habitación estaba cubierta de ropa, y él se veía tan abrumado que hasta rechazó mi ayuda para ordenar las cosas. Anunció que una de esas bolsas era un regalo para mí. Me miró como un padre indulgente mientras yo hacía toda clase de expresiones de asombro y agradecimiento por el precioso regalo. Nos contó que había habido un repentino incremento de su guardarropa porque sucedió que acompañó a sus amigos australianos a un alocado raid de compras cuando estuvo en Sidney. Sus generosos amigos compraron todo lo que U.G. tocó o incluso se paró a ver. He ido de compras con U.G. muchas veces: él tiene esa costumbre de pararse cada tanto para mirar y tocar casi todo lo que se muestra en las vidrieras de cada tienda. Se ve tan absorbido por esa preocupación que ignora totalmente a los que estén con él. No es que esté interesado en comprar todas esas cosas, pero él ilustra perfectamente el significado de las palabras «salir a ver vidrieras». El hecho de que esa práctica de U.G. fue malinterpretada por sus amigos australianos queda probado por el hecho de que U.G. terminó con por lo menos seis puloveres de lana, seda y algodón, dos pares de jeans, algunos bolsos, y otros artículos en una lista interminable.
U.G. estaba bastante perdido respecto de qué combinaba con qué, lo que debía conservar y lo que debía llevar a Suiza. Había que deshacerse en especial de una camisa anaranjada debido a su color muy al estilo «swami». No fue ninguna sorpresa ver al cocinero haciendo alarde con la camisa anaranjada y a U.G. agradeciéndole por ayudarlo a deshacerse de ella. Un kurta era muy apretado, aunque era nuevo. Fue inmediatamente regalado al padre de Chandrasekhar. Todos se peleaban por ayudar a U.G. a «deshacerse» de los artículos innecesarios de su guardarropa. Finalmente le dijo a Radhakrishna, «Desearía que alguien pensara por mí. ¡Quién quiere gastar energía en pensar!» Radhakrishna señaló que el cocinero parecía realmente contento con su nueva camisa. U.G. le contestó que no había hecho ningún acto de bondad. Y agregó, «Yo no practico la bondad. Solo me tenía que deshacer de esas cosas, y se las doy a la primera persona que encuentro. Practicar la bondad o la amabilidad sólo trae ataques cardíacos.»

Los Ángeles de Charlie…
El café de la tarde levantó los ánimos decaídos de U.G. y el resto nos sentimos llenos de una nueva energía. Así que tuvimos otra sesión de video. Esta vez fueron «Los Ángeles de Charlie.» U.G. parecía muy entusiasmado y alabó esta serie. Pero cuando todos estábamos viéndola, U.G. se sentó con los ojos cerrados. Lo desperté y dijo, «¡Oh, es aburrido!» ¿Ahora qué pueden decir de eso?

Mis promesas son como líneas dibujadas en el agua…
Le conté a U.G. que muy pronto mi familia sería la orgullosa propietaria de una nueva reproductora de video, y que mucho tiempo atrás él me había prometido regalarme una cinta suya para inaugurar el nuevo equipo. Para mi decepción dijo que sus promesas habían sido siempre como líneas dibujadas en el agua que desaparecían tan rápido como habían aparecido. Aún así me dio una copia de su entrevista en «Thinking Allowed» y mantuvo su palabra.

¿Quieres un poco de transmisión de energía?…
Poco después nos estábamos yendo porque ya era casi de noche. Casi todo el día U.G. mostró señales y síntomas del desajuste horario producido por el vuelo, y su ánimo siguió decayendo cada vez que no se lo involucraba en la conversación. Estuvo casi todo el tiempo en lo que él llama su humor «estúpido y apagado.» Antes de irme quería verlo sonreír, y escuchar algún comentario sarcástico. Para sacarlo de su aburrimiento le extendí mi mano y dije, «Bueno, U.G., nos vamos. Nos vemos mañana. Aquí tienes, dame la mano. ¿Quieres que te transmita algo de energía?» Esas eran sus propias palabras disparadas contra él en sus momentos más vulnerables. Pero él pareció indiferente y me miró sin siquiera una sonrisa. No tuve más cara para molestarlo por más tiempo. Así que los niños y yo nos volvimos a casa.

Un bebe de setenta años…
Al día siguiente necesitaba mi ayuda para salir a comprar y llevarle algo a su sastre. Como mencioné antes, aunque diga que no lo puede hacer sin nuestra ayuda y nos haga sentir muy indispensables, él sabe exactamente lo que quiere y nosotros lo seguimos como tontos por toda la tienda. Pero es simplemente genial salir de compras con él. Suguna, yo, y U.G. caminábamos pausadamente por las calles que llevan al área comercial, y U.G. dijo, «Es como si nunca hubiera salido de Bangalore — caminando por la misma calle, yendo al mismo sastre.» Estuve de acuerdo, porque es realmente extraño: cada vez que lo veo, siento como si nunca se hubiera ido, aunque lo esté volviendo a ver luego de una larga ausencia de cuatro meses.
Yo cotilleaba con Suguna mientras caminábamos y U.G. se quedó algunos pasos atrás, totalmente abstraído por lo que fuera que pasara a su alrededor. De alguna forma sentí que no debíamos dejar que este bebe de 70 años se rezague. Así que intercambiamos posiciones, y lo dejamos que caminara delante de nosotras para poder tenerlo a la vista. Hay veces en que su cuerpo se inclina de repente en ángulos peligrosos y luego se recupera con la misma velocidad. Pero para los que lo miramos es suficiente para que se nos salga el corazón de la boca.

¿Profesar la filosofía del Amor?…
El material para los pijamas ya estaba comprado y entregado al sastre, quién le cobró una suma exorbitante. Aun así U.G. pagó con una obediencia muda y luego nos dijo, «¿Y qué hay de la suba de precios?, el pobre tipo tiene que vivir de algo. Lo conozco desde hace 20 años, ahora su pelo se está volviendo gris.» Luego hizo preguntas de cortesía sobre la esposa del sastre. El sastre estaba complacido con la simpatía de U.G., y luego volvimos a casa. ¿Quién dice que el corazón de U.G. fue hecho solo para bombear sangre a su cuerpo?
Hablando de corazones y de amor, me sorprendí el mes pasado cuando recibí el envío de U.G. con mis notas editadas, con estampillas pegadas por todo el sobre con la palabra «AMOR» y flores. Me sonreí cuando recibí el sobre. Cuando me reuní con U.G. le mencione el tema. Él se rió. Recordó que uno de sus amigos australianos que había tenido una especie de experiencia psíquica le había dicho que el curso de su vida cambiaría, que hablaría diferente y profesaría la filosofía del amor, que las estampillas del amor marcaban el momento histórico de la era que estaba naciendo, que él no estaba cuidando su cuerpo, que estaba siendo descuidado con su salud y su dieta, y que sería mejor que preservara su cuerpo porque había sido enviado para una gran misión…

Capítulo 8

Creí que había terminado con estas notas, pero en realidad parece un trabajo sin final. Se ha vuelto un entretenimiento en sí mismo, y he terminado disfrutándolo mucho.

En las buenas y en las malas…
El período de vacaciones fue traumático para mí. El segundo día de diciembre de 1988 mi esposo tuvo un ataque cardíaco, probablemente por una mala medicación para su asma. El episodio sucedió delante de mis propios ojos, y yo hice lo que pude para mantener un aspecto valiente delante de mis pequeños hijos que estaban muy apegados a su padre. La vida se veía oscura, y el futuro no parecía tener nada que ofrecer. El golpe de perder a una persona que se había vuelto una parte tan importante de los últimos dieciocho años de mi vida fue increíble en su inmensidad. Tanto así que ni la presencia de U.G. en Bangalore en esa época logró consolarme.
La mente se estancaba y permanecía confusa y cuando U.G. llamó la noche del 2 de diciembre, recuerdo que dijo, «Shanta, tómalo con calma. Estamos contigo en las buenas y en las malas.»
Haber logrado algo de consuelo, solo trajo esos momentos en los que se rompía el escudo que tan cuidadosamente construía, y otra vez quedaba devastada, y aún así algo dentro de mí permanecía muy calmado y resignado a la situación. Todo lo que había aprendido de U.G. durante estos años me dieron valor, tanto así que sentí que no necesitaba hablar con nadie en mi hora de necesidad, ni siquiera con él. Se lo hice saber.

Sí necesite a U.G. después de todo…
El día siguiente rentó un taxi y vino a la casa de mi hermana en donde yo estaba quedándome hasta que terminaran todos los rituales.
Fue la primera vez que vino voluntariamente a visitarme. Él evita socializar de cualquier forma, y solo una crisis como esta podía haberlo traído hasta mi puerta. Chandrasekhar y Suguna también lo habían acompañado.
Mis hermanas y dos amigas muy cercanas formaban un pequeño grupo cuando U.G. entró en la casa. Tomó su lugar en un rincón del sofá y Prashant y Mittu se sentaron uno de cada lado. Él les tomó las manos y mis ojos contemplaron la escena, trayéndome enorme fortaleza. Sus primeras palabras fueron, «Estas cosas pasan. No debería haber ninguna culpa. Ahora ella tiene que cuidar estos niños. ¿Cuál es su situación financiera? ¿Segura?» Todo esto se lo dijo a mi hermana, y luego de oír el reporte de mi estado financiero, pareció bastante satisfecho. Habló sobre la posibilidad de que yo consiguiera un trabajo, y la pensión que obtendría. Finalmente se levantó, le dio la mano a los niños, me dijo que no me preocupara por las opiniones o los consejos de nadie, que viva mi vida según me parecía, y que no dejara que nadie interfiera en ella.
Su visita realmente hizo algo. Había más confianza en los rostros de Prashant y Mittu. El miedo y la inseguridad no estaban mas en sus ojos cuando les hablé. Le debo muchísimo a U.G. por haberles devuelto la sonrisa, y mi corazón de madre rebozaba de gratitud. ¡Al final sí necesité a U.G.!

Expuesta a las difíciles realidades de la vida…
Mi hermano había venido de Bombay para arreglar todas mis cuentas financieras y un miembro más de mi familia conoció a U.G.
La gran experiencia de mi hermano en temas financieros y el amor que U.G. le tiene al tema del dinero los ayudaron a establecer una íntima conversación juntos cuando resultó que los dos tomaron el mismo vuelo a Bombay.
Yo esperaba que mi hermano no hubiera quedado muy shockeado por las alocadas ideas de U.G. Como sea, el avión aterrizó sin problemas en el aeropuerto de Bombay.
Para cuando U.G. volvió a Bangalore yo ya había recibido una oferta de trabajo de la firma en la que mi esposo había trabajado los últimos veinte años.
U.G. no pareció tomar la idea con el entusiasmo con el que yo lo esperaba. Me dijo, «Shanta, vas a quedar expuesta a las tristes realidades de la vida. No necesitas trabajar. Tienes suficiente dinero,» y cosas por el estilo, pero por muchas otras razones yo tuve que finalmente decidir tomar el trabajo. Traté de decirle de la inflación y la devaluación paulatina de la rupia. Al final se rindió diciendo, «Así que ya no eres más un ama de casa; ahora eres una trabajadora.»
Haberme incorporado a la oficina y la rutina de una «trabajadora» interrumpieron mis visitas a U.G. Ahora solo podían llevar los niños a Basavangudi los domingos.
Al principio fue difícil adaptarse a la rutina del trabajo con archivos y las computadoras cuando por los últimos diez años una estuvo casi convencida de que la mente era un mito.

Las experiencias son una mancha en la conciencia…
U.G. había venido desde Bombay, esta vez con Lalubhai, un caballero gujarati muy asociado con U.G. durante los últimos años.
Lalubhai tenía muchas historias interesantes para contarme. Me dijo que una vez cuando estaba camino a Badrinath, un lugar sagrado en los Himalayas, padeció una fiebre muy alta en Uttarkasi. Parece ser que envió una ferviente plegaria a cierta Divina Gracia y sintió una corriente de energía entrando en su cuerpo. Luego de un tiempo volvió a colocar el termómetro en su axila y sintió otra vez la misma corriente de energía. Después de tener esta experiencia se reunió con Sri Nisargadatta Maharaj, del libro «Yo Soy Eso.» Y Maharaj le dijo a Lalubhai, «Tienes suerte. Todo se terminó para ti. Ahora puedes venir y cruzar espadas conmigo, o con cualquier para el caso.»
Lo sorprendente es que cuando esta misma experiencia fue relatada a U.G., Lalubhai tuvo la siguiente respuesta, «Esa experiencia en sí misma es una ‘mancha’ en tu conciencia. Es un obstáculo.» Lalubhai quedó tan shockeado que se negó a ver a U.G. el día siguiente. Necesitó al menos un día para digerir el golpe.
Nisargadatta Maharaj le había pedido a Lalubhai que celebrara el día en que sintió esa corriente de energía, y U.G. llamó a la misma experiencia «una mancha en la conciencia.» Fue demasiado para Lalubhai. La respuesta de U.G. fue rápida como una flecha, y dio en el blanco.
Al día siguiente cuando Lalubhai se reunió con U.G. de nuevo, parece ser que U.G. dijo, «Es una experiencia poco común, pero te pertenece a ti. Yo no tengo nada que ver con eso. No sé nada de eso. Pero debió sucederte después de que entraste en contacto conmigo.» Yo casi salto cuando escuché eso. ¡Atrapar a U.G. haciendo una declaración como esa! Quise correr arriba y preguntarle a U.G. que estaba en la planta alta, pero Lalubhai dijo, «No, él ha cambiado su canción con los años.»
La tarde se pasó mientras Lalubhai nos contaba sobre la historia de su vida, su larga asociación con U.G., y antes de él con Vinoba Bhave y Vimala Thakkar.

Productos de una imaginación fértil…
Lalubhai también dijo que su cuerpo respondía a todo lo que lo rodeaba de una manera extraña. Si alguien en su familia estaba por tener fiebre o indigestión, el cuerpo de Lalubhai era el primero en registrarlo antes de que finalmente se manifestara en el paciente. Eso era parecido a las experiencias de U.G. Hasta podría citar mi propio caso. Una vez tenía un tremendo resfriado y mucho dolor de garganta, y aún así U.G. dijo, «Ven igual, no creo que me quede mucho más en Bangalore.» Así que al poco tiempo estaba sentada a su lado y gradualmente sentí que todos los síntomas se desvanecían. A esto Lalubhai lo llama el mecanismo de autocorrección del cuerpo. Tengo la corazonada de que debe verse acelerado por la presencia de U.G. Por supuesto, U.G. se ríe y descarta todos esos incidentes como el producto de una imaginación fértil. Cuando Brahmachariji un día le preguntó por todos esos «milagros», U.G. contó una serie de incidentes recientes de su viaje a Delhi.

Todos los milagros son accidentes. Pero la gente quiere creer. Necesita creer…
Parece ser que su anfitrión, Frank Noronha, quien es un importante funcionario del gobierno, le contó lo siguiente a U.G.: Noronha sufría de un deslizamiento de disco. Justo la noche antes de que U.G. llegara a Delhi Frank sonó que su dolor de espalda era curado por un tremendo golpe que U.G. le dada. La misma noche la mujer de Frank sonó que chocaba con su automóvil y que se lastimaba el dedo mayor de la mano derecha y la rodilla derecha. Se salvaba de morir gracias a una persona sentada a su lado. Bueno, por razones obvias su mujer no le reveló el sueño a Frank, ni lo detuvo cuando él fue al día siguiente a recibir a U.G. al aeropuerto de Delhi. Cuando volvían, U.G. y Frank estaban sentados en el asiento de atrás. El automóvil se detuvo en el puesto de control para pagar el estacionamiento, y de repente un camión inmenso se estrelló contra la parte trasera del vehículo, destruyéndola por completo. Frank tuvo el golpe que necesitaba en su espalda para curar su dolor y recibió heridas en el dedo mayor de la mano derecha y en la rodilla del mismo lado. Se retrasaron como hasta las 2:30 a.m. Un aturdido U.G. se encontró en las calles de Delhi, con un amigo herido con una espalda curada, un auto destrozado, y un conductor perturbado. U.G. dijo, «¿Por qué estoy aquí? ¿Cómo volvemos a casa? ¿Qué le pasó a este pobre auto?»
Finalmente llegaron a la casa donde encontraron a la mujer de Frank frenética de preocupación. Lo primero que le dijo a Frank fue que le muestre la mano derecha la cual estaba sangrando un poco, y para su horror se dio cuenta que su sueño se había vuelto realidad. El salvador resultó ser U.G. Ella terminó tan convencida de ese hecho que se rehusó a asistir a la misa de navidad, diciendo que Jesús mismo había venido de invitado. También escribió un artículo sobre él titulado «El bebe de setenta años.» Frank y su mujer intercambiaron notas sobre sus sueños y convencieron a U.G. de que era un hacedor de milagros después de todo. U.G. dice que él no sabe nada al respecto. Dice que por lo que sabe, el dolor de espalda de Frank podría volver con el menor tambaleo de un vehículo. Todo esto me lo contaba como si él mismo se sorprendiera de las coincidencias. Brahmachariji preguntó si se podía llamar a un accidente un milagro, y U.G. respondió, «Todos los milagros son accidentes.» Las respuestas de U.G. llegan rápidas y directas sin siquiera un momento de pausa, lo cual nunca deja de asombrar a sus oyentes. U.G. terminó la sesión de «milagros» diciendo, «La gente quiere creer, necesitan creer.»
Consideré a la presencia de Brahmachariji como un bono adicional para mí por haber venido todo el camino desde Malleswaram a Basavangudi lo cual me costó 20 rupias. En las preguntas de Brahmachariji y las respuestas de U.G. siempre hay mucho que aprender.

Si Brahman y jnanam son la misma cosa, ¿por qué usar dos palabras distintas?…
Salió el tema de Brahmajnana y Brahmachariji, un erudito experto en sánscrito citó algunos versos para respaldar sus argumentos, mientras U.G. simplemente destrozaba el concepto mismo de Brahmajnana, y yo disfrutaba los comentarios que hacía para rechazar los argumentos de Brahmachariji. U.G. dijo, «No existe ‘Brahmajnana.’ Si en todo caso existe ‘Jnana’ ¡entonces ‘Brahman’ queda fuera!» La frase misma me llevó al séptimo cielo de la fascinación. Brahmachariji no se rindió fácilmente. Él dijo, «Brahman y Jnanam son la misma cosa.» Y U.G. salió con, «Si son la misma cosa, ¿para qué usar dos palabras diferentes?» ¡Y no hubo más que decir al respecto!

Probar el dinero de seguro cambiará la naturaleza de uno…
El almuerzo fue servido por una sonriente Suguna, y mientras se atragantaba el papad U.G. de repente se metió en el tema del dinero, su tema favorito. Quizás pasó por su mente la idea de que yo me había convertido en una trabajadora. Dijo que tenía sus dudas respecto de si yo iba a conservar mi generosidad, por que el gusto del dinero cambiaba con seguridad la naturaleza de las personas. Dijo que no estaba seguro de si yo seguiría siendo liberal con el dinero una vez que lo haya ganado con el sudor de mi frente.

¡Ponte contento de haber visto tu sueño hecho realidad!…
Eso lo llevó a contar un episodio de su niñez. Parece que una vez cuando U.G. viajó en primera clase en un tren y llegó a su destino, vio a su abuelo saliendo del mismo tren de un compartimiento de clase intermedia. El viejo también se lo quedó viendo. Ambos se sentaron en el carro de bueyes que era por entonces el único medio de transporte. Cuando llegaron a la casa el viejo llamó al muchacho a su lado y dijo, «Mira, estoy trabajando tan duro y ahorrando cada centavo negándome a mí mismo todo para que tu futuro sea cómodo cuando yo ya no esté aquí.» Y U.G. calmadamente le contestó, «Ponte contento de haber visto tu sueño hecho realidad cuando todavía estás vivo.» No sé cuánto de cierto tendrán y cuánto creerle a U.G. cuando relata estos incidentes y hace todo lo posible por convencernos de que era un «carnicero despiadado» como le había puesto su abuela.

Todo ese dinero se va a gastar en compras inmediatamente…
Otro incidente fue cuando su abuelo yacía en su lecho de muerte, hizo que el joven U.G. se sentara a su lado y le preguntó, «¿Cómo vas a administrar todas las tierras y las riquezas? Estás casado y vas a tener hijos. Estoy realmente preocupado por ti.» U.G. le contestó al moribundo, «Por qué no te vas en paz. Todo ese dinero se va a gastar en compras inmediatamente.» U.G. adora pintar esos cuadros horribles sobre sí mismo y se vanagloria de ser despiadado, pero los que somos muy cercanos a él sabemos que deliberadamente se pone esa máscara falsa para desencantar a la gente.

Lloro por los pobres indios que han vivido por ese noble ideal…
Una vez un amigo de U.G., un tal Prasada Rao, quien había sido compañero de clases de U.G. dijo, «Recuerdo que una vez U.G. y Billy fueron a ver la película ‘Harischandra,’ y Billy se sorprendió de ver lágrimas cayendo por las mejillas de U.G. –eso me sorprendió a mí también– y cuando le preguntó acerca de eso parece que U.G. le contestó, ‘Estoy llorando por todos los pobres indios que vivieron por ese noble ideal.’» Le pregunté a Prasada Rao si recordaba cómo era U.G. cuando era un muchacho, y él contestó, «No puedo recordar mucho porque U.G. asistía muy poco a la escuela. Siempre la iba de vago. Asistía a la escuela sólo cinco veces al mes.» U.G. que estaba sentado en silencio escuchando esta conversación brindó los detalles, «Era demasiado serio cuando era un muchacho –no a la diversión, no a los juegos, no al entretenimiento. Nunca sonreía ni me reía incluso hasta tiempo después. Mi esposa solía preguntarme, ‘¿Nunca te sonríes o te ríes?’»

¡Mi esposa se levantaría de la tumba si me viera riéndome así!…
El asunto de la risa me recuerda a un tal Narayana Rao que pasó toda una semana en Bangalore entreteniendo a U.G. con sus imitaciones. Encarnaba a todas las estrellas del cine, los políticos, e incluso a U.G., y tan bien lo hacía que logró que U.G. se revolcara de la risa. U.G. dijo, «Mi esposa se levantaría de la tumba si me viera reírme así. Nunca me reí tanto en mi vida.» Narayana Rao era realmente gracioso. Imitaba cada palabra y gesto de U.G., y entretuvo a todos durante su estadía en Purnakutee. Tuve suerte de poder verlo aunque sea en video porque Chandrasekhar había tenido la oportuna idea de comenzar su propia colección de la pandilla de Poornakutee.

Realmente no sé como pasó, por qué pasó, cuándo pasó, y ¿pasó algo en absoluto?…
Siendo domingo Chandrasekhar estaba disfrutando de su día de descanso semanal. Incluso después de todos estos años de haber conocido a U.G., ninguno de nosotros había renunciado a la esperanza que cultivábamos cuidadosamente en nuestro corazón. Chandrasekhar todavía sentía que los así llamados sadhanas de U.G., las incontables repeticiones del Mantra Gayatri y el Shiva Nama, y sus visitas a los sabios, especialmente a Raman Maharshi, debieron haberlo ayudado a caer en el estado que sea que se supone que está y que la total negación que hace U.G. del hecho no deja lugar para argumentos. U.G. dijo, «Todo eso sucedió, si en total algo sucedió, a pesar de todo lo que hice. Todas esas cosas que hice son irrelevantes. Mi frase favorita es Realmente no sé como pasó, por qué pasó, cuándo pasó, y ¿pasó algo en absoluto?»

Chandrasekhar terminó diciendo, «U.G., al margen de tus negaciones todavía tenemos la sensación de que debió ser por toda esa sadhana que realizaste. Ni siquiera queremos oír tu negación, porque eso nos quita la única esperanza que tenemos.»

Comentarios vulgares, pero ciertos…
Algunas veces la narrativa de U.G. suena cruda, casi vulgar, para el descontento de la gente que resulta estar a su alrededor. Pero aunque me ponga colorada, se me calienten las orejas, y me avergüence tanto, en el fondo de mi corazón yo sé muy bien que cada una de sus palabras es verdad. (U.G. agrega, «¡Eso tienes que ponerlo en tu libro!») Una vez una pareja sin hijos vino a verlo pidiéndole su bendición para que pudiera tener hijos y U.G. como de costumbre contestó, «Ustedes no necesitan mis bendiciones. Lo único que necesitan es ir al doctor, para determinar cual de los dos necesita ayuda médica.» Esa es la última respuesta que cualquier sabio o santo le habría ofrecido a una pareja que cae a sus pies considerándolo como un salvador. Como sea, un año después la pareja regresó con un bebe, y mejor no escribo los comentarios de U.G. Los dejaré a la imaginación del lector.

La tiza y el queso tienen algo en común…
La gente encuentra a menudo difícil estar en la misma longitud de onda que U.G. cuando comienzan una conversación con él. Pareciera como si él hablara de algo totalmente diferente, y el exasperado oyente exclama, «U.G., yo estoy hablando de tizas y tu estás hablando de quesos.*» Pero U.G. sale con una respuesta tonta, «Tal vez, pero lo que tienen en común los dos es el contenido de calcio.»
* Dicho común en ingles. «Chalk» (tiza), suena parecido a «cheese» (queso), de ahí el sentido de la expresión, hablar de dos cosas distintas. (N. del T.)

Hoy no estoy ni embotado ni somnoliento. Así que, hoy no es luna nueva…
Era un día especial de luna nueva y la T.V. ponía el Kumbh Mela en la pantalla por cualquier razón y en cualquier oportunidad que tenía. El invitado de honor Brahmachariji se había embarcado en un prolongado ayudo. U.G. aprovechó la oportunidad para bromear. Le dijo a Brahmachariji que ayunar era un ritual innecesario. Dijo, «Sólo los bienhechores ayunan. Mantenerte deliberadamente hambriento te ayuda a estar ‘elevado’. No hay otro beneficio espiritual.» Brahmachariji sólo se fue de la habitación, incapaz de soportar más de esto. U.G. lo siguió diciendo, «Señor, ¿por qué no nos acompañas a almorzar? De todas formas, no es un día de luna nueva. Te lo puedo asegurar: hasta los astrólogos han estado de acuerdo en que mi cuerpo está en sintonía con las fases lunares, y hoy no estoy ni embotado ni somnoliento. Así que, hoy no es un día de luna nueva. Puedes comer todo lo que quieras.» ¡Brahmachariji ya estaba en camino a su casa!

Ayunando de una manera extravagante…
Eso no desanimó a U.G. de continuar con el resto de nosotros, «Saben, una vez me invitaron a almorzar a una casa Madhva Brahmin. El hombre se disculpó de que resultó ser ‘Ekadasi,’ un día de ayuno, así que no podría ofrecerme una comida completa. Yo le contesté, ‘Eso no me importa, si está de acuerdo, yo estoy siempre dispuesto a seguir sin comer.’ Pero luego para mi sorpresa, colocó veintidós platos delante mío, excepto arroz.» ¡Eso sí que era realmente una manera extravagante de ayunar!

¡La marca en la frente te tapa el Tercer Ojo!…
Al día siguiente Brahmachariji estaba de vuelta en la escena. Apenas entró U.G. dijo, «Buenos días, señor. ¿Pero por qué tienes esa marca en tu frente?» Brahmachariji justificó que era para localizar el «Tercer Ojo.» Y U.G. dijo, «Esa marca te tapa el Tercer Ojo, si es que hay uno.»
¡Interesante forma de comenzar el día!

Heces perfumadas…
U.G. casualmente comentó que antes de la «Calamidad» estaba bastante sorprendido de leer sobre el hecho de que las heces de un «iluminado» no tenían el acostumbrado olor de la descomposición. Tomó esa información con bastante escepticismo. Pero después de la «Calamidad» descubrió que cada vez que iba al baño las heces olían a mango o a frambuesa o a frutilla. Él se preguntaba el por qué. Los médicos que lo examinaron por su problema de garganta le dijeron que las paredes de su estómago habían perdido su sensibilidad completamente, los ácidos no se secretaban más en su estómago, la comida no se veía atacada sino que pasaba directamente a sus intestinos. El estómago actuaba solamente como una tubería para que la comida pasase a los intestinos, y ésta mantenía su olor original hasta que salía como desperdicio. Había menos descomposición en el sistema.

Amistad extraña…
Todo eso sonó muy lógico para mí. Pero Brahmachariji tenía una mirada cínica y desestimó las aseveraciones de U.G. Es muy gracioso porque él normalmente descree de todo lo que U.G. dice, argumenta y pelea, y sostiene el valor de la gran tradición de la India. Sin tener mucho en común, está en desacuerdo con cada palabra de U.G. Aún así su amistad con él ha continuado por más de dos décadas. Él dice que la vida de U.G. desde el momento en que nació no tiene ni una característica redentora como para justificar la etiqueta de hombre realizado.
A pesar de todo eso, tiene un extraño afecto por U.G. Hasta corre a la cocina para traerle una cuchara y un plato a la hora del almuerzo. ¡Una relación extraña! (No parece tan extraña cuando cada uno de nosotros consideramos lo que sentimos por U.G.)

Su tratamiento normal para los recién llegados es echarlos…
U.G. tiene un tratamiento normal para los recién llegados a su «escuela.» Los echa. Si siguen viniendo los amenaza con llamar a la policía. También le agrega insultos como condimento a las heridas. Los que permanecen son los que han sobrevivido a sus largas y repetidas embestidas. Aun así uno nunca siente que ha salido del «horno.» Es demasiado caliente para ser confortable, o si se ha enfriado un poco, las brasas todavía están ardiendo bajo una capa de cenizas que dan una falsa sensación de seguridad. Pero los que han sido «endurecidos» conocen exactamente cual es su relación con él. Brahmachariji le preguntó por qué su comportamiento era tan «salvaje.» Y U.G. contestó, «Le preguntarías a la naturaleza por qué es salvaje — por qué los terremotos, por qué la destrucción?» Brahmachariji dijo, «Eso es otra cosa.» Y U.G. le contestó, «Es lo mismo. Es peor. Aquí, hay palabras para agregarle a la tormenta.»

La única inmortalidad…
El almuerzo pesado y los comentarios ácidos de U.G. le habían dado mucho sueño a Brahmachariji, así que se levantó y se fue a dormir su siesta. U.G. le sugirió que se acostara en la cama elástica que habían armado en el patio y agregó, «¡Podrías aprenderle el ritmo a las cosas!»
El resto miramos viejos videos con las mismas caras de siempre. Viendo a Nagaraj en uno de ellos U.G. comentó, «¿Quién puede decir que Nagaraj no está más? Ahí lo tienen, riéndose y hablando. Esa es la única inmortalidad. No hay ninguna otra — ni planos cósmicos, ni planos astrales, ni eternidad de ningún tipo.»

Todos experimentamos una atracción fatal por U.G….
U.G. tenía que comprar algunas cosas, así que se fue con Suguna, prometiendo volver pronto. Lalubhai y yo estábamos intercambiando noticias cuando llegó Prasada Rao (el compañero de clases de U.G.) Luego de los saludos de costumbre, Prasada Rao, viéndome anotar algunos puntos en mi cuaderno, preguntó qué estaba haciendo. Le dije que había empezado a escribir una especie de libro sobre U.G., y él dijo, «¡Qué halagador! ¿Cómo diablos puedes escribir algo sobre un tema como U.G.?» Y yo le dije que ya que él había sido alguien muy cercano a U.G. durante muchos años podría ayudarme agregando algunas líneas a mis notas. Estuvo de acuerdo. Comenzó diciendo que todos nosotros experimentábamos una atracción fatal hacia U.G. (como la historia de la araña y la mosca); como U.G. era irremediablemente impredecible, nos veíamos atraídos hacia él una y otra vez.
Prasada Rao dijo que no podía ser debido a lo que U.G. decía, porque se repetía hasta el punto de aburrir a su audiencia. No tenía mucho conocimiento, para ser francos, pero su presencia era vital. ¿Pero cómo? Porque cada uno de nosotros era único, y no podría haber, y no habría otro Prasada Rao en el planeta. (¡El contacto prolongado con U.G. vuelve a la gente vehemente a la hora de expresar sus convicciones!) Se volvió a Lalubhai y dijo, «Hay un solo Lalubhai,» y Lalubhai agregó en voz baja, «Gracias a Dios por eso, o hubiera sido un problema para mi pobre esposa!» Eso rompió la seriedad de la cuestión, pero Prasada Rao continuó, «U.G. me dijo una vez, ‘No es lo que digo — incluso si leyera algo de la guía telefónica, los afectaría.’»

Tienes que sacar a Dios de tu sistema…
Terminando su parte, Prasado Rao se fue, y Lalubhai continuó con su historia. Dijo, «U.G. me dijo el año pasado, ‘Lalubhai, tienes que sacar a Dios de tu sistema.’ Este año, creo que me las he arreglado para sacar a Dios de mi sistema.» Mientras yo escuchaba, U.G. entró en la habitación, declarando que sus compras habían sido un gran éxito.

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